La habitación del hijo
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La habitación del hijo

Durante toda la película la cámara, literalmente, "se pega" al personaje protagonista, acompañándole con panorámicas y travellings.En la última escena de La habitación del hijo, un plano subjetivo del personaje de Arianna (que se va en un autobús) encuadra a los tres miembros de la familia que andan por la playa hacia la orilla, solos, separados unos de otros. Es el momento más sobrecogedor de este magnífico film pues aúna en un breve momento de tiempo todo el dolor acumulado de una familia destrozada, y supone también un final esperanzador en la desesperanza innata de quien afronta la muerte de un ser querido, esperanzador porque no hay nada que podamos hacer más que ir hacia delante.

Toda la película está llena de escenas como la que hemos descrito y que explicitan el estilo y la forma de entender el cine de quien está detrás de la cámara, los recursos empleados son muy similares a lo que ya hemos visto en otras películas suyas: esa cámara que se pega literalmente al personaje de Giovanni (Nanni Moretti) siguiéndole con travellings y panorámicas; el uso de la música que llena los silencios de los personajes (la composición de Nicola Piovani y la canción de Brian Eno, canción que también aparece en el film Y tu mama también, justo en el momento en que se habla de la muerte, cuando van en el coche y Maribel Verdú relata la muerte de un antiguo novio suyo y la voz en off habla de los muertos en un accidente); y esa forma de conjuntar escenas sueltas, a modo de pinceladas, para terminar ofreciendo una unidad a lo largo de toda la película.

Y eso que La habitación del hijo no da soluciones, no hay discursos sobre la muerte, por no haber no hay casi ni lágrimas, solo descripción del dolor por la muerte. Un personaje, psicoanalista, que lleva una vida normal, incluso aburrida, hastiado de su trabajo, con una vida calculada y medida, y donde cualquier acontecimiento causa extrañeza (se sorprende como un niño cuando ve pasar al grupo de los Hare Krishna o se involucra con el robo de su hijo en el colegio). Y de pronto, está monotonía se ve sacudida por la perdida de su hijo.

Y a partir de ese momento la descripción del dolor que Moretti nos va relatando a modo de triste diario y en el que poco a poco vamos viendo cómo los diferentes recursos, que tanto a nivel familiar como individual, intentan desplegar para superar el trance de la muerte aparecen inútiles; no vale apelar a la racionalidad, al hecho de intentar comprender el porqué (investiga el posible fallo del equipo de buceo); tampoco es válido la creencia religiosa que habla del destino de cada persona (escenas de la misa y de Moretti enfadado destrozando la taza en casa); y por último, tampoco es válido el recurso a la autocompasión o el sentimiento de culpabilidad (todas las escenas donde el padre se imagina que no acude en ayuda del paciente, salvando a su hijo de la muerte) pues no hay posibilidad de volver atrás.

No hay posibilidad de comprensión, es un hecho que acontece de una terrible manera, y el director italiano lo explica claramente pues mientras el hijo acude a la playa y se prepara para bucear, el resto de la familia sufre también pequeños acontecimientos que igual pudieran desembocar en tragedia (la hija va con un grupo de amigos en moto jugando por la carretera o el padre conduce distraído mirando una nota con la dirección del paciente mientras un camión le pita avisándole de su distracción); es decir, todo el mundo está expuesto al peligro y son unos pequeños detalles incomprensibles los que desencadenan el drama.

Y al  no haber explicación, lo que tenemos es descripción cotidiana de lo que sucede entre las cuatro paredes del hogar. Descripción de las acciones (la lógica rutinaria y objetiva de la preparación del féretro), del horror a enfrentarse a la muerte (no puede pronunciar por teléfono que su hijo ha muerto, a su alrededor el hecho de la muerte violenta a sus pacientes o amigos) o la descripción de la propia descomposición de los seres queridos que no encuentran el punto de unión para afrontar el hecho (el marido y la mujer terminan cada uno en una habitación, rompen con su trabajo, no pueden salir y relacionarse y por ello es tan significativa la escena en que él prepara la cena para todos y termina solo, comiendo un trozo de pan y queso).

Todo para llegar a la escena final en que cada uno asume de forma individual la muerte del hijo. Por eso Moretti introduce el personaje de Arianna, una chica que se relacionó un verano con su hijo, y que aparece en sus vidas a través de una carta que llega al hogar, y que para su madre supondrá la (im)posibilidad de continuar manteniendo un contacto con su hijo, por lo que intenta conocerla. Cuando hacia el final Arianna -que ya viene con otro chico- conoce a la familia -aportando recuerdos desconocidos como las fotos del hijo en la habitación-, nos damos cuenta de que en realidad lo que ella anuncia a la familia es precisamente lo más doloroso: la necesidad de reconocer la muerte, y su partida es el final de ese último nexo de unión físico. En realidad Arianna no se va (los dejan en la gasolinera para que hagan auto-stop y no los recoge nadie mientras los tres, padre, madre e hijo los miran) y ha de ser el padre el que físicamente los saque fuera del país para dejarlos en un autobús, y esa partida, con toda la carga simbólica (frontera, despedida, el mar), unida a la escena que hemos descrito al principio es lo más duro porque significa un nuevo comienzo, con esa contradicción que lleva implícita la perdida y el recuerdo de los seres queridos, con esas primeras risas de la familia seguida de esa reflexión íntima, personal, a la orilla del mar. Y como anuncia el cartel de la película, donde vemos la representación del padre riendo -la vida sigue- pero que aparece tapado, empequeñecido, por la sombra borrosa del hijo en primer plano; ya no está físicamente pero el recuerdo, la esencia y la ausencia, estará siempre ahí.

Luis Tormo          

LA HABITACIÓN DEL HIJO

Título Original:
La stanza del figlio
País y Año:
Italia, 2001
Género:
DRAMA
Dirección:
Nanni Moretti
Guión:
Linda Ferri, Nanni Moretti, Heidrun Schleef
Producción:
Sacher Film, Bac Films, StudioCanal
Fotografía:
Giuseppe Lanci
Música:
Nicola Piovani
Montaje:
Esmeralda Calabria
Intérpretes:
Nanni Moretti, Laura Morante, Jasmine Trinca, Giuseppe Sanfelice
Distribuidora:
Warner Sogefilms
Calificación:
Todos los públicos

 
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