Exodus: Dioses y reyes (***)

  01 Febrero 2015

Banda sonora original de Alberto Iglesias

exodus-dioses-y-reyes-0Una banda sonora que acaba resultando más interesante que el propio film de Ridley Scott, aunque tampoco escapa a la maldición del director, uno de los más caprichosos en la historia del cine al abordar el apartado sonoro de sus películas: ya en los tiempos de Alien manipuló la música original de Jerry Goldsmith y desde entonces casi todos sus films han tenido una sonora polémica.

De hecho, aunque el disco publicado aparece acreditado íntegramente a Alberto Iglesias, algunos temas son de Federico Jusid y otros de Harry Gregson-Williams, ambos convocados por Ridley Scott durante el montaje del film para darle “otro aire” a algunas escenas concretas… pero de ello hablaremos al analizar el disco.

¿Cómo suena la banda sonora durante la proyección?

La verdad es que al inicio muy bien, los propios créditos iniciales sorprenden con una música que mezcla cierto exotismo (para ubicar la acción en Egipto) con un sonido agradable, limpio, no muy lejos de la música compuesta por Alberto Iglesias en sus film para Julio Medem, por ejemplo.

Pero, al igual que sucede con la película, la música llega a cansar.

Hay música en todas las escenas y hay escenas repetidas una y otra vez (la salida de las cuadrigas desde la sala de guerra, sin ir más lejos). Los planos cenitales para ilustrar casi todas las secuencias de masas se repiten y su aspecto digital acaba por hacerlos demasiado repetitivos (recuerdan, por ejemplo, las batallas de El señor de los anillos).

Todo ello resuelto con un nivel técnico envidiable, eso sí.

Pero sobra metraje, como también sobra música, aunque ésta sea técnicamente correcta, aunque se ajuste como un guante a las escenas en que aparece, aunque no haya nada que objetar al trabajo de Iglesias… salvo la abundancia de piezas distintas.

¿Problema de Ridley o de Alberto?

Conociendo la trayectoria anterior de ambos, podemos afirmar casi sin temor a equivocarnos que Iglesias conoce el valor del silencio y en muchos films ha apostado por ese indiscutible “menos es más”, musicando sólo momentos concretos, lo que hacía resaltar su música y daba más valor a los momentos en silencio.

En cuanto a Ridley… bueno, su formación publicitaria no puede negarla y, al margen de su exquisito cuidado por la imagen (el diseño de producción, la fotografía y los efectos especiales son realmente notables), su tratamiento de la banda sonora casi siempre responde al principio del horror vacui: si no hay diálogos, hay efectos, muchos efectos sonoros, y si no hay que rellenar con música. Silencio… difícilmente.

exodus-dioses-y-reyes-4

Trabajar con Ridley

La pregunta que muchos nos hacemos es si es justo que Scott contrate a un músico (recordemos que también es productor de sus películas) y luego rechace su partitura, la rehaga, cambie piezas musicales de la escena para las que fueron creadas o, finalmente, llame a otro músico para que complete la partitura con unos temas muy concretos.

En principio, como máximo responsable del film, se le otorgan poderes para cambiar cualquier aspecto con tal mejorar el resultado final, incluida la partitura musical. Ahora bien, esto no significa necesariamente que sus decisiones sean acertadas ni que mejoren la película.

La primera vez que Ridley tuvo problemas fue con la música de Jerry Goldsmith para Alien, el 8º pasajero (1979). Aunque el autor de La profecía compuso música original, el director prefirió ignorarla en algunas escenas y usar en su lugar las temp tracks (pistas temporales utilizadas para ambientar las imágenes durante el montaje, mientras se compone la banda sonora original), unas músicas de archivo que pertenecían al film Freud, pasión secreta (1962), cuya banda sonora había sido compuesta por… ¡Jerry Goldsmith!

Con el tiempo, Ridley cambió a menudo de músico y, sobre todo, optó en varias ocasiones por rellenar distintas escenas con multitud de canciones (a veces de forma acertada, como en Thelma y Louise), pero los cambios en la banda sonora final han seguido produciéndose.

exodus-dioses-y-reyes-1Los penúltimos estaban protagonizados por Marc Streitenfeld (músico del director en Un buen año y Robin Hood), cuya partitura para Prometheus fue saqueada, cambiada de escenas y, finalmente, Ridley contrató a Harry Gregson-Williams (con quien había trabajado en El reino de los cielos) para que compusiera temas adicionales.

