Barry, John Barry

  11 Diciembre 2012

Mi vida en algún lugar del tiempo 

john-barry-4Este pasado 30 de enero de 2011 nos ha dejado John Barry. Hablar de él como el excepcional compositor británico que ganó 5 Óscar, que compuso la música de 17 películas de la saga James Bond (además del tema principal, le pese a quien le pese y lo discuta quien lo discuta) y de los oscarizados filmes Nacida Libre, Memorias de África o Bailando con lobos, es algo que ya se ha podido leer y oír estos días atrás en cualquier medio de comunicación.

Por ello, desde Encadenados queremos rendirle un pequeño homenaje, pero no diciendo aquello que ya se sabe: compositor del sonido de las películas de James Bond, magistral música para Memorias de África...; sino recordando al Barry, John Barry más desconocido pero no por ello menos brillante. Así, pasaremos por alto todas sus composiciones para el agente Bond y sus archiconocidas composiciones para Memorias de África y Bailando con lobos, dedicando más nuestra atención en aquellas composiciones casi desconocidas del compositor, pero de gran belleza musical.

Nacido el 3 de noviembre de 1933 en York (Inglaterra), John Barry bebió del cine y su música desde bien pequeño, pues su padre era propietario de unos cines. Así conoció la música de todos los grandes compositores del Hollywood dorado y de forma autodidacta fue aprendiendo de todos ellos.

Tras finalizar el servicio militar fundó el grupo The John Barry Seven, con el que triunfó por todo el país, llevándole incluso a aparecer y realizar algún trabajo (series de televisión) para la BBC donde conocería al cantante Adam Faith quien le proporcionaría su primer trabajo como compositor de cine y arreglista en el film Beat Girl (1959). Partitura en la que ya Barry deja ver su especial predilección por el jazz que lo entremezcla con el pop-rock obligado por el film.

Dr_No_Capitol80890A ésta le seguirían otras películas de bajo presupuesto y en 1962 el ya consabido affair del tema del Agente 007 contra el Dr. No: 200 libras por escribir un magistral tema que ha servido para identificar a Bond, James Bond, a lo largo de toda la saga del agente, pero que compensan la humillación de no ser reconocido como auténtico autor de tan famoso tema, frente a Monty Norman, cuyo único mérito conocido fue ser amigo personal de Harry Saltzman, productor del film junto con Albert R. Broccoli. De este mismo año es también una de sus más desconocidas obras, La habitación en forma de L.

Ya trasladado a Londres, se relaciona con gente como Terence Stamp o Michael Caine, quien consigue implicarlo en el que a la postre será uno de sus primeros éxitos, Zulú. Una partitura brillante, llena de colorido y excepcionales melodías dramáticas, sin perder de vista la necesaria percusión y esas tonalidades metálicas que serían tan evocadoras a su estilo a lo largo de su carrera musical. La partitura no pierde tampoco en ningún momento ese aire a marcha militar tan necesario para acompañar a los destacamentos británicos del África colonial de esta sugerente historia en la lucha contra las tribus zulúes.

Este mismo año compondría la partitura para el siguiente Bond, Desde Rusia con amor y la música para el documental de televisión Elizabeth Taylor in London, una magistral partitura muy hermosa y efectista que ya demostraba las dotes líricas y románticas de este gran compositor.

Y si melodiosa fue la partitura que escribió para Elizabeth Taylor, tampoco se quedó corto con la que al año siguiente escribió para el documental de otra diva, en este caso italiana, Sophia Loren in Rome (1964). Original partitura orquestal, cargada de romanticismo y hermosas melodías, algunas de las cuales desprenden cierto aire juguetón y pseudoitaliano, como es el caso de la canción Secrets of Rome, cantada por la propia Sofía Loren y que desprende cierto melancolía embriagadora. Del mismo año son también un gran éxito, James Bond contra Goldfinger, una gran joya inexplicablemente no editada como es Plan siniestro, y otra gran desconocida, Entre dos fuegos.

