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Una digna nueva vuelta de tuerca
Escribe Fernando Ramírez
No sólo estamos en tiempos de recensión económica, sino que también estamos en tiempos de severa crisis en lo que a nuevas ideas se refiere. La gran maquinaria del cine, por lo tanto, ha de producir nuevas invenciones que subsanen tamaña falta de originalidad, y que, de paso, demuestren un alto rendimiento en las taquillas internacionales para conseguir la tan ansiada rentabilidad, por parte de los grandes estudios de Hollywood.
La respuesta se encuentra, o al menos eso es lo que parece, en la revitalización de sagas muertas y olvidadas, que renacen por obra y gracia de la meca del cine, y sus afamados productores, en pos de seguir de pie, y con la cabeza bien erguida, en la cima, e intentar por todos los medios aguantar el tipo y no caer en la debacle.
Además, las nuevas apuestas de los estudios han dado pie a una interminable serie de neologismos cinematográficos que hay que aprenderse a pies juntillas. El remake, la secuela, la precuela, el spin-off (ramificación en la que un personaje, otrora secundario, se convierte en protagonista), el reboot (término de reciente aparición en los lares hollywoodienses, que vendría a significar una versión de un filme antiguo que suponga el relanzamiento del mismo, pero con aires de supuesta renovación) y algunos palabros más configuran el nuevo abecedario de las mesas en las que productores y guionistas se exprimen los sesos por encontrar la nueva y ultimísima vuelta de tuerca.
La saga de los X-Men, cortesía de Bryan Singer y Brett Ratner, no podía ser menos. Si bien las dos primeras versiones, de aires más personales aunque sobradamente exitosas, corrían a cargo del primero; y la tercera, más funcional y recurrente a las convenciones, también gozó de una taquilla más que decente, quedaba claro que tocaba seguir sacándole el jugo a la saga. Pero claro, el tercer eslabón de la trilogía daba signos de un lógico agotamiento de posibilidades. Había que recurrir a alguno de los nuevos recursos para elaborar un discurso más o menos digno que justificara la prolongación de la serie. Además, y esto hay que tenerlo en cuenta, cuando se adapta un cómic, los acérrimos seguidores del tebeo original están preparados con uñas y dientes para amortajar al nuevo producto si éste resulta susceptible del sonrojo de sus participantes.
Algún sagaz guionista, o productor (porque nunca se sabe a ciencia cierta el origen seminal de la idea) propuso la "exploración" del recorrido vital, partiendo de sus orígenes, de alguno de los personajes mutantes que conformaban el grupo coral (recurso que inició la franquicia Star Wars y que ahora se ha convertido en el leit-motiv de nuevas y variadas producciones). De este modo, se remataba el rizo porque se trataría de una precuela, al mismo tiempo que supondría un spin-off. ¡Zas! Jugada maestra. Maestra por varias razones: en primer lugar, el público entusiasta de las aventuras de estos seres marginales se interesaría por ver los primeros pasos del personaje o personajes elegidos y su vida antes de entrar a formar parte del equipo capitaneado por el profesor X; en segundo lugar, porque esta decisión abre la veda a una nueva saga que escarbe en las vidas de sus espectaculares protagonistas; y por último, esta nueva saga dibujará nuevos personajes mutantes que tengan cierto interés, y que puedan desarrollar-se en futuras producciones.
And the winner is... Lobezno
El acierto no podía haber dado más en la diana. Sólo quedaba por ver cual de sus personajes merecía el honor de tener su propia película, independiente de las hasta el momento realizadas. La respuesta no podía ser otra que Lobezno. Personaje temido, de gran potencial físico y emocional, con un turbio pasado, de un cinismo recurrente pero eficaz, y con un Hugh Jackman, que se mostraba encantado de repetir personaje. Y no sólo eso sino que decidió tomar las riendas de la producción ejecutiva para rendirle cuentas a la encarnación que le dio a conocer al gran público. Jackman, de paso, intentaría convencer a la prensa internacional, con su afabilidad, su pose de apuesto galán y su impecable sonrisa, de la importancia de este proyecto. Como si se tratara del Ciudadano Kane en el mundo de las adaptaciones del cómic.
Sólo faltaba quien orquestara las desventuras de tan icónico personaje, y que, además, fuera capaz de mantener el aplomo para justificar medianamente un nuevo giro ante el catódico aficionado al cómic. La elección resulta, cuanto menos, curiosa. Gavin Hood, responsable de Tsotsi, película ganadora del Oscar al mejor filme extranjero, se pondría tras las cámaras para intentar llevar el peso de la responsabilidad. Los guionistas (en una producción de estas características la autoría siempre acaba siendo repartida) tenían que hacer lo propio para que el producto se saldara con un mínimo de dignidad. Y así ha sido.
