SAN VALENTÍN SANGRIENTO 3D (1)

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Bloody Valentine 3D
Título original: My Bloody Valentine 3D
País, año: Estados Unidos, 2009
Dirección: Patrick Lussier
Producción: Jack Murray
Guión: Todd Farmer y Zane Smith, basado en el guión de 1981 de John Beaird, basado en un argumento de Stephen Miller
Fotografía: Brian Pearson
Música: Michael Wandmacher
Montaje: Cynthia Ludwig y Patrick Lussier
Intérpretes: Jaime King, Tom Atkins, Kevin Tighe, Edi Gathegi, Betsy Rue, Jensen Ackles, Kerr Smith, Megan Boone
Duración: 101 minutos
Distribuidora:  Tripictures
Estreno: 11 septiembre 2009
Página web:  www.mybloodyvalentinein3d.com

¿El futuro del cine son las 3D?
Escribe Carlos Losada

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Inspirada en una película canadiense de 1981, dirigida por George Mihalka, de éxito, y dicen que de culto, Patrick Lussier, de acuerdo con los productores, ha vuelto a rodar las andanzas de vengadores sedientos de sangre ajena, a golpe de piqueta minera, jugando con las posibilidades de las tres dimensiones, para clavar la piqueta en tu estómago, o mostrarte el ojo ajeno ante tus narices porque atravesó el cráneo de un ser humano, y así cubrir las necesidades de sangre y espanto que todos los productores de cine de cualquier nacionalidad creen que tenemos los llamados espectadores.

Patrick Lussier y los actores hacen lo posible por resultar creíbles

Con base a una historia que se sustenta en el horror al vacío de la mente y el pensamiento, se juega en esta ocasión con la psicosis que las personas tienen cuando cometen errores o salen de un coma propiciado por aquéllos. Así, el ser humano puede convertirse en una máquina de matar, de aterrorizar, de burlarse de sus semejantes para manifestarse, construirse, sentirse útil a sí mismo.

Todo muy humano, como del acerbo primigenio. Lo malo es cuando no distinguimos, no ya entre lo que está bien y lo que está mal, sino que confundimos los términos en que se sustenta la vida de las personas. En San Valentín sangriento 3D, los sucesos arrastran al espanto diez años después de la primera matanza, y casi lo hace en los mismos términos, como si de un deja vú se tratase, para propiciar sustos, sobresaltos, y esa impronta de amores casi olvidados y amistades no afianzadas.

Patrick Lussier y los actores hacen lo posible por resultar creíbles; y algunos detalles ayudan a que el presumible terror no sea gratuito, e incluso a que las violencias y sangres en 3D sean menos efectistas. A muchos les gustará; en otros provocará alguna sonrisa, y los demás se preguntarán si ese es el futuro del cine.

La técnica de las tres dimensiones no es pirateable, entre otras razones, por la utilización de la estereografía

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La avalancha de copias cinematográficas piratas es tan evidente, y está tan extendida, que los productores empiezan a pensárselo dos veces antes de rodar una nueva película. La técnica de las tres dimensiones no es pirateable, entre otras razones, por la utilización de la estereografía, y lo que supone la proyección del producto final, que necesita, además, de unas lentes adicionales para que la piqueta del minero -o las flechas de la primitiva Bwana, el diablo de la selva– puedan clavarse en el espectador.

Vaya por delante que no tenemos nada en contra de las 3D; al contrario, a veces puede ser eficaz, así lo demuestran algunas películas de dibujos animados, como la nostálgica y bien intencionada Vamos a la Luna, y que en el fondo no es más que el desarrollo técnico de las propias posibilidades del arte cinematográfico, y no hace falta citar hechos históricos que están en la mente de todos. La cuestión es otra, u otras. ¿Qué películas han de filmarse con esta técnica? ¿Únicamente los dibujos animados, los documentales de acción y exhibición, los de terror y aventuras?

Si en verdad el futuro del cine está en las 3D, sobre todo para que los espectadores vuelvan a las salas de exhibición, debe pasar por el riguroso filtro del talento y la imaginación

Digamos que la textura de la fotografía en 3D propicia, aparte de la profundidad de campo y visión, la sensación de que tenemos a los personajes, al paisaje y a las cosas en nuestra propia realidad, al alcance de la mano, digámoslo así. Lo cual es un aliciente para el espectador, pero no deben quedar los planos, las secuencias, en la cáscara, en el envoltorio, porque entones estaríamos viendo y tocando "la piel del oso", como menciona Aldous Huxley en su insuperable, realista e imaginativa Un mundo feliz.

Si en verdad el futuro del cine está en las 3D, sobre todo para que los espectadores vuelvan a las salas de exhibición, debe pasar por el riguroso filtro del talento y la imaginación, de los guiones rigurosos, traten el tema que traten, y de la puesta en escena adecuada a cada caso, donde todo respire imagen por los cuatro costados, y en tres dimensiones, con la profundidad y eficacia de tantas películas inolvidables, como Jennie o Los puentes de Madison -ejemplo de maravillas románticas-, como El tesoro de Sierra Madre o 2001, una odisea del espacio -ejemplos rutilantes de aventuras y ciencia ficción-. La lista sería interminable; además, vosotros la sabéis muy bien.

El futuro del cine está, por si no ha quedado claro, en seguir haciendo buenas películas, traten de lo que traten, y en la técnica que sea. Ítem más, si se quiere salvar la industria, pues de eso se trata, hágase con inteligencia y humor: los espectadores lo agradeceremos y nadie saldrá perjudicado.

El futuro del cine está, por si no ha quedado claro, en seguir haciendo buenas películas