Carter Burwell, el músico de los hermanos Coen

  05 Agosto 2016

Un tipo serio que sí estuvo allí

carter-burwellHablar del cine de los hermanos Coen es hablar de la música de Carter Burwell. Casi sin excepción, los hermanos Ethan y Joel han trabajado con este compositor neoyorquino, nacido el 18 de noviembre de 1955. Su música, aunque sencilla, goza de un carácter solemne pero a la vez ecléctico, con gran carga emotiva en sus notas y un derroche de personalidad americana.

Aunque de pequeño aprendió a tocar el piano, no es hasta su paso por el instituto cuando empieza a interesarse por la música. Se gradúa en la prestigiosa Universidad de Harvard en 1977. Allí estudia animación de la mano de Mary Beams y George Griffin y música electrónica con Ivan Tcherepnin. Tras graduarse, trabaja durante un tiempo en el Harvard Electronic Music Studio.

Después, realiza sus pinitos en la dirección de cortos animados como el que dirige en 1979, Help, I’m being crushed to death by a black rectangle, con el que gana el primer premio en el Jacksonville Film Festival y el segundo en el Festival Internacional de Animación de Otawa.

Durante los siguientes años, primero en Long Island y después en Nueva York, sigue trabajando en el campo de la animación y no es hasta casi mediados los ochenta, cuando al llevar una carrera paralela como músico, tocando para diferentes bandas neoyorkinas, es descubierto por el editor musical de Sangre fácil, quien lo contrata para realizar su primera banda sonora y a la vez su primer trabajo musical.

Se trata de un trabajo para los hermanos Ethan y Joel Coen, y con él el principio de una fructífera colaboración que dura hasta la fecha con trabajos muy notables en la filmografía y discografía de tándem o mejor dicho, trío.

Burwell ha sabido compaginar el trabajo para los hermanos Coen con otros encargos que le han ido surgiendo a lo largo de estos años.

Ha trabajado con directores como Anthony Perkins (Psicosis III), Stephen Gyllenhaal (El país del agua), Mark Frost (El peso de la corrupción), Michael Caton-Jones (Chacal, Rob Roy: la pasión de un rebelde —tal vez uno de sus trabajos más aclamados fuera de su colaboración con los Coen—), Mathieu Kassovitz (Assassin(s)), Richard Donner (Conspiración), David Mamet (La trama), Bill Condon (Dioses y monstruos, Kinsey), James Foley (Cámara sellada, The corruptor), Andrew Niccol (Simone), Steven Shainberg (Retrato de una obsesión), Martin McDonagh (Escondidos en Brujas), Spike Jonze (Cómo ser John Malkovich, Adaptation: El ladrón de orquídeas, Donde viven los monstruos), etc.

Carter Burwell

Sangre fácil (1984) es su primera composición musical, no sólo para los Coen sino en toda su carrera profesional como compositor de música de cine.

Se trata de una música atmosférica, etérea, con ciertos toques minimalistas, que cumple con la función de ambientación de este thriller, ópera prima de los Coen. No es muy agradable de escuchar sin las imágenes, pero hay que reconocer que Carter Burwell demuestra desde este primer asalto en la carrera de la composición cinematográfica, que no le teme a nada y que se atreve con la experimentación, con los sonidos disonantes.

Esta música oscura y dramática no da lugar a grandes temas, aún así, nos regala una pequeña melodía dentro de esta banda sonora, interpretada con unas sencillas y repetitivas notas de piano y que podemos identificar fácilmente en los cortes Blood simple y  Blood simpler.

Sangre fácil, de Carter Burwell Raising Arizona fue editada en un disco junto con Sangre fácil, de Carter Burwell

Raising Arizona (1987) es una disparatada comedia de los Coen que discurre musicalmente hablando por caminos tan distintos como el canto tirolés, música andina, el banjo, ukeleles, mirlitones o kazoos, el órgano, la percusión con cacerolas y hojalatas, silbidos, música folk, voces y el sintetizador.

Esa extraña combinación entre el canto tirolés y el banjo, los ukeleles o con la música andina permiten al espectador conocer cuándo se va a producir una huida con persecución en esta esperpéntica historia con Nicolas Cage y Holly Hunter a la cabeza del reparto.

El sintetizador también se hace presente en temas más atmosféricos como Dream of the future que también posee ciertas connotaciones acuáticas y submarinas.

Muerte entre las flores, de Carter BurwellMuerte entre las flores (1990) saborea de nuevo esa música sencilla, con pocos instrumentos, pero capaz de hacer sentir infinitas emociones y sentimientos en el espectador.

