La música en el cine de John Frankenheimer

  21 Diciembre 2012

Frankenheimer y sus 40 compositores 

jerry-goldsmith-100John Frankenheimer ha sido un director completo. Trabajó en sus inicios de forma prolífica en televisión, realizó filmes de los géneros más diversos, viajó en campaña con el senador Robert F. Kennedy siendo testigo su asesinato, se escapó cinco años a Francia realizando películas a la francesa. Una larga depresión y un pronunciado alcoholismo le hizo pasar una mala temporada entre los setenta y ochenta, en los noventa fue capaz de volver a la televisión y todo ello conjugado hizo que en su carrera contase con un amplio plantel de compositores cinematográficos, a la vez variado e inusual. Sólo llegó a tener un irregular binomio (colaboración que tuvo sus idas y venidas) en su última etapa, con un compositor bastante peculiar: Gary Chang.

Para facilitar la lectura, partir de este momento, me tomaré la licencia de que cuando haga referencia a John Frankenheimer, lo haré por sus iniciales, JF.

Inicios en televisión

Siguiendo un orden cronológico a lo largo de su carrera, empezaremos hablando brevemente de sus trabajos para televisión.

Para su primer trabajo televisivo de 1948, Lamp unto my feb, contó con un novato que a la postre sería un reputado compositor televisivo, Will Schaefer. Educado en la High School de Maria D. Bradford en Kenosha (donde conseguiría una alta distinción), en la De Paul University (consiguiendo otra alta distinción) y en la Universidad Northwestern (donde consiguió graduarse como Doctor).

Tras su trabajo con Frankenheimer participó en la guerra de Corea como director asistente de la 5th Army Band. A su regreso, continuó componiendo para radio, televisión, publicidad y esporádicamente en el cine. También trabajó como arreglista en numerosos musicales de Broadway y con la Disney, a finales de los sesenta, orquestó la música de numerosos episodios de la serie The Wonderful World of Disney, así como compuso la música para varias de las atracciones de DisneyWorld.

hyman-2.jpgWill Schaefer nació en Kenosha (Wisconsin) el 23 de noviembre de 1928 y murió el 30 de junio de 2007 en Cathedral City (California) víctima de un cáncer. Estuvo nominado al premio Pulitzer por una pieza de concierto, y también a un Emmy por su trabajo televisivo para The Sky trap en 1979.

En su segunda serie televisiva, Search for tomorrow, donde Frankenheimer sólo dirigió esporádicos episodios, la música corría a cargo de Dick Hyman, un compositor que se estrenó también con este trabajo y que acabaría trabajando ampliamente en televisión y como compositor fantasma de Woody Allen (ya que aunque aparece acreditado en Zelig, La rosa púrpura del Cairo, Días de Radio… como compositor, su música original es prácticamente inexistente).

Dick se especializó en jazz (de ahí que Woody Allen contase con él años más tarde) y además de su trabajo cinematográfico hay que destacar su singular carrera en el mundo jazzístico donde ha editado numerosos discos y ha ejercido de pianista en grupos como los de Lester Young, Tony Scott y otros.

La serie You are there contó con la participación de JF en tres episodios y musicalmente no hay nada que destacar, dado que la serie, al ser de marcado carácter histórico, no contó con música original.

La serie Danger contaba con la música de Tony Mottola, un guitarrista de jazz que tocó para Frank Sinatra y que también se estrenó en el mundo audiovisual con esta serie de televisión.

Con la serie Climax, para la que realizó 26 episodios entre 1955 y 1956, JF se tropezó por primera vez con dos de los grandes, Jerry Goldsmith (quien realizó la música en un capítulo de la serie, capítulo no dirigido por JF pero que supuso uno de los primeros trabajos del maestro Goldsmith) y Bernard Herrmann (que compuso la música incidental de numerosos episodios de la serie).

Leonard Rosenman

rosenman-2.jpgSu primer largo, su primera incursión en el cine, no podía contar con mejor baza. La película se llamaba The young stranger, de 1957, y el gran Leonard Rosenman fue el compositor. Un compositor que nos ha dejado recientemente, el 4 de marzo de 2008, y que se inició en el mundo del cine al ser propuesto por James Dean, su amigo y alumno de clases de piano, para componer la música para Al este del edén

Rosenman había nacido el 7 de septiembre de 1924 en Brooklyn (Nueva York) y antes de dedicarse al cine ejercía como compositor de obras de concierto y profesor de piano. Entre los aficionados a la música de cine, es un compositor que genera todo tipo de opiniones, desde las que lo alaban como uno de los grandes hasta las que lo tachan de abstracto y banal. Sin embargo, no se le puede discutir su gran labor en la integración de su música en las imágenes de las películas para las que compuso su banda sonora. Por desgracia no hay ninguna grabación de su trabajo para The young stranger.

Regreso a la televisión

JF realizó uno o dos episodios en cada una de las siguientes series con diversos compositores: Studio One (serie con músicas de Jackie Gleason, Robert Allen, Bernhard Kaun y Bernard Herrmann), The DuPont Show of the month (serie con músicas de Paul Weston, Victor Herbert, Eddy Lawrence Manson y Rafaello Busoni) y Sunday showcase (donde trabajó en dos episodios; uno de ellos, The American, con música de David Amram, compositor al que había conocido en su telefilme anterior The turn of the screw y con el que mantendría una pequeña colaboración).

amram_salvajes2.jpgThe turn of the screw (1959) fue un telefilme dirigido por Frankenheimer tras el éxito de un episodio para la serie Startime con el mismo título, que contó con Ingrid Bergman en el papel protagonista y con el compositor David Amram, para el que, una vez más, sería uno de sus primeros trabajos.

