jueves 24 de mayo de 2012

Última actualización02:14:04 AM GMT

RSS
Usted está aquí: Sin perdón TENDERNESS (2)

TENDERNESS (2)

E-mail Imprimir PDF
Tenderness
Título original: Tenderness
País, año: Estados Unidos, 2008
Dirección: John Polson
Producción: Charles Randolph, John Penolti, Howard Meltzer
Guión: Emil Stern, basado en la novela de Robert Cormier
Fotografía: Tom Stern
Música: Jonathan Goldsmith
Montaje: Lisa Zeno Churgin, Andrew Marcus y Beatrice Sisul
Intérpretes: Russell Crowe, Jon Foster, Sophie Traub, Laura Dern, Alexis Dziena, Michael Kelly
Duración: 101 minutos
Distribuidora:  Vértice Cine
Estreno: 20 noviembre 2009
Página web: 

Asesinar con ternura
Escribe Carlos Losada

John Polson ha dirigido una película, adaptación de la novela bestseller, así lo comunican los medios, de Robert Cormier, titulada El síndrome de la ternura. Ha contado con la presencia del siempre eficaz y comedido Russell Crowe y los poco conocidos Jon Foster y Sophie Traub -que han resultado muy convincentes-, para incorporar a los protagonistas de esta pretendida indagación sobre los móviles del asesinato, qué los impulsa, y la influencia que el entorno, la educación, la mente y las reacciones físicas de nuestro cuerpo, inciden en las motivaciones para dar muerte y hasta cómo se ejecuta.

Recuerden a este respecto la ejemplar, perturbadora y muy elocuente película de Richard Fleischer Impulso criminal (Compulsion, 1959), donde daban lecciones de sabiduría fílmica Orson Welles, Dean Stockwell y Bradford Dillman, bien secundados por Diane Varsi, en un excelente análisis sobre los impulsos de matar.

Ha contado con la presencia del siempre eficaz y comedido Russell Crowe y los poco conocidos Jon Foster y Sophie Traub

Al no conocer la novela de Cormier, debemos tener presente exclusivamente la película, aunque suene a redundancia, para valorar y calibrar, dentro de nuestras limitaciones, si se han cumplido los objetivos que impulsaron a rodar Tenderness, y si la indagación a que antes hacía referencia resulta convincente, acertada y consecuente.

Partiendo de unos asesinatos catalogados de psicóticos, la indagación empieza cuando intuimos que Komenko -Jon Foster-, al salir de la cárcel por haber asesinado a sus padres, se siente tan desplazado como observado por el teniente Cristofuoro -Russell Crowe-, y al encontrar a Lori -Sophie Traub- en su coche siente miedo, y su mente queda en estado de alerta, porque no sabe, nos lo dicen sus miradas, qué le puede deparar esa chica, que se dice prendada de él.

Lori explica que vio, que imaginó, cómo Komenko, a orillas de un río, muy sombreado, acariciaba con enorme ternura a una chica, podía ser ella, que resulta que está muerta. ¿La ha matado? Eso piensa Lori en sus cavilaciones, y puede que jamás haya ocurrido en la realidad; aunque, con intuición cinematográfica, John Polson lo presenta como real: una incitación al llamado síndrome de la ternura, que es lo que a Lori le atrae de Komenko. Personaje retorcido el de Lori, muy en la línea literaria, que no realista, de las chicas de nuestros días.

La verdad de Komenko es que quiere encontrar a una joven que conoció en la prisión, por la que se siente atraído, y que le dio pistas sobre dónde podía estar. Al tener que viajar con Lori va asustado. Se detienen en un área de mantenimiento, y se bajan.

Al entrar Komenko en los servicios, y encontrarse solo, vemos y sentimos (posiblemente la mejor secuencia de la película) cómo se transforma en alguien con necesidad perentoria de encontrar a Lori, o a quien sea, para matarla. Jon Foster se muestra aquí pleno de recursos y matizaciones ante la angustia y la ternura de su personaje, desquiciado y débil. Viéndole sufrir comprendemos la tensión de su mente, que es casi física en su resolución.

Con cabos sueltos, actores convincentes -mención especial, repetimos, para Jon Foster-, cierto sentido del tiempo y el espacio, adolece de confusión muchas veces

Y hay otro momento bastante logrado. Komenko y Lori están en medio de un lago rodeado de montañas, en una barca de remos. Al margen del recuerdo cinéfilo que nos asalta de inmediato, captamos la vulnerabilidad de ambos personajes, porque ante el impulso de Lori de querer ahogarse, él responde de inmediato con su salto para salvarla. En estos momentos es cuando Polson sí sabe de imágenes, y hasta resolver los planos, para llegar a la médula de un ser desdichado, que será llevado, mediante el engaño del teniente, a sentirse culpable de sí mismo, de su ternura innata; y a pesar de desconfiar de las personas, entregarse a ellas.

Podíamos añadir que es en momentos así cuando echamos de menos una indagación en profundidad de las motivaciones de los seres humanos, y qué les lleva a los hechos que ejecutan. En esta película, con cierta dosis de buen ritmo, falta tanto esa indagación, como profundizar en el personaje de Cristofuoro -Russell Crowe no puede hacer más de lo que le han ofrecido-, tanto en sus relaciones familiares, como en sus intuiciones para determinar por qué Komenko, por ejemplo, tiene los rasgos del psicótico y por tanto actuará como tal.

Con cabos sueltos, actores convincentes -mención especial, repetimos, para Jon Foster-, cierto sentido del tiempo y el espacio, adolece de confusión muchas veces, que transmite a los espectadores, y no logra lo que pretende, si es que realmente John Polson pretendía algo, al margen de conseguir una aceptable narración que juega al suspense. Por lo demás, tiene el acierto de llevarnos al planteamiento de las dudas que pueden asaltarnos sobre la personalidad de cada uno de nosotros, y hasta dónde somos capaces de llegar.

Como viniéndonos a decir que asesino podemos ser cualquiera, aunque la maldad o la ternura sean muy difíciles de distinguir de forma realista; tal vez lo sepamos en el inconsciente, en la parte oculta que tenemos, necesariamente, para matizar nuestras vidas. Asesinar con ternura es un hecho que pertenece a regiones mentales posiblemente desconocidas hasta para nosotros mismos. Todo esto sí se indagaba en la mencionada Impulso criminal.

De todos modos, Tenderness aporta su granito de arena, que no es poco.

Asesinar con ternura es un hecho que pertenece a regiones mentales posiblemente desconocidas hasta para nosotros mismos
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner