NEDS (No Educados y Delincuentes) (3)

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Realismo y ternura

Neds, de Peter MullanEn este caso, la ternura soterrada, como si no se quisiera manifestar; pero está ahí, al lado de las punzadas violentas que tanto se daban (aún se siguen dando, casi con el mismo estilo y consecuencias) en el Glasgow de 1972, allá en las Lowlands escocesas. Porque la manifestación de la violencia sí que es realista: tiene la tersura y espontaneidad de un documental, como si los personajes perteneciesen a ese mundo sin demasiadas esperanzas en el futuro y aferrados a un entorno difícil, del que parece que no se pueden librar.

Y aquí es donde Peter Mullan pone todo su saber, como actor, para manejar a esas pandillas adolescentes, cansadas, aburridas de sí mismas, cuyo único fin parece ser distraerse atacando a otros grupos, al diferente, al listillo… Porque la situación de los listos, de los que destacan en clase, de los que saben más, siempre ha sido complicada en todas las sociedades, desde la pura envidia, hasta la animadversión personal, pasando por el resentimiento y el agravio comparativo. No es que ellos sepan de estas o parecidas triquiñuelas; las intuyen desde el ambiente familiar, desde la situación en el entorno. Y llegan las pulsiones, los sinsabores, el que tú no eres más…

Entra en juego el Peter Mullan director, el artífice de aquella denuncia realista y veraz que fue Las hermanas de la Magdalena, para sacar partido en el análisis de unas situaciones cotidianas, propiciadas por el ambiente familiar, escolar, social, callejero. Y así, el director de esta inquietante NEDS (No Educados y Delincuentes) se lanza con secuencias, sobre todo en la primera hora del film, de corte tan realista como auténtico para mostrarnos los pesares del listo de turno, ese alumno ejemplar que es John McGill (estupendos Gregg Forrest y, sobre todo, Conor McCarron) que tiene que adaptarse a una suerte de gamberro con navaja para sobrevivir a las amenazas.

Amenazas que nadie ve y que tienen la chulería y contundencia del entorno. Ahí es donde entra la figura del padre de John, ese déspota borrachín que no sabe hacerse querer ni respetar (que propiciará la escena más emotiva de NEDS, y que incorpora el propio Mullan con maestría, pasándose ejemplarmente) y que tanto influye, negativamente, en el comportamiento de quienes le rodean, especialmente de John, como antes había ocurrido con su hermano mayor, Benny.

Y así, el director de esta inquietante NEDS (No Educados y Delincuentes) se lanza con secuencias, sobre todo en la primera hora del film, de corte tan realista como auténtico

Los ambientes estudiantiles, sobre todo, están retratados con precisión y contundencia. Véanse, si no, esos maestros cargados de razón porque tienen licencia para pegarles con la correa, y su indiferencia ante lo que sienten o padecen sus alumnos. El comportamiento de éstos, por lo demás, está a su altura. Díscolos porque sí y altamente dados a la vagancia. La unión de ambos propicia la dislocación en que viven unos y otros, con momentos de entendimiento, como si pudieran ponerse a pensar.

A lo largo de NEDS tomamos conciencia de que la educación es el pilar fundamental para encauzar nuestra existencia, sabiendo combinarla con la intuición. Está implícita en cada fotograma, se desliza por las imágenes con claridad. Por eso decíamos al principio que surge la inquieta ternura cuando es necesaria, porque así lo pide la escena, la provocan los hechos mismos; la intuimos con una mezcla ácida de humor, porque son situaciones que hemos vivido, visto, sospechado. Y el cine nos las hace partícipes cuando vemos que están rodadas con humildad y realismo.

Y a veces propiciando el entendimiento con el espectador, a raíz de la naturaleza de la imagen en relación con el protagonista. Sirva de muestra la irónica secuencia de John con el Cristo que baja de la cruz. La del beso de John y su chica, que interrumpe aquél por el impulso de buscar pelea, confundiendo así la pulsión sexual con la de mostrarse duro consigo mismo. La que antes señalamos como la más emotiva.

A lo largo de NEDS tomamos conciencia de que la educación es el pilar fundamental para encauzar nuestra existencia, sabiendo combinarla con la intuición

Ocurre cuando el padre de John, con voz desconocida le dice que acabe con él; y cuando éste lo va a hacer, le pide que espere a que esté dormido. En la petición hay tanta valentía como temor, tanta desolación como tristeza; se lo pide convencido que tiene que ser así. Y a Mullan le basta una mirada, y poner la cámara en su sitio, para que sintamos un escalofrío ante la cruda realidad y nos embargue una emoción tan natural como realista, que no sentimental.

Esto nos lleva a considerar que cuando John, después de maltratar de mala manera al que consideraba su amigo, parece que quiere volver a ser el de antes, nos asalte el presentimiento de si Peter Mullan no estará jugando a redentor. No pasa eso, pero sí que en la media hora final de NEDS advertimos un tono menos realista y polémico, acercándose a la sensación, cuando en compañía del amigo maltratado se pasean entre los leones, de que la ternura natural, que surge de las cosas, no basta, sino que hay que insistir en una metáfora disfrazada de reconciliación (no hay que olvidar que John le lleva de la mano).

Aunque también puede que nos estemos excediendo en buscar significados que no estaban en la mente del director, pero sí los ha propiciado por esos planos que quieren estar más allá del realismo y la ternura. Como buscando una respuesta a tanta violencia inútil —los leones se pasean sin más—, como exorcizando un pasado que el propio Mullan padeció.

Al final podemos decir que películas como NEDS son necesarias, porque estimulan nuestros sentidos al constatar que no todo el cine que se hace actualmente tiene que ser despreciado

Sean cuales sean sus intenciones en la última parte de la película, nos queda la agridulce sensación de haber contemplado unas historias realistas, contadas, además, con precisión de entomólogo —las palabras de los chavales, sus actitudes casi viscerales, su verosimilitud, sin olvidar a sus maestros—.

Al final podemos decir que películas como NEDS son necesarias, porque estimulan nuestros sentidos al constatar que no todo el cine que se hace actualmente tiene que ser despreciado. Antes al contrario, debemos acudir a verlo para que la industria cinematográfica sepa a qué atenerse, aunque sospechamos que no nos harán mucho caso.

Es decir, defendamos todo tipo de buen cine, así los espectadores sabrán a qué atenerse, y a lo mejor —o a lo peor— hasta lo agradecen unos y otros.

Escribe Carlos Losada

 Título  Neds (No Educados y Delincuentes)
 Título original  Neds
 Director  Peter Mullanctor
 País y año  Reino Unido, 2010
 Duración  124 minutos
 Guión  Peter Mullan
 Fotografía  Roman Osin
 Distribución  Golem Distribución
 Intérpretes  Marianna Palka, Steven Robertson, David McKay, Douglas Russell, Martin Bell
 Fecha estreno  03/12/2010
 Página web  www.golem.es/neds/