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Amor casual en Londres
Escribe Eva Cortés
Siguiendo el tema de su anterior película, Jump tomorrow, Joel Hopkins vuelve a hablarnos de amor, de amor maduro y casual, en su nueva película Nunca es tarde para enamorarse.
Al estilo de Richard Linklater en Antes del amanecer y Antes del atardecer, pero tomando Londres como escenario, Joel Hopkins habla de un amor entre dos desconocidos que por casualidades de la vida se encuentran en dicha ciudad.
El dicho "nunca es tarde si la dicha es buena" es justo el que aquí se hace palpable, en este caso la dicha es el amor. Y es que ambos protagonistas del filme, Harvey y Kate, tienen en común que hasta el momento la suerte no les ha sonreído en lo que al amor se refiere y ambos andan desilusionados.
Pero a pesar de la situación de desdicha en la que conocemos a nuestros protagonistas, no es esta una película con una visión pesimista, sino de todo lo contrario. Siempre existe la esperanza de encontrar el amor si uno no se da por vencido.
Y ya que Joel Hopkins habla de amor, lo hace desde varios prismas: se habla aquí de amor fraternal, en este caso de un padre por su hija y viceversa; de amor no correspondido, entre Harvey y su ex-esposa; de amor primerizo, entre su hija Sussan y su novio; de amor a ciegas, entre Kate y el chico que le presenta su amiga; de amor maduro, de amor casual.
Y como no podía faltar, el argumento también cuenta con una boda. Uniéndose al carro de lo que vienen siendo las comedias románticas actuales, Joel Hopkins ha introducido en su argumento una boda. Esta vez la que se casa es Sussan la hija de Harvey, quien para más intríngulis, decide que sea su padrastro en vez de Harvey quien la acompañe al altar.
Harvey, músico compositor de jingles en EEUU, que ha viajado hasta Londres únicamente para estar al lado de su hija en su día más importante, recibe la noticia como un jarro de agua fría. Pero su mala suerte no acaba ahí. En el aeropuerto, tras perder su avión de regreso, recibe otra mala noticia: le han despedido.
Por suerte, es justo en el aeropuerto donde conoce a Kate. Kate trabaja allí como encuestadora. Vive sola, pero atada al móvil, puesto que su madre no deja de agobiarla a llamadas interesada por cada paso que da su hija.
Paseos sin sorpresas
Tras el encuentro, el resto ya todos pueden imaginarlo. El filme transcurre sin sorpresas. Como decíamos, al estilo de otras, ambos protagonistas pasean por los lugares más románticos de Londres, charlando, empezando a conocerse. Y así, poco a poco van descubriendo que ambos tienen en común no sólo su mala suerte en el amor, sino también rasgos de su carácter, como el mal humor, fruto de las malas experiencias o su gusto por el arte.
Sin sorpresas y, por inverosímil que parezca, todo va transcurriendo según lo que todos nos imaginamos. Miradas, sonrisas, el amor va surgiendo y todo se vuelve maravilloso para ambos en un fin de semana; ahora todos sus problemas parecen disiparse al lado de esa persona que acaban de conocer. Pero, ¿ocurre esto en la vida real?, ¿puede un desconocido hacernos olvidar todos nuestros problemas?
Por ejemplo, la relación entre Harvey y su hija está rota, pero es aparecer con Kate en la boda y la cara de Sussan cambia. En un segundo perdona a su padre la ausencia de tantos años.
Además de la boda, no falta ningún otro de los tópicos de las películas románticas, incluida esa segunda cita a la que uno de los dos no llega por causas inevitables.
Quizás otro tipo de final habría dado otras sensaciones a la película, la habría vuelto más creíble, menos predecible, más emocionante. Claro que, como lo que se buscaba era un mensaje esperanzador, el final tenía que ser dulce.
Por su parte, Dustin Hoffman y Emma Thompson desarrollan bien su cometido. Aunque la química entre ambos es pobre, ganan en las pocas escenas que actúan por separado. A ellos sí parece gustarles trabajar juntos, pues tras hacerlo en Más extraño que la ficción en 2006, fue precisamente Emma Thompson quien aconsejó a Dustin Hoffman para el papel de Harvey.
Nunca es tarde para enamorarse es un filme que entretiene, pero sin grandes descubrimientos, que dejará feliz a todo el público que crea en el destino sin pensar en realidades, e indiferente a todo aquél que busque una comedia romántica distinta a lo ya visto en el panorama actual.
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NUNCA ES TARDE PARA ENAMORARSE (2)








