La música en el cine de Almodóvar

  17 Marzo 2013

Alberto Iglesias: El éxito es mi secreto

 Pedro_Almodovar_11Crítica y público coinciden en afirmar que el cine de Pedro Almodóvar ha experimentado una evolución desde aquellos primeros filmes de los ochenta hasta los de nuestros días. Yo prefiero decir que el cine de Almodóvar ha madurado, ha progresado y evitar el término evolución.

Quiero pensar que nadie debe renunciar a sus orígenes y no considerar sus primeras películas como productos de inferior calidad. El cine de Almodóvar de los 80 es cine, tan válido como sus últimos éxitos. Nos podrán gustar más sus últimos trabajos, podrán estos tener más y mejores recursos tanto técnicos como estilísticos, pero al fin y al cabo, sus películas de los ochenta, con su precariedad de recursos, son películas con encanto, con gracia y mucho arte.

Puestos a hablar de la música de sus filmes, ocurre exactamente lo mismo. Nos gustará más la música que viene componiendo Alberto Iglesias para sus últimos títulos, pero aquellas películas de los ochenta son inconcebibles sin  la música de Bernardo Bonezzi. Almodóvar hoy dispone de mayores recursos que entonces, también un mejor gusto musical y un mayor dominio de la técnica y el quehacer cinematográfico. Por ello, no es de extrañar que para la música de sus películas quiera composiciones que estén más elaboradas, que estén más presentes a lo largo de todo el retraje, pero también que ejerzan un papel protagonista en sus filmes cada vez más dramáticos y menos cómicos. Y es por ello que Almodóvar ha ido buscando una renovación, un cambio en el papel que desempeña la música en sus películas.

Ese cambio, ese saber hacer de la música una chica Almodóvar más, lo ha venido y viene desarrollando el compositor vasco Alberto Iglesias. Una colaboración o binomio muy fructífero, muy bien avenido, inconcebible el uno sin el otro y que con é3sta última, Los abrazos rotos, ya suman siete películas juntos.

Hablamos del presente en el que nos encontramos, pero, a buen seguro que Almodóvar va a seguir madurando, va a seguir experimentando cambios en su cine y en su forma de hacerlo y ello va a exigir al compositor un continuo cambio, un saber amoldarse a esas nuevas exigencias que le va a ir planteando el director manchego. Hasta el momento ese papel de compositor amoldable a los requerimientos artísticos de un exigente director lo esta desempeñando a la perfección Iglesias, pero, al igual que en el plano interpretativo a Almodóvar no le faltan novias, tampoco son pocos los compositores e intérpretes que deseosos de trabajar con él, ya lo piensan o incluso lo dicen abiertamente (por poner un ejemplo de  cada: el compositor argentino Osvaldo Golijov y la cantante israelí Noa).

Almodóvar y McNamara, una asociación de sus inicios como cineastaTampoco podemos olvidar que otra de las particularidades en el aspecto musical de las películas de Pedro Almodóvar es la constante inclusión de canciones y piezas de música preexistente. Una tónica siempre presente, desde sus inicios hasta la actualidad. El universo sonoro de Almodóvar es muy amplio y éste concibe una película con dos, tres o incluso más canciones y/o piezas musicales en su memoria, piezas sin las cuales su cine no tendría el mismo sentido con el que lo ha concebido. Son piezas que también poseen gran protagonismo, tanto argumental como sentimental, y que, en el caso de las piezas vocales, han contado con intérpretes de lujo.

Pero pasemos a ver con detalle todo este tipo de cuestiones y muchas otras más, acerca del universo sonoro del cine de Pedro Almodóvar. Hagámoslo desde una perspectiva cronológica para ir viendo esa evolución según algunos, o esa madurez según otros.

Cortos de aprendizaje

Los cortometrajes rodados en Súper 8 y con los que un jovencísimo Pedro Almodóvar se introdujo en este curioso mundo del cine, no contaban con registro sonoro y muchas veces eran doblados por el propio Almodóvar incluso en directo, cuando se proyectaban.

Más adelante rueda otros en 16 mm. y algunos ya cuentan con música preexistente; en ellos, Almodóvar ya nos deja toda una declaración de principios en cuanto a sus gustos musicales y a esa concepción de concebir sus obras a partir de una serie de canciones y temas instrumentales. En Salomé (1978), Isabel Mestres baila al son de El gato montés un particular baile muy cañí, en el que se va desprendiendo de los velos ante la mirada atenta de Abraham (Fernando Hilbeck).

También son ya abundantes en esta etapa las escenas en las que se interpretan playbacks de temas del universo sonoro del director manchego. Como dice el propio Almodóvar, son un elemento artístico más, en los que se le da mucha importancia a la letra, al sentimiento que transmiten y que por tanto no son un simple acompañamiento.

