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El
Dogma va derribando fronteras, y ahora cruza el Atlántico para ofrecer su
primera entrega norteamericana. Así lo atestigua el certificado con el
que se abren todas las películas acogidas a este movimiento y que aquí
también está presente. Sin embargo se observa cierta relajación en
algunos preceptos, como por ejemplo en el uso de la música (no siempre
formando parte de la acción), o en la utilización de la cámara lenta o
la imagen fija, recursos que, aunque no estén (creemos) explícitamente
prohibidos, no parecen casar muy bien con las pretensiones de verismo
recogidas en el decálogo fundacional. Por lo demás, el estilo de las imágenes
que durante más de hora y media desfilarán por la pantalla no puede ser
menos convencional; la carrera comercial de la película no es, a todas
luces, algo que preocupe a su director: El movimiento incesante de la cámara,
los consiguientes encuadres aberrantes, el deliberado desenfoque o la
granulación de la imagen requieren que el espectador de arme de valor
para resistir sin abandonar antes del final. Pero, a pesar de todo eso, o
precisamente por ello, estamos ante una película interesante.
Llama
la atención, en primer lugar, la ausencia casi total de historia. Si
acaso puede reconocerse un mínimo hilo conductor en el embarazo y final
alumbramiento de la hermana del protagonista, pero la estructura del
relato renuncia a la linealidad y se construye a partir de una repetición
incesante de secuencias que poseen cierto poder hipnótico, y que acaban
atrapando al espectador en una espiral infinita y recurrente. Esta misma
idea se expresa dentro mismo de algunas escenas concretas (la del
ejercicio físico en la escalera, por ejemplo) con un montaje fragmentado
y abrupto que acentúa el carácter obsesivo que finalmente acaba teniendo
toda la película. Como también queda recogido en dos momentos
importantes para entender este círculo interminable en el que nos
sumergimos: el rap que se canta en un determinado momento y, sobre todo,
la poesía, rimada en caos, que el protagonista recita a su familia; caos
que, por supuesto, no es tal, sino que esconde una férrea organización
interna.
La
película es, por otra parte, un descenso a los abismos más profundos de
la sociedad norteamericana. Pero para hacerlo no se recurre a la miseria,
la exclusión social o la degradación económica. Los “monstruos” que
pueblan el relato lo son en gran medida desde el punto de vista físico
(locos, tullidos, ciegos,...) pero representan ante todo el desgarramiento
psicológico y la fragilidad moral que caracterizan al ciudadano medio.
Con una estética deliberadamente feísta vemos desfilar la violencia, la
muerte, el sexo entendido en su forma más perversa, la marginación, la
soledad, todo aquello que anida en el trasfondo de las felices familias y
que hace de la sociedad americana un ente irremediablemente enfermo.
La
misma belleza, presente en el arpa que tañe la hermana y en el ballet
sobre el hielo que recorre toda la película, está abordada desde
planteamientos de pura violencia, para acabar siendo destruida. No en vano
el último plano de la película recoge el mencionado patinaje artístico
pero con una imagen completamente desenfocada, esto es, negada.
El
planteamiento moralista con el que se resuelve el filme, resulta, sin
embargo, un tanto fuera de lugar, como también lo está la facilona metáfora
del niño que nace muerto. La crueldad sin tapujos ni concesiones con la
que nos ha obsequiado el director no concuerda con esa especie de redención
por el amor con la que quiere concluir la película, siquiera sea amor
hacia lo muerto.
Pero
ello no debe empañar el valor de esta obra arriesgada y difícil, honesta
y dura, desgarrada y sutil, desagradable y, por momentos, emocionante.
Marcial
Moreno
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JULIEN
DONKEY-BOY
Título
Original:
julien donkey-boy
País y Año:
EE.UU., 1999
Género:
DRAMA
Dirección:
Harmony Korine
Guión:
Harmony Korine
Fotografía:
Anthony Dod Mantle
Montaje:
Valdís Óskarsdóttir
Intérpretes:
Ewen Bremner, Chloë Sevigny, Werner Herzog,
Evan Neumann, Joyce Korine, Chrissy Kobylak
Distribuidora:
Nirvana Films
Calificación:
No recomendado menores de 13 años
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