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En 1965, además del nuevo Bond, Operación trueno, también destacarían sus partituras para el cine sesentero británico: una de espías con Ipcress, una comedia sobre el arte de la seducción con El Knack… y cómo conseguirlo; ambas con el jazz como denominador común, y, por otra parte, una de cine bélico con King Rat en la que destacan los temas de marcado aire marcial aunque también aparece alguna que otra hermosa melodía orquestal.

La caja de las sorpresas (1966) cuenta con una música que está considerada como la precursora del estilo que tan famoso hará en los ochenta a John Barry, ese lirismo arrebatador sinfónico y con todo tipo de cuerdas, desde las del arpa hasta las de los violines. Una hermosa partitura que merece ser rescatada del olvido.

Del mismo año también merece rescatarse la que compuso para Conspiración en Berlín (1966), que todo y ser una película de espías y se hubiera prestado perfectamente a una composición jazzística, cuenta con una partitura de una gran belleza, melódica y romántica.

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Sí utiliza el jazz y música con ambientación sureña en su contribución a la película La jauría humana, una composición bastante difícil de escuchar dentro y fuera del film, por su dramatismo y agresividad, aunque no deja de ser una gran música con algunas concesiones a pasajes más íntimos y melódicos.

A la película de Arthur Penn le seguirían dos películas típicamente inglesas, Los susurrantes y Cuatro de la madrugada, con partituras muy melódicas, pausadas y con música muy intimista y acogedora. No están entre lo mejorcito del Barry desconocido que aquí estamos tratando, pero tienen un cierto encanto que las hace ideales para las imágenes que acompañan y para ser recordadas en días tristes y lluviosos.

Born_free_VSD_302_066_084_2Tras ellas llegaría su gran éxito a nivel de premios Oscar, Nacida libre (1966), por la que consiguió los dos premios del apartado musical: mejor score y mejor canción. Era la primera vez que un compositor no estadounidense se hacía con el doblete. Curiosamente en estos días posteriores a su muerte, muchos medios se han apresurado a recalcar que Barry consiguió cinco estatuillas, pero muy pocos han coincidido en señalar que dos de esas estatuillas fueron para esta gran banda sonora y su canción, ya por muchos hoy desconocida, todo y a pesar de que luego se hizo una serie de televisión con el mismo argumento de la película. La gente sí recuerda Memorias de África y Bailando con lobos, pero no esta gran maravilla donde esa música majestuosa y cándida que evoca a la perfección los maravillosos paisajes de África, nos transporta a una gran historia, la de la zoóloga Joy Adamson y la leona Elsa.

En 1967 un nuevo Bond, Sólo se vive dos veces, y en el 68 un nuevo Oscar y otras tres maravillas. La nueva estatuilla le llegó por otra obra maestra absoluta, hoy también casi olvidada por muchos. Estamos hablando de El león en invierno, en la que si bien en Nacida libre usó una música poética y lírica, en este caso recurre a música de fuerte carga dramática y medieval con gran protagonismo de la voz humana, con fenomenales coros en latín, dado que esta gran producción de época así lo requería. Tragedia y dramatismo se combinan con otros temas más plácidos y rutinarios, logrando un equilibrio perfecto con el film.

Las otras tres maravillas que acompañan este año son: Petulia (con una gran variedad de sonoridades que van desde lo trágico a lo romántico, pero con un tema principal muy acertado), La mujer maldita (también con considerable carga dramática en sus notas, pero contrarrestada con la languidez y notas pausadas de su tema principal) y Angustia mortal (en la que Barry escribió una larga suite para guitarra y orquesta y un melodramático tema principal que adquiere diferentes variaciones a lo largo del film).

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Un nuevo Bond llega en 1969, 007: Al servicio secreto de su majestad y una desgarradora partitura para un film de Sydney Lumet, Una cita, para acompañar a la que sí fue el éxito de ese año, Cowboy de medianoche: pese a que la canción que la hizo famosa, Everybody’s talking, no es de Barry sino de Fred Neil, así como otras de las canciones que escuchamos a lo largo del film tampoco son de Barry, quien sí compuso excelentes temas descriptivos y de ambientación urbana  para este film.