David Amram nació el 17 de noviembre de 1930 y está considerado toda una leyenda viva en el panorama musical americano. Ha compuesto más de cien trabajos de cámara y orquesta, dos óperas y numerosas bandas sonoras. Además de con JF, ha trabajado y colaborado con Leonard Bernstein, Dizzy Gillespie, Dustin Hoffman, Charlie Mingus, Elia Kazan, Odetta, Jack Kerouac, Betty Carter y Tito Puente. Ha dirigido a  las más prestigiosas orquestas de todo el mundo y fue el primer director residente de la New York Philharmonic Orchestra. En el cine, su carrera se reduce a poco más de diez trabajos y lamentablemente editados hay muy pocos. De su colaboración con JF hablaremos en las próximas líneas.

JF finalizó su primera etapa televisiva, realizando 27 episodios de la serie Playhouse 90, donde nombres como Jerry Goldsmith, John Williams y Robert Allen realizaron la música de algunos de los episodios, pero curiosamente ninguno de los que dirigió Frankenheimer.

David Amram

Llegamos a los 60 y esto significará la etapa más prolífica y de mayor calidad en el cine de John Frankenheimer.

Se inicia con Los jóvenes salvajes (1961), una película con la primera colaboración con el que sería su actor fetiche, Burt Lancaster. La música sería de David Amram, y dado que éste también es un gran conocedor del jazz, ambienta la música de esta gran película del cine negro con una música jazzística envolvente.

La música de Amram se publicó en su día en un LP del sello Columbia y en formato digital sólo encontramos un tema en el recopilatorio Crime Jazz del sello Rhino.

Alex North

north_1.jpgSu siguiente película, Su propio infierno (1962), cuenta con música del gran compositor Alex North y un excelente reparto: Warren Beatty, Eva Marie Saint, Karl Malden y Angela Lansbury.

Alex North, lejos del estilo que le caracteriza, crea una música ligera, propia de la época en que se rodó la película. A pesar de ello, el tema central de la película es de gran belleza, conmovedor y evocativo, donde se combina lo romántico y lo melancólico, dejando para otros temas la descripción susurrante y otras veces histriónica del drama que se plasma en la película. El resto de la banda sonora mantiene el equilibrio entre temas románticos y temas dolorosos, con una textura jazzística muy dulce, que pasa casi inadvertida.

North dibuja el dolor de los personajes como nadie, puntea y remarca las situaciones más sentidas (una buena muestra de ello es el tema Trouble/Shut up), pero también crea música hermosa y colorista en las escenas de amor entre Warren Beatty y Eva Marie Saint.

Tenemos la gran suerte que recientemente esta banda sonora ha visto la luz, en abril de 2003, pues nunca antes había sido editada en ningún formato y ahora disponemos de ella gracias al sello Film Score Monthly que sacó una edición limitada de 3000 ejemplares con esta maravillosa banda sonora, acompañada de una suite del film The Outrage, también de North.

Elmer Bernstein

bernstein_alcatraz2.jpgTambién de 1962 es El hombre de Alcatraz, que reportó un gran éxito a nivel mundial a su compositor, Elmer Bernstein.

JF coincide aquí con un autor perfecto para sus pretensiones con esta película, pues el compositor atraviesa por una temporada muy inspirada en la que realiza bandas sonoras tiernas y delicadas en películas intimistas, románticas, de corte dramático o con alto contenido social, muy lejos de sus colosales predecesoras (Los diez mandamientos, Los siete magníficos...). Buen ejemplo de ello son: Brotes de pasión (1961), Verano y humo (1961), Matar a un ruiseñor (1962), La gata negra (1962) y Amores con un extraño (1963).

Pero volviendo a El hombre de Alcatraz, encontramos que la música realiza la función de subrayar la soledad de este presidiario recluido en diversas cárceles hasta llegar a Alcatraz. Es delicadamente triste, pero a la vez es tierna y con la llegada del primer pájaro se torna todavía más emotiva.

La sección de viento tiene un gran protagonismo en esta música, dado que los pájaros se asocian con los sonidos de las flautas y los clarinetes en sus notas más agudas. Una partitura mágica, pues crea una empatía del espectador con el protagonista del filme, que hace que olvide sus culpas y sienta verdadera compasión, incluso aprecio por el asesino condenado.

Y es que Bernstein hurga en la personalidad del protagonista, en su interior, en sus sentimientos más profundos y por ello la música es más melancólica de lo que hubiese sido de haberse fijado en el trato que recibe, sus compañeros de cárcel, su madre o la mujer que acaba siendo su esposa.

Dos momentos memorables tiene la película musicalmente hablando, uno de ellos es la escena de la llegada del primer canario, resuelta con toda la sección de viento y la percusión creando un tema bastante gracioso e irónico, de gran calidad. Y el otro es la superación por parte de sus canarios de la letal enfermedad que les aquejaba, donde Bernstein nuevamente opta por el mismo tipo de tema que en la escena anterior, pero más “vivace”, casi “presto”.

La música de Bernstein, todo lo hermosa y grande que es, no tuvo en su momento una edición discográfica y menos en su país de origen (sí llegó a salir un 45 rpm en Italia y un LP en Japón), y tuvo que esperar a 1994 para ver la luz en una edición pirata del sello Tsunami (con un ruido espantoso de fondo) y una edición oficial, con extra tracks y música no utilizada en el filme, del sello Varese Sarabande Club (limitada a 3000 ejemplares) en noviembre de 2006.

David Amram repite

amram_mensajero.jpgDavid Amram vuelve a aparecer en la senda de JF con El mensajero del miedo (1962). Crea una partitura variada, dinámica y con claras connotaciones jazzísticas, de bluess e incluso también latinas.

