CON LA MUERTE EN LOS TALONES |
| ABECEDARIO DEL SR. KAPLAN:
Vamos a repetirlo por última vez. Esta página está destinada a comentar la actualidad cinematográfica, repartiendo atropellos y sinceridad a partes iguales. Pero como parece que no os queréis enterar, este humilde espía os propone una página especial, de la "máxima actualidad": su contenido sólo tiene cien años... los mismos que el gran Alfred Hitchcock tendría hoy. Intentemos arrojar algo de luz sobre la vida y obra del maestro.
. BURKS, ROBERT:Fue el encargado de iluminar las grandes obras de su etapa americana, tanto en blanco y negro (Extraños en un tren, Yo confieso, Falso culpable) como en color (Atrapa a un ladrón, Crimen perfecto, Pero ¿quién mató a Harry?, El hombre que sabía demasiado, Vértigo, Con la muerte en los talones y Marnie la ladrona). Pese a su experiencia demostrada, cuando Hitchcock quiso realizar una pequeña peliculita en blanco y negro (una tal Psicosis, os suena ¿verdad?) prefirió sustituirlo por un técnico de televisión, ya que consideraba a Burks demasiado lento y preocupado por la belleza de las actrices. El afortunado fue John L. Russell... pero no creáis que lo encontró por casualidad, había sido el director de fotografía de la mayor parte de los episodios dirigidos por Don Alfredo para televisión. Posteriormente Burks trabajó de nuevo con Hitch, hasta que le sobrevino la muerte en el incendio de su casa en 1965. Su ausencia, junto con la del músico Herrmann y la del montador George Tomasini hizo que Cortina rasgada supusiera el inicio de una nueva etapa en el cine de Hitchcock: y las ausencias se hicieron notar en los resultados finales. CRÉDITOS:No, sufridos universitarios, no nos referimos a esos raquíticos puntillos que obtenéis por asistir de forma desganada a los discursos impartidos magistralmente por ilustres oradores (entre quienes habría que considerar al propio Hitchcock, que desde 1950 se dedicó a impartir conferencias entre estudiantes). No. Hablamos de los títulos de crédito con que comienzan las películas y que en el caso de Hitch dio excelentes resultados cuando su creador fue el mítico Saül Bass: Vértigo, Con la muerte en los talones y Psicosis forman la trilogía que ambos compartieron. Y si los revisáis tranquilamente en vídeo podréis descubrir su maestría: en todos los casos los créditos ya adelantan (en colaboración con la maravillosa partitura de Bernard Herrmann) cual va a ser el contenido de los films: la obsesiva espiral envolvente que refleja el "eterno retorno" de James Stewart intentando recuperar a la mujer perdida (Vértigo); esas líneas que se entrecruzan, casi como caprichos del destino, y que se transforman en el edificio cotidiano de donde sale el intrépido Cary Grant confundido posteriormente con oh, sorpresa- un tal ¡¡Kaplan!! (Con la muerte en los talones); las líneas entrecortadas (nuevamente el destino), pero esta vez sesgadas de golpe, casi casi como si un cuchillo las hubiera rasgado... en la ducha (Psicosis). A eso se le llama "crear" unos títulos de crédito. El resto son simples dibujitos.
DIBUJOS:
Pregunta de examen para esos cinéfilos que lo recuerdan casi todo. ¿En qué película de Hitchcock aparece una escena onírica, dibujada por un tal Salvador Dalí, en la que Gregory Peck rememora un viejo sueño?... Venga joven, a ver si lo recuerda, que no es tan difícil. Y otra un poco más extraña: ¿en qué película aparece Hitch por primera vez "amueblando" la pantalla? (una pista, en aquella época él solía pasar desapercibido en los planos generales, más tarde le resultó más complicado que sus imponentes medidas "amueblaran" la pantalla sin que lo advirtiéramos). Los adivinos podéis mandar un "imeil" a la redacción, entre las acertantes sortearemos una exclusiva peluca rubia... aunque yo no os recomiendo que os la pongáis, por si acaso.
