Silencio en la nieve (3)

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Elemental, mi querido soldadito español 

silencio-en-la-nieve-1Como mínimo podemos calificar de atípica y arriesgada la última propuesta fílmica que el prolífico productor y director Gerardo Herrero nos trae con Silencio en la nieve, un proyecto que se mueve entre el thriller y el cine negro dentro del contexto de la Segunda Guerra Mundial; más concretamente centrado en la historia de la División Azul, voluntarios que se alistaron después de la Guerra Civil española, con el único objetivo de combatir contra el Ejército Rojo en el frente ruso.

Hasta aquellos recónditos parajes se traslada una trama detectivesca donde el ex inspector de la policía reciclado en soldado Arturo Andrade, acompañado en sus gélidas pesquisas por el sargento Espinosa, deberán investigar una serie de crueles asesinatos que se van produciendo sin motivo aparente entre los miembros de la División.

El punto de partida de la historia ya es, por lo pronto, muy distinto de las típicas películas españolas con trasfondo bélico que suelen brotar como setas cada año. Aquí se trata de mostrar un marco histórico como telón de fondo, como un personaje siniestro y omnipresente de la trama, a la cual enriquece con su cuidadísimo y milimétrico trabajo de reconstrucción histórica que ofrece, pero no es el protagonista. El verdadero meollo del asunto es desmadejar un complejo caso criminal, un ejercicio de género puro y duro anclado con fidelidad minuciosa en una realidad histórica.

En ese aspecto y en la personalidad de los dos protagonistas, claros émulos de las andanzas del Sherlock Holmes y Watson de Sir Arthur Conan Doyle, el film nos recuerda muy mucho, salvando la muy distante cronología donde transcurren los acontecimientos, a El nombre de la Rosa, de Umberto Eco, novela que tan bien fuera llevada a la escena por el realizador francés Jean Jacques Annaud en 1986 en la película de mismo título. Un escenario de amplias panorámicas que permita mostrar la fuerza del paisaje y a la vez una comunidad reducida y alejada de su hábitat natural que se encuentra con una situación anómala que se traduce en una tensión narrativa constante.

Tanto Gerardo Herrero (un productor con una trayectoria intachable y un director con una filmografía un tanto irregular que en sus últimos trabajos, El corredor nocturno y Que parezca un accidente, invitaban más al sopor que a otra cosa) como su aguerrido equipo que tuvo que soportar temperaturas extremas de hasta veinticinco grados bajo cero (lo que supuso hasta que alguno tuviera que volverse para casa y retirarse del rodaje al apreciarse claros indicios de congelación) consiguen transmitir al espectador el realismo visual de una época y un lugar bastante desconocidos hasta ahora.

No en vano hasta la fecha no existía ninguna película europea que tratara el tema de la División Azul. Y ese es el máximo mérito del film: tanques y tanquetas, motos, carromatos, armamento y vestuario de la época denotan un exacto y ajustado trabajo de búsqueda en Internet, libros, centros de documentación militar y verbal extraída de gente cercana que convivió con miembros de esta División.

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Se agradece que aún existan cineastas que se tomen en serio su trabajo y pierdan su tiempo en una tarea de ilustración previa que se traduzca posteriormente en una acendrada y depurada puesta en escena. Y en Silencio en la nieve este valor se acusa desde los primeros fotogramas, aquellos momentos impactantes en los que descubrimos el primer asesinato de un soldado entre un grupo de caballos completamente helados.

El cinéfilo de pro no tardará en encontrar similitudes entre este espectacular arranque y otra imagen calcada que aparecía en la película My Winnipeg, del canadiense Guy Maddin: la estampida de caballos que transforma el lado helado de Winnipeg en un efímero Guernica. Sea o no sea ésta una resonancia utilizada por el director madrileño, lo cierto es que se trata de un arranque bello y estremecedor a la vez (parece que el cine español le está cogiendo el gusto al sacrificio equino como punto de partida potente en sus propuestas, como ocurría por ejemplo con el carruaje despeñado al comienzo de la multipremiada Pa negre, de Agustín Villaronga).

Existe un feliz esmero en subordinar el caso policíaco dentro del contexto histórico descrito de manera preciosista: masones (tanto de derechas como de izquierdas) expuestos a la caza de brujas, homosexuales exiliados por su condición, militares de carrera sedientos de gloria… todos componen un mosaico perfecto y bien definido en el que los descolocados sabuesos deberán hurgar para separar la paja del grano, o lo que es lo mismo, encontrar entre los posibles sospechosos al culpable que se dedica a rajarle el cuello a los soldados para después rematarlos con una inscripción grabada a cuchillo en su pecho con ecos de canción popular.

Este aspecto acaba por ahogar, sin embargo, cualquier otra ramificación argumental que se aparte del eje principal de la acción; tanto la prescindible y sonrojante epopeya romántica de uno de los protagonistas con una lugareña como la aparición confusa de algunos personajes secundarios, quienes lejos de avivar el ritmo de la acción la apelmazan, juegan en contra de un conjunto que adolece de emotividad.

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El reflejo de los sentimientos humanos que aparecen en pantalla (la soledad de los reclutas alejados de su patria; el rencor hacia los prepotentes rusos o la falta de amor debida entre otras cosas a la escasez de mujeres en el lugar) no trascienden, y son tratados de forma demasiado superficial.

El film mantiene su interés debido a la exhaustiva y obstinada investigación siguiendo los pasos del asesino, donde no se deja títere con cabeza y sobre todo gracias a la excelente interpretación de la pareja protagonista: Juan Diego Botto y Carmelo Gómez. El primero, dando vida a un personaje de marcada ambigüedad, ya que no se sabe si se ha alistado en la División convencido de la lucha contra el Ejército Rojo, o como una manera de saldar viejas deudas políticas; mientras que el segundo da vida a un hombre serio y pesimista que de tanto en tanto da muestras de un humor más bien agrio, dentro de esos estupendos trabajos a los que nos tiene acostumbrados uno de los mejores actores del panorama actual de nuestro cine, aunque el final que le tiene deparado el guión no esté, desde luego, a la altura de su magnífica caracterización.

Del resto del elenco actoral, trufado de muy buenos intérpretes, destacar la composición de Víctor Clavijo, quien sabe dotar a su personaje de una personalidad propia que esconde una violencia explícita que se masca en cada una de sus apariciones.

En definitiva, una rara avis dentro del panorama cinematográfico español actual, que no dejará indiferente gracias a la concienzuda recreación de una época bastante desconocida para el público en general, que funciona muy bien desde fuera a adentro, pero que patina cuando intenta adentrarse en la sensibilidad de sus personajes.

Escribe Francisco Nieto

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Título Silencio en la nieve
Título original Silencio en la nieve
Director Gerardo Herrero
País y año España y Lituania, 2011
Duración 114  minutos
Guión Nicolás Saad, sobre la novela “El tiempo de los emperadores extraños”
Fotografía Alfredo Mayo
Producción Gerardo Herrero y Mariela Besuievsky
Distribución Alta Classics
Intérpretes Juan Diego Botto, Carmelo Gómez, Jordi Aguilar, Víctor Clavijo, Francesc Orella, Sergi Calleja, Adolfo Fernández, Andrés Gertrúdix, Manu Hernández, Toni Hernández, Javier Mejía
Fecha estreno 20/01/2012
Página web http://www.altafilms.com/site/sinopsis/silencio_en_la_nieve