Este thriller psicológico con Frank Sinatra y Angela Lansbury se apoya en un tema principal con un saxo jazzístico como instrumento protagonista, creando una hermosa balada de notas cálidas incluso sensuales. Nada tiene que ver este tema con los cortes que desarrollan el aspecto psicológico del filme, que cuentan con una música atonal o incluso disonante y experimental (cortes como Queen of diamonds, Return of a hero o Mesopotamian Mambo), con notas enredadas y de difícil audición fuera de contexto.

Pero el tema principal está apoyado por otros temas de ese marcado carácter jazzístico, blues, soul, o incluso latino, al que hacíamos referencia, como son los cortes Some soul from Seoul, Cantina Latina, Korea 1952, Slightly Manchurian Blues o Home again, 1952.

Incluso queda espacio para un tema patriótico y propagandístico como es el de Politicians on parade o para el amor con Unrequited Love, subrayando la relación amorosa en ese flash-back en el que se explica la relación amorosa entre Shaw y la hija del congresista Jordan.

Con todo ello, tenemos una banda sonora completa, acorde con la época en la que se basa el filme y de gran variedad temática que demuestra el amplio dominio de David Amram en la materia, a pesar de tener su vocación en el espectro concertístico.

La banda sonora tuvo una primera edición en compacto en 1997 (no tan lejos de su estreno si tenemos en cuenta que éste se retrasó 20 años al coincidir inicialmente con el asesinato de Kennedy) por el sello Premier. Contaba con 13 cortes musicales y poco más de una hora de duración.

En 2004, y coincidiendo con el remake que hizo Johnatan Demme del este filme y con música de Rachel Portman, el sello discográfico Varese Sarabande sacó al mercado la música de Portman acompañada por ocho temas de David Amram para el filme original de 1962 (como un pequeño homenaje), cuatro de los cuales eran inéditos hasta el momento.

Jerry Goldsmith

goldsmith_mayo.jpgSiete días de mayo (1964) iba a contar en un principio con música de David Amram, pero con toda la partitura escrita y en el último momento, fue despedido y reemplazado nada más y nada menos que por Jerry Goldsmith. La partitura de Amram fue rechazada por el propio JF por inapropiada.

A pesar del poco tiempo del que dispuso Jerry Goldsmith para realizar esta partitura, su música resulta realmente efectiva en este filme con una trama harto complicada pero bien resuelta. Densa partitura, con temas de corte marcial, dado el protagonismo militar de los papeles protagonistas, el general Scott (Burt Lancaster) y el coronel Jiggs Casey (Kirk Douglas).

La intriga, el suspense, la tensión, el miedo, la angustia, el desasosiego, etc. son sensaciones que se palpan en las notas de esta banda sonora, muy remarcada por el xilófono, el tambor y el resto de la percusión. Ello demuestra que Goldsmith se centró más en subrayar el personaje de Douglas, que se debatía entre su lealtad al presidente de los Estados Unidos o su deber con un superior. A destacar, cómo resuelve Goldsmith la escena de la huída de la base en los últimos compases de la película.

Por todo ello, esta dramática e inspirada música de Jerry Goldsmith, dejaría un buen sabor de boca en JF dado que volvió a contar dos veces más con el maestro. Lamentablemente no hay ninguna edición disponible de esta música, aunque también es cierto que es más bien escasa (hay unos diez u once minutos de música) y que para ser editada debería de ir acompañada de otra banda sonora corta, para obtener una edición rentable. Aunque sí se editó un single en Japón con un tema de Siete días de mayo de Goldsmith acompañado por el tema principal de Maurice Jarre para Lawrence de Arabia. La banda sonora de Goldsmith logró una nominación a los Globos de Oro de ese año.

Maurice Jarre

jarre-1.jpgMaurice Jarre venía de cosechar un glamuroso éxito con su Lawrence de Arabia (1962) y para la nueva producción de JF, El tren (1964), fue todo un lujo poder contar con el maestro lionés.

Esta película, en la que un grupo de la resistencia francesa trata de impedir que los nazis se apoderen de un lote de obras de arte que transportan con un tren, cuenta con una partitura muy del estilo habitual de Maurice Jarre para filmes bélicos, con temas marciales, música cargada de percusión, que dirige esta trama de aventuras. Una música percusiva llevada a cabo por una orquesta a la que Jarre quita la sección de cuerdas y da un notable protagonismo a la sección de viento, la percusión y al acordeón. Con su música el tren cobra vida, se convierte en protagonista indiscutible del filme, incluso se le llega a comparar con el hipotético protagonista del filme, Burt Lancaster.

Hay notas en su partitura que dotan a la música de cierto patriotismo francés, patriotismo que se contagia en el espectador al asociar música e imágenes. Aún así, esta banda sonora cuenta con temas dramáticos, otros meramente descriptivos y en otros incluso Jarre aplica la técnica del mickeymousing, donde la música pasa a ser la respiración del tren en sus idas y venidas.

Finalizada la película y después de su estreno, JF confesó sentirse satisfecho con el trabajo de Maurice Jarre, de ahí que trabajasen juntos en tres de sus siguientes películas, pero muchos años después a JF le dio por hablar mal de Maurice Jarre, asegurando que la música de éste comunicaba y aportaba menos al filme que Burt Lancaster con su interpretación. Cada cual que se quede con la copla que más le guste. Yo, personalmente, me quedo con que el trabajo de Maurice Jarre para El tren es muy meritorio y merece todos mis elogios.

En su día, United Artists editó un LP en mono con los trece cortes y su poco más de media hora de duración de la banda sonora, y en 2007, de nuevo el sello Film Score Monthly editó estos trece cortes en estéreo junto con otros cuatro “bonus tracks” en un lujoso compacto en el que acompañaba a El tren un interesante trabajo de Elmer Bernstein: El puente de Remagen.

Jerry Goldsmith de nuevo

goldsmith_plan.jpgCon Plan diabólico (1966), JF volvió a contar con Jerry Goldsmith a cargo de la banda sonora.