Aunque las escandalosas transparencias de sus films hicieran pensar lo contrario, Hitchcock estuvo siempre muy preocupado por las nuevas tecnologías y los desafíos técnicos. Quizá el más conocido sea su uso de efectos electrónicos en vez de música como banda sonora de Los pájaros, aunque para que los "graznidos" sonaran bien se contrató al mismísimo Bernard Herrmann como "diseñador" de la banda sonora. Un conocido editor multinacional acaba de anunciar que este mismo verano se pondrá a la venta el auténtico "soundtrack" del film: "aunque, siguiendo la política de nuestra compañía, su duración no sobrepasará los treinta minutos y, si tiene éxito, el próximo invierno lanzaremos una edición especial con temas añadidos: además de las gaviotas incluiremos cuervos, lechuzas y algún estornino" ha declarado el gerente de la conocida multinacional-. Sobre las posibilidades reales de este disco compacto en el mercado, su respuesta no ofrece dudas: "los maravillosos ruidos de Herrmann ya han sido muy plagiados por varios grupos heavy, así que no creemos que los sofisticados oídos de los aficionados noten la diferencia. Se venderá como churros". FULTON, JOHN P.:Preguntado sobre el porqué de las "escandalosas transparencias" en algunos títulos de Hitchcock, este conocido artesano, que ya había demostrado su valía en títulos como El hombre invisible, respondió con toda sinceridad: "claro que se podían lograr mejores transparencias y no esos churros que aparecen en sus películas, pero Hitch quería que se notase el trucaje, era su firma inconfundible, algo similar a su ritual aparición en todos sus films. Tuvimos que hacer un auténtico sobreesfuerzo para lograr que las transparencias fuesen bien visibles". . GRANT & STEWART:Si inconfundible era su estilo visual, también lo era su elección de los actores. Cary Grant se convirtió en el prototipo de actor ideal de Hitchcock cuando el protagonista representaba lo que a Hitch le habría gustado ser: un playboy en Sospecha, enamorado de Ingrid Bergman en Encadenados, el ladrón que se acuesta con Grace Kelly en Atrapa a un ladrón y el publicitario mentiroso que se casa con la "fría rubia" en Con la muerte en los talones. Pero si Cary Grant podía robarte con igual soltura la cartera o el corazón... y una feliz de que lo hiciera, James Stewart representaba la cara oculta del genio, sus deseos más oscuros: teórico del asesinato por estrangulamiento en La soga, mirón en La ventana indiscreta, manipulador de la mujer rubia en El hombre que sabía demasiado y personaje obsesivo intentando recuperar a "su rubia" en Vértigo. Un encanto, vamos.
Otro encanto. El músico más importante de la historia del cine tenía un carácter insociable que le llevó a enemistarse con casi todo Hollywood, aunque ello no le impidió colaborar en nueve ocasiones con el maestro: Pero ¿quién mató a Harry?, El hombre que sabía demasiado, Falso culpable, Vértigo, Con la muerte en los talones, Psicosis, Los pájaros, Marnie la ladrona y Cortina rasgada. Siete de estos títulos son hoy piezas de coleccionista (con hallazgos tales como la orquesta limitada a cuerda, en Psicosis, el fandango de Con la muerte en los talones o todo el romanticismo de Vértigo), pero los otros dos tienen su particular historia: Los pájaros no contiene música, sólo efectos de sonido electrónico diseñados por Herrmann con sintetizadores (ver letra "E"); y Cortina rasgada fue compuesta, pero Hitch sustituyó la música de Herrmann por una nueva banda sonora más comercial del recién oscarizado John Addison (Tom Jones). ¿El resultado?: la película fracasó en taquilla y marcó una etapa de declive en el maestro; la banda sonora de Addison no estuvo a la altura del film y ni siquiera se vendió bien, y una grabación realizada por Elmer Bernstein en su "Film Music Collection" ha permitido comprobar que la música de Herrmann era... otra obra maestra. INVENTAR HISTORIAS:Un buen ejemplo de cómo sorprender al espectador con una historia lo narra Hitch a Truffaut en su famoso libro "El cine según Hitchcock". Es la historia de un granjero en terriblemente