The Equalizer (El protector) (**)

  08 Noviembre 2014

Banda sonora original de Harry Gregson-Williams

bso-the-equalizer-1El regreso de Denzel Washington al universo de luces y sombras del thriller bajo la dirección de Antoine Fuqua (que tan buenos resultados dio en Training Day) se ha saldado con una película ambigua, que intenta justificar la presencia de un justiciero nocturno mediante un amplio bagaje que lo aleja del típico ojo por ojo, para preparar el terreno a un experto matarife de alguna agencia de oscuro nombre y no menos oscuras actuaciones, lo que le da un cierto aspecto de película seria sobre el tema.

Aunque el tema es el mismo: ¿está legitimada la violencia cuando los cuerpos de seguridad fallan y cuando la buena educación pidiendo las cosas por favor no obtienen resultados?

Sobre ese dilema se basa el film y, escuchada junto a las imágenes, la propuesta musical de Harry Gregson-Williams también se basa en una dualidad: el suave y melódico piano solista frente a la orquesta de sintetizadores, la soledad frente a la violencia, la calma frente a la tempestad.

La fórmula resulta especialmente atractiva en ese portentoso inicio, que apunta la soledad del personaje en el amanecer, mientras el piano subraya la paz que rodea a McCall. La idea se repite en distintos momentos, sobre todo cuando el protagonista duda, reflexiona, lee, aconseja y, en general, sigue apostando por la no violencia.

Todo cambia con la secuencia de la matanza de los mafiosos rusos (sin duda la mejor del film y una de las mejores que ha rodado Fuqua junto a la batalla del lago helado en El rey Arturo). A partir de ahí los sintetizadores, la percusión y los ritmos agresivos acompañan a McCall en las escenas de acción. Con breves interludios para la duda, apoyados en el piano.

En el film oímos una canción de Eminem, Beautiful pain (con coros de Sia), probablemente la única concesión que realiza una banda sonora por lo demás pegada a las imágenes, funcional, eficaz… aunque desde luego poco memorable.

El disco

Ni en la descarga digital ni en el CD editado por Varese Sarabande se incluye la canción de Eminem, sólo la música de Harry Gregson-Williams y tras varias audiciones la impresión es similar a la que produce el título que comentábamos hace unos días —Al filo del mañana, de Christophe Beck—: no tienen nada que ver entre sí, pero coinciden en que su falta de temas para recordar, de fragmentos memorables, lo convierten en una banda sonora adecuada a las imágenes, pero monótona separada de las mismas.

El inicio, con el tema Alone, es probablemente lo mejor del CD. Ese piano triste, solitario, describe a la perfección la vida oscura, anónima, de McCall.

Gregson-Williams repite el uso del piano para describir a McCall, un personaje que ha renunciado a una vida de violencia para vivir en tranquilidad consigo mismo, probablemente tras la desaparición de su esposa, cuyo anillo conserva cuando debe realizar trabajos especiales. Así, lo escuchamos en Change your world y A quiet voice, títulos suficientemente significativos sobre el planteamiento musical y del propio film.

Tras los dos primeros temas, en los que hay una mayor presencia del piano, McCall’s decision marca el giro en la banda sonora: comienza con ese piano melancólico, pero mediado el tema da paso a los ritmos vertiginosos, llegó la hora de ponerse manos a la obra. Percusiones, sintetizadores, efectos sonoros diseminados a lo largo de cada tema, melodías que no llegan a ser tales y se quedan en simples esbozos, y un ritmo frenético que se alterna con pequeños fragmentos de piano, quizá para recordarnos que el ser humano (el pacifista) sigue vivo, aunque perdido en una avalancha de violencia nocturna.

El resto del disco responde a estas premisas básicas que son además la marca de fábrica del sello Mediaventures.

De hecho, en distintos fragmentos de acción uno tiene la sensación de estar escuchando una música ya conocida y más concretamente de la trilogía inicial de Jason Bourne (El caso Bourne, El mito de Bourne y El ultimátum de Bourne), todos ellos con música de John Powell, otro colega en Mediaventures y experto en ese estilo muy reconocible para las escenas de persecuciones y peleas.