Así, por ejemplo, ocurre en su último corto de los ochenta, el que realizó por encargo de Televisión Española para el programa La edad de oro, de la periodista Paloma Chamorro. Se trata de Tráiler para amantes de lo prohibido (1985), en el que estaríamos hablando de un musical tragicómico, donde nos encontramos con interpretaciones de: Cuando nadie te quiera (una ranchera del compositor mexicano José Alfredo Jiménez) en una particular versión de Bambino; también de Bambino es Voy, otro de los temas; Soy lo prohibido (un bolero de Roberto Cantoral y Dino Ramos) interpretado por la reina cubana de los boleros Olga Guillot, que también aparece con el tema La maletaNo me puedo quejar (versión libre de Non, je ne regrette rien de Edith Piaf) interpretada por Estela Rabal; y Where is my man, una canción disco de Eartha Kitt que supuso con su álbum I love men todo un icono del mundo gay por aquella época (los ochenta).

Largometrajes iniciales

Almodóvar early films: recopilatorio de sus primeros títulosPero retomemos la carrera de Almodóvar volviendo a sus largos. Si no tenemos en cuenta su folletín Folle... Folle... Fólleme Tim!, un largo de 1978 rodado en Súper 8, su primer largometraje oficial es Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980). 

Éxito sonoro de Almodóvar en su ópera prima en el que retrata todos sus tópicos en un Madrid de principios de los ochenta. Un Madrid que disfruta del movimiento punk, abanderado por la Bom de la película, una Alaska (Olvido Gara) que, junto a la que sería la musa del director por algún tiempo, Carmen Maura (Luci), Eva Siva (Luci), Kiti Manver (modelo y cantante) y Julieta Serrano (actriz), completarían el reparto de las chicas Almodóvar de este filme.

La banda sonora de esta primera película de Almodóvar no cuenta con música creada ex profeso para la ocasión y en ella el director se limita a mezclar pasodobles, marchas procesionales, boleros... con temas interpretados por Alaska y los Pegamoides. Entre las canciones más remarcables de esta película están: Murciana, Tu loca juventud (interpretada por Maleni Castro), Estaba escrito (de Domingo y Moreu, con la interpretación de Monna Bell) y Muy cerca de ti (con música y letra de Antonio Guijarro y Augusto Algueró hijo, e interpretada por la propia Alaska), canción que ya cantara Ana Belén en Zampo y yo. También es obligado comentar que cuando el rodaje se paralizó al carecer de más fondos, éstos fueron aportados por amigos del director, principalmente por  Tino Casal. 

Bernardo Bonezzi entra en escena

Su segundo largometraje, Laberinto de pasiones (1982) hubiese sido un poco más de lo mismo de no haber sido por la incursión en el cine de Almodóvar de Bernardo Bonezzi y Fabio McNamara (quien ya aparecía en Pepi, Luci, Bom y las chicas del montón pero no en la faceta de compositor). Con la misma limitación de recursos que el anterior, cuenta con un apartado musical más pobre si cabe.

En este filme se producen más silencios y escenas que piden algo más que un simple acompañamiento musical. Sin embargo, se recordará gracias a incluir la famosa canción Gran Ganga (letra y música de Almodóvar y Bonezzi) que interpretan el propio Almodóvar junto a Fabio (Fany) McNamara,  pero que la escenifica Imanol Arias en el filme. Almodóvar aparece en un cameo junto a McNamara en la canción escrita por ambos junto a Bonezzi, Suck it to me.

Por tanto, Bernardo Bonezzi se convierte en el primer compositor que colabora con Almodóvar y lo hace componiendo estas dos canciones con sólo dieciocho años. Pero ¿quien es Bernardo Bonezzi?

Los primeros títulos de Almodóvar fueron recogidos en un recopilatorio de BonezziDe padre italiano y madre brasileña, Bernardo Bonezzi nace en Madrid el 6 de julio de 1964. Desde bien pequeño, demuestra un gran interés por la música y a los seis años ya toca perfectamente la guitarra. A los trece funda un grupo musical, Los Zombies, de gran calado en la movida madrileña. En una proyección de cortos en Súper 8 de Almodóvar, conoce a éste y es por ello que se inicia entre ambos una fructífera colaboración que se desvanece con ¡Átame!, donde entra en juego el gran Morricone.

Pero Bonezzi sigue trabajando para otros, no sólo en cine (con trabajos asiduos para Felipe Vega, Rafael Monleón, Manuel Gómez Pereira y Agustín Díaz Yanes), sino también en televisión (La edad de oro, Gatos en el tejado, Farmacia de guardia, Queridos cómicos, Todos los hombres sois iguales, etc.).

Actualmente parece que ha aparcado o lo han aparcado del panorama de la composición para la imagen y realiza discos en solitario un tanto experimentales (La hora del lobo, La hora azul, La hora del té).

Entre tinieblas (1983) supone un paso atrás musicalmente hablando. Si con Laberinto de pasiones, Almodóvar empezó a creer en la música de un compositor, Bonezzi, aquí vuelve a recurrir a canciones preexistentes.

Dime de Morris Albert, Salí porque salí (canción original de J. Curiel Alonso y que hizo famosa Cheo Feliciano), aquí interpretada por la propia Cristina Sánchez Pascual (actriz que interpreta el papel de Yolanda), el bolero Encadenados (de Carlos Arturo Bris) interpretado por Lucho Gatica, y otras músicas que, como dice la madre superiora (Julieta Serrano) a Yolanda en el filme, hablen de sentimientos: merengues, boleros, salsa, tangos, rancheras, etc. Y Yolanda le replica que es la música que habla y que dice la verdad de la vida, porque quien más y quien menos siempre ha tenido un amor o un desengaño.

