Las bandas sonoras de François Truffaut

  25 Marzo 2020

Constantin, Delerue, Duhamel, Herrmann y los otros

Truffaut-0Aunque tópicamente previsible, vamos a hablar en orden cronológico de la música de las obras de François Truffaut.

Otras clasificaciones podrían pasar por agruparlas según el compositor utilizado a tal efecto (han sido básicamente cuatro: Georges Delerue, Antoine Duhamel, Bernard Herrmann y Maurice Jaubert, aunque en este último caso no música original, sino preescrita); atendiendo a cuatro géneros o temáticas abordadas en sus films: el cine negro, las pasiones amorosas, las aventuras de Antoine Doinel y ensayos de aprendizaje y de amor (así es como las clasifica una magnífica edición discográfica de 5 CDs de la casa Milán, aparecida en 1996 y en la que se recopilaba las bandas sonoras originales de las películas de François Truffaut), o bien atendiendo a si utilizó música original o no y en qué cantidad.

En otras secciones de Encadenados ya se habla de François Truffaut y su trabajo, y aquí nos vamos a ceñir a hablar únicamente de la música de sus películas.

Aunque nuestro estudio será cronológico, no podemos dejar de recurrir a las otras clasificaciones, y por ello, de aquí en adelante aparecerán referencias a las otras posibles formas de agrupar las bandas sonoras de sus películas.

Su primer trabajo, el corto de 8 minutos que realizó en 1955, Una visita, no cuenta con música en su haber. Sin embargo, Les Mistons, el corto que realizó tres años después, con una duración de 17 minutos y un trabajo más profesional (además de compositor, cuenta con un montador, director de fotografía, asistentes, etc.), debe su música al compositor Maurice Leroux.

Maurice Leroux

Fue compositor y director de orquesta, nació el 6 de febrero de 1923 y falleció el 19 de octubre de 1992 en Avignon. Fue alumno de Olivier Messiaen y su participación como compositor de música cinematográfica fue más bien modesta. Únicamente realizó una treintena de obras entre cortos y largometrajes.

François Truffaut lo eligió después de que Leroux compusiera por un lado la música para los filmes de dos de sus colegas en Cahiers du Cinéma: Charlotte et son steak (1951), de Éric Rohmer, y Les Mauvaises rencontres (1955), de Alexandre Astruc, y por otro, la música para la película de Nicholas Ray (uno de los cineastas americanos más admirados por François Truffaut) Bitter Victory (1957), y Le ballon rouge (1955) de Albert Lamorisse que, junto con la de Ray, son las dos películas preferidas de Truffaut.

Su trabajo en Les Mistons (Los mocosos, como se llamó aquí en España) es encomiable. Realizó una composición de doce minutos cuando el total de duración del corto es de diecisiete. Esto supondría la proporción de música/imágenes más elevada en toda la obra cinematográfica de Truffaut.

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Consta de diez cortes musicales, la mayoría de ellos muy cortos, incluso de diez segundos de duración, pero entre todos, destaca el tema principal que acompaña a Bernadette y su bicicleta en las primeras imágenes del corto, un tema dinámico y alegre que nos anticipa la picaresca de los traviesos adolescentes que descubren el amor de la mano de Bernadette y su novio Gérard.

Maurice Leroux tuvo después otras oportunidades de demostrar su calidad como compositor, realizando la música de Le petit souldat (1963) de Jean-Luc Godard, Les mauvais coups (1961), de François Leterrier, y La Chamade (1968) y Un étrange voyage (1981), de Alain Cavalier. En nuestro país, trabajaría en la coproducción italo-franco-española La guerrillera, con Victoria Abril entre sus protagonistas.

En cuanto a la edición discográfica de Les Mistons, sólo encontramos el tema principal con una duración de dos minutos y medio en la recopilación anteriormente comentada, dentro del disco Récits d’apprentissage et d’amour.

El siguiente trabajo de François Truffaut sería su primer largo y a la postre, la película que le llevaría a dedicarse con éxito a este trabajo. Es a la vez, su bautizo y su consagración como cineasta. También supondría el inicio de la saga de películas que realizaría del personaje Antoine Doinel. Estamos hablando de Los cuatrocientos golpes. El compositor elegido fue Jean Constantin.

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Jean Constantin

Nació en París un 9 de febrero de 1923 (curiosamente tres días después que Maurice Leroux) y falleció en Créteil el 30 de enero de 1997, a la edad de 73 años. Jean Constantin realmente era un compositor/letrista de canción ligera francesa. Compuso más de 600 canciones (Mon manège à moi, Mon truc en plumes, A t’regarder, Fleur de papillon, Où sont passées mes pantoufles?, etc.) y también se animó a probar en su faceta de cantante, intérprete en cabarets y music-halls. Sus canciones figuraron entre el repertorio de cantantes tan conocidos como Edith Piaf o Yves Montand.

Este personaje, bastante simpaticón, de complexión fuerte, elevada estatura y con un gracioso y prominente bigote, recibió una tarde, mientras se hallaba en un célebre cabaret parisino de la orilla derecha representando La Villa d’Este, la visita de un joven Truffaut que le propuso realizar la música del filme que acababa de rodar. Por aquel entonces, Jean Constantin ya había trabajado una vez para el cine y había sido en Bonjour sourire (1955), de Claude Sautet.

En Los cuatrocientos golpes, Constantin recrea con un único tema principal, un sentimiento de profunda nostalgia el ambiente desangelado en el que vive y se desenvuelve Antoine Doinel. A éste le acompañan otros cortes musicales que respiran los estilos presentes en los años cincuenta en Francia: jazz y variétés.

