jueves 24 de mayo de 2012

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X-Men: primera generación (4)

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La nueva ola del cine-cómic

x-men-0Hace ahora diez años que atendíamos el estreno de la primera parte de lo que iba a ser una saga muy rentable, y más que correcta, sobre la traslación al celuloide de los célebres comics con los hombres mutantes como protagonistas, los X-men.

Para aquellos que no los conozcan, que serán los menos, baste decir que se centra en las peripecias de un grupo de personajes con poderes especiales diferentes que viven en comunidad gregaria buscando incansablemente la aceptación social.

Bryan Singer era el firmante de las que fueron la primera y segunda parte de esta franquicia, siendo Brett Ratner el responsable de la tercera, y de momento, última entrega. La cosa funcionó, lo que propició un spin-off centrado en la historia de uno de los personajes (el más carismático, por supuesto): se trataba de Lobezno, encarnado por un Hugh Jackman, que parecía haber nacido para encarnar a este peculiar hombre lobo con zarpas metálicas.

Estos supuestos orígenes de los hombres mutantes estaban destinados a ser llevados a la gran pantalla uno a uno (sólo aquellos más interesantes se presuponía), pero la debacle de la crisis económica mundial y ciertos enfrentamientos y otras lindezas de las majors de Hollywood frenaron la idea.

Bien es cierto que en la entrega de Lobezno conocíamos a otro nuevo personaje al que se le pretendía dar nuevo brío en otro capítulo íntegramente dedicado a él. Era el entrañable Deadpool, interpretado por Ryan Reynolds, quien a su vez, acaba de protagonizar el que puede ser otro taquillazo de cine-cómic, The green lantern. Finalmente, Deadpool ha sido pospuesta hasta 2014, lo que hace pensar que quizás nunca llegue a ser realizada.

Por el momento, la única apuesta monetaria que se ha materializado para seguir insuflando vida a estos héroes marginados de inauditos poderes ha sido X-men: primera generación, el relato de los orígenes de la Patrulla X de la primera parte. Estamos pues ante una precuela-reboot que ha puesto toda la carne en el asador. Pero vayamos por partes...

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¿Por qué decimos cine-cómic?

La respuesta a la pregunta de este epígrafe es simple. Porque estamos ante un nuevo género que se ha ido fraguando en los últimos años, siendo The dark night (2008), del hoy querido por todos Christopher Nolan, el gerifalte de esta nueva ola.

Hace ahora diez años, decíamos, se estrenaban los primeros hombres X. Por aquel entonces, una adaptación de cómic aspiraba a ser una apuesta segura —pues no abundaba como sucede hoy la producción de adaptaciones de tebeos con superhéroes—, funcional —para complacer a un público muy amplio— y entretenida, porque es al fin y al cabo el objetivo último de este tipo de cine.

Pero en esta última década, las postas han ido en línea ascendente. Cada vez se ha contratado a directores más excelsos para dirigir estas aventuras de tira animada y se ha intentado dotar a cada nuevo filme de superhéroes (o a muchos de ellos, vaya) de guiones de peso, rostros en ascenso, cuidada producción, e incluso un cierto deje de intelectual sesudo que han logrado que el cine-cómic sea finalmente lo que hoy es, un género en toda regla que proporciona cintas que a más de uno le gustaría concebir.

El cine-cómic es una concepción rabiosamente actual que se rige por su propia normativa, lo que puede ser el problema para muchos por estar poco familiarizados con el inabarcable mundo del cómic. Cierto es que antes era un mundo reservado para esos que hoy llamamos freaks, palabra que se usa indiscriminadamente por considerar el mundo de los superhéroes como un universo poco profundo y de reminiscencias fantásticas que poco puede aportar. Quizás también el cine-cómic sea una ola que sirva de vehículo para que otros tantos se planteen la apertura a la novela gráfica y a las viñetas de gruesos colores.

Por supuesto, dicha normativa puede gustar o no.

Supondremos que el amante del séptimo arte de paladar sublime no podrá saborear una cinta que rebasa las dos horas centrada en explicar las peripecias de un atajo de personas que destruyen edificios, tienen privilegios sensoriales, o crean el caos allá donde van, bien sea con la telepatía o con fuegos de artificio, por citar sólo un par de asuntos. Pero quien sea un aficionado al género o un espectador con ciertos criterios se percatará, perfectamente, de que el filme que nos ocupa estas líneas, X-men: primera generación, es una de las mejores muestras de estos últimos años de eso que ya hemos convenido en definir.