Almodóvar también usa música de Nino Rota y Miklos Rozsa  y cuando se le preguntó al respecto se atrevió a declarar: "Lo que más me gustaría es construir una banda sonora con música de otras películas. Quiero agradecer a Nino Rota y Miklos Rozsa los temas que he utilizado en Entre tinieblas. No importa que ellos los crearan para Rocco y sus hermanos y Providence respectivamente".

¿Qué he hecho yo para merecer esto?

¿Qué he hecho yo para merecer esto?Con ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984)  vuelven a colaborar juntos Bonezzi y Almodóvar. Atrás han dejado la edición de un LP entre Bonezzi, Almodóvar y McNamara a raíz del éxito de las canciones de Laberinto de pasiones, titulado ¡Como está el servicio... de señoras! (1982) y un single, Las diez mujeres más elegantes (1983), dos desmadrados caprichitos para Almodóvar y amigos.

Bonezzi reconoce que cuando Almodóvar estaba rodando la película le insistió en componer música instrumental y le llegó a mostrar unas maquetas que, al ser del gusto de éste, propició la primera colaboración seria entre ambos.

Sin darse cuenta de dónde se metía, Bonezzi se desenvolvió bastante bien a pesar de no conocer el lenguaje y la estructura de la música en el terreno cinematográfico. Con unos sintetizadores, algún que otro instrumento acústico y mucha intuición consigue crear una partitura bastante decente. La música es muy funcional y tiene un aire latino a boleros, en alguno de sus cortes, para no perder las referencias musicales del director. En otros, la música es más psicodélica, como en el corte Madrid-Berlín, y otros, como el que acompaña a la protagonista en su deambular sola, con el mono, por las calles de Madrid, son más intimistas, incluso con algunas notas jazzísticas de una trompeta con sordina. La música de los créditos, con el mismo título que el filme, suena a música triste de carrusel de feria, una feria de personajes perdedores, como el de Gloria en este caso, una excepcional Carmen Maura.

Y todo ello sin que Almodóvar renuncie a la inclusión de sus habituales canciones y performings. Es impagable el cameo habitual del director, de nuevo con McNamara, pero en este caso lidiando con la copla de Miguel de Molina, La bien pagá. Otra canción que destaca en el filme es: Nur nicht aus liebe weinen (que traducido significa: No sólo se llora por amor) de Theo MacKeben, Hans Fritz Becmann y Wizner Boheme e interpretada por Zarah Leander (actriz y cantante alemana cuyo mayor éxito lo cosechó en los años treinta interpretando papeles de mujer fatal en películas y canciones que eran dramas apasionados y trágicos, y que junto con su belleza y su voz grave, hacen de ella un valor seguro a ser incluido por Almodóvar en sus películas).

Un pasito adelante: Matador

Bonezzi, 15 años: recopilatorio con temas para AlmodóvarTras Tráiler para amantes de lo prohibido, corto del que ya hemos hecho mención, vino Matador (1986). Bonezzi sigue al frente de la música y vuelve a componer música triste, trágica, incluso llega a ser fúnebre y tétrica por momentos.

Piano y cuerdas, violín, violonchelo y bajo en uno de los temas principales, rompen un poco la estética tópica que cabría esperar ante una tragicomedia de tal magnitud y con un nombre tan cañí como Matador. Bonezzi huye de los tópicos musicales (sólo aparecen pequeñas referencias musicales en forma de unos acordes de guitarra española y una especie de aviso taurino con trompeta) en los que hubiese sido fácil caer y construye su música a partir del drama de sus personajes, de las situaciones angustiosas que protagonizan.

En el tema principal, Matador, Bonezzi se apoya de la voz humana y nuevos instrumentos acústicos (como la flauta), pero sin olvidar los sintetizadores con los que construye una desgarradora e intensa melodía, un auténtico leit-motiv de la película y el tema más inspirado de Bonezzi en toda su colaboración con Almodóvar. Y en el terreno de las canciones, Almodóvar también se sirve de una excelente canción para convertirla en protagonista, es Espérame en el cielo de P. López Vidal, pero que aquí no interpretan ni Lucho Gatica ni Antonio Machín (dos de sus versiones más célebres), sino Mina.

Un pasito atrás: La ley del deseo

Con La ley del deseo (1987) volvemos a dar un paso atrás. En un principio, el filme iba a contar con la música original de Bernardo Bonezzi pero, según declaraciones de éste, una serie de malentendidos con la producción hizo que no hubiese música original. Aunque Pedro finalmente incluyó El adiós de Gloria, uno de los temas compuestos por Bonezzi para ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, completando la banda sonora con canciones.

Canciones de los estilos más variados: Déjame recordar de José Sabre Marroquín, bajo la interpretación de Ignacio Jacinto Villa (Bola de nieve); Lo dudo de Chucho Navarro interpretada por Los Panchos; Guardo che luna de G. Malgoni; y el Ne me quitte pas de Jacques Brel, bajo la interpretación de Maysa Matarsazzo; mezcladas con temas clásicos: Tango de Igor Stravinsky y el allegro de la Sinfonía 10 de Dimitri Shostakovich, pieza con la que se abre la película en sus títulos de crédito iniciales. Tampoco faltan las canciones kitsch de Almodóvar, McNamara y Bonezzi: Satanasa, Susan get down y Voy a ser mamá.

