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Buscándose a sí mismo
Escribe Daniela T. Montoya
De nuevo, Coppola. De nuevo, la familia como tema central. Y, de nuevo, un estilo grandilocuente, pero encajado en una película modesta.
Alejado de las grandes producciones, con las que se labró una afamada carrera, Francis Ford Coppola reaparece con Tetro como realizador de factura más modesta. Lo cual no significa que haya bajado el listón de la autoexigencia. Sino que se ha valido de capital periférico al de los grandes estudios, a cuyo modus operandi ya se había acostumbrado. Esto se traduce en una reducción de recursos técnicos, de posibilidades imaginadas y, sobre todo, de limitaciones respecto su entrada en el mercado. Porque no es lo mismo hacer (y vender) la saga de El Padrino (1972, 1974, 1990), Apocalypse Now (1979) o Drácula de Bram Stoker (1992), que Youth Without Youth (2007) o Tetro (2009).
Hay algunos cineastas que saben sacar el máximo ante los presupuestos reducidos. Sin embargo, Coppola no parece saber adaptarse a su nuevo entorno de juego. Aún así, la fama que le precede le permite seguir gozando de destellos de visibilidad. ¿O acaso su presencia (fílmica y corpórea) en el Cannes de esta pasada primavera se debía a algo más que a su renombre? Allí apareció, paseando por la Croissette. Bajo el brazo portaba Tetro, una película doblemente personal: por ser una realización que no ha estado subyugada a intereses externos, y por (supuestamente) tomar prestada para la trama su biografía.
Liados con historias de vida
También fue en Cannes, pero en la edición del año 2008, cuando una película tan poco convencional como El cant dels ocells, de Albert Serra, dio el pelotazo en el festival galo. Al igual que Tetro, El cant... se caracteriza por el uso preponderante del blanco y negro. Al igual que El cant..., Tetro ha sido encumbrada a la categoría -reverencial- de autoría. Y, ambas por igual, han sido alabadas por puristas ansiosos de salvar al Cine del cataclismo de lo espectacular.
Pero, como hemos dicho más arriba, a Coppola no le sienta bien despojarse de los artificios narrativos que tan buenos resultados le dieron décadas atrás. Todo lo contrario, es que no sabe hacer otra cosa que contar historias. Provocar conflictos entre personajes, introducir flash-backs informativos o modular la intriga son facetas que domina.
¿Por qué, entonces, simular que Tetro es una pieza de orfebrería artesanal? Recurrir al blanco y negro; a actores de primera línea, pero fuera del star-system; además de alegar que es una película de introspección en los fantasmas familiares del director, no es la vía más propicia para buscar un nuevo estilo. Todo lo contrario, ya que el resultado es tan impostado como la pretenciosidad de la citada El cant dels ocells.
No es que le exijamos a Coppola que hiciese un nuevo Ocho y medio, aunque la película de Fellini sea el paradigma cinematográfico de la libre asociación de ideas del psicoanálisis. Pero es que la narración de Tetro resulta tan pesada... Coppola no logra impregnar a su última película (por ahora) de la fluidez que precisa esta historia de extrañamiento ante la propia existencia.
Bennie (Alden Ehrenreich) es un chaval que deja, en principio temporalmente, su trabajillo de camarero en un crucero para conocer mejor a su padre. Con tal fin, en el primer puerto en que recala es en la casa de su hermano Tetro (Vincent Gallo). Bastante mayor que el inocentón Bennie, Tetro es un vagabundo de la depresión. Y, ante la presencia de su hermano, acentúa su mal humor. Pero, a pesar del desapego emocional, permanecen necesariamente unidos por los lazos de sangre y, sobre todo, por la mediación de la tierna novia de Tetro, Miranda (Maribel Verdú). Los tres, y una amiga de esta última, inician un viaje de hilaridad que les conducirá a un sórdido encontronazo con los secretos familiares.
Sin embargo, el golpe de efecto final, pretendido por Coppola pero no concretado, no va cargado con pólvora. Con el empeño por tratar de imprimir a Tetro de una estética diferenciada, la narración se ha desparramado por exceso de excentricidad.
¿Puede tomarse este intento de búsqueda de nuevos caminos, aunque a veces sean senderos pedregosos, como un valor al alza frente a los productos de marketing redondos, perfectamente maquinados, exitosamente inocuos? No está mal tenerlo en cuenta.
Pero, si Coppola quiere seguir haciendo introspección, mejor vaya a la consulta de un psicólogo/psicoanalista. Pero si lo que quiere es hacernos vibrar con odios y pasiones, basta con que revise su propia filmografía.
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TETRO (2)