Música construida con piano, cuerdas, órgano, algo de percusión y algún sintetizador, llena de intriga y angustia, música opresiva que, desde sus primeros acordes en los títulos de crédito (por cierto, del gran Saul Bass), hace presagiar que estamos ante una película del género fantástico, más cerca del terror y miedo que de ser una película policíaca.

Se trata de una partitura inteligente que está a medio camino entre la vida y la muerte. Es onírica y dramática pero también tiene cabida la melancolía y la tristeza del protagonista, Arthur Hamilton (Rock Hudson), en un tierno y delicado tema a piano que nos muestra a éste atrapado en una vida, la de Tony Wilson, que resulta ser un artificio, falsa, sin pasado, sin recuerdos, sin sensaciones. Es por ello, que ese vacío tiende a ocuparlo la música de Goldsmith de una forma magistral, dando cabida a sus sentimientos, a su yo interno.

Hay quien dice que la música de Goldsmith para este trabajo tiene su parecido con el Fausto de Wagner. Aún así, su trabajo fue ampliamente valorado, pero a pesar de ello ni se editó la banda sonora (sólo podemos encontrar una suite en un recopilatorio de cine fantástico) ni JF volvió a contar con él hasta 1982, en que lo haría de forma puntual con El reto del samurai.

Maurice Jarre también repite

jarre_prix-2.jpgY con Grand Prix (1966), de nuevo Maurice Jarre. Resulta curioso que después de Plan diabólico, JF volviese a contar con Maurice Jarre para esta atípica película en su filmografía.

Una película de trama muy floja, que más bien viene a ser un excelente documental sobre la Formula 1 de los años sesenta. Con una excesiva duración para tan débil guión, cuenta con una banda sonora de Maurice Jarre que mucha gente se ha atrevido a tachar de tópica.

Estructurada a partir de un tema principal que es más una marcha o himno triunfal, aquel triunfo que desean los protagonistas en toda carrera, con marcada percusión y gran fuerza del metal de una gran orquesta sinfónica. Este tema tiene cierto parecido a los interpretados por las bandas americanas de trompetas y tambores en los desfiles festivos. Posee otros temas más descriptivos en los que Jarre se permite la licencia de introducir sonoridades estridentes y metálicas (el metal de la orquesta) y elípticas por otro lado (con las cuerdas) imitando el sonido de las aceleraciones y frenadas de los coches en la pista, dando esa sensación de velocidad que las imágenes agradecen.

Y a pesar de ser lo más flojo del filme, Jarre trata de salvar las escenas de la poca trama argumental con temas románticos, como Sarti’s love theme, o el maravilloso tema con los acordes de una guitarra española como protagonistas (Scott’s comeback) y con los mismos temas u otros nuevos, concebidos a modo de bossa nova (Scott’s theme).

La música salió en LP y en CD, y en este último formato hoy en día es difícil encontrarla dado que la editó el hoy desaparecido sello discográfico Chapter III Classics, junto con la también codiciada banda sonora de Maurice Jarre para La hija de Ryan de David Lean.

Dicen que no hay dos sin tres, y con Maurice Jarre y JF hubo tres y cuatro. La tercera colaboración juntos fue The extraordinary seaman (1968). Una comedia antibélica con David Niven, Faye Dunaway, Alan Alda y Mickey Rooney.

La película fue un auténtico fracaso, tanto de público como de crítica, y hasta el propio Frankenheimer lo aceptó, no queriendo saber nada de ella. La película nunca se estrenó en España y de la banda sonora de Maurice Jarre, mejor ni hablamos, dado el éxito cosechado. Nunca se ha editado en ningún formato.

La cuarta y última colaboración con Maurice Jarre fue El hombre de Kiev (1968) en la que Jarre rompe con todos los clichés que se le habían estereotipado en el uso y abuso de grandes orquestas y construye una banda sonora en la que utiliza un solo instrumento (el violín). Un riesgo que Maurice Jarre pagó caro, ya que la crítica no quedó impasible ante tal atrevimiento (Jarre estaba etiquetado como compositor de grandes partituras para gran orquesta) y cargó duro contra su trabajo.

Sin embargo, la música de Jarre tenía su lógica, pues el protagonista es un campesino judío en la Rusia de principios del siglo XX, que es acusado de unos crímenes que no ha cometido y que será torturado y vejado sin juicio previo. Ni que decir tiene que ante tal éxito de crítica, la banda sonora no se publicó y tan sólo podemos encontrar una suite en un recopilatorio del maestro Jarre.

Elmer Bernstein, otra vez

bernstein_temerarios-2.jpgLos temerarios del aire (1969) ya fue otra historia. JF volvió a recurrir a su actor fetiche, Burt Lancaster, acompañado en esta ocasión por una partenaire de lujo, Deborah Kerr, y unos secundarios encabezados por Gene Hackman y Scott Wilson. Aunque la película era una de las preferidas del director y el reparto envidiable, crítica y público volvieron a dejar de lado a JF. Todo ello a pesar de la magnífica creación musical que realizó Elmer Bernstein para la ocasión.

Una música delicadamente romántica, con matices melancólicos para llegar al interior de los personajes. Y por otro lado, también ofrece una música de altos vuelos para las secuencias de los saltos de los tres paracaidistas, donde Bernstein juega audazmente otorgando mayor emoción a las imágenes. Los momentos más tensos y agridulces de la historia también cuentan con el acompañamiento musical de Bernstein, quien sabe matizar elegantemente el dolor y la psicología de unos personajes que se saben perdedores.

