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TRES MONOS (3)

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Three monkeys
Título original: Uc Maymun (Three Monkeys)
País, año: Turquia, Francia, Italia, 2008
Dirección: Nuri Bilge Ceylan
Producción: Zeynep Özbatur
Guión: Nuri Bilge Ceylan, Ercan Kesal, Ebru Ceylan
Fotografía: Gökhan Tiryaki
Montaje: Ayhan Ergürsel, Bora Göksingöl, Nuri Bilge Ceylan
Intérpretes: Yavuz Bingöl, Hatice Aslan, Ercan Kesal, Ahmet Rifat Sungar
Duración: 109 minutos
Distribuidora:  Golem
Estreno: 19 junio 2009
Página web:  http://www.golem.es/tresmonos/

No apto para apocalípticos
Escribe Daniela T. Montoya

Ceylan, director del filmeInmersos en el apogeo de los multimedias, la postproducción cada vez cobra más importancia. Ya no sólo se distiende esta fase de realización en los filmes de acción, que la aprovechan para añadir efectos digitales que aumenten la espectacularidad. Las técnicas digitales pueden ser integradas como un recurso estilístico más.

Nuevas tecnologías integradas

En un momento en que imágenes, sonidos y demás contenidos virtuales se cuelan hasta el último rincón, ¿por qué entonces rehuirlo refugiándose en formas pretenciosamente puristas como las de El cant dels ocells (2008) de Albert Serra?

3 monosTradicionalmente denostados, los tratamientos digitales e infográficos, por tratarse de argucias excesivamente artificiales, hay una tendencia a valorar la autenticidad. Pero no conviene obcecarse en una concepción limitada del realismo ya que el naturalismo con que se encuadran los hechos no tiene por qué implicar mayor veracidad, sinceridad u hondura existencial.

Cuando la puesta en escena ya no se fundamenta en la aprensión directa de un entorno figurativo (el cual pudiera dar cuenta de un contexto social particular), y cuando el tratamiento del celuloide en el proceso de montaje ha sido reemplazado por algoritmos que se teclean durante la edición de las capas de sonido e imagen, quizás sea el momento de replantearse desde qué perspectiva se valoran las películas.

En los inicios del cine había quien se dedicaba a pintar a mano cada fotograma de celuloide que, por aquel entonces, aún era en blanco y negro. Tras unas décadas, la grabación postsincronizada de las voces permitía hacer comprensible unos diálogos imposibles de grabar en directo a causa del ruido que aún hacían los motores de las cámaras. La invención de la steadycam liberó a la cámara de sus limitaciones de movimiento (bien sobre trípode o raíles), con lo que se revolucionó el estilo narrativo al poder introducir largos planos-secuencia.

Ahora, quizás cueste acostumbrarse a propuestas como Tres monos de Nuri Bilge Ceylan, o Il divo (2008) de Paolo Sorrentino, o Anticristo (2009) de Lars von Trier (aunque este último se caiga por el abismo de la intertextualidad caótica) en las que la impronta esteticista digital, por momentos, predomina por sobre lo narrativo; en las que las cualidades artísticas ya no quedan circunscritas únicamente a la puesta en escena; y en las que la impronta de la dirección queda patente en un proceso de montaje-edición que va más allá de la confrontración de planos.

Hoy la postproducción es parte fundamental de la producción

La opresión de la culpa (o la hipocresía de las apariencias)

Filmación con cámaras digitales de alta definición, imágenes reelaboradas en postproducción, y un largo proceso de montaje a tres manos (seleccionando entre 150 horas de grabación) son algunas de las características del último filme de Nuri Bilge Ceylan Tres monos.

El detonante de la historia de 'Tres monos' es un accidenteSin embargo, su referencia directa es esa parábola oriental sobre los tres monos de la sabiduría, en que uno no habla, otro no oye y el último no ve. Es decir, callar, hacer oídos sordos y apartar la mirada es la actitud que caracteriza a los personajes de la película, una familia corroída por las ocultaciones mutuas.

El detonante de la historia de Tres monos es un accidente. En un descuido, un hombre atropella con su Mercedes a un chaval. La imagen morbosa es eludida para fijarse en la angustia que invade al culpable. El conductor es un político, en plena campaña electoral, al que le aterra perder su cargo porque un don nadie se haya cruzado en su camino. La solución será escamotear la justicia contratando a su chofer para que este último cumpla la condena.

En Tres monos, Ceylan reitera en la temática de la degradación de la convivencia y las relaciones de pareja que aparecían en Lejano (Uzak, 2002) y Los climas (Iklimler, 2006). Y, también, retorna a los grandes planos de paisajes como metáfora del ánimo de los protagonistas. Sin embargo, en Tres monos, el cielo de Estambul pierde la quietud apacible tornándose opresivamente plúmbeo, mientras que la mar picada se encrespa a medida que el mutismo entre los miembros de la familia se hace cada vez más insoportable. Saben, conocen, pero prefieren ocultar lo que han descubierto sobre el otro sin ser conscientes del peso que el engaño supone en las conciencias de cada uno de ellos.

Ceylan reitera en la temática de la degradación de la convivencia y las relaciones de pareja

El tedioso ritmo del girar del ventilador y el paso del tren se imponen al estancamiento de una familia, atrapada por la necesidad económica y el contexto social, que es incapaz de vislumbrar un futuro esperanzador. Viviendo en un país con una alta tasa de paro, una cultura impregnada por el machismo, y un ejercicio de la justicia y el poder corrompidos por los intereses, la mujer y el hijo del condenado apenas pueden esperar a que el cabeza de familia salga de prisión. Figuras pasivas, enmudecidas y de mirada sombría, se resignan a cobrar mensualmente la paga que recibe su padre por suplantar la culpabilidad de su jefe. Y, cuando éste impone nuevas condiciones al pacto, mujer e hijo no pueden más que agachar la cabeza y buscar evasivas a la verdad.

Ceylan expone en Tres monos una noción de culpabilidad contagiosa, que brota y se extiende entre sujetos enclaustrados en su desespero. Heridos por el engaño y la ocultación, la condena psicológica se hace palpable en la brutalidad machista, la depresión y las alucinaciones angustiantes.

Cada uno de los tres monos, encerrados en el opresivo y aislado hogar familiar, padece tres efectos diferentes que se desprenden del accidental despotismo del trato inicial.

Una noción de culpabilidad contagiosa, que brota y se extiende entre sujetos enclaustrados en su desespero
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