VACACIONES DE FERRAGOSTO (2)

Published on:

Pranzo di ferragosto
Título original: Pranzo di ferragosto
País, año: Italia, 2008
Dirección: Gianni Di Gregorio
Producción: Matteo Garrone
Guión: Gianni Di Gregorio, basado en un argumento de Gianni Di Gregorio y Simone Riccardini
Fotografía: Gian Enrico Bianchi
Montaje: Marco Spoletini
Intérpretes: Gianni Di Gregorio, Valeria De Franciscis, Marina Cacciotti, Maria Calì, Grazia Cesarini Sforza, Alfonso Santagata
Duración: 75 minutos
Distribuidora:  Alta Classics
Estreno: 22 mayo 2009
Página web:  http://www.pranzodiferragosto.it

 

Idílico claustro romano
Escribe Juan Ramón Gabriel

En la tradición italiana el pranzo de agosto es el pistoletazo de salida para huir de Roma y empezar las preteridas vacaciones estivalesEl éxito alcanzado por la narración como mecanismo de representación discursivo por excelencia; su transposición a otros ámbitos en principio impermeables por su condición epistemológica a la lógica del relato (Política, Historia, Filosofía, Medios de comunicación de masas…) ha originado que el espacio ficcional propio de lo narrativo, y sus respectivos canales textuales -cine y literatura (novela), básicamente- haya entrado en una especie de crisis de superabundancia, al ser tal territorio usurpado y colonizado por discursos no "inventivos" que han expoliado los veneros diegéticos.

Para zafarse de tal apropiación, está surgiendo una corriente cinematográfica que, tanto paradigmática (los temas que trata) como sintagmáticamente (la modalización mediante un nuevo orden de representación), pretende recuperar cierta naturalidad, sencillez y verdad para sus historias. Esto es, utilizar las características distintivas de aquellas disciplinas que han vaciado de contenido, por sobreexplotación, los parámetros artísticos de la ficción.

Vacaciones en ferragosto es una muestra depurada de esta nueva tendencia. Con la excusa de una celebración festiva y familiar (la comida: el pranzo del título original) canónica en la tradición de la ciudad de Roma, excusa que tan productiva ha resultado en la historia del cine (recuérdense todas las películas americanas centradas en la celebración del "Día de acción de gracias"), se urde, con unos delgadísimos mimbres, la intrahistoria de dicho acontecimiento social. Si en el cine norteamericano su más famoso reclamo festivo sirve para recolectar y unir a los miembros dispersos de una familia, en la tradición italiana el pranzo de agosto es el pistoletazo de salida para huir de Roma y empezar las preteridas vacaciones estivales.

Gianni a a convertir su casa, sin pretenderlo, en un hogar del jubilado

El protagonista maduro de este filme, Gianni, convive con su anciana madre en el hogar familiar. Debido a la avanzada edad materna, los roles entre ellos se han invertido: el hijo se ha convertido en el cuidador de su progenitora. La escena inaugural, en la que Ganni lee a su madre yacente en el lecho fragmentos de Los tres mosqueteros de Dumas, a fin de inducirle el sueño, ilustra perfectamente las bases en que se sustenta el entorno familiar.

Sin oficio ni beneficio, asediado por las deudas (debe dinero en la tienda de comestibles), el administrador de la finca se aprovecha de su precaria situación económica (tiene pendientes mil seiscientos euros de recibos de luz, así como las últimas derramas para mantenimiento del edificio) para imponerle una transacción económica: tales deudas le serán condonadas a cambio de que cuide de su madre, puesto que su familia le espera en el balneario que ha elegido para tratarse de su dermatitis. Gianni se ve obligado a asumir la imposición, por motivos económicos y por cierto respeto a la figura materna, aunque sea la de su propio administrador: unos buenos hijos no abandonan a sus madres. Junto a la madre, y de "matute", también se le encasqueta a una anciana tía. Dos por el precio de una. A renglón seguido, Gianni descubrirá que ha sido timado, pues Luigi, el administrador, se escapa del ferragoasto en compañía de una joven y despampanante rubia.

De igual modo, su médico de cabecera y amigo Marcello aprovecha una visita médica al domicilio para pedirle un favor: esa noche tiene guardia y la cuidadora rumana de su madre se ha despedido. Obviamente, Gianni no se atreve a negarse.

Reconvertido su hogar en un geriátrico, el flemático Gianni inicia su labor de asistente de las provectas huéspedesAsí pues, imbuido con la paciencia de un redivivo santo Job, reconvertido su hogar en un geriátrico, el flemático Gianni inicia su labor de asistente de las provectas huéspedes.

El reparto de habitaciones y su acomodo en ellas; la disputa por el televisor; su hacendosa labor como cocinero, atendiendo a los diferentes gustos culinarios y a las restricciones alimenticias por cuestiones de salud; su labor como enfermero atento a los medicamentos que les deben ser suministrados; su vigilancia constante sobre alguna de sus indómitas arrecogías, que aprovecha la oscuridad para, con premeditación y alevosía, fugarse en busca de la noche romana, del humo de los cigarrillos y de los vapores etílicos; la arremetida sexual de la acosadora ebria, etc., etc.