Y empieza en este filme a darse una constante que estará presente en posteriores títulos de Truffaut, aunque pertenezcan a compositores diferentes: Truffaut rehúye de la música en sus películas y ésta aparece casi exclusivamente en las dos terceras partes finales del filme, raramente está presente en el primer tercio del metraje del metraje.

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También, conocida la devoción Truffaut por la canción francesa, aparecen dos canciones de Jean Constantin, Pour toi mon amour y Truffaut tcha tcha. Así mismo y dada la admiración profesada por Truffaut hacia Constantin, le rinde un pequeño homenaje cuando en la película, en una escena en la que la madre de Antoine susurra la canción Où sont passès les ciseaux? y que también acaba cantando el padre y lo hacen entonando como si se tratase de la conocida canción de Constantin para Les Frères jacques: Où sont passès mes pantoufles?

Jean Constantin siguió su carrera de pianista y cantante de forma imparable, estaba tan solicitado que tuvo que renunciar a las numerosas propuestas que le llegaban del cine para poner música a largos y cortos. Aun así, tuvo tiempo para componer la música de cuatro largos y cuatro cortos más, además de aparecer como actor en dos películas: Le baron de l’écluse (1959), de Jean Delannoy, y Candide (1960), de Nobert Carbonnaux.

Respecto a la música editada, decir que en 1959 salió a la venta un EP en Francia con dos temas de la película: se trata de un vinilo inencontrable. Posteriormente, además de un tema en un recopilatorio, encontramos casi 10 minutos de música de Los 400 golpes en la integral comentada anteriormente de la música de las películas de François Truffaut (evidentemente son los temas que abren el CD dedicado a las aventuras de Antoine Doinel).

Era Jean Constantin quien debía haber compuesto la música del segundo largo de Truffaut, pero el hecho de que se encontrase en una gira como pianista y no poder respetar los plazos del filme, obligó a Truffaut a buscar nuevo compositor y entre varias opciones que contempló, se lo propuso a Maurice Leroux.

Sin embargo, Leroux declinó encargarse del proyecto, y fue finalmente Georges Delerue quien se encargaría, gracias a la propuesta del productor Pierre Braunberger que había conocido el trabajo de Delerue en dos cortos que produjo en 1957.

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Georges Delerue

Fue avisado la misma mañana de un primer pase del filme, para allí recibir las primeras directrices de lo que tenía que ser la música de la película. En una entrevista de la época, Delerue confesó tener verdadero pánico en esos momentos, ya que además de la novedad de trabajar con Truffaut, estaba la dificultad impuesta de que debía componer la música que Charles Aznavour representaba interpretar al piano en el filme, teniendo en cuenta la posición de las manos de éste y sin contar con un sonido que le guiase en la interpretación de Aznavour.

Georges Delerue nació el 12 de marzo de 1925 en Roubaix, y falleció bien lejos de su Francia natal, en Los Angeles (Estados Unidos) el 20 de marzo de 1992. Tuvo una infancia difícil, pues dadas las dificultades económicas de su familia, tuvo que dejar la escuela y ponerse a trabajar en una fábrica textil de Roubaix. En sus ratos libres tocaba por diversos locales el clarinete.

Un accidente le incapacitó para el trabajo, cosa que propició el que se pudiese dedicar íntegramente a la música. Estudió con Darius Milhaud y en el Conservatorio de París. A pesar de haber empezado con el clarinete, centró sus estudios en el piano y en la música para la escena y la imagen.

Sus primeros trabajos vinieron de la mano del teatro, la publicidad y la radio. Sus primeros encargos en el cine fueron, además de varios cortometrajes, poner música a dos películas mudas de la década de los veinte: Le chapeau de paille d’Italie y Les deux timides de René Clair.

Luego surgieron más cortometrajes y películas de televisión, y rápidamente su nombre se vio asociado a la nouvelle vague, que también buscaba compositores jóvenes y desconocidos. Así, Delerue trabajaría para Pierre Kast (Le bel age, Merci Natercia, La morte saison des amours), Alain Resnais (Hiroshima mon amour), Jean-Luc Godard (Le mépris), Claude Sautet (Classe tous risques) y por supuesto Truffaut.

Con otro director tuvo también una prolífica colaboración, Philippe De Broca (Les jeux de l’amour, Le farceur, L’amant de cinq jours, Cartouche, L’homme de Rio, y así hasta diecisiete filmes).

Trabajó en nuestro país de la mano de Juan Antonio Bardem (Nunca pasa nada, Los pianos mecánicos) y rápidamente sucumbió al mercado inglés (Women in love, A las 9 cada noche, La solitaria pasión de Judith Hearne, Un hombre para la eternidad) y americano (Julia, El día del delfín, Confesiones verdaderas, Ana de los mil días, Paseo por el amor y la muerte, Agnes de Dios, Un pequeño romance –que le reportaría su único Oscar–, y, por último, sus trabajos para su gran amigo Oliver Stone: Salvador y Platoon). Desde 1972 se había mudado a Los Angeles donde encontraría la muerte tras un ataque al corazón veinte años después.

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Para Tirad sobre el pianista, Delerue construye una partitura jazzística, con un brillante tema principal, Charlie, que lo escuchamos tanto en los créditos iniciales, en la primera escena del bar y al final, cuando retoma su puesto tras el piano después de la muerte de Léna. Se convierte así en un tema genérico, en el leit-motiv del personaje.

Se distinguen tres tipos de música: está la música dramática para las principales escenas del filme, la música interpretada por el pianista, y las canciones. Las canciones son: Framboise y Marcelle. La primera es la conocida canción de Bobby Lapointe, interpretada por él mismo en la primera escena del bar. También aparecen otras canciones muy populares, aunque con menor protagonismo y de forma más incidental, como por ejemplo Le dialogue des amoreux, de Félix Leclerc, interpretada por él mismo y Lucienne Vernay.