Sólo podemos reprochar al compositor y al director un uso abusivo del tema principal, pues a lo largo del metraje del filme, de 115 minutos, se recurre de forma repetitiva a él. Un tema boyante, optimista, donde se deja entrever cómo la melancolía es vencida por el amor. Es un tema que recuerda mucho al estilo del tema principal de Valor de ley, del propio Bernstein y del mismo año, pues el de la película de Frankenheimer también cuenta con cierta sonoridad de música del Oeste, quizá porque la película está ambientada en una pequeña localidad de Kansas, estado del medio-oeste de los Estados Unidos.

La partitura cuenta con un tema secundario, Into the night, que también tiene sus variaciones a lo largo del filme (como por ejemplo en el corte And later) y que se usa en los momentos más duros y dramáticos de la historia.

Todo ello se completa con los temas que suenan en el night club y con una marcha del propio Bernstein, March of the moths, con amplia profusión del metal y la percusión, aunque no deja de parecer, y realmente es lo que Bernstein pretende, que esté interpretada por una banda de pueblo.

Y nuevamente estamos ante una banda sonora que contó recientemente con una edición de lujo, en un CD limitado a 3000 ejemplares, por el sello Film Score Monthly, en la que se incluía toda la música usada en el filme y en estéreo, además de otros cortes musicales alternativos, otros descartados y otros tal y como fueron concebidos por el compositor y como fueron insertados en el filme.

Johnny Cash

cash_line3.jpgPara Yo vigilo el camino (1970) el elegido fue Johnny Cash, un cantautor de country, gospel y rock que creó su propio estilo y subgénero musical. Por entonces, Cash tenía cierta fama y, aunque reconocido consumidor compulsivo de alcohol y drogas, sus creaciones conseguían colocarse en las más altas posiciones de las listas de éxitos y ventas. Por ello, Cash fue todo un revulsivo en la carrera de JF y ambientar este filme con su música fue todo un acierto.

Su música para esta cinta siguió su peculiar estilo y entre las canciones que introdujo en la banda sonora estaban I Walk the Line y Flesh and Blood, alcanzando esta última (una hermosa balada country) el hit parade de las listas. La película toma el nombre de la ya mítica canción de Cash, I walk the line, y curiosamente el biopic que se realizó en 2005 sobre la vida del cantante también tomó el mismo nombre, Walk the line. En la película, las canciones de Cash pasan a ser un protagonista más de la historia y, aunque la película pasó sin pena ni gloria, las canciones de Cash consiguieron ser un revulsivo para darle un pequeño empujón.

Georges Delerue

delerue_orgullo.jpgEn 1971, JF viaja a Afganistán para realizar Orgullo de estirpe, una película de aventuras con Omar Sharif y Jack Palance. La música esta vez correrá a cargo de Georges Delerue, quien desde un primer momento pensó en una partitura de fuerte carga étnica y folk.

Delerue asombra a propios y extraños construyendo una partitura con una mayoría de temas musicales orientales y con la utilización en éstos de los más variados instrumentos autóctonos de la zona de Afganistán, así como la inclusión de coros de voces masculinas.

A pesar de ello, el tema central de esta banda sonora sigue su propio estilo y es una música netamente occidental, de fuerte calado romántico y sosegado, como nos tenía acostumbrados este gran maestro francés. Incluso el tema de amor, aquí titulado Just as you are, I love you, es de una delicada belleza, tierno y apacible.

Pero la película también requiere temas más dinámicos y dramáticos, y Delerue combina en ellos instrumentos autóctonos con los occidentales, o mejor dicho, universales. Buena prueba de ello son los temas An old man rides y Road of the ancients.

Entre los temas de marcado carácter autóctono destaca el corto pero bello tema The fair, y el tema At the Bazaar que, como sus nombres indican, sirven para ilustrar perfectamente esas escenas.

Ésta fue la primera película netamente americana que musicó Georges Delerue y con ella demostró que es capaz de conseguir cualquier registro, sin abandonar su propio estilo. El disco salió editado en los Estados Unidos y los aficionados a la música de cine estamos deseando y esperando que algún día vea su edición en compacto.

delerue-grande.jpg

Legrand y Mancini entre paréntesis

En la filmografía de JF, después de Orgullo de estirpe seguirían tres filmes con escasa o nula música, que no merecen nuestra atención.

Se trata de Sueños prohibidos (1973), con música de Michel Legrand, El repartidor de hielo (1973), y 99,44% muerto, con escasa música de Henry Mancini, del que podemos encontrar un único tema en un LP recopilatorio junto con otras obras del propio Mancini.

Don Ellis

ellis_1.jpgPara la segunda parte de French connection,  titulada French connection 2 (1975) contó con Don Ellis, quien había escrito la música para la primera parte.

Don Ellis era un prestigioso trompetista y músico de jazz que realizó esporádicos escarceos en el mundo del cine. Había nacido en Los Ángeles en 1934 y murió joven, con 44 años, tres años después de finalizar este filme.

En esta segunda parte, Ellis se limitó a seguir con el mismo estilo y temas musicales de la primera, que contaba con una violenta partitura jazzística, remarcándola esta vez con mayor fuerza en las escenas más agresivas y violentas del filme. Sin embargo, el tema principal que crea Ellis para esta segunda parte es más melódico y carismático que el utilizado en la primera, que resultaba demasiado estridente y percusivo.

La música recuerda –y mucho– al estilo de Lalo Schifrin en las películas de Harry Callahan (Harry el sucio, Harry el fuerte...). No en vano, éstas últimas son del 71 y 73 y, en definitiva, éste es el sonido de esta época, al menos en las películas de policías, narcotráfico y fauna similar, donde se había encasillado.

Frankenheimer se mueve como pez en el agua en esta secuela, ya que sus conocimientos de Francia le permiten rodar con comodidad la acción de esta segunda parte que se desarrolla en Marsella. Ellis por contra, no utiliza ninguna referencia musical francesa para situar la acción, particularidad que personalmente creo que desmejora la partitura.