Para El último valle, aunque utiliza nuevamente los coros, Barry huye en esta ocasión de la música medieval y crea una composición que de nuevo navega entre lo dramático y lo íntimo, con excelentes melodías coronadas por un majestuoso tema principal bien cargado de metales y percusión. Marchas militares se entremezclan con bucólicos pasajes más poéticos. Se trata pues de otra gran obra del compositor británico, prácticamente desconocida por mucha gente que sólo lo identifica por sus éxitos más comentados.

Monte Walsh (1970) combina música más agraciada y melódica con temas más tristes y melancólicos, hay un excelente tema de amor y también una canción del propio Barry. Además, tiene la suerte de tener una lujosa edición en compacto realizada hace pocos años por el sello Film Score Monthly.

Walkabout_Silva_FILMCD_339En Walkabout (1971) volvemos a encontrar a un John Barry exultante, que realiza una magistral composición llena de lirismo, de brillantez y con cierto aire de libertad en sus notas.

Entre estas dos últimas, Barry compondrá un nuevo Bond, Diamantes para la eternidad, la música de la serie de televisión británica Los persuasores, de la que se conserva el tema principal y la versión musical de la Lolita de Nabokov, Lolita, my love.

Con María, reina de Escocia, Barry regresa al género histórico de forma brillante, pues compone una melódica partitura con un tema principal sublime y a la vez melancólico, con el lirismo bucólico de los violines y una hermosa canción Vivre et mourir cantada por Vanessa Redgrave. Es otra obra maestra del compositor que consiguió sendas nominaciones al Oscar y al Globo de oro, pero que a pesar de la gran calidad de su música no se hizo con ninguno de los dos.

En 1972 compone por un lado Las aventuras de Alicia, versión musical de Alicia en el país de las maravillas, con unas canciones muy melódicas pero excesivamente edulcoradas, y, por otro, Sígueme, con un extraordinario y sugerente tema principal para esta peculiar película de Carol Reed.

El 1973 Barry compone dos partituras que no cuentan con edición discográfica oficial a pesar de su gran belleza: El zoo de cristal de Anthony Harvey, con una partitura dramática e intimista; y La semilla del tamarindo de Blake Edwards, en la que recupera su estilo romántico y aventurero por exigencias del guión, a pesar de demostrar que es en este género en el que se encontrará más a gusto a lo largo de toda su carrera.

Dove_Artemis006En 1974 tenemos otra joya musical de John Barry, prácticamente desconocida, incluso por algunos de sus seguidores: La paloma de Charles Jarrot. Partitura con un refinado romanticismo, de extraordinaria belleza, que dejará sorprendido a más de uno tras su escucha. La película no es gran cosa, pero la música, todo y poseer el más puro estilo Barry, recuerda por momentos las mejores composiciones románticas de otro gran maestro, Georges Delerue, haciendo de ella una exquisitez solo apta para los mejores paladares, con canción incluida.

También en 1974 compone la partitura para el musical Billy, que cuenta con Michael Crawford como protagonista, y para un nuevo Bond, El hombre de la pistola de oro.

En Como plaga de langosta (1975) y la nueva versión de King Kong (1976) de John Guillermin, pasó con más pena que gloria por dos motivos muy distintos: tener poco trabajo que hacer en la primera (que contó con mucha música preexistente) y alejarse de la melodía en la segunda.

En Robin y Marian (1976) de Richard Lester, en la que sustituyó a un defenestrado Michel Legrand componiendo su partitura en tan solo tres semanas, construye una partitura de un bello romanticismo, algo melancólico y triste, pero muy original, sin necesidad de recurrir incluir sonoridades próximas a la música medieval de la época. Hay una hermosa canción que canta Audrey Hepburn en el film.

Con El desafío del búfalo blanco (1977), Barry vuelve a alejarse de su estilo y crea una música más psicológica y atmosférica, sin las grandes melodías líricas y románticas a las que nos tenía acostumbrados. Crea un tema para el cazador y otro para el búfalo y los enfrenta, usando el tema – contratema.