El mismo autor ha sido llamado para componer en Exodus algunos temas, sobre todo para escenas de acción (como la batalla con los hititas o parte de la secuencia del Mar Rojo), donde dominan la percusión, los sintetizadores y los coros… exactamente el mismo estilo que aplicó en El reino de los cielos y que es una de las marcas de fábrica de Gregson-Williams, un músico formado en la factoría Mediaventures promovida por Hans Zimmer en la década de los 90.

Lo triste del caso es que uno no acaba de entender por qué Ridley no pide a su músico (en este caso Alberto Iglesias) una línea musical concreta para determinadas escenas, en este caso las batallas. Siendo un compositor excelente seguro que está dotado para ese tipo de música como para cualquier estilo concreto que se le pida.

Por otro lado, Gregson-Williams tampoco sale mejor parado, porque lo llaman para componer una y otra vez la misma música, con lo que su carrera tiene una difícil evolución si su única opción es repetirse a sí mismo.

Visto así, el problema casi parece una evolución natural de la afición de Ridley por utilizar la música provisional, las temp tracks, que ya vimos en Alien… pero para evitar que le critiquen manda que le compongan una música prácticamente idéntica a la que ya conoce y ha utilizado anteriormente; o sea, pide música calcada a la pista temporal.

En cuanto a la presencia de Federico Jusid (que en el CD editado compone tres temas al alimón con Iglesias y otros cinco en solitario), su presencia se puede entender por el prestigio que ha ganado componiendo partituras para series de televisión de carácter histórico, como Gran Reserva, Hispania, Tierra de lobos e Isabel. El director de 1492 debe considerarlo un experto en música histórica, quizá de ahí su llamada para completar la partitura.

De este maremágnum se obtiene un film en el que hay abundancia de música, igual que de efectos digitales y planos innecesarios. En general la partitura guarda coherencia, pero abusa de los coros, de los sintetizadores, de los sonidos árabes, de la gran orquesta… todo es excesivo y acaba cansando en sus dos horas y media de proyección que, mucho nos tememos, pronto superarán las tres horas si Scott continúa con su manía de incluir en los montajes del director las escenas previamente descartadas.

Realmente su director’s cut ideal sería aquel que le pode una media hora en planos innecesarios, redundantes, repetidos… como la salida de cuádrigas de Ramsés y Moisés en el inicio, o del faraón solo en la persecución final, o los planos bajo el agua del Mar Rojo, o las cuádrigas cayendo al abismo en la frenética persecución final, o la imagen de Ramsés salvado de las aguas, o...

Sobran tantos planos que la lista sería larga. Ridley no se resiste a incluir imágenes espectaculares pero gratuitas, lo suyo es una apuesta por el espectáculo que resta tensión y emoción al film.

exodus-dioses-y-reyes-8

El disco

El CD editado por Sony Classical incluye 32 temas y un total de 78 minutos de música, pero, aunque la funda diga lo contrario, todos los fragmentos escuchados no han sido compuestos por Alberto Iglesias.

Según la web de Hans Zimmer y su laboratorio musical, que suele seguir con minuciosidad los trabajos de todos sus alumnos y colaboradores, en el CD hay 3 temas de Harry Gregson-Williams, 5 de Federico Jusid, 3 de Jusid en compañía de Alberto Iglesias y, finalmente, 21 pistas de Iglesias en solitario, que es el que figura como único autor de la banda sonora.

La música de Harry Gregson-Williams se puede dividir en dos estilos: por un lado, el aparatoso, físico, brutal, a base de coros y percusiones, perfectos para definir una batalla (Hitite battle, Tsunami); por otro lado, un fragmento titulado The vows más suave, aunque con una sonoridad un tanto artificial, demasiado actual. Quizá es un guiño a la música de Gladiator, también de Ridley y con partitura de Hans Zimmer, el maestro de Gregson-Williams.

Aunque son eficaces los tres temas, la pega es que los dos himnos de batalla son intercambiables entre sí, por su sonido ya conocido y habitual en el autor de El reino de los cielos, mientras que el tercer fragmento también desentona, en este caso porque su aire actual no encaja del todo con el resto de la música compuesta por Iglesias.

De los temas compuestos en solitario por Federico Jusid resulta particularmente atractiva la música, casi un lamento, que acompaña la muerte del padre y la coronación de Ramsés (The coronation) y la que ilustra la preparación de las plagas, con los hebreos marcando sus casas con la sangre del cordero (Lamb's blood), un fragmento que apunta el terror que se avecina con un crescendo atractivo.