De nuevo, y ya van..., el sello discográfico Film Score Monthly es el encargado de rescatar la música de Ellis para las dos entregas de French Connection y, una vez más, en una edición limitada a 3000 ejemplares que actualmente se encuentra descatalogada y que se paga a precio de oro.

John Williams

williams_domingo.jpgY ahora viene el gran maestro John Williams, y alguno se preguntará si es verdad: ¿John Williams en una película de Frankenheimer? Pues sí, Williams compuso la partitura de Domingo negro (1977) .

Para Williams es el año de La guerra de las galaxias y Encuentros en la tercera fase, y este Domingo negro no desmerece la calidad de las otras dos. Se trata de una partitura dura, pero que consigue crear la tensión y emoción necesarias para aguantar las más de dos horas de duración, sobresaliendo la escena del final, con una música persistente e intensa que no deja indiferente a nadie.

Las escenas de acción del filme son resueltas por Williams con música autoritaria, turbulenta, vibrante y de gran calidad. La tragedia, la amenaza, el drama, el suspense que suscitan las imágenes de JF están perfectamente plasmados en las notas del maestro. Williams compone música al más puro estilo militar, donde la trompeta se convierte en solista y protagonista indiscutible del tema central de esta banda sonora. Incluso se permite contraponer este majestuoso tema con un tema más oscuro y sobrecogedor para identificar a los terroristas.

Este score de Williams tiene su sonido propio setentero y, aunque pasa muchas veces inadvertida por los aficionados, es una de las grandes obras del maestro. Desgraciadamente no hay una edición oficial en compacto de esta obra (se está haciendo de desear) y por el momento nos tenemos que conformar con ediciones piratas (aunque con sonido de calidad) o bien recurrir a los temas y suites que aparecen en distintos recopilatorios del maestro Williams.

Leonard Rosenman, veintidós años después

rosenman.jpgA Domingo negro le seguiría una nueva incursión de JF en el cine de terror con Profecía maldita (1979), y se produce, veintidós años después, el reencuentro entre el director y Leonard Rosenman. Un compositor que, tras iniciarse con The young stranger, se había curtido realizado todo tipo de encargos musicales en el cine, destacando sus obras para: Confidencias de mujer (1962), Un viaje alucinante (1966), Regreso al planeta de los simios (1970), La batalla del planeta de los simios (1974), y su magnífica partitura para la versión animada de El señor de los anillos (1978).

Con Profecía maldita, desarrolla una densa partitura sinfónica llena de contrastes, dado que utiliza dos vertientes musicales contrapuestas. Por un lado, desarrolla con las cuerdas una música melódica, idílica, con cierto aire descorazonador ante la amenaza por la degradación del medio natural y su desaparición a causa de la acción de la industria papelera. Por otro lado, tenemos una música más estridente, mas bulliciosa y movida, para acompañar las fechorías de las criaturas mutantes originadas por los vertidos de la fábrica al río, y más concretamente a las andanzas de esa especie de oso mutado que protagoniza el final de esta cinta.

Con su música, muy por encima del trabajo de JF, Rosenman trató de salvar esta poco más que aceptable cinta del director, que a pesar de contar con un gran presupuesto para su época, no deja de ser una especie de película de serie B, una monster-movie correcta.

Fred Hellerman

El siguiente trabajo de JF pasa casi desapercibido, pues se trata de una TV-movie de poca repercusión: The rainmaker (1982).

Un dramón televisivo de las tardes de domingo, de poco interés, cuya música pertenece a Fred Hellerman, un compositor, especialmente de canciones folk, que también ejerció como cantante y guitarrista de sus composiciones en el grupo folk The Weavers, del que fue cofundador junto con Peter Seeger, pero que en el cine y en la televisión se prodigó poco, dado que junto a esta composición sólo cuenta con otra, para la fallida película de Sidney Lumet Lovin’ Molly (1974).

Goldsmith: encuentro en la tercera fase

goldsmith_samurai.jpgJerry Goldsmith también incurre de nuevo en la filmografía de JF, dieciséis años más tarde, con El reto del samurai (1982).

¿Quién dijo de JF no era un director versátil? Ahora, JF se atreve con una película de lucha, artes marciales con samuráis incluidos. Un jovencísimo Steven Segal –todavía no estrenado como actor– ejerció las labores de coordinador de lucha en este filme.

Goldsmith construye una partitura muy completa y variada, llena de toques nipones, dada la naturaleza del protagonista, pero sin abandonar su particular sinfonismo. La partitura discurre entre los temas con claras referencias, instrumentación y connotaciones niponas, para ambientar la historia en Japón, ya que es allí donde transcurre buena parte del filme; y los temas de acción, música de la factura de Goldsmith, más occidentales y trepidantes, con gran carga percusiva y de la sección del metal de la orquesta. También queda espacio para un bello tema de amor, pues el protagonista se acaba enamorando de la hija de uno de los samuráis enfrentados.

Entre los instrumentos nipones utilizados por el maestro en esta banda sonora, destaca el shakuhachi, que no es más que una especie de flauta dulce japonesa que emite unos sonidos muy característicos. Y también encontramos el koto, un instrumento de cuerda japonés de origen chino, que se toca utilizando unas uñas hechas de bambú colocadas en los dedos pulgar, índice y medio de la mano derecha. Y en cuanto a la instrumentación occidental protagonista en los temas de acción, destaca el empleo que hace el maestro Goldmsith de la trompa o cuerno francés y del trombón, sin desmerecer la persistente percusión.

Esta banda sonora contó con una edición pirata de malísima calidad y escasa duración (una suite de 15 minutos), y desde el 2000, gracias al sello Prometheus, se puede disfrutar en una lujosa edición en compacto con un sonido impecable. Lástima que la película de JF resultase tan floja para una música tan buena.

