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He
aquí una gran película que es muy fácil que pase desapercibida para el
buen público que busca en el cine algo más que un mero pasatiempo
intrascendente. Una película original y a la vez llena de potentes imágenes
y delicado lirismo. Tiene originalidad porque la película se podría
encuadrar dentro del género del western
y sin embargo no serlo del todo: al fin y al cabo es una adaptación de
una novela ubicada en la Inglaterra decimonónica y que el director se ha
atrevido a situarla en las tierras montañosas del norte de los Estados
Unidos, en plena época de los pioneros enfebrecidos por la búsqueda del
oro. En este sentido es la crónica de una enfermedad social y personal
producida por el virus de la pasión de la codicia.
El
perdón
cuenta la historia de un poderoso colono que es el cacique de todo un
poblado donde él impone su ley. Su poder y su riqueza provienen de un
yacimiento de oro que consiguió después de realizar la ominosa venta de
su esposa y su hija, veinte años atrás. Pero los acontecimientos de la
vida –la llegada del ferrocarril- provocan que vuelva a encontrarse con
ellas. Arrepentido de tan inmoral acto, quiere reparar el daño causado y
así conseguir el perdón de su familia que voluntariamente perdió.
La
película está basada en la novela del escritor inglés Thomas Hardy El
alcalde de Casterbridge y la profundidad psicológica, así como la
descripción minuciosa de los paisajes de que hace gala este escritor, se
han trasladado puntualmente a la pantalla. No falta tampoco su intenso
pesimismo, aunque en este filme sus acentos humanistas lo aminoran. Hay un
claro y evidente mensaje religioso en la película simbolizado por ese
rosario que se pasa de hija a padre y viceversa como señal de la
necesidad de perdonar y ser perdonado que nos permita poder vivir en paz
con nuestra conciencia. El personaje principal, interpretado soberbiamente
por Peter Mulan, necesitará realizar el supremo sacrificio para poder
encontrar la paz consigo mismo y para restañar la herida producida por su
grave pecado.
El
perdón
está soberbiamente fotografiada en una poética y oscura imagen. Todo el
filme está situado en un blanco invierno Tiene además un gran esmero en
la documentación de la vida de aquellos rudos primeros colonos buscadores
de oro (recuerda mucho La quimera
del oro de Chaplin) así como en los trabajos del trazado del
ferrocarril o la vida casi miserable en la que se vivía. Vemos nacer con
gozo los nuevos poblados y el ansia de entrar en la civilización. Imágenes
muy potentes (el paisaje nevado, los aludes, los edificios que se
trasladan, el caballo que arde, los copos de nieve cayendo blandamente)
convierten este a veces extraño y moroso filme en casi una película de
culto. El tiempo nos lo dirá.
A
lo largo de toda la película se van contemplando todos los mecanismos que
hacen crecer la civilización y cómo ésta va corrompiendo, por la ambición
de poder que conlleva, a los seres humanos. Sólo una voluntad de
quebrantar esta tendencia puede hacer al hombre encontrarse a sí mismo.
Con citas, tal vez no buscadas, de filmes tan memorables como Fitzcarraldo, o la secuencia final (la quema de la vivienda) que
recuerda a El hombre que mató a
Liberty Valance, el filme tiene momentos memorables, como el inicio de
un baile en el salón, con las lámparas que se alzan majestuosamente, el
momento en que el protagonista se pierde la nieve para consumar el
sacrificio de su vida, o la secuencia final en travelling
aéreo en que vemos a los colonos pelearse por el oro encontrado
mientras que la joven pareja se aleja del lugar.
José
Luis Barrera |
EL
PERDÓN
Título
Original:
The claim
País y Año:
Reino Unido, 2001
Género:
WESTERN
Dirección:
Michael Winterbottom
Guión:
Frank Cottrell Boyce
Producción:
Revolution Films, Pathé Pictures, Gosvenor
Park Productions
Fotografía:
Alwin H. Kuchler
Música:
Michael Nyman
Montaje:
Trevor Waite
Intérpretes:
Peter Mullan, Milla Jovovich, Natassja Kinski,
Wes Bentley, Sarah Polley
Distribuidora:
Alta Films
Calificación:
No recomendado menores de 13 años
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