El problema es que precisamente por responder a un estilo consolidado, la mayor parte de los temas son intercambiables entre sí: la combinación entre explosión de violencia y paz, entre día y noche, no cambia en el apartado musical, se repite a lo largo de todas las escenas… y aunque se agradecen las notas del piano desgranadas aquí y allá, la fórmula fatiga al oyente del disco.

Gregson-Williams es consciente de la monotonía de sus temas y quizá por ello los agrupa en piezas largas, en forma de pequeñas suites. A destacar en este sentido It’s all a lie, que supera los diez minutos de duración y que en sí mismo contiene prácticamente todos los defectos y virtudes de esta banda sonora.

bso-the-equalizer-3

El autor

De origen inglés e hijo de una familia de músicos, su formación académica pronto se orientó hacia la dirección de orquesta y los arreglos. En los 90 llega al mundo del cine gracias a su presencia en el seno de un proyecto formativo junto a otros compositores jóvenes: Mediaventures.

El estilo de Harry Gregson-Williams debe mucho a su formación en el sello Mediaventures, esa escuela creada por el músico Hans Zimmer y el productor Jay Rifkin a principios de los años 90 para que los compositores aprendieran a crear músicas espectaculares, en gran medida grandiosas, pero también demasiado omnipresentes: sintetizadores junto a coros y en ocasiones auténticas orquestas, aunque éstas quedaban reservadas para los casos en que había más presupuesto.

En aquella época, Gregson-Williams compartió estudio de grabación no sólo con Zimmer (en La roca, de Michael Bay, un título clave para el éxito de la fórmula), sino también con otros autores como Heitor Pereira (Gru, mi villano favorito), Mark Mancina (Speed) o Klaus Badelt (Piratas del Caribe: La maldición de la perla negra) y el trasvase de ideas entre todos ellos ha dado como resultado la existencia de un “estilo Mediaventures”, en muchas ocasiones llamado “estilo Zimmer”, que se ha podido apreciar en películas de Michael Bay, Ridley Scott, John Woo…

Pero, sobre todo, destaca su trabajo con Tony Scott, el hombre con el que más bandas sonoras compuso Gregson-Williams hasta el fallecimiento del director y, al mismo tiempo, el director que más veces trabajó con Denzel Washington, de ahí su presencia también en The Equalizer.

Se conocieron en Marea roja (en la que colaboró con el inevitable Hans Zimmer, para el que dirigió los coros), siguió con la música adicional de Fanático (donde volvía a colaborar con Zimmer y compartía cartel con un buen puñado de canciones), destacó con uno de sus títulos más recordados, Enemigo público (en colaboración con Trevor Rabin, otro discípulo de Mediaventuras) y, ya en solitario, compuso títulos como Spy Game: Juego de espías, El fuego de la venganza, Déjà Vu y Asalto al tren Pelham 1-2-3.

Al margen de sus trabajos en cine, es un autor que trabaja habitualmente con videojuegos, destacando dos sagas con las que lleva colaborando más de una década: Metal Gear Solid y Call of Duty. En ambas, su estilo es similar al que ofrece en The Equalizer, con esas piezas intercambiables entre sí, rítmicas, con predominio del sintetizador y en ocasiones grandilocuentes.

En síntesis

Sin duda en la película funciona mejor la música porque uno no es consciente de la reiteración del estilo y de los temas, al estar la banda sonora muy mezclada no sólo con las imágenes, sino también con los abundantes efectos sonoros que, en ocasiones, ocultan el trabajo de Harry Gregson-Williams.

Es una música que funciona bien junto a las imágenes pero que cuesta digerir separada de ellas.

Escribe Sabín

bso-the-equalizer-williams-2

 Título The Equalizer (El protector)
 Título original  The Equalizer
 Autor  Harry Gregson-Williams
 Editado por  Varese Sarabande - 302 067 294 8 / VSD-7294
 Año edición  2014
 Duración  51 minutos
 Número de temas  11
 Formato  CD y Descarga digital
 Puntuación (0 a 5)  **