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HA
MUERTO BILLY WILDER
Por
Evaristo Martínez
Sigilosamente,
como pasó los últimos años de su vida, el genial director de cine Billy
Wilder murió el pasado 25 de marzo en su residencia de Los Ángeles. El
autor de títulos míticos como El
Apartamento o Con faldas y a lo loco nunca perdió la esperanza de volver a
dirigir a pesar de su avanzada edad. Sunset Boulevard está más triste
que nunca.
Periodista,
bailarín, “negro” para la industria del cine alemán, guionista,
director... Billy Wilder tenía tantas vidas como aquel barman verborreico
de Irma la Dulce. Recordado
sobre todo por sus comedias, Wilder pasará a la historia del cine por
haber tocado la mayoría de los géneros y por haberlo hecho siempre de
forma sobresaliente.
Nacido
en 1906 en Sucha, una zona de Polonia que por aquel entonces formaba parte
de Austria, Billy Wilder -cuyo auténtico nombre era Samuel- se trasladó
con su familia a Viena, ciudad donde comenzaría a trabajar años más
tarde como periodista. La cercanía de la guerra provocó que Wilder
huyera a París para acabar recalando en Los Ángeles. Allí, en
colaboración con su idolatrado Ernst Lubitsch, escribió los guiones de La octava mujer de Barba Azul y Ninotchka.
En Hollywood, debutó como director en 1942 con El Mayor y la menor, un enorme éxito de público escrito a medias
con Charles Brackett. El dúo repetiría firmando excelentes títulos como
Días sin huella, Berlín Occidente y El crepúsculo
de los dioses (Sunset Boulevard),
siempre dirigidos por Wilder. Entre sus colaboraciones con Brackett hizo
un inciso para escribir, con el novelista Raymond Chandler, el guión de
la que es su primera gran obra maestra como director: Perdición.
En palabras de uno de sus más fieles seguidores, Woody Allen, Perdición
es “la mejor película jamás
realizada”. Ahí queda eso.
Los
años cincuenta fueron especialmente felices para Billy Wilder. En esa década
filmó, entre otras, El Gran
Carnaval, Sabrina, La
tentación vive arriba (más memorable por Marilyn y su vuelo de
faldas que por la cinta en sí), Testigo de cargo, Con faldas y
a lo loco y, como guinda, la que para más de uno es su mejor película:
El apartamento. ¿Qué director
actual consigue hacer, en tan poco tiempo, películas tan talentosas? Sin
duda, Billy Wilder era irrepetible.

Dos
fieles amigos
Profesional
y personalmente, hay dos nombres ligados al de Wilder que son sinónimos
de buen cine: el del guionista I. A. L. Diamond y el del actor Jack Lemmon.
Con Diamond colaboró por vez primera en Ariane y, desde 1959, año en que escribieron a cuatro manos Con
faldas y a lo loco, no dejaron de trabajar unidos. Diamond y Wilder
bordaron con letras de oro la historia del cine, con guiones como los de El
apartamento, Uno, dos, tres,
Irma, la Dulce, En bandeja de plata o Primera
plana. En ellas, Wilder no sólo demostró ser un excelente escritor
de guiones, sino que maduró como director. El cambio de mentalidad
experimentado por la sociedad a partir de los años sesenta provocó que
el humor de Diamond y de Wilder se fuera revistiendo de un tono cínico y
corrosivo.
Wilder
se fijó en Jack Lemmon tras verlo en la película de John Ford Escala
en Hawai. Lemmon se convertiría en su actor fetiche, en su “hombre
de la calle”, en el héroe cotidiano, cercano y empedernidamente romántico
que tuvo como contrapunto al cáustico Walter Matthau en diversos títulos.
Sin duda, el añorado Jack Lemmon representó la quintaesencia del cine de
Billy Wilder.
El
maestro se ha marchado, pero ha dejado un universo de ficción con el que
seguirán disfrutando los espectadores de muchas generaciones. Los más
nostálgicos aún pensamos que el romántico Baxter y la encantadora
Kubelik siguen jugando a las cartas en El
apartamento; vemos al gendarme Nestor Patú paseando junto a su Irma,
la Dulce por las calles de París; sonreímos cuando un chorro de
vapor silba en el andén al paso de la despampanante Sugar Kane de Con
faldas y a lo loco; espiamos a la encantadora Sabrina agazapada entre
los árboles. Descansa en paz, Billy Wilder.
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