jueves 24 de mayo de 2012

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Secuestrados (2)

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Ultraviolencia hiperrealista

Secuestrados, de Miguel Angel VvivasSí, los prefijos de intensidad son necesarios, puesto que esa, y no otra, es la característica definitoria de la película que nos ocupa. Una intensidad asfixiante, agotadora, que no remite siquiera en los contadísimos interludios con que el espectador cuenta para recuperar el resuello.

Rodada en doce planos secuencia, la mayor parte de las veces cámara en mano, Secuestrados sólo se permite dar un respiro tras un breve prólogo devastador, técnicamente perfecto, que no busca más que ponernos en antecedentes sobre lo que está a punto de suceder en esa típica familia bien que acaba de mudarse a una urbanización de las afueras y que constituye el elemento “prot-agónico” del filme.

El resultado es que ni siquiera en esos breves momentos de tranquilidad, casi aburridos por su retrato de lo íntimo cotidiano, podemos ya relajarnos previendo los acontecimientos.

Lo que comienza a partir de aquí es una pesadilla, un infierno, no apto para espectadores sensibles; no se trata de una orgía de sangre, que apenas se derrama, ni un festival gore, puesto que se le supone al género un toque de humor y surrealismo que bajo ningún aspecto aparece en pantalla.

Tampoco, como se ha sugerido, se trata de un homenaje o una émula al cine de Haneke, toda vez que hay algunas escenas que recuerdan intencionadamente a Funny games (en determinado momento, algunos de los personajes se sientan en un sofá a ver carreras de coches por la tele).

Y no lo es porque el maestro austriaco disecciona psicológicamente tanto a sus personajes como a la sociedad que los posibilita, sin olvidarse del espectador que los contempla, mientras que todo ello brilla por su ausencia en la cinta de Miguel Ángel Vivas.

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No, no se trata de nada de eso: lo que quizá Vivas ha pretendido es dar otra vuelta de tuerca al voyeurismo imperante: nos ha inmiscuido en la verdadera telebasura sin remilgos y sin cortapisas, mostrando no ya el descafeinado morbo narrado por “profesionales” de la prensa rosa de una pelea familiar, de un crimen pasional o incluso de un asalto de albano-kosovares al chalet de cualquier famoso de postín, sino las verdaderas consecuencias (también en su epílogo, muy poco complaciente) de aquello que se oculta tras el sensacionalismo efímero y los más tristes quince minutos de gloria que cualquiera pueda protagonizar.

Vivas parece querer decir: ¿No querías morbo? Pues toma tres tazas, y recurre para ello a todos los resortes del realismo, permitiéndole muy pocas concesiones a la cinematografía: más allá de la partición de pantallas para seguir la acción en tiempo real en cada uno de sus escenarios y algún truco para soslayar elementos narrativos que tendrán importancia en el desarrollo del filme, todo es plano secuencia y emociones descontroladas que consiguen hacer mella en el ánimo del espectador.

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En ese último aspecto cabe señalar las magníficas interpretaciones de Manuela Vellés, Ana Wagener y Dritan Biba, sin desmerecer a ninguno de los otros actores, que sin embargo no alcanzan las cotas de verosimilitud de los anteriores: es particularmente difícil transmitir el terror y el histerismo sin resultar histriónico, pero las dos actrices lo consiguen.

Pero a pesar de su técnica sobresaliente, sus magníficas interpretaciones y la consecución de su objetivo primordial, que no es otro que el de tensionar nuestras emociones hasta la ruptura, Secuestrados no consigue sobrevivir a sí misma, quizá porque precisamente en el cine, muchas veces menos es más.

No puede sostenerse una película solamente en el hiperrealismo y la ultraviolencia; las consecuencias del shock psicológico, bien que perdurables en lo emotivo durante algunas horas, días incluso, no dejan rastro en la memoria, y esto es lo peor que puede pasarle a cualquier obra de arte.

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Llevar al extremo el ejercicio de cualquier estilo acaba por no constituir nada más que eso, un exceso, que las más de las veces resulta gratuito y hasta ingrato.

Presumo que Vivas puede haber querido mostrar la inanidad de la telerrealidad o saciar nuestras ansias morbosas, pero en el camino ha conseguido desbaratar su propósito. El exceso emborrona (si la tuviera) toda su pedagogía, toda intencionalidad didáctica, no quedándose más que en la mera anécdota, en la reseña morbosa, en tener el dudoso honor de haber “sobrecogido a todo un festival de terror” como Sitges.

Volviendo a Haneke, que tampoco disimula su afán provocador, debemos reconocerle sin embargo, un templado equilibrio entre la tensionada emoción,  la reflexión forzada por el rechazo moral de lo que vemos en pantalla y la altísima técnica cinematográfica. A Vivas, que no cabe negarle algunas de las anteriores cualidades, bien puede faltarle mesurarlas en un caldo adecuado. Quizá entonces sí pudiéramos tomarnos tres tazas.

Escribe Ángel Vallejo

 Título  Secuestrados
 Título original  Secuestrados
 Director  Miguel Ángel Vivas
 País y año  España, Francia, 2010
 Duración  81 minutos
 Guión  Miguel Ángel Vivas, en colaboración con Javier Garcí
 Fotografía  Pedro J. Márquez
 Música  Sergio Moure
 Distribución  Vértice Cine
 Intérpretes  Fernando Cayo, Manuela Vellés, Ana Wagener, Guillermo Barrientos, Martijn Kuiper, Dritan Biba, Xoel Yáñez, Luis Iglesia B., Pepo Suevos
 Fecha estreno  25/02/2011
 Página web  www.secuestradoslapelicula.com/
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