Stanislas Syrewicz

syrewicz-1.jpgEl pacto de Berlín (1985) resultó ser una fallida producción inglesa, una película más de intriga y espionaje que, a pesar de contar con el excepcional Michael Caine, resultó ser un fracaso absoluto.

El compositor fue Stanislas Syrewicz que prácticamente se estrenaba en estas lides, dado que sólo contaba hasta la fecha con una pobre participación como compositor en una serie de televisión acerca de Sherlock Holmes (una coproducción entre Polonia y Reino Unido) y la película de Zulawski L’amour braque.

Syrewicz nació en la antigua URSS, en el seno de una familia polaca. A su vuelta a Polonia, estudia música en el conservatorio de Varsovia y por su militancia en el sindicato Solidaridad (para el que compuso numerosas canciones), se ve forzado a exiliarse en París.

Allí comienza a trabajar tanto en cine como en televisión. Amplía su campo de acción para trabajar también en el mercado inglés y por ello vive a caballo entre París y Londres. Además de con Frankenheimer y Zulawski, Syrewicz ha trabajado con John Hough, Ken Russell, Stefan Schwartz, Christopher Miles y otros directores ingleses y polacos.

Gary Chang, el preferido de Frankenheimer

Con 52, vive o muere (1986) se inicia la colaboración más duradera que ha tenido JF con un compositor. Y el compositor sobre el que recae tal honor es Gary Chang, con el que JF trabajaría hasta en nueve ocasiones, incluida su última película.

chang_52.jpgGary Chang es un compositor de origen chino, nacido el 22 de febrero de 1953 en Minneapolis, Minnesota (USA), hijo de una vocalista del New England Conservatory of Music y de un Doctor en ciencias por el M.I.T. Desde sus estudios en la Carnegie Mellon University se interesó por el uso de la tecnología en la música y, más concretamente, por la música de los sintetizadores, lo que le llevó a ganar una mención honorífica –una MFA– en la California University of Arts.

Se convirtió de la noche a la mañana en un excelente programador de sintetizadores, trabajando como tal para artistas como Tom Jones, Eddie Money o Barbra Streisand, o como músico de estudio para Al Jarreau, Robbie Robertson, Weather Report o Herbie Hancock, pero también para compositores de cine como Patrick Williams (en Mary Tyler Moore Show) y Giorgio Moroder (en películas como El expreso de medianoche, American Gigolo, Flashdance, La historia interminable y Electric dreams). Estos últimos trabajos para el cine le permitieron dar el salto en solitario como compositor de música cinematográfica, y ahí estaba JF para darle la que casi sería su primera oportunidad, pues ya había participado componiendo música adicional en The breakfast club.

Chang también ha trabajado con directores de la talla de Jonathan Demme, John Hughes y Jan Egleston. Y su mayor éxito musical ha sido su banda sonora para la película de Steven Segal Alerta máxima.

La primera colaboración fue 52, vive o muere, y fue todo un lanzamiento, dado que musicalmente hablando la banda sonora fue un rotundo éxito (estamos en los ochenta y la música electrónica no sólo triunfa en las discotecas, sino que también lo hace en cine). Su música se editó en LP  por el prestigioso y legendario sello Varese Sarabande y eso ya era una garantía de futuro.

Aunque entre ambas estaría el telefilme Riviera (1987) de poca repercusión, 52, vive o muere (1986) y su siguiente largo con JF, Tiro mortal (1989), tienen en común la utilización del Synclavier, la estructura musical empleada y ese aire jazzístico del que dota Chang ambas composiciones, más en la primera, ya que en Tiro mortal, Chang tuvo que compartir mérito con otro compositor muy humano y que ya nos ha dejado, Michael Kamen.

El Synclavier es un instrumento musical electrónico digital diseñado en 1977 por Sydney Alonso, Cameron Jones y Jon Appleton en la Universidad de Darthmouth (New Hampshire). Básicamente es un sintetizador que pretendía utilizar la síntesis por modulación de frecuencias aprovechando un ordenador bastante potente para ello, pero al no lograrlo, se quedó en un nuevo instrumento capaz de ser sintetizador y muestreador de sonidos. Otro músico que lo utilizó mucho en sus obras fue Frank Zappa.

JF permitió a Chang que su música adquiriese un papel importante en las secuencias de acción, asumiendo un rol más importante que el de un simple acompañamiento, o una música subordinada siempre por debajo de las imágenes y de los diálogos, que es como muchos directores imponen a sus compositores en este tipo de películas y secuencias.

Chang recuerda las palabras de JF al pedirle: “Con tu música quiero que los espectadores al ver mi película griten. Con tu música quiero gritar”. Y el mismo Chang reconoce que su inspiración para con la música de las películas de JF viene de esa tendencia del director a tomar como protagonistas de sus películas a hombres solitarios, solos frente al mundo. Esa particularidad individualista de JF le repercutió a Chang en su trabajo, en obras completamente diferentes a las que estábamos acostumbrados en el cine de acción.

La historia de Tiro mortal no está del todo clara, pero parece ser que Michael Kamen iba a componer inicialmente la banda sonora del filme, pero fue rechazada en el último momento y sólo quedaron de ésta algunos temas, por lo que Kamen también aparece en los créditos del filme. 

La música de Chang de todas formas pasa inadvertida al espectador, ya que no es nada retentiva, pero si muy funcional y directa para las escenas de acción con Don Johnson de protagonista absoluto.

Tras un paréntesis de dos filmes y un capítulo de una serie de televisión en los que aparece Bill Conti en escena y de los que hablaremos a continuación, Frankenheimer y Chang colaboran en cinco telefilms: Contra el muro (1994), Estación ardiente (1994) –música muy etérea en la que mezcla su habitual música electrónica con el sonido de una guitarra–, Andersonville (1996), George Wallace (1997) y la última obra de JF, Camino a la guerra (2002). Pero también colaboran en un largo de cine: La isla del doctor Moreau (1996).

