El mundo de mañana
Apadrinado por dos nombres de reluciente alcance, Tim Burton y Timur Bekmambetov, el novel realizador Shane Acker ha visto su sueño moldeado en arcilla cristalizar en realidad. Ha convertido finalmente lo que empezó siendo un corto de animación de once minutos, y en el que había invertido cuatro años de esfuerzo, en un bello largometraje con el amparo de las grandes producciones.
El resultado parece querer vibrar en la retina de quien lo contempla, un filme delicado a la par que asombroso sobre el destino de los seres y su capacidad para crear a partir de la destrucción y viceversa.
No sólo es una nueva película de virtuosos avances técnicos sino que supone un mágico y conmovedor cuento, quizás esquivamente lastrado por esa misma condición infantil que lleva inherente.
Se enmarca en una humanidad sin humanos, completamente desolada y fantasmagórica, en la que deambulan unas máquinas aderezadas con la chatarra excedente del progreso industrial. Finalmente, éstas perdieron el control e iniciaron un exterminio global que ha acabado con la pervivencia de los seres vivos. Como supervivientes en el epicentro de este armagedón, encontramos a unos seres de trapo y piezas policromadas que pueden volver a activar el curso de la vida. La unión de éstos, todos designados por números, forjará el regreso a lo que la vida debería haber sido. Su sensibilidad y su fuerza tomarán las riendas de los acontecimientos.
La alienación de las máquinas se vertebra directamente con la empatía y la utopía se revela falacia en esta historia de tintes filosóficos. El retorno a la esperanza y a la vida de quienes fueron verdugos inocentes de la mecanización cataliza la columna vertebral de su eje argumental.
Además, no demuestra vergüenzas a la hora de poner en tela de juicio los designios destructivos que el ser humano se ha empeñado en perpetrar en un planeta del que ya no queda nada. Encontramos insertadas entre sus líneas de guión referencias al nazismo, a las grandes guerras o al deseo de progreso perseguido por las sucesivas revoluciones tecnológicas.

Innovación y técnica
El corto original presentaba una paleta de colores y una iluminación que reforzaban su impacto visual. La estética pictórica debía de respetarse en su conversión a hermana mayor. Pese a que la gama cromática era escasa en su versión primigenia, se tenían que conservar los contrastes entre luces y sombras.
Y así fue. Decidieron apostar por un despliegue cromático reducido y jugar con los focos de luz, lo que confirió a la obra ese aura de filme técnicamente impecable e innovador del que tanto se especula. Por eso, Número 9 es un filme de animación digital único en su especie. Su estética privilegiada lo convierte en una nueva joya que abre nuevos caminos expresivos.

Número 9 es un nuevo prodigio visual en el campo de la animación que pretende ser una oda hacia las capacidades humanas, eso sí, siempre desde una óptica demasiado dirigida a un público menor de edad. Y es aquí donde la película pierde parte de su fuelle aunque su historia resulte sugerente y sus personajes se antojen cercanos. Amén de una puesta en escena privilegiada que podría crear nueva escuela entre los aficionados al cartoon.
Sólo queda hacerse la pregunta de si la innovación que supone la obra será pauta a imitar por los venideros filmes de animación que, por otro lado, se encuentran en época de bienvenida efervescencia o si los patrones clásicos que manejan las grandes del dibujo siempre prevalecerán sobre cualquier apuesta radical.
Escribe
| Título | Número 9 |
| Título original | 9 |
| Director | Shane Acker |
| País y año | Canadá, Luxemburgo, 2009 |
| Duración | 79 minutos |
| Guión | Pamela Pettler |
| Música | Deborah Lurie |
| Distribución | Universal International Pictures |
| Intérpretes | Película de animación; doblaje original: Elijah Wood, John C. Reilly, Jennifer Connelly, Crispin Glover, Martin Landau |
| Fecha estreno | 01/01/2010 |
| Página web | www.filminfocus.com/focusfeatures/film/9 |
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NÚMERO 9 (3)







