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Ingenua, divertida
Escribe Carlos Losada
Y disparatada, podíamos añadir. Porque así nos lo parece una película que se basa, fundamentalmente, y muchas veces con sorna sobrada, en las andanzas de la Consejería de Marina de la Comunidad de Castilla y León, intentando emular la gesta realizada por Cristóbal Colón, hace ya unos añitos, y devolver, aparte del honor y el prestigio desmantelados cuando la Armada Invencible, la suma de dinero que nunca los USA nos dieron por habernos comprado la Florida.
Todo esto a través de un submarino de bolsillo de la clase Tritón, naturalmente que con todas las tecnologías modernas incorporadas. Y por los ríos de la Comunidad llega hasta el Duero, y de ahí a la mar océana, por Oporto. Está tripulado por marineros que estuvieron un tiempo en deserción -después de sus aventuras en Estirpe de tritones-, y que fueron incorporados a esta misión para así perdonarles su desliz, impropio de marinos que pertenecen al cuerpo de élite de la marina de Castilla y León.
Puestas así las cosas, la hazaña de Colón se queda chica al lado de la suya, porque al llegar al Triángulo de las Bermudas son engullidos, apareciendo en el Pacífico, en perfectas condiciones, y sin desalentarse, dan la vuelta al cabo de Hornos y llegan a la isla que descubrió el Almirante, sólo que ahora es una isla nudista... En este tono, entre ingenuo, pasota, divertido, deslenguado, y casi sin malicia, se desarrolla esta película de Julio Suárez, que es su segundo largometraje.
Julio Iglesias había rodado, en 1993, en Ballata (Llanes, Asturias) el mencionado Estirpe de tritones -donde sus marinos y su submarino Tritón, en poco más de veinte minutos, quieren incorporarse a la Guerra del Golfo-, que es el prólogo, y base, del título que nos ocupa. En 2000 rodó su primer largometraje, A galope tendido, que a su vez procedía de otro cortometraje, y que habla de los trenes de Castilla y León, casi en clave de western.
Con sólida formación autodidacta, Julio Suárez es un contumaz cineasta leonés, de aspecto bonachón y sincero, que a fuerza de imaginación, talento y mucho, muchísimo tesón, ha conseguido que estos Tritones (Más allá de ningún sitio), concebida, como queda dicho, hace años, logre estrenarse en los cines comerciales a través de su distribuidora, a la vez productora, Estirpe P. C., y así se merece el respeto y el aplauso del público, que se divertirá viendo sus Tritones, y el reconocimiento de la profesión por su esfuerzo y voluntad de integración cinematográfica.
Rodada en Lastres y Colunga (Asturias), a lo largo de 2006 y 2007, y capeando todas las dificultades, tiene esa virtud de la ingenuidad, unida a una buena dosis de refranes, que la hacen tan divertida como inverosímil; pero de eso debe tratar una comedia -al margen de situaciones y personajes- que no hay duda que hubiera hecho las delicias de Azcona y Berlanga, que le habrían dado su toque, personal e irónico, para reírse un poco más, y mejor, de la historia y sus aromas de leyendas. Y presentimos tampoco le hubiera hecho ascos el cineasta inglés Alexander Mackendrick, de los inolvidables estudios Ealing, que le habría proporcionado un corrosivo humor, adecuado para estos marineros de agua dulce.
Veamos Tritones (Más allá de ningún sitio) y disfrutemos de sus incongruencias y su sátira amable: así nos ayudará a sonreír más socarronamente sobre nosotros mismos y nuestro mundo, tan dado a las crisis y las ambiciones personales; además, pone su granito desmitificador, que siempre es necesario; y no hay duda que mejora nuestra salud mental.
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TRITONES (MÁS ALLÁ DE NINGÚN SITIO) (2)








