MALALTS DE TELE (Pequeños comentarios sobre la pequeña pantalla)
La Cosa Nostra por Ángel Esparcia A las Crónicas marcianas de Javier Sardá le ha salido competencia desde su propio territorio. Me refiero a TV-3 que hace algo más de un mes acaba de estrenar La cosa nostra de Andreu Buenafuente y su equipo de "El terrat" (que también produce otros programas como el que da nombre a esta sección). Se trata de una adaptación al formato de "night show" diario (de lunes a jueves) de su anterior programa Sense Titol (y Sense Titol, 2 ) que tanto éxito tuvo en las temporadas anteriores entre la audiencia catalana. Sin embargo pasar de un programa semanal a uno diario tiene sus riesgos porque hace falta mucho talento y mucha imaginación para mantener el interés del telespectador. Y esto a veces (sólo a veces) es lo que sucede: que el programa tiene altibajos, aunque con una calidad media nada despreciable, porque las fórmulas para conseguir arrancar las sonrisas del telespectador se repiten. Esto fue lo que le sucedió a otros que intentaron lo mismo y fracasaron. Esperemos que esto no ocurra con La cosa nostra. Buenafuente y su equipo creo que son muy conscientes. P.D. -Recuerdos a Paco
Los comunes contra la profesión por Angel San Martín Siempre que un tipo como Jesus Hermida anuncia nuevo programa, suscita inquietud por saber con qué nos sorprenderá esta vez. La valía profesional que se le atribuye a este curtido periodista de la televisión, puede justificar tales expectativas. Los comunes, que así se llamaba su nuevas aventura, es la oferta que Antena 3 ofreció los martes durante unas pocas semanas. Decorados, invitados, horario y duración del programa, como corresponde a un gran profesional, todo fue a lo grande. Sin embargo, los resultados no han podido ser más pobres, su fulminante supresión así lo confirma. Como en las últimas convocatorias electorales, Hermida aparece, hace su trabajo propagandístico de precampaña y luego se va. Por lo que se pudo ver en la corta vida del programa, es preciso negar la mayor. Hermida, junto a otros muchos de los que aparecen últimamente en las pantallas de las distintas televisiones, no merece el calificativo de profesional. Simples trabajadores por cuenta ajena que, como el resto de los asalariados, hacen y dicen lo que está en el guión. Como antaño, los patronos son los que marcan las líneas y estilos de la producción. Recientemente se retiró el programa de Cristina Tárrega porque al presidente de Telefónica, accionista mayoritario de Antena 3, le parecía obsceno. Los comunes, con un planteamiento ambicioso, quería reproducir en el plató y ante las cámaras los debates que, en principio, cabría esperar que se realizaran en el máximo órgano de representación democrática: el Parlamento. De este modo Antena 3 se arrogaba el derecho de dictar los temas que realmente debían preocupar a los españoles y españolas de hoy. Es decir, asuntos de tanta carga política como la anorexia, la dependencia familiar de los jóvenes o los tres años del PP en el gobierno. Mas el intento de suplantar a la soberanía popular va un poco más lejos, por eso quienes escenifican el debate son invitados a dedo. Luego se dividen en dos bandos para que se manifiesten a favor y o en contra. El espectáculo estaba servido. Unos y otros sólo podían contraponer sus posiciones en el plató, pues sus posiciones conocidas son mucho más coincidentes de lo que demostraban en Los Comunes. Con el bipartidismo de fondo, la banalización de los temas y la devaluación de la confrontación ideológica, configuran un mensaje que sólo puede aceptar un mal profesional o un buen profesional a sueldo de un ideario político de derechas que es el defendido por los dueños de Antena 3 y visualizado en su parrilla. Pero no queda todo aquí. Es incomprensible que técnicamente el mencionado programa fuera tan malo y que Hermida fuera su principal conductor. Los planos se corregían cuando la cámara estaba pinchada, el zoom no paraba como si estuviéramos viendo una boda, los encuadres dejaban fuera de campo a quien estaba en el uso de la palabra, etc. Respecto al sonido las cosas no eran mejores, pues resultaba muy difícil entender lo que se decían, se tapaban unos a otros, gritaban, no había turno de palabras, etc. Y es que, en un exceso de coherencia, puede que parte de los técnicos sólo fueran aprendices con contratos basura. Los Comunes se suprimió, su lugar lo ocupa Póker de damas, es decir más Tómbola, Crónicas, Corazón, corazón, etc. Esto es, más basura simbólica, aunque esto ya no lo considera obsceno el sr. presidente. Ante lo cual es obligado preguntarse: ¿Dónde están los verdaderos profesionales de la televisión? Si los poderes públicos deben velar por la salud los ciudadanos y de las instituciones democráticas, ¿alguien ha evaluado políticamente el papel que están jugando las televisiones hoy contra los fundamentos y procemientos de la convivencia civil? |