Si recordamos los desentuertos de otras franquicias que han supuesto vanos vehículos hype, a mayor gloria del lucimiento de actores, en claro detrimento de la honra del cómic original, citaríamos una innumerable cantidad de películas destinadas a la taquilla fácil y al pésimo oficio, que han inundado las salas en los últimos años. Resultaría injustamente caprichoso juzgar a Lobezno tan negativamente como otros han hecho. Por supuesto, uno advierte de antemano que se cometerán excesos, la lectura del guión será proféticamente desigual y los efectos especiales brotarán por doquier. Admitido el chirrido para un producto que cuenta, además, con la misión de recopilar posos biográficos, el filme cumple a la perfección con el objetivo que parece funcionar como brújula para no perderse en el norte.
No contiene alardes ni pretensiones de ser un gran filme de superhéroes, mantiene un entretenimiento non-stop que no cae en el hastío ni llega a la sobredosis; el aparato visual sirve a la historia, que no la nubla por completo; los parámetros argumentales se mantienen con cierta entereza pese a vanas justificaciones que no logran convencer; y los actores resultan en su conjunto sorprendentemente adecuados. X-Men orígenes: Lobezno resulta francamente correcta, siendo ésta, una cinta de palomitas a la que uno acude por mera diversión, que es precisamente para lo que ha sido diseñado el producto.
Las inevitables faltas
La historia, eso sí, se ve afectada por sus cronológicamente posteriores filmes que componen la saga, cuyos capítulos, dicho sea de paso, ofrecían una mayor cohesión elemental, especialmente en sus dos primeros jalones.
El guión se esfuerza, o deberíamos decir se empeña, en que todos los retazos biográficos de la vida de Lobezno, despedazados a lo largo del camino de sus predecesoras, tengan aquí pertinente espacio en el desarrollo. Algunos, por supuesto, parecen calzados con milimétrico y chirriante esfuerzo. Además, ha de cumplir todas las pautas del blockbuster más riguroso: el romance de tintes trágicos que determinará la furia del personaje, una historia familiar truncada que también tendrá sus ecos dramáticos, las escenas de acción bien dosificadas, tramas colaterales de otros personajes que algodonen el paquete, la banda sonora obligada que incluya temas metal...
Cierto es que algunos de éstos se quedan en mera anécdota, que otros no eran necesarios, que los primeros merecerían sus momentos holgados en metraje y un más largo recorrido, y que algunas soluciones resultan, se puede suponer que por urgencia, vastamente pueriles. Sus lagunas, además, revelan que Gavin Hood adolece de pulso débil para resolver los tramos descompensados.
Con todo, y lo volvemos a decir, el ritmo está francamente bien llevado, la secuencia de créditos inicial (aquí podemos comprobar cómo la escuela de Watchmen empieza a dar sus frutos) se descubre como todo un acierto narrativo y visual. La secuencia del enfrentamiento final resulta eficientemente imaginativa. Su entramado despeja el camino para un nuevo mundo de mutantes, mientras que entran en escena otros caracteres ya conocidos: la aparición de Cíclope, en sus años precoces, y la presencia de un habitual de la franquicia -que aquí no conviene desvelar- perfilan el entuerto.
Y un Hugh Jackman que confirma lo que ya todos habíamos sospechado: ha nacido para interpretar al personaje. Su arrebatadora composición soporta la carga de un protagonismo absoluto con estremecedora valentía. Liev Schreiber adopta las veces de nato comparsa y unos desaprovechados Ryan Reynolds y Taylor Kitsch hubieran merecido un especial detenimiento.
¡Aviso! Quien pretenda pasar por la sala a ver las poderosas cualidades de Lobezno, tendrá que esperar a que finalicen los títulos de crédito finales. Dos cortas secuencias avisan de la estratagema comercial que la Fox y sus mentes pensantes tenían preconcebida si la operación funcionaba. Sus más de 160 millones de dólares recaudados en todo el mundo han confirmado su inefable olfato. El spin-off tendrá secuela y otro spin-off (jugada maestra, ya lo decíamos). En efecto, el taquillazo tendrá una segunda parte de las andanzas de Lobezno situada en Japón y el personaje al que daba vida Reynolds, Deadpool, por si nos habíamos quejado de su escasa implicación en la cinta que nos ocupa, tendrá su propia película. ¡Qué maravilloso es el cine!
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