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¿Eso es todo?
Escribe Luis Tormo
La incógnita principal que plantea This is it, el documental sobre los preparativos de los conciertos de Michael Jackson, es que el proyecto se dibuja desde el punto de vista artístico lastrado desde el principio y su despeje no aporta ninguna resolución capaz de superar ese escollo inicial, no facilita la igualdad de la ecuación.
This is it se inscribe dentro de la gigantesca operación económica que mueve todo lo que gira en torno al imperio de Michael Jackson, operación cuya culminación debía ser el retorno a los escenarios del rey del pop en una serie de 50 conciertos que supondrían la última posibilidad de ver al artista en directo.
En ese ansiado retorno del juguete roto en que se había convertido Jackson en los últimos años por las múltiples circunstancias que todo conocemos, el rodaje de los preparativos de los conciertos de verano, con más de 100 horas de filmación, tenía que ser el complemento necesario para la mercadotecnia que nos esperaba después de su reaparición y que seguro se hubiera traducido, conociendo la avidez recaudatoria de la industria de la música, en el lanzamiento masivo de una serie de productos: disco en directo y grabación de las imágenes, ediciones sencillas y de luxe, donde el making of se nutriría de las imágenes que ahora hemos podido ver en pantalla grande.
Y de repente un suceso inesperado: la muerte del personaje, o mejor dicho, de la persona, pues el personaje no va a dejar de crecer en un mundo donde la desaparición del ídolo en extrañas circunstancias significa una retroalimentación de la fama y la adoración, tal y como hemos podido ver en ilustres ejemplos como son el otro rey, Elvis Presley, Brian Jones o Jim Morrison. La abrupta desaparición de Michael Jackson en la fase anterior a la realización de los conciertos deja desprovisto de contenido el rodaje de los preparativos, es decir, todo el material acumulado en esas horas de ensayo pierden su significado fundamental que era acompañar, engrosar o completar lo que tenía que ser el objeto principal de atención: el concierto. Al estrenarse ahora estas imágenes póstumas que comienzan con la multitudinaria rueda de prensa en Londres para la presentación de los shows, la sensación que nos queda es de cierto desamparo pues el contenido que se ofrece al espectador está montado pero no articulado, no va más allá de las propias escenas ni genera reflexión alguna.
Kenny Ortega, destacado productor, coreógrafo (Dirty Dancing), director de giras, director de videos musicales y largometrajes de temática musical (la serie de películas High School Musical) es el encargado de organizar el material que conforma This is it. La película, a partir de la escena de la rueda de prensa, se centra ya en el espacio físico donde se realizan los ensayos y asistimos al casting para la elección de los bailarines, el montaje del escenario y la sucesión de las pruebas de los temas clásicos de Michael Jackson, y todo ello bajo dos premisas que son la profesionalización y la humanización del ídolo.
En esta filmación de los ensayos lo primero que se quiere mostrar es que el artista se encontraba en pleno dominio de sus facultades, las imágenes dejan ver a un Jackson implicado en extraer lo máximo posible a cada tema que interpreta, exprimiendo a sus colaboradores y certificando su profesionalidad, algo que aleja los rumores sobre la escasa capacidad del rey del pop de realizar un directo.
Y en segundo lugar, se intenta recolocar la imagen de Jackson de tal forma que el espectador vea su lado más cercano y humano, es el momento en que el dios desciende y se despoja de su coraza protectora para convertirse en músico y bailarín; no es el monstruo que ocupa los medios de comunicación con sorprendentes noticias sino que aparece el músico entregado a su profesión.
Siempre bajo estas dos premisas que hemos comentado, los ensayos de los temas se alternan con entrevistas a los diferentes equipos que componen el espectáculo: bailarines, coreógrafos, directores de escena, técnicos de montaje o los músicos que le acompañan, donde se deja claro la experiencia tan maravillosa que es trabajar con el autor de Thriller.
Por delante de nosotros desfilan también los diferentes efectos (luces, fuego), las filmaciones que servirán de apoyo a las canciones (video-clips, imágenes de respeto a la naturaleza y al planeta) y la tramoya que un espectáculo de estas características necesita para impactar a unos seguidores expectantes de efectos especiales (escenario en diferentes niveles, trampillas o grúas que sitúan al cantante por encima de su público).
Tenemos entonces a un Jackson que canta, baila e interpreta pero, y esta vez sin pretenderlo, el documental también deja al descubierto la falsedad de la propuesta. Por debajo de la profesionalidad aflora la frialdad de un espectáculo milimetrado donde se planifica desde el sitio exacto donde se tiene que realizar un determinado gesto o se ensaya incluso la dedicatoria de Jackson a sus hermanos. Y en el fondo las imágenes no consiguen apartar al artista del icono mesiánico que le rodea, donde el líder lanza sus mensajes blandengues sobre la naturaleza o el amor: "Estamos devolviendo amor al mundo, Dios os bendiga" mientras es rodeado por sus fieles seguidores en una imagen casi bíblica.
El problema de This is it no es que se haga transparente la operación mercantilista y recaudatoria, el problema es que debajo de ese planteamiento, no hay nada más que una mera sucesión de imágenes valoradas no por sí mismas sino por la inmediatez de la muerte del artista. Michael Jackson está presente en la memoria de miles de personas, desde que tenía cinco años lo hemos visto crecer y transformarse, nunca mejor dicho, en las pantallas de televisión de cada casa, su seguimiento como artista y como persona está grabado paso a paso, sus discos y sus conciertos están ahí.
This is it es otro capítulo, pero este capítulo no aporta nada más al universo mediático del llamado rey del pop.
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THIS IS IT (1)