Sin embargo, otros temas de Jusid acusan demasiado el estilo habitual de Ridley y, más concretamente, parecen escritos por Gregson-Williams, con uso excesivo de la percusión y las masas corales, temas apoteósicos pero quizá innecesarios para unas escenas que no siempre son tan trascendentales como para necesitar una música de tanto volumen y tan amplia orquestación.

Fragmentos como Ramses retaliates, Ramses' orders y The chariots sirven para dar más brillo a escenas de mera transición, como la de los carros lanzados en persecución tras Moisés, corriendo por laderas de la montaña y, finalmente, cayendo al vacío alguno de ellos... Ridley no ha resistido la tentación de la espectacularidad sin más y Jusid le acompaña en este salto al vacío.

No sé cómo se las habrán arreglado para compartir la autoría de tres temas Federico Jusid y Alberto Iglesias, pero lo cierto es que así aparecen en dos piezas que ilustran respectivamente el campamento de ese ejército que está montando un Moisés que tiene mucho de Espartaco y no menos de una actual guerra de guerrillas (Moses' camp); y escena de montaje complementaria, la de los entrenamientos y los asaltos al ejército egipcio (Looting).

Ya al final del film, en ese montaje paralelo entre hebreos huyendo y egipcios persiguiendo, el tercer tema compartido por Jusid e Iglesias es la entrada del pueblo hebreo en la tierra que ha dejado libre el Mar Rojo (Into the water); para este cronista el mejor fragmento conjunto, ya que combina las cuerdas iniciales, elegantes, que acompañan el amanecer con el descubrimiento de la ausencia del agua, con un final in crescendo donde las masas corales se incorporan sin desentonar.

exodus-dioses-y-reyes-6

Por lo que respecta al trabajo en solitario de Alberto Iglesias, la verdad es que tiene de todo: hay un motivo que podemos asociar a Moisés, que aparece en varios momentos; hay otro que identifica al pueblo hebrero, también presente en distintas escenas; y, sobre todo, hay muchos temas individuales, piezas para una escena única, al menos en el disco editado.

Si tenemos en cuenta que Iglesias ha declarado en varios medios que tuvo que componer y grabar en torno a dos horas y media de música, suponemos que algún día el hambre de los coleccionistas se saciará con un director's cut del film y una edición especial con dos discos de la banda sonora... cuestión de tiempo.

La música aparece en la película prácticamente en todas las escenas, aunque suele ser sólo un fragmento, normalmente para introducir, y luego desaparece. Pero, insistimos, prácticamente todas tienen música, lo que hace difícil otorgarle la relevancia adecuada a cada momento.

En dos palabras: sobra música.

Pero en el disco la sensación es de mayor coherencia: domina la cuerda, con algún instrumento nativo que se cuela aquí y allá, para situar la acción. Pero también hay potentes temas de viento y percusión, como la primera partida para la batalla de los dos hermanos y su ejército (Leaving Memphis), escena coronada en la presencia de unos coros de voces masculinas. Sin olvidar los motivos de claras resonancias étnicas, tanto en la instrumentación como en el uso de la voces (Moses in Python).

Las voces dulces acompañan momentos de intimidad (Goodbyes), voces típicamente árabes que en ocasiones suenan como un lamento (el inicio de las plagas con Animal's deaths), mientras que las masas corales están suficientemente acompañadas y son lo suficientemente breves como para no desentonar (como en el fragmento Hail). Y, además, crea motivos temáticos que van calando a lo largo del film y, sobre todo, de sucesivas audiciones del disco.

Si tuviéramos que elegir un solo tema quizá nos quedaríamos con Exodus, porque lo tiene todo: el tema principal del pueblo hebreo en una versión solemne al inicio, la voz dulce que nos encandila en varios fragmentos, aquí en el bloque central, y, ya al final, esa sensación de amenaza también presente en muchos cortes del CD.

exodus-dioses-y-reyes-9

El autor

Alberto Iglesias se formó en la música de cámara y de concierto, con estudios de piano, guitarra, armonía y contrapunto en distintas ciudades (San Sebastián, París, Milán, Barcelona, Madrid) y no mostró interés por el cine hasta que sus amigos en el País Vasco le ofrecieron la oportunidad de adentrarse en la banda sonora.

