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Viudas (2)

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Los caballeros las prefieren viudas...

viudas-0Marcos Carnevale, director de Elsa y Fred (2005), Tocar el cielo (2007) y Anita (2009), reincide con Viudas (2011) en esta rara mixtura de comedia dramática- romántica y melodrama salpicada a veces por esos chispazos, lamentablemente esporádicos, de humor negro para contarnos otra historia de amor que pudo haber sido, pero que finalmente no fue… contada.

¿Qué sucede cuando dos mujeres que aman al mismo hombre sin saberlo, pierden al amor de su vida y se encuentran casualmente en el lecho de muerte del amado, y así  toman conciencia de la existencia de la otra? ¿Qué causa más dolor: la pérdida del ser querido, o asimilar la traición y la vida paralela del otro, y por si no bastara con eso, cumplir la última voluntad del difunto y hacerse cargo de su amante?

La jaula de las locas

Viudas quedan Elena (Graciela Borges) y Adela (Valeria Bertuccelli) luego del infarto que sufre Augusto: el hombre que compartían. Pero tanto una como otra vivirán el duelo de distinta forma.

Elena, directora de cine, se sobrepone a la pérdida entre la filmación de un documental nada menos que sobre el amor, y el apoyo de su socia amiga Esther, interpretada por una Rita Cortese más corrosiva que el ácido muriático, por no hablar de su mucama Justina: una paraguaya rolinga devenida travesti interpretada de una forma originalísima por Martín Bussi, que gracias a un justo dominio expresivo y gestual evita caer en el cliché, y sale airoso con la interpretación del personaje más original del filme.

Tonta y retonta

Adela es la que no puede sobreponerse a la pérdida de su amante, de su trabajo y luego de su departamento en el barrio chino cuyo dueño es un oriental malhumorado y tan mal hablado como un barrabrava. Adela no puede con su vida, por eso intenta con el suicidio. Pero Elena la rescata, en los términos de Justina. Y se la lleva a vivir a su casa. A partir de este punto en el que el conflicto debería florecer y proliferar, sigue el mismo destino que el difunto: expira. O bien, reposa en un lento devaneo de situaciones previsibles y gastadas: chico conoce a chica por partida doble —Adela conoce a su profesor de literatura, y Elena, a un guapísimo cineasta que además ¿quiere tener algo con ella? —.

Nunca estuvieron más desperdiciadas la lógica de acero inoxidable de Esther y la lengua Rolling-Stonera de Justina, dos personajes secundarios capaces de encarnar una hilarante sub trama, aquí inexistente, que hubiera reforzado, y seguramente remontado la línea argumental.

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Dos Evas y un Adán y otra Eva con nuez de Adán

¿Por qué en vez de dilatar el conflicto en una lenta progresión de pequeños y aislados enfrentamientos físicos como agarrarse de los pelos, o tirar la ropa por el balcón, no se produce una confrontación entre ellas, o contra sí mismas?

¿Qué es lo que más aterroriza a Elena, perder el prestigio y la imagen que le han dado tantos años invertidos en el matrimonio y en el trabajo, o la forzada convivencia con una intrusa que fue amante de su marido y que es nada menos que treinta años menor que ella? ¿Y qué es lo que más teme Adela, la soledad forzada a partir de la muerte de Augusto o el vacío existencial que sufre a partir del rechazo que provoca en Elena?

Pues bien, cuando la historia plantea alguna incertidumbre —las cosas que sabe Justina por las que Elena no la echa— deja ese interrogante en suspenso sin llegar a resolverlo nunca. ¿Cuál era exactamente la relación que unía a Augusto y a Justina? ¿Por qué Justina entró a la casa de sus patrones como nene y termina convertida en nena? Intriga esta que representaría un nudo gordiano formidable para desentrañar, o incluso, cuando apenas asoma alguna incomodidad a través de la convivencia de las dos antagonistas bajo un mismo techo, la trama ofrece un nuevo reacomodamiento de las piezas para que tanto Elena como Adela se arrellanen en el cómodo sofá de la vida diaria, y los guionistas se apresuren a llenar el vacío emocional de Elena con un pretendiente, y el vacío uterino de Adela, con un embarazo post morten.

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Peor, imposible

Desde aquí hasta el final la historia comienza a perder gracia y a desdibujarse yendo y viniendo entre lo dramático y lo melodramático sin definirse en ningún momento por ningún destino claro. A partir de cierto punto todo carece de interés porque ya dejan de atraernos la historia, y los personajes, de sorprendernos.

Qué sentido tiene hablar de un documental que se supone habla sobre el amor o por lo menos eso pretende —hablar de los aspectos más comunes del amor— si ese cine dentro del cine es sólo de índole ornamental, y resulta tan soporífero como el desfile patético de las interpeladas que evidentemente del amor, como bien lo demuestra el corto, saben poco y nada.

O bien qué otra función podría cumplir el documental con cierto dejo de ironía sino el de darle a Elena cierto prestigio y lugar de saber, cuando ni siquiera ella misma puede afrontar situaciones, con las que Justina, su mucama, se muestra mucho más solvente a la hora de resolver.

La escena que abre el filme preanunciaba una comedia negra con gran potencial para el sarcasmo y el humor negro, pero algo así como el mandato de la corrección política, y las buenas costumbres burguesas, o bien la impericia y la falta de imaginación, la llevaron por otro camino: el de la previsibilidad y el de la lógica más ramplona.

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La jaula de las locas 2

¿Qué hubiera pasado si las cuatro —y qué cuatro-Borges, Bertucelli, Cortese y Bussi que hace de chica— se hubieran cruzado y entrecruzado en una trama más concentrada en el humor negro y en desandar el tan temido camino hacia la transgresión de las normas y provocar el estallido del status quo?

Seguramente estaríamos hablando de una comedia negra dispuesta a revolver los trapos sucios, esos que Elena y Justina parecieran tener tan bien guardados, y que nunca se animaron a sacar al sol. O quizás, al menos, la historia hubiera conseguido dejarnos un poco desconcertados sobre la dinámica imprevista que a veces toman los roles, los vínculos sociales y amorosos que aquí se han esforzado en encarrilar por el aburridísimo camino de la previsibilidad y del conformismo.

Lástima que tanto director como guionista no se inspiraron en el tema musical Paisaje de Franco Simone de la banda sonora del filme re-versionado por Vicentico, ni se dejaron llevar por lo que propone la letra de la canción: “jamás la lógica del mundo nos ha dirigido, ni el mañana tan incierto nos ha preocupado”.

Escribe Gabriela Mársico

 Título  Viudas
 Título original  Viudas
 Director  Marcos Carnevale
 País y año  Argentina, 2011
 Duración  100 minutos
 Guión  Bernarda Pagés y Marcos Carnevale
 Fotografía  Horacio Maira
 Música  Javier Herrlein
 Distribución  Buena Vista Internacional (en Argentina)
 Intérpretes  
Graciela Borges
Valeria Bertuccelli
Graciela Borges, Valeria Bertuccelli, Rita Cortese, Martín Bossi
 Fecha estreno  18/08/2011
 Página web  www.viudaslapelicula.com.ar

Comentarios  

 
#1 MARTA 02-09-2011 18:43
Es una película basada en una situación común de infidelidad. Muestra una realidad que no fue traumática , solo dolorsa y el final cada espectador la apreció a su manera. No estuvo muy bien el papel que le dieron a Martin y es verdad que Cortesse no fue aprovechada su calidad de actriz pero GUSTO- Gracias
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