El adiós de Bonezzi

Bonezzi firmando discos al autor de este artículo, Juan Francisco ÁlvarezY finalmente llegaría Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), última colaboración entre Bonezzi y Almodóvar. Para esta ocasión Bonezzi realiza su partitura almodovariana más orquestal y a pesar de ello también es la más típica y tópica, la que más se acerca a los gustos musicales del Almodóvar kitsch, del Almodóvar del corazón.

A pesar de ser una música melodramática, hay cabida para la música popular entre la que destaca un mambo, el Taxi Mambo, que se repite varias veces a lo largo del filme, y que surge en la escena del taxi que conduce Guillermo Montesinos y le acompañará siempre que éste reaparece. Este mambo pone el punto de humor en la música de Bonezzi centrada una vez más en destacar las desgracias y tragedias de los personajes.

Especialmente trágica es la música que acompaña a Julieta Serrano en su camino y llegada al aeropuerto, Hacia el aeropuerto, con una especial atención a las cuerdas que se muestran muy herrmannianas (Bernard Herrmann acompañó en su singladura a Hitchcock, idolatrado por Almodóvar, por lo que es de suponer que el director pidiese al compositor música al estilo Herrmann).

A pesar de ser la película de la etapa Almodóvar-Bonezzi con mayor cantidad de música original compuesta para la ocasión, no nos podemos olvidar de las canciones, omnipresentes en el cine de Almodóvar. En esta ocasión la mezcla de temas tampoco tiene desperdicio, ni en su calidad, ni en su disparidad de estilos.

Por un lado, encontramos el Capricho Español y Scherezade de Rimsky-Korsakov, y por otro los temas Soy infeliz de Ventura Rodríguez interpretada por Lola Beltrán, que sirve de obertura de la película, y Puro teatro de C. Curet Alonso interpretada por La Lupe, que sirve de cierre.

Ennio Morricone

Ennio MorriconeTras el éxito internacional que cosechó Mujeres..., Almodóvar tuvo la gran suerte de poder contar para ¡Átame! (1990), su siguiente largometraje, con el gran maestro italiano Ennio Morricone.

Una colaboración que estuvo envuelta en una polémica que recientemente se trató de zanjar. Polémica que se suscitó cuando, por un lado, Almodóvar declaró que no le gustaba nada la música que compuso el maestro italiano y, por el otro, Morricone lo empeoró cuando declaró que el director español no supo comprender su música y que la destrozó en el montaje.

Hace unos años, en 1999, cuando ambos coincidieron en Berlín para recoger sendos premios de la Academia de cine europea, manifestaron estar muy contentos el uno con el trabajo del otro. Sea como fuere, esta colaboración fue única y además demuestra que Almodóvar dio su brazo a torcer cuando con ella reconoce la importancia de la música incidental en su cine al buscar en Morricone un sustituto a Bonezzi.

La música del maestro está dentro de su estilo, un estilo que cultivó hacia finales de los ochenta con musicalidades muy parecidas entre obra y obra. Así, podemos considerar que sobre todo el tema principal de ¡Átame! tiene cierta similitud con el tema principal de Frenético (1988), y en otros temas también se manifiestan ciertas semblanzas con temas de Los intocables de Eliot Ness (1987).

Pero a pesar de todas las similitudes que se le puedan encontrar dentro de la obra de Morricone, hay que reconocer que se trata de un tema verdaderamente hermoso, bien construido y con una fuerte carga emocional sustentada en las cuerdas, que crean una bella melodía por encima del ritmo repiqueante de las teclas del piano.

Única colaboración de Almodóvar y Morricone: ¡Átame!Un segundo tema, Introducción del psiquiatra, aparece en diversas ocasiones a lo largo del filme y tiene una factura más tierna, pero no por ello lo hace menos hermoso que el anterior. Se trata, pues, de una excelente partitura del maestro, que tal vez pecó de no hacer ninguna concesión al gusto musical del director al no introducir ninguna sonoridad o matiz más sensiblero, romántico o incluso popular.

Preguntado Almodóvar acerca del uso que hace de la música de sus compositores, hizo alusiones al trabajo de Morricone que viene a confirmar lo que hemos comentado. Almodóvar dijo en su día en una entrevista: "Nunca estoy contento con la totalidad de la música cuando me la componen y, de hecho, del trabajo de Ennio Morricone para ¡Átame! quité la mitad porque su música era más convencional que la narración de la película. Es un riesgo cuando llamo a un músico. Cuando he empezado a oír otros temas de películas compuestos por Morricone me he dado cuenta de que lo único que ha hecho es copiarse a sí mismo. El tema central de Frenético (Roman Polanski, 1988), excepto dos notas, es igual al de ¡Átame!".

