LOS PADRES DE ÉL  
 
Título orginal: Meet the Fockers
Pais, Año:

EE.UU. , 2004

Dirección: Jay Roach
Intérpretes: Ben Stiller, Robert De Niro, Dustin Hoffman, Barbra Streisand, Blythe Danner, Teri Polo
Guión: Jim Herzfeld, Vince DiMeglio, Tim Rasmussen
Duración: 114 minutos
 
 

 

 

 

 

 

Conociendo a los Follen

El éxito arrollador de taquilla del que gozó Los padres de ella (Meet the parents), hacía presagiar el próximo estreno de una segunda entrega. Cuatro años más tarde, sus mismos creadores han vuelto con Los padres de él (Meet the Fockers), una película que, sin desmarcarse mucho de los planteamientos originales de su antecesora, funciona y aporta situaciones cómicas nuevas, muy por encima del formulismo al uso de otras secuelas, gracias a la introducción de la familia Follen (Focker), antagonista vital e ideológica de los Byrnes.

Hay quien ha querido incluso ver en este punto una metareflexión en clave cómica acerca de las dos Américas, división real que tan claramente reflejaron los resultados de las últimas elecciones generales. Nada más lejos de la realidad. No existe la menor pretensión de hacer referencia alguna a temas de gran calado. Se desaprovecha, en cierto modo, la oportunidad de incidir en un humor más corrosivo, más profundo, tomando a las dos familias como paradigmas de los valores de las dos Américas. Y digo se desaprovecha porque tal vez el reparto daba para más. Pero, a decir verdad, la cosa es mucho más simple: se trata de hacer reír y punto. Y la verdad es que lo consigue.

Para ello el filme se aprovecha de una receta sencilla: un guión muy simple pero eficaz y unos excelentes actores, especialmente los tres protagonistas masculinos. Esto facilita la puesta en marcha de las situaciones, que son si cabe más ágiles que en Los padres de ella, una vez que ya conocemos a los personajes. La presentación de la familia de Greg (Ben Stiller) es fresca, dinámica. Con un par arranques verbales de Bernie Focker (Dustin Hoffman) en los saludos iniciales y una imagen de Roz (Barbra Streisand), su mujer, dando clases de terapia sexual para mayores, queda perfectamente definido la clase de matrimonio que son: liberal, desinhibido y falto de complejos, por contraposición al estricto, puritano y protestante Jack (Robert de Niro), de quien su mujer queda relegada siempre a un papel menor.

Sin embargo, este juego de contrarios queda reducido casi exclusivamente a todo aquello que concierne a la moral sexual y a lo escatológico. La secuencia de la cena radiografía perfectamente las intenciones cómicas de la película. Los chistes acerca de circuncisiones, masturbaciones, primeros polvos y los equívocos que se generan a partir de aquí, proponen un tipo de comedia que funciona bastante bien en cuanto más disparatada se vuelve, pero que pierde bastante fuelle cuando el elemento romántico vuelve a cobrar protagonismo.

Así, la línea que separa a los Follen de ser un matrimonio liberal o unos salidos incapaces de controlarse delante de extraños o a Jack de ser un tipo duro y de recta moral o un paranoico que no se fía ni de un bebé, se halla siempre difusa. Como ya ocurriese en la primera entrega, los únicos gags de tinte político vienen dados por la condición de Jack de ex-agente de la CIA y los métodos que utiliza para espiar y poner en ridículo a Greg.

El ritmo de los golpes se va intensificando desde el mismo instante en que son presentados los personajes de las dos familias, que por momentos cobran tintes grotescos. Todo se sucede en función de una alocada acción que prevalece siempre sobre los diálogos, que en cualquier caso se ven poco favorecidos por el doblaje, puesto que los juegos idiomáticos y los dobles sentidos son constantes. 

El desenlace es el esperado. En este punto la película adolece de cierto esquematismo pero para entonces ya ha logrado su objetivo: hacerte reír durante dos horas. Que no es poco.

David Marrades