La belleza de sus melodías, trazo característico de Delerue a lo largo de su carrera, aparece aquí en el tema: Au restaurant L’Arbois, una delicada y romántica melodía con pinceladas muy típicamente francesas.

La duración total de la música compuesta por Delerue para esta película fue de unos treinta minutos, una de las excepciones en lo que será la utilización de música original por Truffaut en sus largometrajes posteriores, que raramente excederán en más del tercio de la duración de la película. A la postre, se convirtió en una de las preferidas de Delerue y la favorita del director.

Nuevamente nos encontramos en que esta banda sonora tuvo una edición en EP de la época, con sólo cinco temas, y desde 1995 contamos con el recopilatorio de la casa Milán con más de dieciséis minutos de la música original y entre ellos está la canción Framboise, interpretada por el mismo Bobby Lapointe, pero en una versión más lenta y más larga que la que aparece en el filme. Y por supuesto, estos temas están enclavados en el CD dedicado al cine negro de Truffaut. 

En el tercer largo de Truffaut, Jules et Jim, éste vuelve a recurrir a Delerue, pues con altibajos, será su compositor más fiel. Se puede decir que tuvieron tres etapas de colaboración y nos encontramos en la primera. Para esta película, Delerue compuso más de cincuenta minutos de música, y lo curioso es que Truffaut la insertó en su totalidad en el filme.

El tema de los créditos, Générique, es un tema trepidante y hasta algo circense, que nos aboca de lleno en la historia de estos dos amigos inseparables, Jules y Jim. La canción en este caso es Le tourbillon, cuenta con la letra de Bassiak, alias Cyrus Rezvani, y está interpretada por la propia protagonista del filme, Jeanne Moreau.

Pero el verdadero tema principal de Jules et Jim es ni más ni menos que Vacances, un vals, alegre y rápido, que se escucha cuando el trío va a la playa, cuando él regresa a Paris, cuando Jules juega con su hija y, finalmente, cuando los tres juegan al «Jeu de l’idiot du village». Este tema principal, de gran hermosura y brillante construcción, cuenta con una variación que también aparece en numerosas ocasiones en el metraje, se trata del tema Brouillard, pero se trata de una versión más lenta y grave y por tanto presente en escenas más serias y comprometidas.

Afortunadamente, la casa discográfica holandesa Prometheus rescató hace años del olvido esta maravillosa banda sonora editando un compacto con una suite en la que se entremezclan todos los temas y con una duración de veintiséis minutos, que están por encima de los casi diez que contenía el CD recopilatorio de 95 (en el CD de Las pasiones amorosas) o el EP francés de la época con los mismos temas.

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Después vendrían dos filmes más con Delerue: L’amour à 20 ans (1962), película de episodios cortos, donde destaca el de Truffaut, Antoine et Colette. En esta nueva historia de Antoine Doinel, la participación de Delerue se ve muy restringida a sólo un tema, que aparece exclusivamente al principio y en los créditos finales del episodio.

Hay también más música, no original, pero sin duda, el vals creado por Delerue para este poco afortunado trabajo de Truffaut, destaca sobremanera por su frescura y alegría. Este tema tiene una duración de un minuto y veinte segundos, pero son más que suficientes para que nuevamente Georges Delerue demuestre el gran compositor que fue.

Ese mismo vals es el que se convierte en canción, interpretada por Xavier Despras, con un tono más triste, lento, pero a la vez más cálido y dulzón en los créditos finales. También se escucha de fondo este tema cuando Antoine relata a su amigo del Lycée de Los 400 golpes, René Pigey, sus encuentros con Colette. Además, encontramos en el corto, o no tan corto por sus 32 minutos de duración, otras canciones y más música no original.

En edición discográfica sólo podemos encontrar tres cortes en el recopilatorio en el CD dedicado a las aventuras de Antoine Doinel: son el genérico, el monólogo de Antoine y la canción final, L’amour à 20 ans.

El otro trabajo con Delerue fue La piel suave (1964), una nueva pasión amorosa en la que Delerue construye un precioso tema de amor, Pierre et Nicole, dulce y tierno, romántico y nostálgico, donde el solo de una flauta se torna en las diversas variaciones que presenta este tema, cada vez más dramático y tenso, debido a la imposibilidad de este amor roto.

Además, hay presentes otros dos temas con sus respectivas variaciones, uno muy corto y también a flauta que ilustra las miradas y encuentros de los dos amantes; y el otro, Thème de Franca, para las escenas de la esposa ultrajada. Encontramos también un fado portugués compuesto por el propio Delerue para ambientar el episodio lisboeta de la historia y bastante música incidental de muy breve tesitura, pero que junto con los temas y sus variaciones componen una banda sonora de treinta y tres minutos.

En el CD de Las pasiones amorosas del recopilatorio del sello Milán se recogen cuatro cortes de esta banda sonora (con los temas de Pierre et Nicole, Thème de Franca, el fado À Lisbonne y el corte Retour à l’hôtel) con una duración total de ocho minutos, los mismos cortes y duración del EP de la época. En otros LPs y CDs recopilatorios de Delerue encontramos algunos otros temas sueltos de esta banda sonora, que hasta el momento no tiene una edición completa y restaurada.

Aquí la andadura del binomio Truffaut-Delerue sufre un receso de ocho años, entre los cuales Truffaut probará mejor suerte con Bernard Herrmann y Antoine Duhamel.