Deep_Vol143En Abismo (1977), Barry construye una atípica banda sonora, muy melódica e incluso por momentos con ritmos discotequeros, para esta película de acción y aventuras que recientemente ha tenido una edición en doble compacto muy cuidada y que muy pronto se agotó entre los seguidores del maestro.

Game of death (Jugando con la muerte, 1978) muestra la particular incursión del maestro e el cine de las artes marciales con Bruce Lee de protagonista y una música que va entre lo melódico y la música descriptiva de escenas de acción, con momentos que recuerda a su música para Bond y con alguna reminiscencia a la música oriental ilógicamente camuflada.

La calle del adiós (Hanover street, 1979), película de Peter Hyams con Harrison Ford, Lesley-Anne Down y Christopher Plummer, supone el éxtasis de la música melódica y romántica del gran maestro británico. De exuberante belleza, esta partitura es prácticamente desconocida por el gran público y es una de las más logradas del compositor. Sólo se le puede reprochar el ser excesivamente repetitiva en su planteamiento temático, pero ante tal belleza, ¿quien se opone a que ésta se repita?

De la mano del director Luigi Colizzi (bajo el pseudónimo de Lewis Coates), en 1979 llegaría una película infumable, Starcrash (Choque de galaxias), pero que nuevamente cuenta con una brillante partitura de John Barry. Aventuras y ciencia ficción de la mano de un inconmensurable compositor que es capaz de acoplar su estilo bien definido a cualquier tipo de género.

Los años 70 finalizarían con otro Bond, Moonraker, junto a un título para Walt Disney, El abismo negro, otro film con corte galáctico que Barry resuelve con una partitura con un potente tema principal, acompañado de subtemas más oscuros y enigmáticos creados con música electrónica.

Somewhere_in_time_DMCF3333En 1980 Barry nos va a deleitar con partituras de corte muy romántico, en la línea de La calle del adiós, como En algún lugar del tiempo (Somewhere in time), bucólica partitura muy valorada en los Estados Unidos, donde el film tuvo un gran éxito, y que en nuestro país muchos desconocen al pasar la película sin pena ni gloria. Pero estamos ante otra obra maestra del compositor.

Otras composiciones de la década y con el mismo planteamiento son Un amante francés (1984), con las notas de un piano dirigiendo el tema principal, y Peggy Sue se casó (1986), partitura de gran belleza y exacerbada melancolía, para la película de Francis Coppola.

Más dramáticas pero igualmente bellas resultan Frances (1982), con tristes melodías y música más cercana a su estilo de los setenta, y Mascarada para un crimen (1988), en la que la música lleva una carga de intriga y suspense añadida.

De corte más sensual y erótico nos brindaría las composiciones para Juegos de noche íntimos y la magistral Fuego en el cuerpo, con la música más sensual y provocadora donde las haya. Un cántico erótico bien orquestado con el saxo como susurrador de hermosas y sugerentes melodías.

En el plano de las aventuras destacan La foca dorada, con una música demasiado dramática para la historia que acompaña a pesar de su espectacular tema principal; y, sobre todo, La gran ruta hacia China, otra de esas maravillas que de tanto en tanto nos fue regalando John Barry. De gran riqueza temática e instrumental, combina lo romántico con la aventura, sin perder el ingenio para incorporar pizcas y toques de humor y de drama a lo largo de los diferentes cortes musicales compuestos para la ocasión. Nuevamente una partitura muy superior al film.

Sonoridades chinas utilizaría también, pero con otros fines bien distintos (ambientando el lugar donde discurre la acción) en El hombre de Chinatown (Hammett) de Wim Wenders, un film policiaco con aroma de cine negro y con una composición donde el piano y el clarinete adquieren el protagonismo de una música muy jazzística.

Cotton_club_GEFD24062Jazz que también se utilizaría en The Cotton Club, aunque el jazz que aquí se utilizó fue mayoritariamente de la época en la que está ambientado el film y al que Barry acompañó de sus cálidas y melancólicas melodías en escuetos cortes musicales.

