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Dos
grandes asuntos de capital importancia subyacen en este más que mediocre
filme: la acusación a la Iglesia Católica de haber manipulado la
creencia en aquel hombre que vivió al principio de nuestra era y cuya
muerte se solapó con la creencia en su vuelta a la vida, su resurrección,
por parte de unos discípulos que no se resignaron al fracaso de Jesús.
Un debate que no es en absoluto nuevo por cuanto hay desde hace más de un
siglo una discusión teológica con el planteamiento sobre
el Jesús que existió en la historia y el Cristo que los creyentes
aceptan por la fe. El segundo
tema no de menor interés para los que son creyentes cristianos es cómo
entender el tema de la resurrección de Jesús: ¿fue algo meramente físico
o la otra vida que recobra Jesús es de otra manera que la meramente
corporal? ¡Hay incluso teólogos que afirman que aunque se encontrara el
cadáver del Nazareno eso no implicaría la negación de su resurrección!
No creo que Jonas
Mc Cord y los productores de este filme les preocupe estas cuestiones y ni
siquiera las hayan tenido en cuenta. Por el resultado de su película, no
se colige ni el más mínimo rigor, ni siquiera la más pequeña cortesía
para el espectador que buscando mero entretenimiento, se le ofrece una
verdadera empanada mental, sin más empeño que el de lucrase a costa de
este espectador despistado. (A no ser que entre para ver lo guapo que es
Antonio banderas que anda perdido a lo largo de todo el filme).
El mismo argumento
así lo indica: una joven
arqueóloga judía ha descubierto, en una excavaciones que se hacen en
Jerusalén, el esqueleto de un hombre que murió en la cruz y fue
sepultado con una inscripción que lo señala como “El rey de los judíos”.
Ante la posibilidad de que ese cuerpo correspondiera al de Jesucristo, el
tal hallazgo pondría en peligro los fundamentos dela religión cristiana
basada en la resurrección de éste. Un montón de gente se moviliza. El
Vaticano envía a realizar una investigación a un joven jesuita, profesor
de historia, ex-guerrillero y ex-agente de los
servicios de inteligencia (!). A pesar de que al cura el caso le
disgusta, se unirá con la joven arqueóloga para descubrir la verdad
sobre tan espinoso asunto y luchar contra las insidias de los otros
interesados en el mismo
asunto: unos judíos fundamentalistas, unos palestinos terroristas, una
banda de ladrones (!).
Como
el lector ha podida ver, no he podido prescindir de intercalar
interjecciones a lo largo de la sinopsis del argumento de esta película,
que es un verdadero fiasco para el público y una decepción ante el
planteamiento demencial de una cuestiones que podrían ser importantes. Es
cine comercial en el sentido más burdo de la palabra, sin rigor, orden ni
concierto. La puesta en escena es una pura catástrofe, los despropósitos
se suceden uno tras otro y la película no es “ni
chicha ni llimoná”: no se decanta por ningún género concreto: a
lo largo de la tediosa cinta se suceden sin continuidad ni lógica escenas
de nula intriga con conflictos interiores espirituales, persecuciones
torpemente filmadas con con una historia amorosa solamente perfilada. Es
decir ni drama, ni acción, ni intriga, ni nada. Una lástima, puesto que
se desaprovecha una idea que podría haber dado juego. Si desean leer algo
de interés sobre este asunto lean la novela “El
manuscrito del santo Sepulcro” escrita por Jacques Neirynck y
editada por PPC: les gustará, y si son personas religiosas, les confortará
y se ahorrarán tiempo y dinero.
José
Luis Barrera
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The body
Nacionalidad: EEUU, 2000.
Dirección y guión: Jonas
Mc Cord.
Intérpretes: Antonio
Banderas, Olivia Williams, Derek Jacobi.
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