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“Una
película de Almodóvar” es el enorme rótulo entre jactancioso y
petulante con que acaban los títulos de crédito que dan inicio a esta última
obra de este peculiar cineasta “honra y prez” (!?) del cine español.
Y así, Hable con ella es otra más de Almodóvar, una película que una vez
vista uno no sabe si tomarla en serio o en broma. Aún cuando más
comedida que sus otras películas cae en los mismo excesos de siempre.
La
película está presentada desde un punto de vista que puede ser
interesante y que Almodóvar ya visitó en algunos otros filmes: la
realidad de la vida contemplada como algo soñado y como algo que se
representa; por eso el filme empieza con un telón que se levanta y acaba
también en un patio de butacas de un teatro. Pero siendo un poco cruel
estas ficciones almodovarianas semejan una mala copia de un peor original.
Y así, siguiendo el dicho de su (supongo) amado Ocar Wilde de que la vida
imita el arte, el cineasta manchego se copia otra vez más a sí mismo,
como Narciso mirándose a las aguas, pero su ultima película carece de
vida y de arte.
Carece
de vida porque el filme nos presenta unos personajes que, repito, podrían
haber sido muy interesantes y que además son típicos de la fauna y flora
que pueblan los filmes de este cineasta manchego: seres desagarrados, con
necesidad forzosa de ser amados y de amar, que viven sus pasiones frente
al mundo, con amores prohibidos o incomprendidos por la sociedad
bienpensante. Para presentarnos estos personajes el filme se sube de tono
y casi en la tesitura de la tragedia y sus protagonistas casi parecen
escapados de una tragedia griega: el periodista de El
País que llora en la película más que una dolorosa en Semana Santa
porque la muerte le ha arrebatado el amor de su vida, y quiere suplantarlo
en la mujer torera que a la vez anda herida de amores por el despecho de ”El
niño de Valencia”, otro torero casquivano que no le hace mucho
caso. A la vez, el otro protagonista, un joven inocente que se enamora de
una casi adolescente bailarina y que por un accidente está mucho tiempo
en estado de coma. Unos personajes, pues, rebuscadamente desdichados en un
situación aún más rebuscada. ¿Quién puede creérselo?
Esta
línea pretendidamente trágica provoca en el espectador mucha irritación
y más como ocurre muchas veces, cuando a Almodóvar se le va la mano
convirtiendo las situaciones melodramáticas en motivo casi de ridículo
de cachondeo. Me refiero, por ejemplo, a la secuencia de la torera
asustada por la “bicha” que hay en la cocina y las lágrimas que
derrama el periodista al recordar otra “bicha” que se mete en una
tienda de acampada en África y de la que sale despavorida desnuda su
novia (aunque haya que caer en la cuenta que la bicha puede funcionar como
símbolo fálico). O la secuencia en que los dos amantes sacan en sillas
de ruedas a tomar el sol a sus dos amadas en coma. Mas estúpido y ridículo
ya no puede ser.
Para
aliviar esta alta tensión que pretende alcanzar, el director de Hable con ella baja el filme de la tonalidad alta e inserta alguna
secuencia en tono menor: son las secuencias de humor estilo chismoso y que
recuerda al sainete costumbrista; no teme dar pábulo a su feroz
anticlericalismo (la conversación en la peluquería de unas actrices
secundarias muy mal integradas en el relato) a su gusto por la procacidad
(sobre el tamaño de los genitales masculinos) o lo que es peor, todo el
inserto de una película muda –en homenaje a ese maravilloso tipo de
cine- donde la insensatez provocativa de Almodóvar llega a su paroxismo y
que le quiere servir para realizar una especie de elipsis del acto sexual
que realiza el enfermero con la chica en coma. A estas alturas ya no hay
quien se escandalice de las provocaciones llenas de mal gusto que este
cineasta utiliza casi como marca de la casa. Dentro de estos insertos
“graciosos” de los que hablamos se puede salvar el que protagoniza la
siempre eficaz Chus Lampreave.
La
irritación ante el filme aún sube más de temperatura cuando uno ve cómo
la puesta en escena se pone al servicio de una estética personal gay que
no busca definir lo narrado y enmarcar su posible discurso, sino recrearse
en efectos momentáneos de rebuscada estética, que no tiene mucho que ver
y a veces molestan por su superficialidad. Y así todo el personaje que
interpreta Rosario Flores parece estar para que se nos muestre la
plasticidad del mundo de los toros (ceremonial, trajes, actuación ante el
toro, etc.). Muy bonito (para el que le guste pero... ¿y qué mas?).
Igualmente extraños interludios (la canción Cucurrucucú
paloma) nos muestran un poco para quien es el cine de Almodóvar: para
sus amigos. En esta secuencia, que no viene a cuento, un cantante
interpreta esta canción de un modo alarmantemente dramático, provocando
las lagrimas una vez más del periodista llorón y realizando la cámara
un lento travelling sobre toda
la compañía almodovariana, incluyendo a las dos actrices de su anterior
película Todo sobre mi madre.
Almodóvar se homenajea a sí mismo. Y es que no hay cosa peor que no ser
un genio pero creer serlo.
La
misma dirección de actores tampoco está a la altura de algunas de las más
conocidas películas de Almodóvar: ni la Rosario Flores, convertida en
una especie de caricatura, ni la actriz joven que interpreta a la chica en
coma, ni tampoco Geraldine Chaplin, tan penosa y voluntariosa en sus
interpretaciones, están acertadas. Entre los hombres sólo Javier Cámara
realiza un gran papel. El argentino Darío Grandinetti sólo nos muestra
su rostro doliente.
Hay
que destacar en todo el filme y se llega a agradecer en medio de tanta
mediocridad, la composición musical que Alberto Iglesias ha realizado
para la banda sonora de la película.
Dice
Almodóvar que alcanzar la fama le ha hecho mucho daño, seguramente la
expectación que lógicamente despiertan sus películas. Obligado a
superarse a sí mismo, el “pánico escénico” debe ser muy grande.
Pero yo pienso que el cine de este director ya tiempo atrás tocó techo y
sus ultimas cintas no son más que una sombra de las sencillas,
provocativas e imaginativas películas que hizo en sus primeros años.
José Luis Barrera
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HABLE
CON ELLA
Título
Original:
Hable
con ella
País
y Año:
España,
2002
Género:
DRAMA
Dirección:
Pedro
Almodóvar
Guión:
Pedro
Almodóvar
Producción:
El
Deseo. SA
Fotografía:
Javier
Aguirresarobe
Música:
Alberto
Iglesias
Montaje:
José
Salcedo
Intérpretes:
Rosario,
Leonor Watling, Darío Grandinetti, Javier Cámara
Distribuidora:
Warner
Sogefilms
Calificación:
No
recomendado menores de 13 años
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