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Bernard Herrmann

Su siguiente película fue Fahrenheit 451 (1966) y contó con el que se ha llamado compositor de Alfred Hitchcock (aunque también lo fue de Orson Welles, otro gran admirado de Truffaut). Truffaut, como gran devoto de la carrera de Hitchcock, llamó a Herrmann para esta nueva película, y éste se mostró sorprendido por su petición y le preguntó a Truffaut por qué lo quería a él cuando podía elegir entre excelentes compositores de la avant-garde, como  Pierre Boulez, Karlheinz Stockhauen o Olivier Messiaen, más apropiados según el propio Herrmann para realizar la música de un filme futurista como era éste.

Truffaut le respondió que esos compositores le darían una música del siglo veinte mientras que Herrmann le daría una música del siglo veintiuno. Ironías del destino, Truffaut le propuso al compositor este trabajo cuando hacía menos de dos meses que éste había roto su colaboración con Hitchcock, quien lo reemplazó por John Addison en Cortina rasgada. Herrmann quedaría muy complacido y reconfortado en su trabajo con Truffaut, tanto en ésta como en su siguiente película, La novia vestía de negro, máxime cuando su carrera parecía encontrarse en horas bajas.

Bernard Herrmann nació en Nueva York el 29 de junio de 1911 y murió en esta misma ciudad el 24 de diciembre de 1975. Discípulo de Aaron Copland, inició su carrera como compositor en la radio, trabajando para la CBS. Allí además de programar y componer su propia música, conoció a Orson Welles, quien cuando realizó su primera película, Ciudadano Kane, le confió la música, siendo también su debut en el cine.

Herrmann siguió componiendo y trabajando en la CBS hasta que, en 1951, lo contrató Alfred Newman para la 20th Century Fox. Allí compuso muchas de sus grandes obras (El fantasma y la Sra. Muir, Jane Eyre, Los viajes de Gulliver, La isla misteriosa, Jasón y los argonautas, etc.).

Posteriormente lo reclamaría Alfred Hitchcock y con el realizaría excelentes obras maestras (Psicosis, Vértigo, Con la muerte en los talones, etc.). Tras su ruptura con el maestro del suspense, trabajó además de con Truffaut con Brian de Palma (Hermanas y Fascinación) y con Martin Scorsese (Taxi Driver, que sería obra póstuma).

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La partitura de Herrmann para Fahrenheit 451 consta de diversos temas. El genérico, es un tema muy etéreo y futurista, y por debajo de él nos aparecen las imágenes de las antenas de televisión en los primeros minutos del filme.

Destaca ante todo el tema Fire engine, tema muy dinámico y acaparador de la atención del espectador que es utilizado para cada desplazamiento de idas y venidas del coche de bomberos. Un tema que resulta hasta gracioso e irónico y que cuenta con la complicidad de director y compositor en lo que está aconteciendo.

También bello y delicado es el tema The bedroom, creado para la única escena de amor entre Montag y su esposa. Típicamente herrmanniano es el corte Flowers of fire, que se utiliza cada vez que Montag interviene en la quema de libros.

En este caso contamos con numerosas ediciones discográficas. El CD de 1995 y de dudosa legalidad de la casa Tsunami, la reconstrucción hecha por el sello Varese y de la mano de Joel McNeely en el mismo año, y otra más actual (1998) y completa del sello promocional Sound Stage.

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También podemos encontrar esta música en el recopilatorio del sello Milán a modo de suite dividida en 5 temas por orden de desarrollo en el filme.

Peor suerte en su utilización en el filme y también discográfica tiene su segunda y última colaboración con Truffaut, La novia vestía de negro. A pesar de ser una partitura con claras reminiscencias hitchcockianas para un nuevo filme negro del director francés, éste renunció a gran parte de la música compuesta por Herrmann al considerarla demasiado dramática, sustituyéndola por piezas de música clásica.

A pesar de las exigencias, incumplidas por Herrmann, de una música más dulce y armoniosa, la música del compositor está presente sobre todo en los créditos iniciales (Prélude) y en el tema Femme fatale, una triste y tierna melodía ejecutada por las cuerdas voluptuosas y con motivos de clarinete y oboe, y que está presente de forma directa e indirecta varias veces en el filme, pero principalmente cuando Robert Coral arregla su piso para recibir la visita de Julie y cuando la recibe. También hay un lento y pausado vals, cuyos vuelos o giros son interrumpidos por el tema de Femme fatale, como ocurre en el de Vertigo del propio Herrmann.

La banda sonora nunca se ha editado en su integridad, que serían unos treinta y seis minutos, pues en su día se editó un vinilo 45RPM con solo cuatro cortes y diez minutos de duración y posteriormente, aunque se han editado diversos cortes en CDS recopilatorios, hay que de nuevo destacar la suite de once minutos presente al CD de Cine negro de la Integral de la casa Milán.

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Antoine Duhamel

Besos robados (1968) contó con un nuevo compositor, Antoine Duhamel. Truffaut no quedó demasiado contento con el trabajo de Herrmann en La novia vestía de negro y buscaba compositor. Truffaut buscaba alguien con un estilo parecido al de Herrmann, y Duhamel tenía ese estilo para el cine negro que demostraría en La sirena del Mississippi y que Truffaut tanto anhelaba.

Por otro lado, Duhamel, había trabajado con casi todos los exponentes de la nouvelle vague. Sólo Claude Chabrol y François Truffaut se le resistían, y con ambos estaba tentado de hacerlo. Con Claude Chabrol sabía que lo tenía bastante difícil dado que éste había encontrado en Pierre Jansen su fiel colaborador, sin embargo, no perdía la esperanza de trabajar algún día con Truffaut.

Ese encuentro se produjo gracias a la hermosa hermana de Antoine, Claire Duhamel, que en el filme interpreta el papel de la madre de Christine, y que los presentó. Hay también quien dice que Truffaut, aún no ser un amante de los juegos de palabras y las coincidencias, lo eligió por llamarse igual que su protagonista y por tener un apellido de similar pronunciación (Antoine Doinel y Antoine Duhamel). Lo bien cierto es que Antoine Duhamel pasó a ocuparse de la banda sonora de este nuevo filme de Truffaut.

