Que descanse en rebeldía
Sylvain George obtuvo el premio otorgado por
Sylvain George, además de cineasta y filósofo, es un activista político que pasó tres años de su vida conviviendo con un grupo de inmigrantes ilegales afganos, africanos y libios, en los márgenes del puerto de Calais al norte de Francia, para registrar contra toda representación establecida este documental en blanco y negro que se erige no sólo como una canción de protesta de refugiados, sino también como un manifiesto sobre la resistencia y la lucha por la vida en medio de las condiciones más inhumanas de encierro forzado y clandestinidad a través del despliegue de estrategias que intentan burlar y eludir el aparato policial-represivo montado por Sarkozy.
Los devastados
Valiéndose de unas líneas de un poema de Henri Michaux, Qu'ils reposent en revolte..., el director toma el pulso de la vida de los extranjeros indocumentados que frente a cámara dan testimonio de sus historias de vida que no son otra cosa que el relato de una fuga, de una huída del país de origen en busca de un lugar y de una nueva vida, aunque en la búsqueda se vean forzados a perder el nombre y la identidad.
El filme se va construyendo a partir de fragmentos, de retazos, de restos, por eso mismo la narración fracturada no responde o escapa a todo tipo de representación. Los testimonios de los sin papeles —recortados unos sobre otros en distintas lenguas— despliegan resonancias múltiples.
Asistimos como espectadores a un despojamiento existencial en el que los refugiados cuyos cuerpos —expuestos a la intemperie o hacinados en centros de retención o en campamentos en medio de la selva— adquieren toda una dimensión política, al generar estrategias de resistencia y oposición al aparato represivo y de vigilancia de la administración Sarkozy, como por ejemplo, la de borrarse las huellas digitales con un tornillo al rojo vivo, cortarse las yemas con una gillete, o la de intentar un desplazamiento colándose en camiones y barcos.
Las imágenes recurrentes del agua a través de la lluvia, o de la presencia constante del río como imagen del fluir del tiempo, y como el lugar en el que los cuerpos se limpian y se acicalan (se afeitan, lavan su ropa) para lograr ser visibilizados y aceptados, ya no como puros cuerpos, sino como personas con todos los derechos de los que se han visto despojados.
En esa interminable vía crucis en la que los inmigrantes sólo desean encontrar una salida, un modo de desplazarse y huir a otro país, acceder a una vida digna, saben y admiten que no les espera otra cosa que la muerte...

La condición humana
La sustancia de las imágenes (con sus texturas y espesores) y los sonidos (de voces humanas y de la naturaleza) le dan al relato un ritmo y una fluidez propios. Cierta cualidad líquida, volátil, que podría ser expresada como el fluir de la conciencia del vencido, del humillado, del desplazado, en resumidas cuentas, del inmigrante.
Ese fluir de la conciencia a veces toma la forma de una canción, de un lamento, de una declaración de derechos o bien se metamorfosea, materializándose en un espacio de encierro y hacinamiento que a veces parecería estar hecho de granito o de asfalto, y otras, de barro.
El paisaje no podría ser más desolador. El cielo plomizo se funde con el gris de las carreteras por las que los ilegales se proponen —y sin embargo, no pueden o se les impide— transitar. En ese mismo punto de fuga donde el cielo y el asfalto de la carretera confluyen se abre una grieta que se irá llenando de impotencia y de angustia. La angustia que nace del deseo de libertad y transformación de la propia condición si, a esta altura, pudiera llamársele humana.

Existe, en cada inflexión de voz, sea cual fuere la lengua que habla cada cual, en el brillo de los ojos, en cada torsión y contorsión de los cuerpos, un gesto de comunión y fraternidad con el otro. Un deseo de trascendencia de esa condición de animalidad a la que son constantemente reducidos por el poder político: basta con mirar los grafiti de las paredes con un contundente “Fuck off, Sarkozy”, o la modalidad represiva que llevan a cabo las fuerzas policiales por medio de razzias, arrestos, y encierros en centros de retención donde serán juzgados como indocumentados, y deportados, en el mejor de los casos, a sus países de origen.
Malraux decía que todo gran modelo político crea un tipo humano particular. El modelo de De Gaulle creó, en su opinión, un héroe liberal; entonces, valdría preguntarse qué tipo humano particular estará creando el modelo político de Sarkozy.
Escribe Gabriela Mársico
| Título | Qu'ils reposent en révolte (Des figures des guerres) |
| Título original | Qu'ils reposent en révolte (Des figures des guerres) |
| Director | Sylvain George |
| País y año | Francia, 2010 |
| Duración | 153 minutos |
| Guión | Sylvain George |
| Fotografía | Sylvain George |
| Producción | Sylvain George |
| Distribución | Sin distribuidora en España |
| Intérpretes | Documental |
| Fecha estreno | Sin fecha de estreno en España |
| Página web |
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Qu’ils reposent en revolte (des figures de guerres) (5)








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