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La
importancia de esta película consiste en su fuerza lírica, en la
capacidad de transmitir ese mundo extraño, lleno de sueños y símbolos
en los que olvidar las frustaciones
de la infancia que va camino de la adolescencia. No se ciñe al
drama clásico de los niños de la calle, al documento social cargado de
tintes melodramáticos y de denuncia. Esta película abarca más de lo que
dice y eso, que no muestra, nos habla de la profundidad abismal de la
infancia, de los miedos, de los deseos, de los sueños, de la amistad, de
la traición, de la soledad, del amor, del sexo, pero todo ello, como
venimos diciendo, de una manera callada, casi íntima. Todo pertenece al
mundo secreto de cada uno de los personajes, al estrato profundo de su
vivencia. Es aquí donde la película logra su fuerza, porque no deja de
ser una película de niños, aunque sean marginales y el mundo nunca deja
de ser el que ellos ven, el que ellos perciben, el que ellos interpretan:
lo mágico no deja de ser real. No hay nunca un adulto, ni un director, ni
un guionista que meta las narices en ese mundo, tan dificil de captar con
la cámara, con los diálogos y que aquí está en la desmesura de las
acciones que pretenden llevar a cabo los niños, en esos momentos de
violencia no controlada, en los gestos que van de lo más soez a lo más
humano y en esas miradas que revelan un mundo interior que no puede
expresarse oralmente.
Se
trata de un grupo de cuatro niños de la calle que se han segregado de la
pandilla de Dib, porque es un tirano, y que viven en el puerto. Ese puerto
significa la salida a otro mundo de libertad, a un sueño que tiene Alí
de marcharse a vivir a la “isla de los dos soles”, para lo que ha
buscado un barco en el que se enrolará de grumete. Este sueño recoge los
sueños infantiles que le contaba su madre y que han quedado en el
cassette de su casa, los sueños de abandonar un mundo cruel donde unos niños
ejercen la violencia entre ellos. Unos sueños que también alcanzan a los
adultos y a los espectadores.
Hermosísima
película que no recorre los caminos trillados de la materia narrada ni
tampoco de la forma de hacerlo. Magistral interpretación de estos niños
de la calle que en ningún momento dejan de serlo y nunca aparecen
manipulados por los adultos. Son ellos quienes nos muestran con sus sueños
y sus decepciones, con su violencia y su fraternidad, con su fantasía y
su adaptación a la calle, esa realidad selvática, terrible que también
simboliza el mundo de los adultos; realidad donde la fuerza es la norma
que pervive.
Daniel
Arenas |
ALI
ZAOUA, PRÍNCIPE DE CASABLANCA
Título
Original:
Ali Zaoua, prince de la rue
País y Año:
Francia, Marruecos, Bélgica, 2000
Género:
DRAMA
Dirección:
Nabil Ayouch
Guión:
Nabil Ayouch, Nathalie Saugeon
Producción:
Playtime
Fotografía:
Vincent Mathias
Música:
Krishna Levy
Montaje:
Jean-Robert Thomann
Intérpretes:
Mounïm Kbab, Mustapha Hansali, Hicham
Moussoune, Abdelhak Zhayra, Saïd Taghmaoui
Distribuidora:
Vértigo Films
Calificación:
No recomendado menores de 13 años
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