Antoine Duhamel nació el 30 de julio de 1925 y todavía está en activo, trabajando sobre todo en el cine español, de la mano de los hermanos Trueba. Para Fernando ha realizado: La niña de tus ojos, El embrujo de Shanghai y Belle Epoque; y para David: La buena vida.

Hijo del escritor Georges Duhamel y de la actriz Blanche Albane, alternó sus estudios musicales al conservatorio de París con los de psicología a la Sorbona. Fue discípulo de René Leibowitz y, además de componer para el cine, óperas y obras clásicas, también ha sido crítico musical y director artístico del sello discográfico Les Discophiles français.

En el cine además de trabajar con Truffaut también lo ha hecho con directores de la talla de Jean-Luc Godard (Pierrot el loco, Week End), Bertrand Tavernier (Que la fête commence, La mort en direct, Daddy Nostalgie y Laissez-passer) y Patrice Leconte (Ridicule).

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Besos robados contaba inicialmente con la canción de Charles Trénet Que reste t-il de nos amours?, pues en ella hay un verso del cual el filme toma su título y cuyo tema se retoma en determinadas situaciones del filme. Duhamel construyó un tema principal, Antoine, retomando las tres primeras notas del refrán de Trénet y que evocan al personaje de Antoine. Por esa razón, este tema aparece hasta en doce ocasiones y con diferentes variaciones según la situación del personaje.

También hay un segundo tema, Fabienne, relativo a las apariciones de Madame Tabard y música incidental, entre la que destaca, por la utilización de la guitarra (instrumento muy presente en toda la obra de Duhamel) unos oscuros acordes que acompañan durante cinco segundos las cinco apariciones del misterioso desconocido que sigue a Christine.

La música de Duhamel, aunque oscura, presenta una gran belleza y en determinados momentos su ritmo, tonalidad e instrumentación, hacen de esta música que uno quede prendado de su bella factura.

Desgraciadamente, nunca se ha editado entera y aunque en la época salió un vinilo con cuatro cortes, hoy día inencontrable, sólo podemos contentarnos con el recopilatorio del sello Milán (en el disco de las aventuras de Antoine Doinel y con tres cortes: Antoine, Fabienne, y Il a dit “Monsieur”), un CD recopilatorio de la música de Antoine Duhamel con los dos temas principales y, claro está, numerosos discos con la canción de Charles Trénet.

Luego vendría su segunda colaboración juntos, La sirena del Mississippi. En esta, la partitura de Duhamel se torna más oscura y dramática. La historia tiene su lado oscuro y enigmático y Duhamel sabe transmitírnoslo. El compositor escribió cincuenta y dos minutos de música en diversos temas estructurados a modo de suite, de los cuales Truffaut solo utilizó veinticinco minutos. Destaca la música utilizada en las idas y venidas del personaje Louis Maché, ya sea en la isla de Reunión como en Francia.

En su momento, se editó un vinilo con la partitura completa e incluso con algunos extractos de la voz de Truffaut como narrador o incluso anuncios matrimoniales recitados. Posteriormente, y de la mano del propio Duhamel, se editó la música como una suite de cuatro movimientos: L’énigmatique Julie, L’amour retrouvé, Les amants fugitifs y Souffrance et délivrance. Así es tal y como nos la encontramos en el CD de cine negro del recopilatorio del sello Milán.

Curiosamente, en este filme de Truffaut no está presente de forma notoria ninguna canción, ni original ni pre escrita, dado a que la historia aquí contada no la demandaba.

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De las cuatro colaboraciones entre Duhamel y Truffaut la que sigue, El pequeño salvaje, fue para el compositor la más frustrante y desafortunada. Truffaut, al igual que amante de la canción francesa, también lo era de la música clásica, en particular del Barroco y de Antonio Vivaldi como su mejor exponente. En La novia vestía de negro ya utilizó el Concierto para mandolina y orquesta en do mayor y veremos como en otros filmes posteriores también lo hará.

Aquí, Truffaut pidió a Duhamel que arreglase y dirigiese el Concierto para flautín y orquesta en do mayor, además del nuevamente aquí utilizado Concierto para mandolina y orquesta en do mayor. Ante las exigencias de Truffaut, Duhamel tuvo que anteponer este trabajo al que estaba realizando para Bertrand Tavernier y su Que la fête commence.

El Andante, el único movimiento conservado del Concierto para flautín y orquesta en do mayor, con las notas del flautín, estaba asociado a la idea general de la naturaleza, al estado salvaje. Aparece cada vez que la naturaleza salvaje del pequeño se pone de manifiesto, incluso como se sugiere como leitmotiv. Por el contrario, el Concierto para mandolina, está ligado a la cultura, a la civilización y por ello aparece en las escenas relativas a su educación y a sus relaciones con la sociedad.

No queda constancia de que se editase ningún vinilo o CD con la música, que se puede encontrar entre los CDs de Vivaldi, y por supuesto de nuevo en el recopilatorio de las bandas sonoras originales de François Truffaut del sello Milán.

La última colaboración Duhamel-Truffaut fue un nuevo episodio de las aventuras de Antoine Doinel (segunda en el haber de Duhamel), Domicilio conyugal. De nuevo, Duhamel vio cómo su obra, creada en base a cinco temas (Petit concert conjugal, Hereux en ménage, Le torchon brûle, Kyoko y Les charmes du Japón), fue literalmente reducida a pequeños extractos de cada uno de estos temas, pues Truffaut no quería música excesivamente larga para sus escenas y los redujo a escasos segundos de cada uno. Además, también están presentes en el filme extractos del Tema de Antoine de Besos Robados, para dar continuidad y hacer referencia a los personajes y su historia.