Evocadora música de época con melodías bien construidas y con un aire atmosférico que a veces se torna solemne y otras más intimista. Oboe y flauta se convierten en los instrumentos protagonistas del tema principal, aportando con escuetas notas una sensibilidad tierna y melancólica.

La música posee además cierto aire irlandés que aporta mayor riqueza conceptual al film ya que está ambientado en Irlanda. En la película también podemos escuchar cuatro temas ajenos a Burwell con música de la época en la que se inspira la misma, destacando la versión que aparece de Danny Boy.

Barton Fink (1991) es sin duda la partitura más extraña de todo el repertorio de Carter Burwell. Se trata de una música lenta, pausada, con numerosos silencios entre notas y pasajes musicales.

Es una música suave, no estridente, pero sigue siendo atmosférica y el piano retoma el protagonismo en la música del compositor neoyorkino, dándole un aire melancólico y triste. Una música surrealista que sirve de acompañamiento perfecto a esta historia de un personaje gris como el de John Turturro en el film.

Esta música en la película queda perfecta y saca jugo a cada acción así como al protagonista, pero en el CD que se editó y que acompaña a la banda sonora de Fargo, queda eclipsada por ésta.

El gran salto, de Carter BurwellEl gran salto (1994) es una comedia, género que todos pondrían en duda de escuchar su banda sonora antes de ver por primera vez la película.

Decimos esto porque Burwell construye una banda sonora seria, clásica, sin apenas brillo ni color en sus notas, pero lo hace para jugar a la contraposición. A cual más disparatada acción del film, él le contrapone un tema majestuoso, serio, con unos coros casi satánicos o incluso con una voz lírica de acompañamiento.

Si esto fuera poco, hay unas cuantas piezas de música de Aram Khachaturian que le aportan mayor seriedad al tema, aunque una de ellas sea La danza del sable y aporte algo de vigor ritmico a la música del film.

Se trata de una apuesta arriesgada, pero de la que Burwell sale más que airoso pues con este juego nos hace caer en la cuenta del verdadero sentido de esta historia, de toda la trastienda que esconden la Hudsucker Industries.

Fargo (1996) es sin duda alguna la mejor composición de Burwell para los Coen. El compositor vuelve a hacer gala de ese juego contrapositivo, en este caso menos pronunciado, pues aunque Fargo es cine negro, también cuenta con un humor cínico negro que para nada se deja ver en la música del film.

Fargo (1996) es sin duda alguna la mejor composición de Burwell para los CoenBurwell construye una partitura dramática basada en varios temas de gran belleza. Si Fargo, North Dakota es un tema magistral con el que se abre el film, un tema sereno e intimista como The Ozone cuenta con todos los ingredientes para hacer las delicias del aficionado.

Retomando el tema principal, hay que hacer mención a otra característica en el estilo de Burwell que aquí vuelve a aparecer: el compositor aletarga o alarga los temas, especialmente el tema principal, pero esta vez lo hace con sostenidos y no con pausas o silencios, lo que hace al tema musical adquirir mayor belleza.

Así este tema principal, todo y ser una música con reminiscencias folk, es memorable, retenible y por mérito propio seña de identidad del film. El violín que escuchamos en el mismo debe su maestría al virtuoso Paul Peabody. Un violín que interpreta unas notas de una triste melodía folk que poco a poco dan paso a la percusión y otras cuerdas que le confieren al tema de majestuosidad y grandeza.

Este tema principal lo podemos escuchar a lo largo del film con diversas variaciones en las que al no poder jugar el compositor con las orquestaciones diferentes del mismo, recurre a introducir mayor o menor número de instrumentos acompañando al violín principal que desgrana nota a nota el tema principal.

Encontramos también otros temas más descriptivos o de acompañamiento con connotaciones más dramáticas e incluso oscuras en función de la escena a la que acompañan.

Con El gran Lebowski, Carter Burwell empezó a perder protagonismo en las películas de los Coen, en favor de las canciones El gran Lebowski (1998), aunque cuenta con música de Carter Burwell, hay que decir en honor a la verdad que el trabajo de éste fue relegado a la mínima expresión, dando prioridad a canciones y temas no compuestos expresamente para el film o incluso de otros films.

Todo ello se debe a la aparición en escena en la vida y trabajo de los Coen de T. Bone Burnett, quien si bien en este film solo ejerció de productor musical, en el siguiente film de los Coen acometió el papel de compositor dejando fuera de escena —en esta sola ocasión— a Carter Burwell de la filmografía de los dos hermanos.

T. Bone Burnett es un cantante, músico, compositor y productor musical norteamericano de renombrado prestigio y que ha ganado varios Grammy y recientemente también un Óscar y un globo de oro por la canción de Crazy Heart (2010).