El trabajo de Morricone es de gran calidad pero tal vez no el más acertado para un trabajo con la estética y el sentimiento que imprime Almodóvar en los suyos. Pero para imprimir este sello personal, y dado que la partitura de Morricone como acabamos de comentar, en este sentido resultaba plana y pobre, ya se preocupó Almodóvar de incluir las pertinentes canciones que lograsen ese ambiente popular y chabacano.

Así, entre las canciones sobresale el éxito Resistiré del Dúo Dinámico, con el que se atreven Loles León y Antonio Banderas. Loles León también se lanza con la Canción del alma de Rafael Hernández. Y otras son: el tango Celos de Jacob Gade, o por enésima vez el tema de McNamara, Almodóvar y Bonezzi, Satanasa.

Ryuichi Sakamoto

Ryuichi SakamotoNo contento con el excelente -pero quizás inadecuado- trabajo de Morricone, Almodóvar tiene la oportunidad de trabajar con otro compositor de fama mundial, Ryuichi Sakamoto, quien cuatro años antes había conseguido el Óscar por El último emperador.

Sakamoto se hace cargo, pues, de Tacones lejanos (1991) cayendo en el mismo error que Morricone. El compositor japonés no puede evitar plasmar en sus notas su particular estilo, que a pesar de ceder a las exigencias del director manchego en algunos de los temas, no llega a convencer. Es una música que aunque tiene una fuerte carga dramática en sus notas, no llega a hacerse sentir por el espectador. Se constata también una dispersión melódica pues, aunque se insiste una y otra vez en repetir el tema principal, no llega a cuajar en un sentido de unidad y en capacidad de retención.

Sakamoto también se atreve a componer una música etérea y experimental cuando incide en la psicología de la protagonista, Rebeca (¿una referencia a la Rebecca de Hitchcock? Aquí la historia intercambia los papeles y está plagada de otras muchas referencias al genio del suspense). También hay música dance, música pop, música estilo Herrmann, sintonía de televisión, etc.

Pero, al igual que ocurriese con Morricone, Almodóvar en el montaje final decide prescindir de gran parte de la música compuesta por el compositor para la película y añadir numerosas canciones, marca del propio Almodóvar.

Tampoco Sakamoto repitió tras 'Tacones lejanos'En unas declaraciones del propio Almodóvar preguntado al respecto de por qué hay tan poca música de la compuesta por Sakamoto para Tacones Lejanos, el director manchego sin vacilar, respondía: "No me gustaba. Es muy difícil que un compositor te haga toda la música y que vaya bien para toda la película. Desgraciadamente no hay tiempo para volver a grabar, porque el compositor tiene tres semanas para hacerlo cuando tú has terminado de montar y tienes que mezclar".

En esta ocasión, y ya hablando de las canciones, hay una dura competencia, una especie de duelo entre dos de las canciones del filme por ser la que lo identifique. Estamos hablando de la canción que popularizó Chavela Vargas del mexicano Agustín Lara, Piensa en mi, y la canción de Gaby Verlor con letra del propio Almodóvar, Un año de amor, ambas magistralmente interpretadas por Luz Casal. Cada cual es libre de elegir, pero un servidor se queda con ambas. Entre el público hay que reconocer que la primera fue la que consiguió un mayor reconocimiento y la que propició que la banda sonora fuese todo un récord de ventas ese año.

Además de éstas, también encontramos: Pecadora interpretada por Los hermanos Rosario; Soleá y Saeta ambas de Gil Evans e interpretadas por Miles Davis; C'est irreparable de Nino Ferrer, pero también adaptada por el propio Almodóvar; y dos temas pertenecientes a la banda sonora de George Fenton para Las amistades peligrosas, que vuelven a confirmar que Almodóvar no tiene reparos en utilizar música compuesta para otras películas.

¿Quién me compone la partitura?

Nadie compuso temas para 'Kika', todo lo hizo AlmodóvarAlmodóvar se ganó una fama de duro y en esos momentos ningún compositor cinematográfico se atrevía a trabajar con él por querer dominar todo y no dar libertad al músico.

Almodóvar, bien desengañado con la música incidental o bien que no encontraba compositor que quisiera trabajar con él, decide que en su nueva película, Kika (1993), no iba a utilizar música original ni compositor alguno. Así se limita a insertar en los momentos que a criterio suyo lo necesiten, música ligera, música popular, un remarcado predominio de música de autores sudamericanos y también, por qué no, música incidental de cine compuesta para otras películas.

Luz de luna de Álvaro Carrillo con Chavela Vargas; Guaglioni, Mama yo quiero y Concierto para bongo en versiones de Pérez Prado; La cumparsita de Xavier Cugat; Youkali tango habanera de Kurt Weill, interpretada por The Armadillo String Quartet; una suite de Psicosis de Bernard Herrmann; Danza española nº 5 de Enrique Granados; y Se nos rompió el amor, canción popular, por Fernanda y Bernarda de Utrera.

Alberto Iglesias: la flor de Almodóvar

Llegados a este punto, Almodóvar afronta su nuevo proyecto con renovada ilusión y con un nuevo compositor. Alberto Iglesias irrumpe en la carrera del director en esta nueva película, La flor de mi secreto (1995), tras ser reclamado por el director, que busca en él ese compositor que le de a la música ese sentir, ese decir que sí encuentra en las canciones que incorpora a sus filmes.

