HISTORIAS DE LA TELEVISIÓN
(Pequeños
comentarios sobre la pequeña pantalla). NETWORK (1)
Por un
puñado de
por Ángel San
Martín
Los indicadores
están que se salen, el actual experimento de Tele 5,
apodado Gran Hermano, es un auténtico fenómeno de
masas. Las audiencias son millonarias y el resto de
televisiones cambia la programación para poder competir;
en radio y prensa se comenta e incluso satanizan las
evoluciones de los personajes de la caseta para su mayor
gloria; en el bar o la pescadería la clientela habla de
ellos con entusiasmo; los estudiantes y clases acomodadas
se sumergen en la historia sin argumento de esos hombres
y mujeres solos ante 29 cámaras de televisión.
Presentan al ser humano en su estado de máxima simpleza,
despojado incluso del verbo, dando salida a lo más
primario que eso sí es propio de la nueva ciudadanía.
En fin, todo un fenómeno del que no es fácil escapar y,
en la medida que se ajusta al guión, por el que conviene
preocuparse.
Empezaron con los culebrones, siguieron con el reality
schow y ahora provocan la "chispa de la vida"
para ofrecerla en directo. Aparte de los resúmenes
diarios, tanto Internet como dos canales digitales emiten
ininterrumpidamente el magno acontecimiento. La
tecnología más avanzada convierte en imágenes
televisivas las debilidades y miserias de la convivencia
en situación límite, como si de un juego de rol se
tratara. Eso sí, Tele 5 no arriesga demasiado, el
invento ya habían sido probado con éxito. La osadía de
la cadena española es haber programado el plato fuerte
los miércoles, justo el día del fútbol europeo. Y, ya
se sabe, con tanto finalista español la audiencia va a
tener que elegir o, la FIFA, cambiar el calendario
deportivo si no quiere quedarse sin patrocinadores. Por
lo pronto, el "subidón" de audiencia ha
desbaratado el mercado publicitario y los contratos se
revisan al alza en detrimento de la competencia de Tele
5.
La verdad, tener que elegir entre el fútbol o el GH no
consuela demasiado, mucho menos el constatar que la
innovación tecnológica contribuya tan poco a dignificar
los contenidos televisivos. Y es que los ideólogos de la
tv, con tal de ganar clientela, son capaces de cualquier
cosa, incluso de comprar los sentimientos y emociones de
las personas. ¡Son unos desalmados! No se les ocurre
otra cosa que encerrar, justo el "día del
libro", a diez personas sin libros, sin periódicos
y aislados del exterior. Quizá por esto el GH es una
historia sin argumento, una pelea infantil por un puñado
de millones tejida con sobredosis de morbo. Por si no
fuera suficiente, el GH vampiriza y tergiversa
elaboraciones intelectuales de nuestra mejor tradición,
como en este caso la novela de G. Orwell. De hecho, casi
nadie de quienes abren la boca ante las imágenes del GH
conoce el antecedente y mucho menos ha leído 1984. La
maniobra de vaciado cultural es evidente aunque, como
último acto de fe, daría por buena la iniciativa de
Tele 5 si algunos de los apasionados televidentes leyeran
la mencionada novela.
NETWORK
(2)
Imágenes
blancas
por
Ángel San Martín
Cada vez resulta mas evidente que la televisión es un
medio al servicio del poder, y como este es racista la
programación de aquella también lo es. Es el medio con
el que tratan de conformar la conciencia de los
ciudadanos, por eso lo utilizan para publicitar
estereotipos asociados a las diferencias, ya sean de
genero, etnia o cultura. De hecho, dos estudios recientes
coinciden en denunciar el etnocentrismo blanco de la
tele: uno de la televisión francesa (Consejo Superior
del Audiovisual), y otro de la catalana (estudio del
Consejo del Audiovisual de Cataluña). Los datos que
aportan ahora es lo de menos, lo importante es que
detectan la reducida presencia de las minorías étnicas
en las distintas televisiones, y cuando salen es porque
alguna catástrofe ha ocurrido en su territorio.
Justo cuando leía estos informes, contemple atónito
como los informativos de hace unos días nos ofrecían
imágenes del momento en el que se ahogaban unos
ciudadanos en el Río Grande. Trataban de llegar al Norte
procedentes del Sur. Al operador de la cámara no le
temblaba el pulso al grabar como en medio de las aguas,
de pronto, unas personas dejaban de chapotear y sus
cuerpos eran tragados por la corriente del río. La toma,
por supuesto, se hacia desde el lado protegido por una
alambrada y los agentes del poderío federal de los EEUU.
El comentario en off de las imágenes era tan banal como
irrelevante para lo que realmente estaba sucediendo. Eso
si, introducían la noticia con el latiguillo excluyente
de "unos mexicanos pretendían.". El relato, en
suma, no da pie a reparar en la magnitud de la tragedia,
convierte en espectáculo la supervivencia de los otros y
de paso "normaliza" las muertes en las pateras
de nuestras costas.
Frente a todo esto, La 2 de TVE nos ofrece los domingos
por la noche, si el fútbol no lo impide, una serie de
documentales bajo el genérico de Los excluidos. Sin
duda, estamos ante la excepción y por ello pedimos que
cunda el ejemplo. Cada entrega dominical concentra en 55
minutos comentarios, imágenes y datos que no por sabidos
pierden un ápice de fuerza y hasta de grito sobre las
injusticias del mundo actual. Felicitamos la iniciativa y
la presencia de Carmen Sarmiento, pero conviene llamar la
atención sobre un par de cuestiones. Por un lado,
resulta irritante que RTVE, tan manirrota en los asuntos
económicos, necesite de una ONG confesional para
coproducir la serie. De otro, el tono de los capítulos
emitidos provocan a menudo la sensación de que la mala
suerte siempre esta aliada con los mismos, como si la
exclusión fuera consustancial a su condición. No se
aportan demasiadas claves estructurales que expliquen por
que la desgracia recae precisamente sobre esas gentes, a
cuyo remedio solo parece acudir la ONG que coproduce la
serie. Ya sabemos que la televisión esta del lado de los
desarrollados, pero esto no justifica el regodeo en
imágenes de esencialismo tribal con los que, el
Occidente televisivo, ya no tiene nada que ver. Por
cierto, ¿no es una forma sutil de salvar la conciencia
de quienes, por acción u omisión, participan del
racismo?
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