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En
los años setenta, George Lucas se convirtió en una de las promesas del
cine norteamericano gracias a títulos como THX-1138,
American Graffiti
y La guerra de las galaxias. Tras el arrollador éxito de ésta última, Lucas abandonó la dirección
para dedicarse enteramente a la producción de una saga que, aún hoy,
genera tremendos beneficios.
Tras
el visionado de Star
Wars II. El ataque de los clones,
poco, o nada, queda por decir sobre la epopeya galáctica más
famosa de la Historia del Cine (con permiso de Star
Trek) y menos aún sobre esta
nueva entrega, creada, casi única y exclusivamente, para gozo y disfrute
de su legión de fans. El resto, los que son cuasi neófitos en las
aventuras de Skywalker y compañía, deberán recurrir a algún amigo freakie que les instruya
en el universo creado por Lucas. Sólo así puede llegar uno a
introducirse de pleno en la trama que plantea la película, ya que el guión,
firmado a cuatro manos por el director y por Jonathan Hales, no se
preocupa de presentar mínimamente a los personajes ni de desarrollar
coherentemente las situaciones que viven.
Es
precisamente el libreto el punto más flojo del filme, lo que se ve en la
dificultad de seguir la historia a pesar de que ésta pueda resumirse en
un par de líneas. Ni siquiera en los momentos, a priori, más profundos
(la historia de amor entre Anakin Skywalker y Padme Amidala), Lucas se
toma en serio a sus personajes. Así, los diálogos, cursis a más no
poder, están más cerca de los de una novela de la serie Jazmín que de
una epopeya romántica al estilo de Doctor
Zhivago; se nota que el
realizador californiano ha buscado recuperar ese espíritu de David Lean
que sí se percibía en algunas partes de La guerra de las galaxias, mas ha fracasado en el intento. Tampoco han quedado exentos de
homenaje otros géneros cinematográficos. Ecos de Centauros
del desierto resuenan en la búsqueda
de la madre de Annakin, sólo que Lucas sustituye a los indios por
“moradores de las arenas” y se vislumbran retazos de cine negro en las
pesquisas de Obi Wan Kenobi por tugurios intergalácticos. Y, aunque no es
Costa-Gavras, Lucas se atreve incluso con el cine de tintes políticos. De
nuevo, hay espacio para la defensa de la democracia frente a la dictadura,
encarnada en ese villano interpretado por Christopher Lee y de
infantiloide nombre: Lord Tyranus.
Ante
un guión construido con tan débiles mimbres, el potencial creativo del
director de American Graffiti se
ha volcado en los efectos especiales, magníficos (faltaría más,
hablando de quien hablamos) pero empachosos a más no poder. Esto afecta
directamente a los actores, que no están ni bien ni mal: simplemente están,
algo que quizás ya sea bastante pues, visto lo visto, se han pasado gran
parte del rodaje delante de la famosa “pantalla azul” donde luego se
insertan los escenarios y personajes virtuales.
No
hay duda: George Lucas ha olvidado que no sólo de clones vive el hombre y
que volver a lugares comunes sólo satisface a unos pocos. Quedan dos únicos
consuelos: el filme es mejor que el precedente, La amenaza fantasma,
y aún queda otra entrega que cerrará esta trilogía. Habrá que verla.
Evaristo Martínez
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STAR
WARS: EPISODIO II: EL ATAQUE DE LOS CLONES
Título
Original:
Star Wars: Episode II - Attack of the Clones
País y Año:
EE.UU., 2002
Género:
CIENCIA-FICCIÓN
Dirección:
George Lucas
Guión:
George Lucas, Jonathan Hales
Producción:
Lucas Film
Fotografía:
David Tattersall
Música:
John Williams
Montaje:
Ben Burtt
Intérpretes:
Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen, Ian McDiarmid, Samuel
L. Jackson
Distribuidora:
Hispano Fox Films
Calificación:
Todos los públicos
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