Sus primeros pasos fueron de aprendizaje, con utilización de los sintetizadores más por necesidad que por convicción, dado que para películas espectaculares históricas quería componer música de gran orquesta y, lógicamente, no había presupuesto para ello. Hablamos de La conquista de Albania (1983) de Alfonso Ungría.

En su carrera hay que distinguir dos grandes autores que han guiado de alguna forma su carrera, su proyección y su reconocimiento: Julio Medem y Pedro Almodóvar.

La década de los 90 proporciona a Iglesias un estilo propio en el cine, con música cercana a su formación clásica, sobre todo trabajando con piano y orquesta de cuerda, sin dejar de lado la experimentación y las pequeñas formaciones. Todo ello encuentra su lugar ideal en el cine de Julio Medem, en aquella época en la cresta de la ola a nivel crítico.

Juntos logran no sólo un binomio sinónimo de calidad, sino también cuatro premios Goya para Iglesias, que se convierte rápidamente en el autor español con mayor número de reconocimientos: La ardilla roja (1993), Tierra (1996), Los amantes del Círculo Polar (1998) y Lucía y el sexo (2001).

exodus-dioses-y-reyes-3Paralelamente, Iglesias inicia la colaboración con Pedro Almodóvar, cineasta famoso por utilizar muchas canciones en sus films, independientemente que estos cuenten con prestigiosos autores como responsables de sus bandas sonoras (incluidos los mismísimos Ryuichi Sakamoto y Ennio Morricone).

Pese a este aparente problema, Iglesias logra que su música destaque y que el director manchego siga contando con él en todos sus films, con los que gana el Goya en cinco ediciones: 1999 por Todo sobre mi madre, 2002 por Hable con ella, 2006 por Volver, 2009 por Los abrazos rotos y 2011 por La piel que habito.

Además, Almodóvar es el pasaporte al éxito internacional de Iglesias, quien se acerca por primera vez al Oscar con las dos nominaciones consecutivas del manchego (Todo sobre mi madre y Hable con ella, en 1999 y 2002, respectivamente) lo que facilita que el músico adquiera el prestigio y la autonomía suficientes para ser reclamado por cineastas de prestigio.

Estas llamadas se transforman en multitud de premios internacionales (como el Premio Europeo del Cine, que gana en 2006 con Volver, en 2009 con Los abrazos rotos y en 2012 con El topo), el World Soundtrack Award al mejor compositor del año (en 2006 con El jardinero fiel) y tres nominaciones al Oscar: El jardinero fiel (2005), Cometas en el cielo (2007) y El topo (2011).

En definitiva, es el autor español más premiado, más reconocido, con mayor proyección internacional y con mayor capacidad para elegir qué trabajos quiere hacer. Quizá su apuesta con Ridley Scott responde a un intento por acercarse al gran cine popular (lo que los americanos llaman blockbuster), esas superproducciones pensadas de cara a la taquilla, aunque en ocasiones también tengan una recepción crítica notable.

El tiempo determinará si merecía la pena la apuesta… aunque el film no se ha saldado ni con éxito de público ni de crítica. De momento... porque a veces ciertos títulos acaban convirtiéndose en films de culto, aunque uno no acabe de entender el porqué.

Más información en la web oficial de Alberto Iglesias.

En síntesis

Si bien en el cine uno acaba con la sensación de que sobran escenas y música, a base de escuchar en repetidas ocasiones la partitura, sobre todo ordenando los temas por autores, el conjunto acaba resultando agradable, en especial la música de Alberto Iglesias, más comedida, con gran variedad temática y brillante colorido orquestal, donde las voces y los instrumentos nativos acaban jugando un papel destacado.

A su lado, la aportación de Gregson-Williams resulta atropellada, propia de cualquier blockbuster veraniego, impersonal, ya conocida... y acaba restando mérito al conjunto del disco. Y Federico Jusid, sencillamente, no desentona.

Escribe Sabín

exodus-dioses-y-reyes-7

 Título  Exodus: Dioses y reyes
 Título original  Exodus: Gods and Kings
 Autor  Alberto Iglesias (y, no acreditados, Federico Jusid y Harry Gregson-Williams)
 Editado por  Sony Masterworks
 Fecha edición  9 diciembre 2014
 Duración  78 minutos
 Número de temas  32
 Formato  CD / Descarga digital
 Puntuación (0 a 5)  ***