La música de Duhamel para el tema principal, Petit concert conjugal, huye de cualquier posible melodía, presente todavía en Besos robados, y es atonal, con notas disonantes e incluso estridentes. Se salvan de esta peculiaridad, los temas Hereux en ménage, que se reserva para la felicidad conyugal cuando Christine está embarazada y Le torchon brûle, cuando Christine empuja a Antoine fuera de su habitación en la clínica después del parto.

En el tema Les charmes du Japon, como no podía ser de otra manera, introduce música con toques orientales y en el tema Kyoko aparece una dulce voz femenina que endulza las escenas en las que aparece Kyoko.

Entre la música incidental también aparece la repetición de unos inquietantes acordes de guitarra subrayando el pasaje de L’étrangleur, de forma análoga a como ya hizo en Besos robados subrayando cada aparición del misterioso desconocido que seguía a Christine.

Tampoco en esta ocasión se conoce edición discográfica de la banda sonora, y entre los recopilatorios con temas sueltos vuelve a destacar la del sello Milán con los cinco temas principales de este filme presentes en el CD Las aventuras de Antoine Doinel.

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Georges Delerue, segunda parte

Duhamel ya no reaparecería en la carrera artística de Truffaut, pero quien sí lo hace nuevamente para su siguiente filme es su amigo Georges Delerue, en lo que será su segunda etapa de encuentros y desencuentros. El compositor creará la banda sonora de sus tres siguientes películas: Las dos inglesas y el amor, Una chica tan decente como yo y La noche americana. Indiscutiblemente supone la etapa más madura y de mayor calidad de las tres que tuvieron en conjunto a pesar de ser sólo tres títulos.

No pudieron reemprender su colaboración de mejor manera, Las dos inglesas y el amor es una excepcional obra maestra del compositor. Truffaut y Delerue no son los únicos que se reencuentran, también lo hace Truffaut con Henri-Pierre Roché, autor de la novela y que también lo es de Jules y Jim. Truffaut da además un pequeño papel en el filme a su amigo Georges, quien interpreta el notario que discute con Claude, poco antes de la muerte de su madre, sobre la marcha de sus finanzas y propiedades.

Delicada y muy cuidada composición, con clara diferenciación entre la música de las escenas en Inglaterra y las del continente. Tiene una duración de treinta y tres minutos y posee una rica variedad temática que subraya los momentos más sobresalientes de esta película: Prologue, genérico del filme en los títulos de crédito iniciales; Anne et Claude au musée; La déclaration d’amour; Le désespoir de Muriel; Une petite île; Anne et Claude, que retoma el tema de amor creado para su paseo por el museo Rodin, pero aquí con mayor hermosura y que aparece cuando ambos amantes abandonan por separado la pequeña isla de un lago suizo; La rupture; Muriel et Claude, de nuevo con una pequeña variación del tema de amor y que retomará en el Épilogue en el paseo de Claude por el jardín del Museo Rodin. Las notas de este precioso tema de amor no dejan de tener un sentir agridulce como presagio del difícil amor entre Claude y las dos hermanas.

La banda sonora se editó primero en LP y más tarde en el CD de 1991 del sello Hortensia con una duración total de treinta y ocho minutos. También podemos encontrar en el CD de pasiones amorosas del sello Milán, veintitrés minutos de música en nueve temas con una duración superior en muchos de los casos a la que aparece en la película.

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Después de ésta, Truffaut volvió a confiar en Delerue y por ello le encargó su siguiente proyecto: Una chica tan decente como yo. De las más cortas de las composiciones de Delerue para un filme de Truffaut, con una duración de veintidós minutos de música. Esta nueva incursión en el cine negro del director cuenta con varias canciones, dos de ellas originales, pero no de Delerue: Sam’s song, de Guy Marchand y Jean-Loup Dabadie, y Une belle fille comme moi, de Jacques Datin y Jean-Loup Dabadie, una canción muy irónica y cómica.

La música de Delerue en este caso es sublime, pues crea un tema bastante cómico con mandolina para de una forma jocosa adentrarse en la personalidad de la acusada de asesinato, Camille Bliss. También encontramos un tema más clásico y serio para describirnos la relación que se establece entre el sociólogo Stanislas Prévine y la propia Camille.

Se editó un 45RPM en Francia en 1972 con la el tema genérico de la banda sonora y la canción de Jacques Datin, pero hasta el momento no ha habido ninguna edición en CD de la banda sonora al completo y nos tenemos que conformar con los temas sueltos que aparecen en los diferentes recopilatorios.

La noche americana supone la última intervención de Delerue en esta segunda etapa con Truffaut. Con una duración todavía más corta que la anterior, la música de Delerue sólo alcanza los veinte minutos, pero no por ello está escasa de calidad, sino más bien todo lo contrario.

Entre el resto de música de Delerue para Truffaut, el tema Grand Choral de la banda sonora que aquí nos ocupa es el más famoso de la carrera de Truffaut y también del compositor. Este tema ha sido ampliamente utilizado por el compositor y no sólo en suites concertísticas, sino también en publicidad y televisión. En la película lo escuchamos íntegramente, sin ser recortado como tenía por costumbre el director, durante la escena del montaje de la película. También aparece en pequeños extractos en otras escenas, unas veces sin alteraciones y otras como variaciones del tema original.

Desgraciadamente, volvemos a encontrarnos en su edición discográfica con la misma fortuna que en el caso anterior y a la espera de que algún día podamos tener esos maravillosos veinte minutos de música del gran maestro en su integridad.

