EL VALOR DEL CINE (ráfagas reflexivas sobre temas relacionados con la actualidad fílmica) Los prodigios del cine español por Juan de Pablos Pons
Pueden tener diferentes significados, pero en cualquier caso son datos llamativos. El Instituto Nacional de Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICCA), acaba de hace público los datos referentes a la recaudación correspondiente al primer cuatrimestre de 1999. En este periodo el cine español recaudó casi tres mil millones de pesetas (1.983 millones exactamente). De las diez películas españolas estrenadas desde octubre de 1998, siete han superado los cien millones de recaudación en taquilla. Y en estas películas encontramos una diversidad de gustos y de estilos que van desde Todo sobre mi madre (788.190.225); Muertos de risa (750.408.820); La niña de tus ojos (436.756.710), Entre las piernas (396.885.223) hasta llegar a Solas la ópera prima de Benito Zambrano que acaba de rebasar la cifra de cien millones de pesetas de recaudación. El número de espectadores correspondiente a películas españolas, desde enero hasta el 30 de abril fue de 4.533.514. Aunque las películas estadounidenses en el mismo periodo sumaron un total de 17.517.904 espectadores. No son malas cifras, si lo que representan es nuestro interés por el cine, y tampoco son malas las referidas al cine español, que parece gozar de una buena salud. Y la oferta continúa. En estas fechas han llegado a nuestras pantallas dos nuevos films españoles, que merecen nuestra atención. Se trata de dos películas de facturas y concepciones cinematográficas muy distintas. Hablamos de La ciudad de los prodigios del veterano director cántabro Mario Camus; y de la segunda película de la joven realizadora Iciar Bollain Flores, Flores de otro mundo. Interesada por la vida corriente, en lo que tiene de lucha y de reto personal, Iciar Bollain nos propone en su película una doble reflexión. De una parte, la dificultad de la soledad como impedimento para compartir y dejar a alguien los frutos de una vida. Y de otra afrontar el desarraigo que supone alejarte de tu familia, tus costumbres, tus referentes vitales, con el fin de evitar una realidad cruel y desalentadora. Flores de otro mundo nos presenta tres historias en las que la soledad y el aislamiento de la vida rural busca salidas poco acomodaticias. Las parejas formadas por un agricultor y una joven dominicana, una mujer vasca y un encargado de un vivero, y una tercera que sirve de contrapunto formada por un cincuentón, terrateniente y machista (personaje encarnado por José Sancho) que se marcha a Cuba, en viaje de placer y vuelve con una pareja (Marilín Torres). Todos los personajes destilan credibilidad; únicamente el del terrateniente resulta más tópico o encasillado en su desarrollo. El estilo de narrar de Iciar Bollaín resulta natural y fresco. Parece que estamos contemplando una realidad y no una ficción. En un estilo que recuerda el cine de Eric Rohmer, que además de ser "transparente" representa una búsqueda moral en sus propuestas. Bollaín ha partido de referentes reales inspirándose en tres parejas formadas por labriegos de la Castilla profunda, que buscaron romper su soledad vital con mujeres de países lejanos, a las que no les importó renunciar a sus vidas anteriores, buscando soluciones a su precario futuro (Ver "El País semanal" de fecha 30/5/99). Se trata en definitiva de un tipo de cine, que sin renunciar a los recursos de las historias de ficción, incorpora un componente documental. Un estudio de casos, que pueden formar parte de nuestra realidad. Film que ha sido premiado en el reciente festival de Cannes en una de sus secciones paralelas y que merece un buen trato por parte del público. En clave distinta nos encontramos también estos días con el estreno en nuestras pantallas de La ciudad de los prodigios. Película que a diferencia de la anterior, responde al modelo de la gran producción. Film basado en la novela homónima de Eduardo Mendoza (probablemente su mejor obra hasta el momento).Y es precisamente, el diseño de producción, complejo y generoso para el cine español, el aspecto que más llama la atención de este ambicioso proyecto, convertido en película de alto presupuesto. En la novela de Eduardo Mendoza actúa como contrapunto de fondo para las múltiples tramas de sus muchos personajes, la transformación de la Barcelona decimonónica en la Barcelona modernista, la que evoluciona entre dos exposiciones universales y la que anticipa la gran urbe actual. Precisamente nos encontramos ante un debate clásico: el de la dificultad de adaptar una buena novela al cine. Debate imposible de resolver y que de nuevo toma aquí forma . Esta novela sobre Barcelona es "infilmable" en si misma. Mario Camus -director con una excelente trayectoria-, superviviente de la Escuela oficial de Cine , opta por la vía de proponer al personaje de Onofre Bouvila, encarnado con poca convicción por el actor francés Olivier Martinez, como "alter ego" de la propia Barcelona. De manera que esta cambia en la narración cinematográfica al modo que lo hace el personaje citado, que en la novela actúa como referente principal. Pero es realmente el complejo cambio de la ciudad lo que mejor queda retratado gracias al trabajo del equipo de dirección artística encabezado por Gil Parrondo (dos Oscars a sus espaldas) y Rafael Palmero. Se trata de un faceta esta, que debemos aprender a valorar también, ya que su contribución puede ser clave para "dar suelo" a una narración cinematográfica como ocurre en este caso. Se tata de un tipo de cine, que nos permite conocer o reconstruir nuestra historia desde la ficción. Una delas posibilidades que enriquece este maravilloso invento llamado cine (matógrafo) |