En los 80, Barry compondría también tres nuevos Bond: Octopussy (1983), Panorama para matar (1985) y 007: Alta tensión (1987). También extraordinarias rarezas, como Rescaten al Titanic (1980), La leyenda del llanero solitario (1981), El asesinato de Mike (1984), Al filo de la sospecha (1985), A killing affair (1986) y Howard, un nuevo héroe (1986). Y por supuesto su cuarto Oscar, por la archiconocida Memorias de África (1985).

En los 90, Barry ya no trabajará en más producciones de la saga de James Bond y también será mucho más selectivo en los trabajos que elige. Se inicia con su quinto y último Oscar por Bailando con lobos.

A ésta le seguirían otras películas más distanciadas en el tiempo, al maestro ya le cuesta coger encargos pues una intoxicación que le provocó una rotura de esófago, le apartó y le marcó en su futuro personal y profesional. Sin embargo, estos trabajos de los noventa, un tanto olvidados por los aficionados, pese a ser relativamente recientes, son de gran calidad.

Chaplin_Epic472602Por ejemplo, en 1992 compone la música para Chaplin de Richard Attenborough, una partitura clásica que discurre entre lo cómico, lo triste y lo melancólico, grandes especialidades del compositor. Si con el Chaplin auténtico reímos y lloramos, también lo hicimos con la música de Barry para este film. Música de gran calidad y con gran riqueza instrumental que le valió otras sendas nominaciones para el Oscar y el Globo de oro a la mejor banda sonora.

Ruby Cairo (1993) cuenta con una música muy particular, con guitarra española de por medio y melodías muy pausadas y tristes. Más acertada, pero bastante maltratada por la inclusión de numerosas canciones en el film, es la música para Una proposición indecente (1993).

En un nivel muy superior se encuentran Mi vida (1993) y El especialista (1994). Aunque son películas bastante flojas, la música de ambas está nuevamente en los niveles de calidad a los que nos acostumbró en los ochenta el compositor británico. Muy recomendables, especialmente la última, donde una música muy sensual y cálida atrapa al espectador en las escenas más tórridas del film. Nuevamente piano y saxo son los grandes protagonistas de la música erótica de esta nueva incursión en el género del compositor.

También de muy noble factura es La letra escarlata (1995) donde el compositor se atreve a incluir instrumentación y sonoridades étnicas de la época en su música, pero siempre resaltando sus melodías y la historia de amor frente a la acción y los contratiempos que surgen en la historia.

Otras obras muy destacables de la década son Llanto por la tierra amada (1995) y la melancólica y apasionada música para El hombre que vino del mar (1997).

Mercury_rising_Varese_VSD_5925Barry despide la década con una partitura un tanto irregular para una película de acción, Mercury Rising (Al rojo vivo, 1998) en la que vuelve a alejarse de las melodías para construir una música más introspectiva, más de acorde con un planteamiento psicológico del personaje y reforzando la intriga y la trama de la acción.

Y con Enigma (2001) se despidió del cine. Hace 10 años que dejó de componer para el cine y por ello esta película supone su obra póstuma. Tal vez no sea su mejor obra, pero como por caprichos del destino, en ella están intrínsecas las claves y las sonoridades utilizadas por John Barry a lo largo de toda su carrera, de lo más conocido y aclamado, hasta lo menos valorado y tristemente desconocido. Intriga, sonido Bond, melodías melancólicas, tristes, líricas y un tanto épicas.

Todo en pequeñas dosis y como testamento de este gran compositor que nos ha dejado un legado sublime, de una excelente calidad, y que si a algunos no gusta por demasiado empalagoso o melodioso, o por considerar toda su música igual, tal vez deberían repasar toda su excelente obra y ver que John Barry fue mucho más que Bond, Memorias de África y Bailando con lobos.

Siempre perdurarás entre los grandes de la música de cine, y tus obras nos acompañaran por siempre.

Escribe Juan Fco. Álvarez

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