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Maurice Jaubert

Dejamos atrás la segunda etapa de colaboración con Delerue y empezamos una nueva etapa en la que el director recurrirá en sus cuatro siguientes filmes a música preescrita del compositor por Truffaut ampliamente admirado, Maurice Jaubert.

El primero de estos cuatro filmes es Diario íntimo de Adele H. Truffaut había terminado de leer el libro del musicólogo, historiador y director de cine François Porcile, Maurice Jaubert, musicien populaire ou maudit? Decidido a usar su música en su nuevo filme, Truffaut visitó a Porcile para preguntarle sobre la posibilidad de poder usar la música de Jaubert en su película. Y así fue como con la complicidad del compositor y director de orquesta Patrice Mestral (venía de componer la música del cortometraje de Porcile, Élie Faure ou l’esprit des formes), extraerán la música de Jaubert para los cuatro siguientes filmes de Truffaut.

Curiosamente, la música extraída para este primer filme es en su totalidad perteneciente a música de otras películas compuestas por Maurice Jaubert: La vie d’un fleuve de Jean Lods (1933), Ile de Pâques de John Fernhout y Henri Stork (1935), Le bernard l’hermite de Jean Painlevé (1931) y L’Atalante de Jean Vigo (1934).

Y en este caso podemos decir que afortunadamente hay un compacto que recoge toda esta música, pues, aunque no original para Diario íntimo de Adele H., sí lo fue para estas películas nombradas y aunque arreglada y recortada, no deja de tener un doble valor: por un lado, la música original de estas películas, y por otro, la banda sonora de ésta que aquí nos ocupa.

Maurice Jaubert, nació en Niza el 3 de enero de 1900 y falleció en Azerailles el 19 de junio de 1940. Estudió en el conservatorio de Niza, llegando a conseguir el primer premio en piano en 1916. Estudiaría en la Sorbona la carrera de abogado, llegando a ejercer dicha profesión, aunque pronto se decantaría por abandonarla y dedicarse íntegramente a la música.

Empezó a componer para el cine a la edad de 29 años Encontró la muerte en la segunda guerra mundial, en un combate aéreo. Fue el colaborador habitual de cineastas como Henri Storck, Jean Pianlevé, Marcel Carne, Julien Duvivier y Jean Vigó.

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Para La piel dura (1976), nuevamente con François Porcile como consejero musical y Patrice Mestral como director musical, utilizará música de los Intermèdes pour orchestre à cordes, la Sonate a due pour violon, violoncelle et orchestre à cordes y la música de la película Violon d’ingres de Jacques Bernard Brunius (1939), todas ellas de Maurice Jaubert. Además, incluye como comentario musical la canción Les enfants s’ennuient le dimanche de Charles Trénet y André Cadou, interpretada por el mismo Trénet.

En el CD dedicado a los Ensayos de aprendizaje y de amor del recopilatorio de François Truffaut encontramos de esta banda sonora un solo corte de casi tres minutos que se corresponde con el Divertimento de la sonate a due.

Nuevamente Truffaut, Porcile y Mestral rebuscan en la obra de Jaubert para dotar con doce minutos de música a El amante del amor, una película de casi dos horas de duración que según el director no necesitaba de más música. Y recurren de nuevo a los Intermèdes pour orchestre à cordes (1936) y la música de la película Violons d’ingres de Jacques-Bernard Brunius (1939), aprovechando la circunstancia de ya tenerlas grabadas al haber sido utilizadas en Diario íntimo de Adèle H.

En el CD dedicado a las pasiones amorosas del recopilatorio de Truffaut encontramos de esta banda sonora dos cortes que se corresponden con la Overture et Forlane y la Chacone de los Intermèdes.

Y, por último, la colaboración entre los tres dio su último fruto con el filme La habitación verde, para el que recurrieron a una única obra de Jaubert, el Concert flamand. Compuesto en 1938, es más bien una suite para gran orquesta compuesta para la banda sonora del mediometraje documental Regards sur la Belgique ancienne de Henry Stork. De los cinco movimientos que tiene: Prélude, Chanson, Choral varié, Ricercare y Ronde, sólo el último no es utilizado en La habitación verde.

Estos cuatro movimientos utilizados son los que se recogen en el CD del recopilatorio ya ampliamente comentado y que vuelven a ser la única muestra de esta gran obra de Maurice Jaubert.

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Georges Delerue, final de trayecto

Y, por último, la carrera de Truffaut se cerrará con la tercera y última etapa con su amigo Georges Delerue, quien compondría la música de las cuatro últimas películas del director.

Truffaut cierra su particular ciclo de Antoine Doinel con Delerue y El amor en fuga. Aunque en esta ocasión se trata de un regreso más bien frío (Delerue compone ocho minutos de música según las directrices de Truffaut), mejorará con sus siguientes películas.

Además, en este filme se retoman muchos de los temas musicales de las anteriores películas con Doinel de protagonista a modo de flash-backs. Los créditos iniciales y finales cuentan con la canción de Laurent Voulzy y Alain Souchon del mismo nombre que el filme, interpretada por el propio Souchon.

Así pues, la música de Delerue se reduce a dos temas, Le retour d’Antoine y Antoine et Sabine, ambos son amplios y melancólicos, pero mientras que en el primero predominan las cuerdas y la madera, en el otro es un solo de flauta el que predomina por encima de las cuerdas.

En Francia se editó un 45RPM con la canción y los dos temas principales y posteriormente en diversos recopilatorios aparecen los dos temas de Delerue.