Y ocurre exactamente lo mismo que al principio con Bonezzi. Almodóvar, en esta primera colaboración, quiere tantear el terreno y ver las posibilidades que le ofrece Alberto Iglesias como compositor de música incidental y, por ello, utiliza muy poca música suya. En cambio, cómo no, abusa nuevamente de las canciones, incluso repitiendo alguna que ya había usado previamente.

Las canciones usadas esta vez son: Soleá de Gil Evans e interpretada por Miles Davis; En el último tango de José Alfredo Jiménez Sandoval, interpretada por Chavela Vargas; Ay amor de Ignacio Jacinto Villa (Bola de nieve); y Tonada de luna llena de Simón Díaz, interpretada por Caetano Veloso.

La aportación de Iglesias para La flor de mi secreto, a pesar de ser escasa, es del gusto del director, pues con pocos instrumentos de cuerda (violín, viola y violonchelo) construye una desgarradora música que transmite el dolor, ese dolor de Marisa Paredes en el filme.

La flor de mi secretoEl secreto de Iglesias y su triunfo con Almodóvar, radica en que el compositor ha sabido amoldar su estilo incorporando o cediendo (como se quiera ver) a las exigencias y gustos del director. Así, las composiciones de Iglesias para Almodóvar son muy distintas de las que realiza para otros directores (por ejemplo con Julio Medem). Con Almodóvar la música de Alberto se parece más en su estructura melódica y en su forma a canciones populares, boleros, tangos... Reminiscencias de estos estilos las encontramos en sus composiciones. En este caso, sin necesidad de analizar otros que más tarde iremos viendo, el compositor introduce ciertas notas que poco a poco van acariciando un tango, hasta convertirse en el Tango de Parla.

Alberto Iglesias llega a absorber en tal grado los principios musicales del director manchego que incluso hace suyas las palabras de éste puestas en boca de Julieta Serrano y Cristina Sánchez Pascual en Entre tinieblas y declara al respecto de la música de La flor de mi secreto: "La música tiene que tener la apariencia del decir, y músicas como el tango poseen una gran articulación melódica además de estar cargado de pasión".

Carne trémula

Carne trémulaCarne trémula (1997) confirma la confianza puesta por Almodóvar en Iglesias y éste le corresponde realizando una composición nuevamente marcada por el dolor.

Almodóvar se arriesga y pide al compositor que ponga música a los celos, por lo que la música de Iglesias adquiere aquí un matiz más nostálgico, triste y melodramático. Para conseguirlo recurre a las cuerdas nuevamente y lo hace con un quinteto de cuerdas (dos violines, una viola, un violoncello y un contrabajo), y también destaca la presencia de una mandolina y una guitarra portuguesa, que adquieren gran protagonismo a la hora de dar ese toque nostálgico, ese ápice de optimismo ante tanto drama.

En esta composición al igual que en la película, no queda espacio para el humor, para la comedia disparatada de Almodóvar, estamos ante una desgarradora historia de amor, con pasión, celos y dolor. Por ello, la banda sonora discurre entre melodías de gran calado dramático, variaciones del tema principal (con diferente instrumentación) y temas descriptivos muy solapados a las imágenes que acompañan.

Esta música incidental, esta vez sí, está bien presente a lo largo de todo el metraje y es abundante en cantidad y duración, así como está muy bien acoplada a las imágenes en los momentos precisos.

Y, cómo no, también tienen cabida los habituales boleros, rancheras, flamenco y canciones populares, liderados esta vez por el bolero Somos de Mario Clavell, interpretado por Chavela Vargas. Las otras canciones son: Sufre como yo de Albert Plá y José Mª Fonollosa (una especie de ranchera); la pieza de flamenco El rosario de mi madre de Mario Cavagnaro Llerena; Ay mi perro de J. del Valle Domínguez, Manuel Gordillo Ladrón de Guevara y Augusto Algueró, interpretada por La niña de Antequera; y Whirl reel 2 de Simon Emmerson & Davey Spillane.

El primer Oscar

Todo sobre mi madreEl reconocimiento en forma de Óscar al trabajo del director manchego llegó con Todo sobre mi madre (1999) y nuevamente está Alberto Iglesias a cargo de la música, cada vez más suelto y un poco más libre en su oficio.

Nos encontramos ante el trabajo de Iglesias más oscuro, música propia del cine negro, del cine de suspense, con ciertos toques de jazz y otra vez música estilo Herrmann, aunque en esta ocasión se acerca más a la que compuso el maestro Herrmann para ambientar las calles de Nueva York en Taxi Driver y un poco menos a sus colaboraciones con Hitchcock, pese a que Vértigo parece estar presente de nuevo.

Las cuerdas de la Orquesta Filarmónica Ciudad de Praga y el jazz de la trompeta de Patxi Urtegui envuelven las escenas sobre las calles de Barcelona dando una impresión de ciudad más cosmopolita, ya no estamos en la Madrid de la marcha, y a la vez vuelven a ser el recurso para dotar a la música y, en definitiva, a la película, de ese drama y esa soledad que viven los personajes de esta nueva historia.

