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Inocencia y realismo
Escribe Carlos Losada
No hay duda que Shane Meadows sí sabe hacer cine, al tiempo que demuestra la implicación social de sus películas –no olvidamos la estupenda, realista y fundamental This is England, que ofrecía las consecuencias de la herencia recibida de la siniestra Margaret Teacher– y su limpia mirada sobre los seres inocentes que en medio de un mundo que no lo es, intentan amoldarse a un ambiente y unas circunstancias que, aún siéndoles adversas, pretenden, con humor, llevarlas a su terreno.
Todo gira sobre dos chicos de 16 años, Tommo, inglés, y Marek, polaco; y su encuentro en Somers Town, en la sutilmente captada Londres, con estación de tren y obreros incluidos, y en un blanco y negro de referencia, donde Tommo intenta superar su vida solitaria y difícil, y Marek zafarse del ambiente paterno; y forman una pareja sui generis, pues tienen en común, aparte de su inocencia frente a la cotidianidad que les rodea, enamorarse de la misma chica, María, francesa, a la que Marek ya había fotografiado con sensibilidad y convicción, que trabaja como camarera en un pub londinense, y que un día, para gran disgusto de ambos, regresa a París.
Desde un guión medido y contundente, no exento de ironía soterrada y amplio sentido del humor, original de Paul Fraser, y con una puesta en escena ágil y documentalista (véase ese paseo llevando a María hasta su casa en una silla de ruedas, donde la luz del blanco y negro de Natasha Braier, tiene el encanto del más viejo cine por su empatía con el espectador), pasando por unos diálogos naturalistas y creíbles, pues se trata de la realidad, hasta el estudio de unos personajes tan de diario como los que convivimos en nuestras calles, plazas y aldeas,
pues tienen las miserias y grandezas de los seres anónimos que nos circundan; y todo analizado con la sutilidad casi invisible de un entomólogo, para mostrarnos que las vivencias son nuestra necesaria operación de existir.
Y para decirnos esto, incluido el análisis del ambiente y su configuración, Shane Meadows no ha necesitado más que 71 minutos, incluidos los menos de cuatro minutos finales, en distorsionados colores, que nos muestran el sueño de Tommo y Marek llegando a París y encontrando a María en medio del bullicio alegre y amistoso, porque en el fondo, y hasta en la forma, ella los quiere a los dos.
Ante esta audacia de sencillez y eficacia no nos queda más remedio que rendirnos y recomendar con entusiasmo su visionado.
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SOMERS TOWN (4)