austero, con una mujer joven e insatisfecha que el día de su aniversario mata un pollo para hacer una tarta con él. Por la noche, en vez de aprobar la cena sorpresa, el marido se enfurece por haber matado el pollo sin su permiso. Triste noche de Aniversario... "Alguien llama a la puerta; es un guapo extranjero que se ha extraviado. La granjera le hace sentarse y le ofrece comida. El granjero le impide que coma demasiado y dice: "cuidado, esto debe alimentarnos el resto de la semana". La chica empieza a devorar con los ojos al extranjero y se pregunta: "¿Cómo podría acostarme con él?". El marido quiere acostar al extranjero en la caseta del perro. La mujer se opone y, finalmente, se acuestan los tres en la cama grande. El granjero duerme en medio. La mujer haría cualquier cosa para librarse del marido. En cierto momento oye un ruido y le dice: "Creo que las gallinas se han escapado". Entonces el marido se levanta, se le oye andar por el patio. La mujer sacude al extranjero y le dice: "Deprisa, deprisa, ven, ahora es el momento". El extranjero se levanta y... se acaba el pollo". JUDÍOS:Pero no sólo inventó historias, también supo tratar historias reales. Mucho antes de que un tal Spielberg se planteara abrir el arca de la Alianza y, con los pingues beneficios que le produjo la operación, rescatar del olvido el arca de Schindler, el gordito británico ya había dado su particular visión del holocausto en un documental en el que no rodó absolutamente nada. Pero no hace falta rodar para ver que su Memoria de los campos es una obra maestra del montaje. Fue una muy particular contribución a la causa aliada cuyo valor hoy en día está muy por encima de los esforzados documentales propagandísticos de Frank Capra, John Ford y compañía. Y todavía hay quien desprecia el cine de Hitch por considerarlo "algo ligero". KNOWLES, BERNARD:A Hitch le encantaba viajar continuamente, aunque prefería ir siempre "ligero de equipaje". Si Burks fue el fotógrafo favorito en la etapa americana, previamente Knowles había desempeñado ese papel en su cine británico: 39 escalones, El agente secreto, Sabotaje, Inocencia y juventud y La posada Jamaica forman su currículum hasta 1939. Al año siguiente Hitchcock fue importado por los Estados Unidos... pero Knowles no importaba tanto y se quedó en las islas. LÍNEAS:Dos líneas recorren la espina dorsal de su vida y su obra. La primera no es tan visible, ya que es la que "separa el bien del mal", esa delgada línea que sus protagonistas suelen cruzar con demasiada frecuencia y luego, claro, no son culpables, pero tampoco los "falsos culpables" que otros nos han vendido. Si tuviéramos que definir a los protagonistas hitchcockianos (sobre todo los interpretados por James Stewart y Cary Grant) deberíamos definirlos como "falsos inocentes": no son culpables de lo que se les acusa... pero siempre esconden algo. La segunda línea es muy visible y no es ni mucho menos delgada: es esa oronda silueta que lo ha hecho inconfundible y todo porque a Hitch le encantaba comer: "hay dos formas de comer: una para alimentarse y otra para disfrutar. Sin duda yo como por placer. La comida me hace feliz".
MUJERES:
Pero no sólo la comida hacía feliz al maestro. Todos sabemos que Alma Reville fue su esposa y colaboradora durante más de medio siglo: era su "alma" gemela hasta tal punto que cuando Hitch abandonó este mundo, ella no se atrevió a dejarlo solo y decidió acompañarle rápidamente. Hoy siguen siendo felices allá arriba. Pero las almas descarriadas aficionadas al "Tómbola" y demás sandeces estáis de enhorabuena: ¡¡hubo más "líos de faldas" en la vida de Hitch!! Aunque pueda parecer el título de alguna obra perdida (y centrada, por supuesto, en la persecución que Cary Grant realiza tras una inquietante rubia), en realidad es más auténtica que su "memoria de los campos", ya que la biografía no autorizada de Donald Spoto ("La cara oculta del genio") descubre cómo Hitch se pasaba el día persiguiendo a Tippi Hedren durante el rodaje de Marnie. Ella, al ver lo que se "le venía encima", claro, ni puñetero caso.