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Orígenes y nuevos comienzos

Para entender de qué estamos hablando, pongámonos en situación. El filme se centra en cómo se forjó la relación entre el profesor Charles Xavier y Eric Lehnsherr, quien acabará convirtiéndose en Magneto, profundizando además en otros aspectos de la historia de estos superhéroes, como los inicios de la escuela para jóvenes mutantes o la relación entre los personajes que acabó marcando sus destinos a edades tempranas. Entre ambos personajes, también estará como cimiento imprescindible Raven Darkholme (o Mística, como todos la conocemos), personaje que nunca había resultado tan relevante como en esta entrega.

No profundizaremos más en su trama, con aires a lo James Bond (avisamos), puesto que merece deshojar la margarita argumental del filme a medida que este avanza. Baste decir que el espectador atiende las veces del nazismo, de los años sesenta y el mandato de John Kennedy junto con la crisis de los mísiles en Cuba con los mutantes campando a sus anchas en el epicentro de acontecimientos históricos que hubieron podido encender la mecha de una hipotética Tercera Guerra Mundial. Estos “nuevos comienzos” de la historia bien valen el desembolse de la entrada de cine.

Dirigida por Matthew Vaughn y escrita por él mismo, además de cuatro guionistas, se revela como un nuevo talento a tener en cuenta, al menos en el cine-cómic. Recuérdese que la notable y reciente Kick-Ass también venía firmada por su trazo nervioso.

Impresionantemente filmada y argumentalmente poderosa, X-men: primera generación, es lo que todo filme de superhéroes de regusto tradicional debería ser. Y es que Vaughn construye una historia discursiva e incluso filosófica que se aleja de los efectos especiales —aunque, por supuesto, los tenga— para elaborar unos orígenes en cuanto a sus personajes que se sustentan en una narración sensacional.

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Cine mutante

X-men: primera generación funciona como una pieza perfecta de relojería pese a contener engranajes de diverso calibre. Se puede ver como un fascinante recorrido de épocas y rincones del planeta que hechiza por la calidad de sus imágenes. Se puede entender como una propuesta altamente humanizada sobre la desigualdad y el repudio por la diferencia (temas sobre los que ya habían versado las anteriores entregas). También es una lectura cristalina sobre la eterna querella entre poder y anonimato. Y, cómo no, además de todo lo citado, es cine-cómic de alto voltaje.

De ritmo electrizante y con matices multicolor, el filme es un tour de force que deja sin aliento, tanto por su empeño en fotografiar las almas de unos personajes atormentados como por un montaje que parece tener la mágica fórmula del engarzado de secuencias. No hay minutaje para el descanso puesto que los avatares emocionales de los personajes maridan a la perfección con la hipérbole de la acción, logrando que ambos estadios se sitúen a una misma altura mediante un conjunto benemérito de interpretaciones.

Se ha optado por eludir los nombres de gran lustre (acertadísima elección) por incluir un reparto interminable de nombres de segunda y tercera que aquí parecen dar lo mejor de sí mismos. Eso sí, está la excepción de January Jones (la bella esposa protagonista de Mad Men), quien parece empeñada en salir a escena con la pinta de una Barbie de vocación estatuaria. Pero sabemos que la excepción confirma la regla, que aquí vendría a ser que resulta difícil imaginar un mejor casting, capitaneado por James McAvoy, Kevin Bacon, Jennifer Lawrence y un soberbio Michael Fassbender.

Lo que ha hecho Matthew Vaughn es, ni más ni menos, lo que logró el citado Nolan con Batman begins hace seis años, un apasionante triple mortal. Sigue con fidelidad las directrices de la franquicia, inyectando intrépidas metáforas sobre el ser humano y su naturaleza; ofrece una estilizada dirección que vierte unos visuales sin mácula y logra resucitar el interés que la Patrulla X como tal había perdido.

Le auguramos nuevo futuro a esta saga, ahora que se han vuelto a sentar nuevas bases que resultaban perdidas y lastradas por el tiempo. Esperamos con ansías que se confirme una nueva entrega.

Escribe Ferran Ramírez 

 Título  X-Men: Primera generación
 Título original  X-Men: First class
 Director  Matthew Vaughn
 País y año  Estados Unidos, 2011
 Duración  132 minutos
 Guión  Matthew Vaughn, Jane Goldman, Ashley Miller, Jamie Moss y Zack Stentz
 Fotografía  John Mathieson
 Música  Henry Jackman
 Distribución  Hispano Foxfilm
 Intérpretes  James McAvoy, Kevin Bacon, Michael Fassbender, Rose Byrne, Jason Flemyng, Nicholas Hoult, Jennifer Lawrence, January Jones, Zoë Kravitz, Lucas Till, Álex González, Oliver Platt
 Fecha estreno  03/06/2011
 Página web  http://www.xmenprimerageneracion.es/ 

 

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