En este sentido, los temas que mejor reflejan estos sentimientos son: para la soledad por las calles de Barcelona y con predominio jazzístico el tema de Todo sobre mi madre; y para el drama de Manuela y con las cuerdas de protagonistas está el excelente tema La mecánica del transplante.

Nuevos instrumentos forman parte en el registro sonoro de Alberto Iglesias para esta nueva banda sonora: vibráfono, clarinete, trompeta y sobre todo el piano, ejecutado por el propio Alberto, que se erige como guía, a veces ejerciendo el papel de instrumento solista (destaca en Dedicatoria, tema que aparece cuando Huma va a pagar a Manuela) y en otros casos se convierte en pauta de los temas centrales.

Curiosamente, estamos ante la película de Almodóvar en la que menos música ajena, no original, encontramos en sus escenas. Y si siempre hay una canción como buque insignia, en este caso ese papel lo ejerce la canción Tajabone del músico senegalés Ismael Lô, que ejecuta una balada con su voz sedosa y emocionada. La originalidad de esta pieza radica en ese aire fresco que imprime a unos ritmos tradicionales de música africana este compositor al que en algún tiempo se le llamó hombre orquesta. La canción está cantada en wolof, lengua oficial en Senegal y acompaña a Cecilia Roth a su llegada a Barcelona, donde va en busca del padre de su hijo. Hay dos temas más ajenos a Iglesias, ambos del compositor argentino Dino Saluzzi: Gorrión y Coral para mi pequeño y lejano pueblo. Preciosos temas abanderados por el acordeón que sirve como recurso musical para, en el film, presagiar la muerte.

Hable con ella

Hable con ellaPero ni Iglesias ni Almodóvar están muertos, sino todo lo contrario, muy vivos y siguen trabajando en la que será su cuarta colaboración: Hable con ella (2002). Aquí, volvemos al Iglesias de composiciones con ciertas similitudes a piezas de música popular: boleros, tangos, pasodobles, fandango y flamenco.

En este caso, con la excepcional ayuda de Vicente Amigo y El Pele, compone un tema principal en el que se recoge un poco de flamenco y otro tanto de pasodoble. Sigue presente la música dramática, la soledad, el suspense, pero también incorpora una música más tranquila, incluso fresca en algunos momentos.

Siguen las cuerdas protagonizando la música Almodóvar-Iglesias, pero en este caso ya no son tan nostálgicas ni melodramáticas como en casos anteriores, sino que vuelve la melodía y vuelve ese aire de música española. Destaca la música ejecutada con cuarteto de cuerdas para ese capricho de corto dentro del filme que es El amante menguante, ocho minutos y medio de una rica partitura llena de giros y contrapuntos al servicio de la imagen, a modo de acompañamiento clásico de las películas mudas de antaño.

Distintas ediciones de la música han visto la luzEn cuanto al resto de la música, nadie mejor que Pedro Almodóvar, en sus declaraciones en el libreto del CD, para obtener una precisa impresión de ésta: "La música compuesta por Alberto Iglesias sirve de techo y de suelo a los personajes y arropa la acción como porosa manta de cachemir en una fría noche invernal. La música de Alberto acaricia y desgarra, acompaña y arrebata. Te deja solo, a las puertas de ti mismo, pero su recuerdo no te abandona nunca porque después de oírla ya forma parte de ti y de tu vida. Gracias a Vicente Amigo por convertir el tema final (en un tiempo récord) en uno de los más hermosos de la película. Y mi admiración también a su compadre El Pele por meter ese quejío tan bonito en el último momento. La película no se puede despedir mejor del espectador".

Para completar habría que añadir que los leitmotivs vuelven a estar presentes, que son recurrentes y funcionales y una vez más hacen de esta partitura de Iglesias una música de calidad, completa y perfecta. Esta composición supone para Alberto su segundo Goya fruto de sus colaboraciones con Almodóvar, tras el obtenido por Todo sobre mi madre, y el sexto hasta ese momento, tras sus cuatro Goya con Medem (La ardilla roja, Tierra, Los amantes del círculo polar y Lucía y el sexo).

No nos podemos olvidar de mencionar las canciones presentes en la película: el Cucurrucucú Paloma de Tomás Méndez Sosa, interpretado por Caetano Veloso; Por toda a minha vida de Tom Jobim y Vinicius De Moraes, interpretado por Ellis Regina; Aquel de Rufino Almeida interpretado por Bau y The Plaint; y O let me weep, for ever weep de Henry Purcell.

La mala educación

La mala educaciónLa mala educación (2004) es quizás, de toda la filmografía presente de Almodóvar, la que tanto crítica como público consideran la peor del director, la que más han criticado, castigado e incluso odiado. Por el contrario también tiene quienes la defienden.

Pero en lo que todos parecen estar de acuerdo es que, aún a pesar de no haber obtenido ningún premio, su banda sonora es si no la mejor una de las dos mejores compuestas por el compositor vasco para Almodóvar.

Su música se mezcla entre temas de marcado carácter religioso (son temas corales en su mayoría), temas con toques jazzísticos con el saxo por protagonista (Plegaria atendida y Saxo+Cuarteto son buena prueba de ello) y los ya consabidos temas de cuerda con fuerte carga dramática (de nuevo a lo Bernard Herrmann).