Mucho antes de sus "calabazas" con Tippi Hedren, el maestro ya había advertido que su exceso de peso era un problema con las mujeres, por lo que decidió reducir esos 165 kilos y redondearlos en la centena. El régimen tuvo su éxito y Hitch lo inmortalizó en una de sus apariciones más célebres: en la película Náufragos, que transcurre toda en un bote salvavidas, para realizar su habitual aparición, recogió fotografías del antes y después del régimen y las reprodujo en un anuncio de un periódico, que un intérprete encuentra en el mar flotando. Fue la única vez que no rodó en persona su "cameo" personal. ORONDO:Ese cameo o aparición fugaz, que se convirtió en marca de la casa, ha permitido vislumbrar desde finales de los veinte su oronda figura en todos sus films, consiguiendo algunas apariciones históricas: en Matrimonio original sostiene en sus rodillas un bebé, veinticinco años después, en Cortina rasgada, nuevamente aparece con el bebé... pero éste se le hace pis encima; en El proceso Paradine aparece cargado con un enorme violonchelo, en Extraños en un tren intenta subir al tren con un enorme contrabajo, y en Con la muerte en los talones intenta subir al autobús sin llevar ningún instrumento enorme y... ¡le cierran la puerta en las narices! PUBLICIDAD:Precisamente para evitar que le "dieran con la puerta en las narices", Hitch fue el primer director de cine que aprendió a venderse a sí mismo: ya en 1930 fundó la Hitchcock Baker Productions Limited, para que se encargara de difundir continuamente noticias de su trabajo. Su nombre aparecía antes del título del film. Tenía despacho propio en la Universal. Desde 1946 produjo sus films a través de su productora, la Transatlantic Pictures, fundada en compañía de Sidney Bernstein. Y todo ello sin olvidar sus viajes promocionales, sus habituales charlas a universitarios y, cómo no, las apariciones al principio y final de los episodios de televisión: una forma ideal de alcanzar la notoriedad.
Tanta notoriedad alcanzó que la Reina Madre no tuvo más remedio que nombrarle "Sir" en 1979, poco antes de su muerte. De todas formas Hitch no necesitaba de este reconocimiento para ser aceptado como un señor y un caballero. De hecho, es el prototipo que ilustra a la perfección aquella cita de Oscar Wilde sobre la caballerosidad: "era un tipo que siempre, absolutamente siempre, se comportaba como un caballero... algo que un caballero no siempre hace". RUBIAS:Ya lo decía Oscar Wilde: "no siempre". Prueba de ello es la relación que mantuvo con "sus rubias" cinematográficas. La historia comienza en 1926 con una película altamente significativa: El enemigo de las rubias. Continúa con la actriz Madeleine Carroll (a la que Hitch describió como un... iceberg) y, ya en Estados Unidos, se extendería a Ingrid Bergman (que prefirió casarse con Rossellini antes que seguir rodando con Hitch), Grace Kelly (que cambió a Hitch por el cuento de hadas: ella era la princesa), Kim Novak (una versión americana de la Madeleine Carroll), Eva Marie Saint (otro iceberg), Vera Miles (que lo cambió por un precioso niño: se quedó embarazada) y una tal Tippi Hedren (a la que ni la amenaza de los pájaros, ni el tratamiento psicológico del mismísimo James Bond la hicieron cambiar de opinión: le dio calabazas a Hitch y se marchó a cuidar... leones).