Los Coen pidieron a T. Bone que se encargase de elegir canciones con las que acompañar la película, tenían que ser preferiblemente temas de los años 60-70, y éste así lo hizo. Se encargó de conseguir los derechos de canciones como Just dropped In de Kenny Rogers & the first edition, Hotel California de Eagles, y otras de los Gipsy Kings, Moondog with Orchestra, Captain Beefheart o, aunque fue la que más le costó de conseguir, también se hizo con ella para incluirla en los títulos de crédito finales de la película, el Dead Flowers de Townes Van Zandt.

Asimismo también encontramos otros temas pertenecientes a compositores de cine como el de Lujon de Henry Mancini, o Traffic Boom de Piero Piccioni, y el tema Glück das mir verblied de la ópera Die tote Stadt de Erich Wolfgang Korngold.

Carter Burwell sólo aparece acreditado en el fragmento Wie Glauben, un tema de música tecnopop con el que el compositor quiso hacer referencia al nihilismo presente en la película con este pequeño homenaje a la banda alemana de música electrónica Autobahn.

O Brother, Where Art Thou? (2000) es el único film de los Coen que no cuenta con música original de Carter BurwellO Brother, Where Art Thou? (2000) es el único film de los Coen que no cuenta con música original de Carter Burwell, quien ni siquiera intervino en ninguna tarea del apartado musical del film, cediendo este lugar a T. Bone Burnett que ejerció de compositor y productor musical.

La banda sonora de esta película, paradójicamente todo y que no contó con un músico de cine al uso, fue todo un éxito en Estados Unidos, y vino a favorecer el resurgimiento de la música tradicional y folclórica de los USA. Música bluegrass por la que T. Bone consiguió un nuevo Grammy en su carrera, disco de platino y algún que otro premio más.

La música recoge canciones y temas propios de la época en la que se ambienta el film, pero también tienen cabida temas religiosos, un ejemplo de ello son los temas afro-americanos en los que se recitan pasajes del evangelio.

Sin embargo, la banda sonora es conducida en todo momento por los Soggy Bottom Boys, el grupo musical que forman los tres protagonistas en el film. El nombre del grupo es un homenaje a los Soggy Mountain Boys, una banda de bluegrass liderada por Lester Flatt y Earl Scruggs y a la vez es un nombre gracioso.

Las canciones que interpretaban pertenecían a gente como: Ralph Stanley, John Hartford, Alison Krauss, Emmylou Harris, Gillian Welch, Dan Tyminski, Chris Sharp y otros. El éxito de la película fue tal, que los autores originales de las canciones realizaron una gira por todo el país interpretando las mismas canciones que se podían escuchar en la banda sonora.

De entre todas las canciones destacamos dos: la canción de los presidiarios al principio de la película, Po Lazarus, y el que a la postre es el tema principal del film, I Am A Man of Constant Sorrow, tema que aparece en tres versiones diferentes: la instrumental, con la banda Soggy Mountain Boys y la vocal.

El hombre que nunca estuvo allí (2001) vuelve a contar con música de Carter BurwellEl hombre que nunca estuvo allí (2001) aunque vuelve a contar con música de Carter Burwell, ésta está prácticamente desaparecida durante el metraje del film, dado que los Coen optan esta vez por incluir abundante música clásica, sobre todo sonatas de Beethoven con las que ilustrar el personaje que interpreta Scarlett Johansson en el film, Birdy Abundas, la hija del amigo del protagonista a la que éste va a ver tocar el piano.

Esa música de Beethoven, junto con la a veces cálida y otras veces atmosférica música de cine negro compuesta por Burwell, sirven al protagonista para tener relación y contacto con el mundo, con ese mundo que está fuera de el mundo interior en el que vive atrapado el personaje. Así pues la música, original o no, cobra en esta película de los Coen un papel protagonista.

De la música de Burwell destaca el corto corte The Bank, donde todo él recoge el tema principal del film, también presente en otros cortes como The trial of Ed Crane y I met Doris Blind.

Crueldad intolerable (2003) es una película que nadie diría que forma parte de la filmografía de los Coen, más bien parece un encargo, una película alimenticia y de hecho, el guión no es propiamente de ellos.

Y en el apartado musical, los Coen siguen con ese extraño castigo al compositor quien esta vez goza de mayor número de minutos, pero que tiene que convivir de nuevo con canciones de lo más variadas, que pasan por Simon and Garfunkel, Elvis Presley, Chuck Mangione, Tom Jones, Edith Piaf y Colin Linden.

Burwell aprovecha la ocasión para desmelenarse y desencasillarse de todo tipo de etiquetas y construye una banda sonora muy divertida y colorista en esta disparatada comedia.