Y a todo esto se le unen las canciones, pero esta vez con un sentido de unidad con el resto de la música original de Iglesias, aunque a los puristas de la música de cine no nos gusten. En esta ocasión las canciones no son como islas en la inmensidad del océano (caso extremo al que se había llegado sobre todo en Todo sobre mi madre y en menor manera en Hable con ella), sino que están perfectamente conjuntadas con la historia, dan sentido a la misma y tampoco chirrían tanto con el resto de la música.

Todo ello a pesar de la diversidad de estilos de éstas: Cuore matto interpretada por Little Tony; Quizás, quizás, quizás y Maniquí parisien interpretadas por Sara Montiel; Moon river de Henry Mancini y Johnny Mercer; y Torna a Surriento de los hermanos De Curtis interpretadas por el niño Pedro José Sánchez Martínez, y el Kyrie de Gioacchino Rossini.

Podríamos detenernos a comentar largo y tendido la funcionalidad, el sentido y la estructura de la música compuesta por Iglesias y utilizada por Almodóvar en esta película, pero se escapa de la finalidad de este estudio. Simplemente quiero apuntar que la riqueza de esta partitura requiere una atenta audición de la misma con el visionado de la película para caer en la cuenta de todo el juego que da la misma.

Como señalan las declaraciones del propio Almodóvar en el libreto del compacto: "Alberto Iglesias es el único artista maravilloso que conozco sin problemas de ego. Para esta ocasión ha construido una columna sonora potente y original, sobre la que descansa la película, como un bebé descansa sobre los brazos de su madre".

Volver

volver.jpgY la última colaboración entre ambos, a la espera del estreno de Los abrazos rotos, es Volver (2006). Tercer Goya para Alberto Iglesias fruto de su colaboración con Almodóvar y séptimo en el total.

Y Volver, vuelve a recuperar ese matiz hispano en la música de Iglesias que en La mala educación quedó de lado. Pero también vuelven a estar presentes todos los tópicos que hemos comentado en las anteriores colaboraciones: las cuerdas de la orquesta para dar carga dramática al estilo Bernard Herrmann (empiezan a ser demasiado recurrentes), dotar al tema principal de cierto aire a pasodoble, la guitarra española, el cuarteto de cuerda, música de cine negro...

Tal vez Volver, vuelve a caer en los errores que un compositor debiera evitar o tal vez si volviéramos a escuchar esta música (una primera escucha y sin las imágenes de por medio, nos pueden hacer pensar que estamos ante una música totalmente plana, inexpresiva) nos diéramos cuenta de la riqueza de matices que posee. Si hurgamos en ella, escucharemos una partitura que no es tan fácil como aparenta, con la que el compositor ha querido sorprendernos. Sí, recurre a tópicos, pero éstos buscan una finalidad más profunda, más encubierta si se quiere, que en anteriores ocasiones.

La música rebusca en el interior de los personajes de la historia y cada instrumento aporta un matiz diferente a los personajes o a las escenas que acompañan. En este sentido, en la partitura que nos ocupa, Iglesias incorpora la novedad del uso del fagot y el arpa, elementos diferenciadores allí donde aparecen. Sea como fuere, algo tendrá Volver cuando compositor y director siguen juntos, cosechando éxitos, premios y elogios por doquier.

Canciones tampoco faltan, y a la famosa Volver de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera, magistralmente interpretada por Estrella Morente, le acompañan A good thing de S. Cracknell, L. Oakley y M. Waterfield, interpretada por Saint-Etienne, y el tema de las espigadoras de La rosa del azafrán del maestro Guerrero, bajo la interpretación de Conchita Penadés.

Los abrazos rotos

Los abrazos rotosAlmodóvar ha querido hacernos más corta la espera adelantándonos un corto, La concejala antropófaga (2008), a sus abrazos rotos, pero en éste no se nos descubre nada al respecto de cómo será la música de Alberto Iglesias. Tan sólo se utiliza un fragmento de un tema titulado Your life de G. M. Gillespie, al principio y al final del mismo.

Sólo disponemos de lo que Iglesias declaró en una entrevista en la que éste comentaba que, tras leer el guión de Almodóvar, tenía claro que debía componer una música ligera pero a la vez fuerte, dado que la historia fluía haciendo fácil unas situaciones un tanto complejas.

Todo parece indicar que tanto director como compositor van a sorprendernos en esta nueva colaboración cambiando de registro. Eso, al menos, es lo que da a entender la selección de canciones escogidas en esta ocasión: A ciegas de Miguel Poveda, Werewolf de Cat Power, Vitamin C de Can y Robot Oeuf de Uffie. Así que tenemos rock, flamenco y música progresiva y electro de los 70 y actual.

Sin embargo uno quiere ser cauto y esperar a valorar la música con las imágenes y no aventurar nada a partir de las canciones escogidas por el director manchego, pues, como hemos visto a lo largo de este estudio, su variedad de estilos y su no sintonía con el resto de la música original han sido casi una constante en la obra de Almodóvar. Así que nos cruzaremos de brazos a la espera de este nuevo trabajo.

Escribe  Juan Fco. Álvarez

Almodóvar con Penélope Cruz y Alberto Iglesias