Precisamente con uno de los leones de Hollywood fue con quien primero trabajó Hitchcock, el artífice de Lo que el viento se llevó: David O. Selznick fue el productor encargado de importarlo a los Estados Unidos. En principio para rodar una "peliculita" sobre el Titanic, aunque finalmente su primer film juntos fue Rebeca. Hitch recuerda su relación como algo ambiguo: "Selznick había dicho que yo era el único director en quién él tendría confianza total para hacer un film; sin embargo, cuando trabajaba para él, en cierto momento, se quejó de mi trabajo; dijo que mi manera de dirigir era un jeroglífico, incomprensible como un crucigrama. ¿Y esto por qué? Porque no rodaba más que trocitos de película y nada más. No se podía reunirlas sin mí y no se podía hacer otro montaje que el que tenía en la cabeza mientras rodaba. Selznick procedía de una escuela en la que se acumulaba el material para jugar con él, interminablemente, en la sala de montaje. Pero trabajando a mi manera, puede estar uno seguro de que el estudio no podrá después estropear nuestro film". TRUFFAUT:Tampoco los penosos últimos años pudieron estropear la relación que mantuvieron Hitchcock y François Truffaut, quien a través de entrevistas logró el libro más apasionante que se ha escrito hasta ahora sobre el arte de hacer cine: "El cine según Hitchcock". Tal fue su relación que en el último capítulo del libro, añadido con posterioridad a la muerte de Hitch, Truffaut recuerda sobre todo el homenaje que la "New York Film Society" le dedicó en 1974, repasando fragmentos de su filmografía: "Lo que me emocionó aquella tarde, al volver a ver todos esos trozos de películas que recordaba de memoria, pero por una noche aislados de su contexto, fue a la vez la sinceridad y la brutalidad de la obra hitchcockiana. Era imposible no ver que todas las escenas de amor estaban filmadas como escenas de asesinato y todas las de asesinato, como escenas de amor. Yo conocía esa obra, creía conocerla muy bien y me quedé anonadado ante lo que veía. En la pantalla todo eran manchas, fuegos de artificio, eyaculaciones, suspiros, estertores, gritos, pérdidas de sangre, lágrimas, puñetazos torcidos, y me pareció que en el cine de Hitchcock, decididamente más sexual que sensual, hacer el amor y morir eran la misma cosa". ULTIMA HISTORIA:Tras el estreno de La trama, quizá como confirmación de ese pensamiento (hacer el amor y morir eran la misma cosa), Truffaut recibió una carta de Hitch en la que se lamentaba de lo difícil que le resultaba encontrar una nueva historia para filmar: "En este momento busco desesperadamente un tema. Ahora, como se dará cuenta, usted es libre de hacer todo lo que quiera. Pero yo no puedo hacer más que lo que se espera de mí, es decir, una película policíaca o de suspense, y es esto lo que encuentro difícil de hacer. Se diría que todos los guiones hablan de neonazis, de palestinos que luchan contra los israelitas y todo eso. Lamentablemente, ninguno de estos temas comporta un conflicto humano. Describo estos temas porque son los que llegan a mi mesa para que los examine. Algunas veces me digo que la mejor comedia o el mejor drama podrían ser realizados justamente aquí, en mi despacho, con mis asistentes Peggy y Sue y mi mujer Alma. El único problema con esta idea es que una de ellas debería ser asesinada, cosa que sentiría enormemente". VICIOS:No, por favor, ya está bien. No vamos a insistir más veces en los pequeños deslices freudianos durante el rodaje de una pigmalionesca aventura en la que gran parte de lo que se retrata es, precisamente, el mundo interior de Hitch. No. Lo que queremos destacar es el vicio de los guionistas de explicarlo todo con el diálogo (algo que hoy en día es casi la forma exclusiva en que se cuentan las historias), algo que Hitchcock odiaba: "para mí, el pecado capital que puede cometer un guionista es que, cuando se discute algún problema, lo escamotee diciendo: "lo justificaremos con una frase