Harry Potter y la cámara secreta
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Discurso cercano al fascismo

Otro "inolvidable" personaje digital: Hollywood no para de sorprendernos.No tendría el más mínimo sentido perder el tiempo elaborando una crítica sobre esta innecesaria, aburrida y larguísima segunda parte si no fuera porque sus virtudes (que alguna debe tener, digo yo) y sus defectos (que los tiene, de eso soy testigo) sirven de paradigma de la situación que atraviesa el actual “cine comercial” norteamericano.

Cuando el año pasado por estas fechas veíamos en todo el mundo casi simultáneamente Harry Potter y la piedra filosofal ya sabíamos que iba a tener con toda seguridad una segunda parte que, curiosamente, se estaba rodando mientras se estrenaba la primera entrega. Si lo comparamos, por ejemplo, con las dificultades de Martín Scorsese para poder estrenar su versión completa de Gangs of New York y no una versión mutilada por el productor Harvey “Manostijeras” Weinstein, este mecanismo de producción permite comprobar hasta qué punto la industria del cine está en manos de un grupo de ejecutivos cobardes, miserables y que sólo apuestan por lo que ellos consideran un pelotazo seguro: hoy sólo se invierte en crear franquicias, o sea, títulos que puedan tener sucesivas secuelas anual o bianualmente para engrosar las arcas de su productora. Pero nadie se arriesga con un título mínimamente original.

Es más. Las segundas partes han de ser un calco de la primera, pero aumentando la dosis de acción/aventura/terror/humor (táchese lo que no proceda) consiguiendo de este modo que lo que tenía un cierto interés en la primera entrega se convierta en una marca de fábrica que se repite hasta la saciedad.

Así, si en la primera entrega teníamos un partido de “quidditch” aquí se repite y, según su director, con “mejores efectos especiales”. Quizá sean mejores. Pero son absolutamente innecesarios, como toda la escena, que aparece insertada con calzador en cualquier momento del metraje, sin venir a cuento. Si en la primera entrega había clases de magia, Un niño, el "elegido", bastante torpe por cierto, empeñado en devolver la "democracia" a un centro de brujería... hum, sospechoso, muy sospechoso. vuelos, aprendizajes de magos, entrega de premios a los elegidos... aquí todo ello se multiplica, se alarga hasta la extenuación.

Y esto del “alargamiento” acaba siendo de lo más lamentable de la película. Si en la primera entrega debíamos conocer a los protagonistas de lo que será una exitosa serie y presentarlos costaba su tiempo, aquí no hay ninguna necesidad de ello, por lo que la trama principal puede empezar desde el principio... ¡y la película dura más de 160 minutos!. ¿Dónde están aquellas pelis de aventuras que en hora y media contaban todo lo que era preciso, prescindiendo del resto, por muy espectacular que fuera?

Hemos leído declaraciones de un satisfecho Chris Columbus y críticas elogiosas en distintos medios. Hoy uno no puede tomarse demasiado en serio esas “gacetillas” (llamarlas críticas no responde a sus auténticas pretensiones), normalmente porque las revistas y periódicos donde se publican pertenecen a grandes grupos de comunicación con intereses en la producción, la distribución o la exhibición cinematográfica, cuando no en todas ellas a la vez. Pedirle a una publicación del grupo Prisa que critique duramente un título distribuido por Warner-Sogefilms (también del grupo Prisa) parece hoy por hoy una tarea ardua. Pero no es el único caso, la pertenencia a un grupo de comunicación es la norma y, por tanto, la gacetilla ha acabado siendo la lectura que habitualmente podemos encontrar en muchas publicaciones.

Pero no es de los críticos de quienes queremos hablar, sino de la película. Resulta curioso comprobar cómo a esa repetición multiplicada de los elementos “que funcionaban” en la primera parte se une casi invariablemente una falta de decisión cada vez más alarmante. En Harry Potter y la cámara secreta hay que destacar, sobre todo, la parte final, donde se suceden hasta tres larguísimos finales absolutamente innecesarios: el primer final, el auténtico, tiene lugar tras una batalla espectacular con esa serpiente digital que deja petrificados a quienes la miran (dejemos a un lado las alusiones mitológicas: son otra forma de añadir guiños al espectador), aunque uno hubiese preferido que de haber alusiones se hubiesen basado en el “síndrome de Lot” y los Por si fuera poco, la mejor actriz de la primera parte, queda petrificada en esta secuela y apenas interviene. ¡¡Vaya chasco!! espectadores que miren la pantalla queden todos convertidos en estatuas de sal, quizá así las colas fueran menores.

Hay un segundo final, en el cual Harry Potter no sólo desenmascara al malo oculto, sino que, en un alarde de generosidad sin límites, concede la libertad a Dobby el elfo, un lamentable animalito digital que, por momentos, puede hacernos añorar aquel insoportable personaje digital del Episodio I de George Lucas. Generoso que es el chico.

Queda un tercer final porque, no contentos con mostrarnos sus habilidades (por cierto, el tal primogénito de la señora Potter es un torpe de cuidado, de hecho la mayoría de sus triunfos son a costa de los demás, no por sus propios méritos) director y guionista quieren obsequiarnos con su “merecida recompensa”, por lo que asistimos a otra larguísima escena de bienes y parabienes a nuestro joven mago, escena sólo destinada a que los personajes de la pantalla aplaudan sus andanzas y, por simpatía popular, el público de la sala haga lo propio. Puestas así las cosas, no cabe duda de quién es el mejor, el más popular, el más preparado... el elegido.

Son escenas largas, finales innecesarios e insoportables. Pero eso no es lo peor. Lo peor se esconde tras esa última afirmación: “el elegido”. Porque si algo insinuaba la primera parte era un cierto tufillo racista que en esta segunda entrega adquiere un protagonismo especial: la trama gira en torno al interés de uno de los fundadores de la Escuela Hogwarts, quien pretende que sólo los magos auténticos puedan estudiar allí, o sea, que quienes tienen la sangre contaminada por ser hijos de un mago y un humano, esos, que abandonen la escuela.

Que a lo largo de la película el público más joven asista a alevosos discursos acerca de la pureza de la sangre, la autenticidad de la raza de magos y desmadres fascistas semejantes acaban convirtiendo Harry Potter y la cámara secreta en un peligroso discurso de tintes neonazis y eso debería hacernos reflexionar antes de abandonar a nuestros hijos alegremente ante tales mensajes lanzados, para colmo de males, sin ningún atisbo de vergüenza, con absoluta desfachatez.

Que en mitad de este panorama de ideología cercana al fascismo los efectos especiales sean de primera, francamente, ¿a quién puede importarle, excepto a los maravillosos técnicos que los han hecho posibles? 

Mr. Kaplan

HARRY POTTER Y LA CÁMARA SECRETA

Título Original:
Harry Potter and the Chamber of Secrets
País y Año:
EE.UU., España, 2002
Género:
Aventuras
Dirección:
Chris Columbus
Guión:
Steve Kloves
Producción:
Warner Bros.
Fotografía:
Roger Pratt
Música:
John Williams
Montaje:
Peter Honess
Intérpretes:
Daniel Radcliffe, Kenneth Branagh, John Cleese, Tom Felton, Bonnie Wright, Harry Melling, David Bradley, Richard Griffiths, Jason Isaacs, Gemma Jones, Julie Walters, Robbie Coltrane, Emma Watson, Fiona Shaw, Richard Harris
Distribuidora:
Warner Sogefilms
Calificación:
Todos los públicos

 

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