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SÓLO QUIERO CAMINAR (1)

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Título original: Sólo quiero caminar
País, año: España - México, 2008
Dirección: Agustín Díaz Yanes
Producción: Jose Lorenzo, Eduardo Campoy, Pablo Cruz
Guión: Agustín Díaz Yanes
Fotografía: Paco Femenía
Música: Javier Limón
Montaje: José Salcedo
Intérpretes:

Victoria Abril, Elena Anaya, Carlos Bardem, Pilar López de Ayala, Diego Luna, Ariadna Gil, José María Yazpik

Duración: 90 minutos
Distribuidora: Hispano Foxfilm
Estreno: 31 octubre 2008
Página web:  http://www.fox.es/cinema/
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Caminantes sin camino
Escribe Juan Ramón Gabriel

soloquierocaminar2.jpgLa explicitación de los modelos artísticos de los que se nutre una obra cinematográfica por parte del creador de la misma suele resultar inversamente proporcional a la consecución del objetivo perseguido.

Así le ha sucedido a Díaz Yánez con toda la propedéutica que, según él mismo ha vertido en las entrevistas periodísticas concedidas antes del estreno de su película, le ha servido de inspiración a la hora de confeccionar Sólo quiero caminar. Scorsese, Jean Pierre Melvilla, Munich de Spielberg et alii constituyen el paraguas-salvavidas con el que ha querido proveerse antes de iniciar su propia senda. Pero para tan corto camino no eran necesarias tantas alforjas cinéfilas.

Lo que sí que necesitaba era un buen guión, una sólida historia que relatar, un leitmotiv que condujera y unificara toda una serie de apuntes inconclusos y de flecos deshilachados que recorren su película.

soloquierocaminar3.jpgHa dispuesto de un elenco actoral magnífico, tanto en la vertiente española como en la mexicana; de un diseño de producción efectivo, amparado por un presupuesto inusual para el cine español (doce millones de euros). Sin embargo, las actrices y los actores carecen de un papel, de un personaje que sustente su fisicidad, lo cual los convierte en unos fantoches deambulantes a lo largo de todo el metraje, excesivo, del filme. No hay brío, fuerza narrativa, ningún catalizador que consiga arrancar un motor diegético que está gripado de antemano, precisamente por la multitud y variedad de combustibles que impiden su explosión dramática.

El fantasma de Tarantino recorre todo el filme de cabo a rabo, pero esta alargada sombra deviene mala sombra por su incapacidad de asimilación. Reservoir dogs, Pulp fiction, Jackie Brown, Kill Bill son  los moldes genéricos que alimentan el imaginario de Díaz Yánes, todo ello aliñado al hispánico modo por una genitalidad de origen perezrevértica con la que el director ya trató en su anterior película (Alatriste). La pulsión genital, que el cine de Tarantino no puede mostrar por su incardinación moral norteamericana, es la aportación hispana a sus modelos. Las protagonistas femeninas sufren un particular via crucis vejatorio a través de las constantes y repetidas felaciones a las que son sometidas por los “canallas” personajes masculinos. En estas succiones ellas se apropian del honor y de la virilidad de la que carecen sus antagonistas machos, empeñados en humillarlas incluso miccionándolas.

soloquierocaminar5.jpgComo nuevas depositarias de este concepto de honor, por otro lado tan español y barroco, ellas se esfuerzan por estar a la altura de las circunstancias, apropiándose en sus personajes del verdadero código honorable que los mafiosos han desvirtuado.

Qué duda cabe que nos hemos de remontar a la estética de mujer vengadora (pantalones vaqueros ceñidos; camisetas de tirantes más ceñidas todavía; botas altas y pistola-falo en mano) que Ridley Scott inauguró en Thelma y Louise, y que el mencionado Tarantino redefinió en Kill Bill a través de Uma Thurman.

Dos son los homenajes y guiños explícitos que hace el director en su película: aparece el título de J. P. Melville El samurai en un cine contiguo a la guarida de los mafiosos; y Pandilla salvaje (sic, en la versión mexicana) de Peckinpah. Esta última sirve de mecanismo de distracción mientras el grupo de chicas cometen su segundo y definitivo atraco. Pero ni el hieratismo impostado del personaje de Ariadna Gil alcanza la gelidez del polar francés a lo Alain Delon (ojo, la actriz sí; el personaje, no), ni las cuatro “pinches” españolas muestran el grado de camaradería y “feminidad” cómplice, amén de la agonía crepuscular, de los salvajes de Peckinpah.

Tampoco podía faltar la incrustación taurina tan cara al director. Encarnada en el personaje del hijo de Victoria Abril (la Gloria Duque proveniente de aquel su primer filme no superado, Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto), especie de alter ego del propio Yanes, que se autohomenajea.

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En resumidas cuentas: un pastiche mal trenzado por la carencia de un robusto hilo conductor, que mezcla todo los ingredientes sin ton ni son, en una especie de totum revolutum carente de homogeneidad. Hay secuencias, pero no hay hilación; hay actores y actrices, pero no tienen personaje que desarrollar; hay modelos y moldes que se imitan, pero que no se asimilan; hay una pretendida trascendencia (venganza y violencia) que no emana de la película y que, ni siquiera, se ve mitigada por cierto tono de parodia.

Hay un maridaje mal resuelto y una posmodernidad mal entendida: el híbrido no funciona, se le notan demasiado las costuras. Y es una lástima, porque sí que hay material, pero no materia ni sustancia narrativa.

soloquierocaminar6.jpgMás allá de los planos cenitales, de los travellings de seguimiento a unos personajes que, como epítomes del héroe posmoderno, no pueden detenerse porque el vacío se apoderaría de ellos; más allá de unos protagonistas rotos y desnortados, anclados en la periferia y marginalidad de la sociedad; más allá de una banda sonora trufada de flamenco, corridos mexicanos y rancheras, todo ello al servicio de una emotividad ausente pero perseguida; de una vergonzosa escena remedo de las bodas y comuniones  coppollianas, aquí totalmente improductiva, cuando no ridícula (nuevo guiño repetitivo, pues ya fue esbozado al principio de la historia, a Pretty woman vía canción de Roy Orbison); más allá del intento de entroncar con la dignidad subyacente en el personaje de la maestra republicana que encarnaba Pilar Bardem en Nadie hablará de nosotras... (y ante cuyo retrato se disculpa Gloria Duque por no haber sido fiel a sus eneñanzas –¿o es el propio director pidiéndose disculpas a sí mismo y a su entorno?–); mas allá de todo esto, sólo queda la nada.

En fin, como reza el aforismo machadiano, “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Que Díaz Yanes siga buscando la senda que encontró en su primera película, en lugar de estelas en el mar mexicano.

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