del diálogo". Yo pienso que el diálogo debe ser un ruido entre los demás, un ruido que sale de la boca de los personajes, cuyas acciones y miradas son las que cuentan una historia visual". WIDESCREEN:Confiemos en que la llegada del DVD permita recuperar los clásicos de Hitchcock con todo su esplendor visual. Títulos como El hombre que sabía demasiado, Vértigo o Con la muerte en los talones fueron rodados con el formato Vistavision, por lo que en su pase televisivo siempre hemos visto encuadres recortados y composiciones destrozadas, algo que estropea en gran medida sus experimentaciones con la imagen. Y hablando de experimentos, Hitchcock fue el único cineasta que se atrevió con experimentos cada vez más complejos: en 1943 rodó Náufragos en un solo decorado, un bote salvavidas; en 1948 rodó La soga en un solo decorado y con (aparentemente) una toma única de cámara; en 1949 se planteó rodar Atormentada con la misma toma única del film anterior pero, además... ¡en decorados situados en los distintos pisos de una casa!. Lamentablemente el experimento no lo finalizó, en parte por su inestable relación con la rubia de turno: Ingrid Bergman. X SEXO (LÓGICAMENTE):Aunque nunca filmó lo que podríamos llamar escenas de "sexo explícito" (si exceptuamos el estrangulamiento de Frenesí con la corbata mientras el asesino viola a la rubia víctima), Hitchcock es probablemente el director que mejor ha entendido lo que es una escena de amor: "Se trata siempre del mismo principio: no separar a la pareja. Creo que hay mucho que hacer con las escenas de amor. Generalmente, se trata de pegar al hombre y a la mujer uno contra otro, pero sería interesante intentar lo contrario y colocarles a cada uno en un extremo de la habitación. Es imposible hacerlo, pues, para que se tratara de una escena de amor, deberían exponerse el uno al otro y lo que tendríamos entonces sería una escena de puro exhibicionismo. Normalmente, el hombre debería abrirse la bragueta mientras que, frente a él, la mujer se quitaría la falda y, forzosamente, el diálogo debería ser un contrapunto de la imagen; hablarían de la lluvia y del buen tiempo o bien dirían: "¿Qué vamos a comer esta noche?", y esto nos devuelve otra vez a Encadenados donde, mientras se abrazan y se besan, hablan de comerse un pollo y de quién lavará los platos".
Ya sea la imagen frente al diálogo, ya sea la acción frente al sonido, la labor del director es fundamentalmente yuxtaponer elementos para lograr su fin: "Lo esencial es conmover al público y la emoción nace de la manera de contar la historia, de la manera de yuxtaponer las secuencias. Tengo la impresión de ser un director de orquesta, un sonido de trompeta correspondería a un primer plano y un plano largo sugeriría una orquesta tocando en sordina; ante bellos paisajes y utilizando colores y luces, soy como un pintor. En cambio, desconfío de la literatura: de un buen libro no sale necesariamente una buena película". ZOQUETE DEL MES:Obviamente los imitadores de Hitch, que los ha habido de todos los tipos y calañas. Algunos ciertamente inteligentes, como Brian De Palma (que ha logrado auténticas delicias a costa del maestro: Fascinación y Vestida para matar, sin ir más lejos). Otros rigurosos y aburridos a partes iguales, aunque con grandes títulos en su haber, como Claude Chabrol (quizá El carnicero sigue siendo su mejor título "hitchcockiano"). Los hay también aficionados a las imitaciones, como Colin Higgins (cuyo Juego peligroso es un hábil pastiche de varios títulos del gordito). Siguiendo la pendiente hacia abajo, encontramos multitud de imitadores en películas de terror (cualquier día publicaremos una enciclopedia con todas las películas que han copiado la secuencia de la ducha). Y, en fin, para finalizar pronto, allá abajo, al final del pozo, perdón, de la lista, se encuentra un "sentido" homenaje al maestro perpetrado por Mel Brooks con su habitual habilidad: Máxima ansiedad. Un lujazo. Sr. Kaplan |