La isla del Dr. Moreau

jf-1996laisladeldoctormoreau0.jpgPara La isla del Dr. Moreau, Chang crea una partitura bastante exótica, con un bonito tema principal que esta vez sí posee cierta capacidad retentiva y que sobre él se construye el resto del score, con momentos musicales llenos de acción, de música trepidante, cruda e intensa, pero con otros momentos en los que la música es ecléctica. Estos momentos de acción y suspense están construidos a base de música electrónica.

Sin embargo, el tema principal, Dr. Moreau, es bastante majestuoso, sinfónico, con gran orquesta, tal vez demasiado pomposo para unas imágenes que una vez más no están a la altura de la música, pero que demuestran que Chang puede hacer música de calidad, incluso aceptando esa tendencia a mezclar la música electrónica con la acústica y alabándole que aquí también introduzca puntualmente coros en algunos de los cortes musicales de esta banda sonora.

La banda sonora cuenta también con varias piezas de música clásica y canciones, algunas de ellas en plan diegético.

No se puede comparar en ningún momento con las versiones anteriores de esta película, la de 1977 de Don Taylor con música de Laurence Rosenthal, ni La isla de las almas perdidas (1932) de Erle C. Kenton, con música de Arthur Johnston y Sigmund Krumgold. Estamos hablando de películas concebidas de distinta manera, con argumentos distintos y todos estos matices influyen en la creación musical que posee cada una de ellas.

La banda sonora con las piezas de clásica, las canciones y el score de Chang fue editada por el sello Milan y se encuentra disponible sin dificultad en las tiendas especializadas.

Bill Conti

conti_armas.jpgAntes habíamos introducido que el compositor Bill Conti se había colado en la carrera de JF y ahora corresponde que hablemos de ello.  Bill Conti colaboró con JF en cine y en televisión. En televisión sólo realizó la música para el capítulo Maniac at large, de la serie de gran éxito Tales from the Crypt, de la que JF sólo realizó este episodio. Y sus dos colaboraciones en el cine fueron La cuarta guerra (1990) y El año de las armas (1991).

La primera cuenta con una música correcta, satisfactoria, pero que pasó completamente inadvertida. Es una música de alta carga dramática, casi trágica, con algún ligero matiz de música militar. No se ha editado oficialmente.

Sin embargo, El año de las armas, que sí se editó por el sello Milan, cuenta con una música bastante mediocre, en la que Conti –tal vez por exigencias de JF– mezcla sin demasiado éxito coros, música sinfónica y electrónica. Música ecléctica, poco funcional y que lo único positivo que se le puede remarcar es estar a la altura de este flojísimo thriller de intriga de JF.

Evidentemente, se trataba de un Conti en horas bajas, que decepcionó con este trabajo y otros de principios de los noventa a mucho de sus seguidores y que poco o nada tiene que ver con aquel de los setenta y parte de los ochenta. Tal vez por ello, JF volvió a buscar a Gary Chang para sus siguientes proyectos televisivos de los que ya hemos hablado, y es que ya lo dice el refrán: “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

Elia Cmiral

silvestri_reno.jpgPor último, ya sólo nos queda reseñar tres de los últimos filmes de Frankenheimer: Ronin (1998), con música de Elia Cmiral, Operación Reno (2000) con música de Alan Silvestri (el reputado compositor neoyorquino en una partitura muy menor, misteriosa y cargada de suspense que sólo destaca en el tiroteo del casino), y Ambush (2001) con música de Michael Wandmacher (joven compositor norteamericano especializado en películas orientales).

Por su repercusión, debemos hablar de Ronin. La partitura es de Elia Cmiral, un compositor nacido en Praga, Checoslovaquia, en 1957, y que se graduó en el Conservatorio de Música de dicha ciudad. Realizó algunos pequeños trabajos en cortos y películas de su país antes de emigrar a los Estados Unidos donde está consolidando una gran carrera en el cine.

De nuevo, Frankenheimer ejerce de mentor, así lo reconoce el propio Cmiral, al proporcionarle este gran trabajo en el país que le ha acogido y dándole la oportunidad de darse a conocer. Inicialmente se propuso a Christopher Young para la música, pero se le adjudicó finalmente a Jerry Goldsmith, quien abandonó en el último momento. Y al buscar compositor para la película, Elia tuvo que competir con otros de primera fila por el trabajo. Frankenheimer le dio una oportunidad: un fin de semana para que escribiese un tema principal. Así lo hizo Elia, y después de escucharlo el director, lo contrató sin dudarlo un momento.

cmiral_ronin.jpgElia no desaprovecha la oportunidad y para Ronin construye una partitura dinámica, muy propia para sus escenas de acción. JF dio a Elia las directrices de cómo quería la música para la película, le dio su propia visión, pero le dejó total libertad creativa. Elia, con conocido gusto por la música étnica, recupera la utilización de un instrumento, el duduk (instrumento de viento de madera tradicional de Armenia), y lo introduce en momentos claves, en el tema principal, creando una textura muy sugerente y novedosa que le valió el reconocimiento del público, de los aficionados a la música de cine e incluso le reportó el Movieline Young Hollywood Award.

La música de Elia es multicultural, descaradamente étnica, pero motivos no le faltan, pues el argumento propicia que pueda introducir también algunas referencias niponas en su música y así hace empleo del taiko (tambor japonés de 1,3 metros de diámetro), sobre todo en el principio del Ronin theme.

Así pues, estamos ante una partitura que no dejará indiferente a nadie, de gran variedad temática y con una gran riqueza musical multiétnica, que sirve de colofón para este artículo con el que hemos pretendido demostrar que la relación de Frankenheimer con los compositores de sus películas es una auténtica macedonia musical.

Escribe Juan Fco. Álvarez

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