Todo lo dicho podría dar la sensación de una divertida comedia, "a la italiana", pero no es este el caso. El tono minimalista que adopta el director, el propio protagonista principal, rehuye toda manifestación de gestualidad descontrolada y aspaviento declamatorio. Se apuesta por una retórica de tono menor, imperceptible; por una naturalidad sustentada en la no profesionalidad de parte de las actrices; se renuncia a toda secuencia que induzca al chiste fácil y a lo estentóreo.

La propia planificación se amolda a una nimiedad cotidiana, de pequeño formato: los primeros planos son predominantes. La secuencia inicial se centra en la nudosa mano de la madre que reposa sobre las sábanas. La rugosidad de la vejez es exhibida minuciosa y detalladamente. Una geografía sarmentosa, nervuda, se apropia del encuadre, pero siempre respetuosa, acorde con un tratamiento reverencial de ciertas manías seniles. Una cámara al hombro discurre por el dédalo de la casa como una sombra silente que acompaña a los personajes y los "sorprende" en sus menores "movimientos".

No hay nada soterrado bajo esa apariencia de fluidez espontánea, no se esconde ningún acento trágico

Este minimalismo contenido impide cualquier atisbo climático, cualquier conmoción sentimental. No hay nada soterrado bajo esa apariencia de fluidez espontánea, no se esconde ningún acento trágico.

La decrepitud física alcanza al espacio cerrado en donde se desenvuelve la parca acción. Una residencia familiar que aún conserva, entre sus paredes y habitaciones, parte del esplendor pasado, al igual que el cuerpo y el rostro de su ajada madre se esfuerza por aparecer limpio y maquillado, tal como corresponde a una situación de hospitalidad sobrevenida.

No se siente enclaustrado el protagonista en su casa; no es una cárcel o prisión, más bien un refugio, una prolongación del útero materno: todavía no ha roto, no sabemos el porqué, el cordón umbilical con su madre. Eso sí, la leche materna es sustituida ahora por la constante ingesta de vino blanco, acompañado por sus empedernidos cigarrillos.

No se siente enclaustrado el protagonista en su casa; no es una cárcel o prisión, más bien un refugio, una prolongación del útero maternoLas únicas escenas exteriores corresponden a los desplazamientos de Gianni por las tiendas del barrio, ocasión que se aprovecha para  mostrar una Roma cotidiana, alejada de la estatuaria museística e icónica, apenas transitada por algunos turistas inmunes al calor veraniego. No falta la escena tributaria del referente fílmico del director: un paseo por esta semidesierta Roma, en mottorino a lo Moretti, en busca de pescado para la comida, ocasión que sirve para mostrar las orillas menos turísticas del Tíber.

Como colofón final, la imposición a la que se ha visto sometido el protagonista deviene devoción, prolongando la estancia de sus invitadas, concluido el trámite contractual del pranzo, mediante su ofrecimiento para preparar también la cena, gracias a la generosa y agradecida contribución económica de sus octogenarias huéspedes.

Durante la clausura del filme y la proyección de los títulos de crédito, en una esquina de la pantalla podemos observar el baile y la alegría desatada en el transcurso de la cena.

Mateo Garrone, el director de Gomorra (aquí en funciones de productor), ha trasvasado su modelo de representación de Nápoles al ferragosto romano. Ha visibilizado la senilidad y sus huellas mediante una expresión natural y objetivista, casi documental. Pero sigue tropezando, para quien esto escribe, con los mismos escollos. Su documento es sesgado, segmentado de la faceta de lo real que mejor responde a sus objetivos. En este caso, bajo una apariencia de reportaje familiar y gerontológico, "neutro" y aséptico, resaltar los aspectos más amables de la ancianidad. Hace un calor insoportable, pero no hay sudor. El protagonista bebe como un cosaco, pero nunca pierde la compostura ni la afabilidad. La senilidad rodea la demencia, pero nunca incurre en ella. La comprensión se enseñorea de la pantalla. Huyendo del idealismo y de la ficción, se cae en una perspectiva idealizada, pero disfrazada de documento.

P.D.: En el preámbulo de la proyección de la película, el público asistente rondaba la edad de los protagonistas del filme. Una octogenaria señora recién operada del oído, acompañada por unas amigas a las que les mostraba su satisfacción por haber recuperado el sonido del ascensor de su finca, del timbre de su puerta, del ruido del tráfico…, y que todavía no graduaba la altura de su voz, fue increpada agriamente por un hombre de unos sesenta años, al que le incomodaban las "elevadas" palabras de la pobre mujer. Antes de la proyección. No seríamos más de quince personas en la sala.

He aquí la "comprensión".

Mateo Garrone, el director de Gomorra (aquí en funciones de productor), ha trasvasado su modelo de representación de Nápoles al ferragosto romano