Los temas son alegres y brillantes, hay un excelente tema de amor, temas románticos con hermosas melodías y hasta un graciosísimo mambo: Intolerable Mambo, cuyo tema sirve de leitmotiv de la película y aparece en otros cortes musicales de la misma.

Estamos ante una excepcional partitura que sirve a Burwell para demostrar de que es capaz de afrontar cualquier género y reto, así como para ir recuperando la confianza de los hermanos Coen que en sus próximas películas ya le van dando mayor libertad, para poco a poco no tener que compartir cartel con canciones de cantantes famosos.

The Ladykillers, El quinteto de la muerte (2004) es un remake del clásico film británico para el que Burwell compone una partitura muy variada, con temas que van de lo más sobrio, triste e incluso inexpresivo, hasta brillantes melodías de gran belleza.

Siguen apareciendo canciones, con la figura de T. Bone Burnett de productor musical detrás de todas ellas, donde encontramos desde temas tradicionales arreglados por el propio Burnett, hasta temas de The Soul Stirrers, Bill Landford & The Landfordaires, Claude Jeter & The Swan Silvertones, muchos de ellos con carácter religioso, o incluso piezas de música clásica.

Crueldad intolerable (2003) es una película que nadie diría que forma parte de la filmografía de los Coen The Ladykillers, El quinteto de la muerte (2004)

Paris, je t’aime (2006) y Chacun son cinéma ou Ce petit coup au coeur quand la lumière s’éteint et que le film commence (2007) son dos proyectos corales originarios de Francia, donde los Coen colaboran. En el primero lo hacen con el segmento Tuileries y en el segundo con el segmento World Cinema.

El primero es un film colectivo de 20 directores que disponen de cinco minutos cada uno, mientras que el segundo recoge 33 cortos de menor duración en el que diferentes directores dan su particular visión del cine.

Al tratarse de films colectivos y con poca incidencia musical en los segmentos correspondientes a los hermanos Coen, obviamos los detalles musicales de ambas películas que se escapan del tema de nuestro estudio.

No es país para viejos (2007) contiene muy poca música original de Carter Burwell, en beneficio del uso de sonidosNo es país para viejos (2007) es un ejemplo en el que directores y compositor se ponen de acuerdo en pos del bien del film aunque esto perjudique en su trabajo al compositor.

Esta película contiene muy poca música original y a tal decisión se llegó con el acuerdo de ambas partes, dirección y compositor.

Burwell se dio cuenta de que la música en el film solo iba a servir para romper la tensión que en todo momento debía de estar presente. Es por ello que tan solo hay un par de cortes o tres de música original y el resto del metraje se acompaña de efectos de sonido que sirven para crear el clima idóneo que requiere la película.

Cualquier sonido, por débil que este parezca, cobra especial protagonismo en este film y el mejor ejemplo lo tenemos en la escena en la que, encerrado en su habitación del hotel, el Sr. Brolin espera la llegada de su perseguidor.

Quemar después de leer (2008) significa el retorno por todo lo alto del trabajo del compositor cinematográfico. Burwell tiene libertad aquí para construir una banda sonora completa.

Oportunidad que no desaprovecha y crea una música brillante, inteligente y hermosa aunque la historia requiere de una música decepcionante, patética y pesimista.

A pesar de ello, la utilización de una gran variedad de instrumentos (abundante percusión, guitarra eléctrica, violines, piano, etc.) o incluso voces humanas, la inclusión de apaciguadoras melodías  y de un variopinto entresijo musical, hacen de esta banda sonora una de las más completas en cuanto a variedad y calidad de Burwell para los Coen.

Quemar después de leer supuso un importante cambio de registro en la trayectoria de Carter Burwell con los hermanos Coen Un tipo serio (2009) es por ahora la última colaboración de Carter Burwell con los Coen

Un tipo serio (2009) es, hasta que se produzca la llegada de True Grit (2010), la última película de los Coen que hemos visto y para ella Carter Burwell vuelve a construir una banda sonora cuidada y perfecta.

Aparecen nuevos instrumentos en el universo sonoro de Burwell, ahora es el arpa quien junto al piano conducen el tema principal, un tema serio, dramático que vuelve a remarcar los personajes grises, tristes y patéticos del mundo de los Coen.

Y a pesar de que estamos según sus creadores ante una nueva comedia, de humor negro en todo caso, a ese cínico humor de los Coen, Burwell responde con el contrapunto de una música que, aunque elegante, no deja de ser sobria o incluso trágica.

Quedamos a la espera del último trabajo de colaboración entre los Coen y Burwell y esperamos que ésta siga dando sus frutos en próximos trabajos con la misma calidad o mayor que hasta el momento.

Escribe Juan Francisco Álvarez

Quedamos a la espera del último trabajo de colaboración entre los Coen y Carter Burwell