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Después vendría El último metro, una banda sonora que cuenta con diecisiete minutos de la música original de Delerue y, por el contrario, las canciones pasan a ser mayoría y encontramos hasta cuatro resaltando momentos importantes del filme. Entre las canciones de la época insertadas destacan: Mon amant de Saint-Jean, de Émile Carrara y Léon Angelliaume, interpretada por Lucienne Delyle (1941); Sombreros et mantilles, de Jean Vaissade y Chanty, interpretada por Rina Ketty (1938); y Prière à Zumba, de Augustin Lara y Jacques Larue, interpretada por Lucienne Delyle (1939).

Entre la música de Delerue destacamos los temas Marion et Lucas que subraya el amor entre ambos cuando Lucas se entera de que la zona libre ha sido invadida, y el tema in-crescendo del final, cuando la compañía saluda al final de la representación. Este último tema, de gran belleza, exalta la Francia liberada, el triunfo no sólo de la compañía en su representación teatral, no sólo de los franceses frente a los alemanes, sino el triunfo del amor, la libertad y los principios por encima de todo.

En los ochenta, la consecución del César por esta BSO (aunque también lo obtuvo en El amor en fuga) y el amplio tirón que tiene en el país vecino la música de cine en estos años, permite que se edite la banda sonora íntegra del maestro Delerue en un LP y, posteriormente, vería su reedición en compacto por el sello holandés Prometheus. Así mismo, en el recopilatorio que venimos comentando y dentro del CD de Ensayos de amor y aprendizaje, podemos encontrar siete de los temas compuestos por Delerue y la canción Mon amant de Saint-Jean.

Le seguiría La mujer de al lado, una película un tanto rara en cuanto a su concepción musical, dado que Truffaut no inserta ninguna canción ni otra música más que la original compuesta por Georges Delerue y que es de una duración de veintidós minutos, sin llegar a ser una quinta parte de la duración total del filme.

Partitura dramática e inquietante, que resalta todos aquellos misterios, secretos e infidelidades presentes en esta turbulenta historia de amor entre Bernard y Mathilde. Las cuerdas toman el protagonismo dramático de esta música, remarcando ese secreto que esconden por las notas de un clarinete (en el tema Le secret de Madame Jouve).

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En la escena en la que Bernard y Mathilde hacen el amor en el coche después de que ella haya roto su relación con él, la música crece pasionalmente para desencadenar en un final trágico (L’amour dans la voiture). Y, por último, en el tema Ni avec toi ni sans toi las cuerdas, cuyo protagonismo no decae en ningún momento del filme, se vuelven hilarantes y desencadenadas, conduciéndonos al desenlace final. En el Épilogue, que suena en los títulos de crédito finales, se recogen todos estos temas perfectamente encadenados.

La banda sonora se editó en LP y posteriormente en CD, tanto en Japón por el sello SLCS y en Europa por el sello Prometheus, con una duración muy superior a la de su utilización en el filme de Truffaut, 34 minutos.

El cenit de la carrera de Truffaut, que no de Delerue que seguirá trabajando con otros directores hasta pocos meses de su muerte en 1992, vino con la película Vivamente el domingo. Truffaut ya estaba enfermo, pero tuvo tiempo de rodar su último filme negro, ver su estreno y fallecer pocos meses después a la edad de cincuenta y dos años.

Truffaut pidió a Delerue que construyese una banda sonora puntillista, que remarcase cada movimiento de los actores, ausente de tema principal. Aun así, Delerue construye una partitura que —excepto el tema que aparece en títulos de crédito iniciales— rebosa intriga, misterio y confusión. De nuevo las cuerdas envuelven estas misteriosas imágenes, pero con escasas melodías y mucho más centradas en servir de apoyo a la acción y a crear ambiente que en ser también protagonistas.

El primer corte musical, al principio del metraje y con el mismo título que el filme, sorprende en tanto en cuanto se trata de un tema frenético, estrepitosamente rápido e irónico, con cierto toque clásico, más bien barroco. Con él, el compositor pretendía prevenirnos del doble sentido entre el que se mueve el filme: por un lado, el de la intriga y por otro el del humor, aunque lo del humor nunca fue el fuerte del director.

La banda sonora ha tenido numerosas ediciones, tanto en vinilo como en formato digital, y destaca por encima de todas, la que realizó el sello japonés SLCS, que logró recuperar hasta casi cuarenta minutos de la música de Georges Delerue.

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Y hasta aquí lo que fue la carrera de François Truffaut y sus colaboradores en el apartado musical de sus películas. Evidentemente este estudio da para mucho más y podíamos habernos parado en cada una de sus películas y haber hecho un exhaustivo análisis de sus músicas, pero creemos que ya se escapaba de la intencionalidad de éste y que hubiese requerido de una mayor extensión, que hasta aquí ya es de por si larga.

Y para cerrar este estudio, qué mejor forma que de entre toda la música para sus filmes compuesta, seleccionar una de ellas como homenaje final. Ya hemos comentado que Truffaut amaba las canciones francesas, también el cine americano y el de Alfred Hitchcock con sus compositores incluidos; amaba la música clásica, sobre todo el Barroco y, más concretamente, Vivaldi; pero si hay un tema musical de la carrera cinematográfica de Truffaut que ha pasado a la historia como el que más le ha identificado, ése ha sido, es y será, el excepcional tema Grand Choral, de Georges Delerue, para La noche americana, un himno al cine, al amor al cine que puede resumir toda su vida, su carrera, su pasión.

Seguramente, en alguna parte están en estos momentos Georges Delerue y François Truffaut en una sala de mezclas, discutiendo amigablemente sobre la inclusión o no de música en la película de sus vidas.

Escribe Juan Francisco Álvarez


Este artículo se publicó originalmente en el nº 50 de Encadenados, en el monográfico dedicado a François Truffaut.

El texto se publicó en este enlace: Truffaut y la banda sonora. 

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