domingo 19 de mayo de 2013

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Usted está aquí: Sin perdón Starbuck (2)

Starbuck (2)

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Un semental sentimental 

starbuck-1Es lógico que en cuanto atendemos al título de este film nos salte a la cabeza el nombre de esa cadena internacional de café fundada en Seattle de la que seguramente existe una sucursal a pocos metros de donde vives.

Los hacedores del film, sin embargo, se han apresurado a negar cualquier afinidad con la macroempresa y explican que se trata del nombre de una excepcional generación de toros sementales canadienses. Dichos astados se caracterizaron por ser toros con hijas espectaculares, con mucha calidad, grandes, profundas, con buena producción y sobretodo con unas excelentes patas. Vamos, que un Starbuck canadiense sería como nuestro Torito Bravo que cantaba el malogrado El Fary, “al que las vaquillas lo siguen y no lo dejan descansar...”.

Y ahí tenemos al protagonista de la historia, David Wozniack, un atolondrado e irresponsable cuarentón peleado con la higiene que tiene un miedo atroz a afrontar su futura paternidad. Pero ironías del destino, resulta que nuestro héroe en su juventud se había dedicado a ganar dinero donando semen en una clínica de fertilidad, y, de la noche a la mañana, se encuentra con que todos los hijos nacidos de su interactuación con la probeta en el banco de esperma local se han enterado de que comparten progenitor y se mueren de ganas de conocerlo. Echada la cuenta resulta que éstos suman la friolera de 533 hijos, de los que 142 quieren saber de su identidad y para ello han presentado una orden judicial para seguirle la pista.

El punto de partida de la propuesta es cuanto menos original. Otra cosa bien distinta son los parámetros entre los que se vertebra su desarrollo. Lo alocado de su premisa intenta ser compensado con un guión en el que prevalece demasiado la cordura y la razón. Estamos ante un relato alecccionador en el que el individuo rebelde ha de ir encontrando su sitio en el mundo, por lo que el mensaje reaccionario brilla por su ausencia.

La película gana muchos enteros cuando se acerca más a la comedia que al melodrama. Starbuck, sobrenombre con que se conoce al protagonista, decide ir a la búsqueda, de manera anónima, de todos aquellos que son sus supuestos hijos. Él, dentro de su impostada responsabilidad como padre circunstancial, intentará ayudarlos en la medida en que pueda a superar sus problemas.

Se abre así una cantidad ingente de situaciones más o menos graciosas en las que debe convertirse en una especie de superhombre o guardián del destino de sus retoños que, lo mismo debe acompañar a un hijo borracho a su casa que intentar desenganchar de la droga a otro de sus vástagos. El director atina en mayor medida cuanto más disparatada es la performance, constituyendo momentos más paradigmáticos todos aquellos en los que se intenta tocar la fibra del público mediante un ensalzamiento de lo emocional.

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Los altibajos a lo largo del film son más que evidentes, sobre todo debido a que las subtramas no acaban de funcionar todo lo bien que debieran. La figura del amigo abogado de familia numerosa que intenta ayudarlo en todo este embrollo la hemos visto en demasiadas películas, y no aporta nada original al desarrollo de la trama.

Algunas historias están muy metidas con calzador, como la relación que Starbuck mantiene con una joven policía o el hijo medio gótico medio punk que se le instala en casa. Ningún personaje, salvo el principal, están dotados de la entidad suficiente para hacer crecer la historia, que se enrosca en si misma sin saber hacia dónde va.

No sabemos si el director del film quiere filmar un alegato a favor de la familia tradicional o la disfuncional, o si tan sólo ha querido plasmar en imágenes un divertimento vacuo que no dé pié a ningún tipo de moraleja. La imagen del vago simpático con un montón de problemas suele tener resultados positivos en cuanto a aceptación de público se refiere, y en este caso el film que nos ocupa ha arrasado en todos los premios populares de los certámenes donde ha participado.

Pero si a elementos cinematográficos propiamente dichos nos referimos, podemos afirmar que se trata de un film rodado con desgana aparente por Ken Scott, en el que es su segundo largometraje tras Les Doigts croches, otro film que partía de una idea muy original, ya que unos ladrones que son apresados en medio de un atraco cuando cumplen condena deben recorrer nada menos que el Camino de Santiago a pie para poder recuperar su botín. Scott se ha prodigado más en labores de guionista, habiendo escrito los libretos de films como La gran seducción (2002), Maurice Richard (2005) o Gide de la petite Vengance (2009). De las tres, tan sólo la primera conoció estreno en nuestro país.

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En cuanto al elenco actoral se refiere, el héroe de la función recae en Patrick Huard, un auténtico todoterreno dentro de  la industria del entretenimiento canadiense, donde ha ejercido labores de actor (con más de quince películas en su haber), comediante, director, productor y presentador de shows televisivos. Aquí tan sólo hemos podido disfrutarlo en una comedieta con trasfondo policial que pasó por la cartelera sin pena ni gloria y que se tituló Bon Cop Bad Cop, aunque en su país de origen es una auténtica estrella mediática.

Junto a él, otros intérpretes menos conocidos, pero que ya habían coincidido con Ken Scott en otros proyectos como Julie LeBreton, también reconocida en Canadá por haber participado en unas cuantas series de televisión, e Igor Ovadis, quien da vida al padre de David, y con el que comparte un par de escenas que contienen sin duda los mejores momentos del film, aquéllos en los que se pone de manifiesto de forma más cruda y real la importancia de lo que significa ser padre.

En definitiva, no se puede negar que estamos ante un producto eficaz que cumple con las expectativas de pasar un buen rato. Alguna situación cómica aislada acertada y mucho moralismo de estar por casa para un film que no aguanta dos relecturas más y que en más de una ocasión se mueve de manera harto peligrosa por el terreno de la estupidez, aunque nunca acaba por caer del todo. El desconcierto del protagonista, unido a su surreal empuje en las situaciones más absurdas, salvan de la quema a un film que promete mucho más de lo que acaba dando.

Como anécdota final, indicar que Starbuck, muy dado a las camisetas de manga corta con motivos de cómics y las chaquetas de chándal, se pasa gran parte del metraje llevando una desgastada camiseta de Los vengadores, con los que casualmente va a coincidir durante un tiempo en taquilla.

Escribe Francisco Nieto

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Título Starbuck
Título original Starbuck
Director Ken Scott
País y año Canadá, 2011
Duración 103 minutos
Guión Ken Scott y Martin Petit
Fotografía Pierre Gill
Música David Laflech
Distribución Vértigo Films
Intérpretes Patrick Huard (David/Starbuck), Julie LeBreton (Valérie), Antoine Bertrand, Dominic Philie, Marc Bélanger, Igor Ovadis
Fecha estreno 25/05/2012
Página web http://www.starbuck.es/

 

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