Spy game
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Spy game

Con el tiempo, uno ha acabado apreciando más las "pequeñas obras" del hermano pequeño de los Scott, que las "grandes obras" del hermano mayorHe aquí al pequeño de los Scott nuevamente en acción. Se le considera el peor de la familia. Los honores se reservan para Ridley, director de esas aparentes maravillas que son Blade Runner o Alien. No sé por qué, pero nunca he podido “admirar” sus bondades. Y esfuerzos (lo juro) he hecho para conseguirlo. Pero no lo he conseguido. Siempre se me ha atragantado esta familia videoclipera. Porque, sabido es, los dos hermanitos (¿serán siameses?) velaron sus armas en el campo de los anuncios publicitarios. El mareo, que proporciona la vorágine de sus películas, es buena prueba de ello. Agitación, movimiento constante, planos insólitos, grúas y travellings sin ton ni son, multiplicación (caótica) de planos para contar cualquier (aunque sea reposado) momento son algunas de las lindezas de los dos “hermanos Scott”.

El renqueante Tony, siempre a la zaga de Ridley, es el más plano. Quiero decir que sus películas no saltan del éxito o de la veneración (de la crítica o del público) como le ocurre al primogénito (¿o son más hermanos?). Éste es capaz de pasar de lo mejor (según dicen las buenas lenguas) a lo peor. Sí, porque aunque se defienda el Alien viscosito o el replicante bergmaniano o incluso a las hermanadas mujeres en su viaje a una muerte liberadora (Thelma y Louise), es muy difícil admitir sus expediciones marinas o, en la misma línea, los viajes (insoportables) de un Colón de opereta por citar dos casos del (para mi) el incomprensible “duelista”.

Brad Pitt y Robert Redford ya coincidieron en "El río de la vida"Tony, pues eso, da de si lo que sus historias, y guiones más o menos apañaditos, pueden dar. Al menos, ahora, sus películas parecen ser algo más que una sucesión de gratuitas imágenes como ocurría en aquel plomizo (y primerizo) El ansia (y, para perseverar nuestra salud mental, no diremos nada del “patrioterillo” Top Gun). En sus últimas películas existe (o se desea que exista) una historia o al menos (en caso que no exista) mucha acción. Es la manera de esconder la gratuidad de lo que vemos. Igualito ocurre ahora en esos espías retozones.

Una primera secuencia muy agitada nos lleva a un posterior juego repleto de flash-backs. El reposo (imposible ante tanto cambio de plano) vendría en los interludios de los recuerdos: discusiones (intrigantes) de café en el (nada menos) cerrado y sacrosanto edificio de la CIA. Allí se “juega” a política mientras que Redford trata de salvar de la maldad amarilla a su amigo y discípulo Pitt.

Redford debió recordar sus tiempos de espía perseguido en la curiosa Los tres días del cóndor (Sydney Pollack). Ahora es un espía (el tiempo no pasa en balde) a punto de jubilarse. La historia se desarrolla en aproximadamente 24 horas de su vida. La película (ahí es nada) abarca un espacio de tiempo que va desde la guerra del Vietnam hasta el mismísimo hoy. Para que nadie olvide la historia (en minúscula microscópica) los hechos de los flash-backs nos trasladan a las guerras (es decir todas) de espías en las que se han visto involucrados la muchachada de las barras y estrellas. Apunten: Vietnam, Alemania del Este, Líbano, China...

Al final a uno le queda la sensación de que han “jugado” con él. La taimada historia del espía “ciático” resulta que no era más que una rendida proclama amorosa. No podía ser menos cuando fue reclutado y adiestrado por el bueno de Redford.

Los dos amigos (casi padre e hijo) se lo deben haber pasado muy bien rodando juntos. Pitt recordará que fue Redford quien le dio la gran oportunidad de su vida en El río de la vida. Una de las razones (“es mío el invento, mío”, parece decir el director del filme citado) por las que trata de salvar a su rendido discípulo.

Una película para el lucimiento de las estrellas... lo que en sí narra no tiene la más mínima importanciaLo de menos en la película es lo que se cuenta (no es nada), ni la gratuidad de ciertas secuencias (esa conversación de los dos protagonistas en un ático con movimientos aéreos de cámara) o la abundancia de (inútiles) planos, porque todo está en función de un (simple) brillante espectáculo. Envuelto además en papeles de múltiples colores. Un engaño, vamos, pero dado de manera fácilmente asimilable. Lo suficiente para que no se sienta que todo el filme es simple, ingenuo e ilógico desde un punto narrativo.

Insisto que hay que estar en guardia para tratar de entender todas las necedades que ocurren. Finalmente comprendemos que no importa comprenderlas o no. Ahí radica su encanto y su diversión. Al contrario descubriríamos lo nimio de esta azulada (el color dominante) película.

¿Y que pinta el señor Redford en esta historia? Se sabe que él, muy liberal, sólo actúa en productos políticamente incorrectos, pero sin pasarse. Pues eso, aquí se tira de las orejas (blanditamente) a la CIA y su santa madre y se muestran algunos de sus peligrosos (y tebeísticos) juegos.

Ni de huida, ni de aplauso. Spy game es, simplemente, un kleenex: usar y tirar. Pero ¿por qué cualquier filme actual, venga o no venga a cuento, tiene que durar tanto.

Mister Arkadin 

SPY GAME

Título Original:
Spy Game
País y Año:
EE.UU., 2001
Género:
ACCIÓN
Dirección:
Tony Scott
Guión:
Michael Frost Beckner, David Arata
Producción:
Beacon Communications LLC, Red Wagon Entertainment, Zaltman Film
Fotografía:
Daniel Mindel
Música:
Harry Gregson-Williams
Montaje:
Christian Wagner
Intérpretes:
Robert Redford, Brad Pitt, Catherine McCormack
Distribuidora:
Lauren Films
Calificación:
No recomendado menores de 13 años

 

 

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