El retorno del tándem Ventura Pons-Quim Monzó
Aunque llega con voluntad de no deber nada a nadie, es difícil apreciar en su totalidad el último film de Ventura Pons sin tener en cuenta ciertas precuelas que ya marcaron algunas tendencias favoritas del autor.
Mucho más en la línea de Morir (o no) (2000) y especialmente de El porqué de las cosas (1995), Mil cretinos descansa sobre la idea de una narración caleidoscópica sentada íntegramente en un precedente literario de cuya independencia depende el logro del film como producto cinematográfico.
Volviendo a las historias de Quim Monzó (que ya adaptara con éxito en El porqué de las cosas, 1996), el autor repite con su sello más recordado: el de películas lúdicas, sobre lo absurdo y lo irónico de la existencia, visitando temas como la muerte, el éxito o el sexo a través de un reparto coral de personajes que dan cuenta de la cantera de actores (siempre de nivel) que suelen acompañar a Pons, un autor de origen teatral muy venerado en el gremio de la interpretación y que viene dando cuenta de su fe en él desde Actrices (1997).
Mil cretinos ofrece un fresco impresionista de situaciones límite en la vida de varios personajes anónimos que tienden (o hacen tender a sus cercanos) al cretinismo (estupidez, idiotez, falta de talento).
Ofreciendo tres niveles narrativos, la película expone un tiempo contemporáneo y un tiempo histórico, que confluyen hacia el final en el presente de un autor (Jordi Bosch) que recibe la visita de sus criaturas, a lo Desmontando a Harry (Woody Allen, 1997), en un momento crudo de su existencia.
En el nivel contemporáneo, la película refleja de una serie de anécdotas basadas íntegramente en sus precedentes literarios, algunas mejor resueltas y más brillantes que otras. Impactan episodios como el del señor Beneset (espléndido Joan Crosas), un anciano travestido que recibe la visita de su hijo en el asilo que es punto de encuentro de todas las historias; o El elogio, que parodia la deriva aberrante de la industria cultural en la historia simpática de un escritor consagrado (Francesc Orella) que se ve desbancado por un autor novel, a la sazón fan suyo, al que le ha negado una llamada.

Algunos episodios quedan irremediablemente cojos de contenido. No llegamos a apreciar el cretinismo, por ejemplo, de una maniática suicida que no llegamos a saber si es lo primero o lo segundo (a pesar de la luminosa presencia de Clara Segura), o nos resulta excesivo el relato clínico de una ninfómana (Mar Ulldemolins) demasiado poco permeable a esa atmósfera impresionista y más bien ligera del film.
Con todo, los rostros de los cretinos salvan las carencias convirtiendo el conjunto en un desfile de taras humanas más gozoso que pesado. Hay que mencionar el loable episodio de Julieta Serrano, una viuda que desmonta su casa con silente parsimonia antes de poner fin a su vida; o el cameo de los ya octogenarios Joan Borràs y Carme Molina. Ya retirados de las tablas, conservan todo lo que puede esperarse de un actor: memoria, presencia y una dicción nacida para la sentencia.
Peor suerte corre la parte histórica. Una especie de segundo acto donde Ventura Pons ironiza sobre los cuentos populares en lo que ha defendido como un homenaje al cine mudo. El sarcarsmo sobre los arquetipos, algo trasnochados, del príncipe encantador (Joel Joan), la bella durmiente o Guillermo Tell (Toni Albà), no salvan los 40 minutos finales del tedio. La frescura de la primera parte se ve irremediablemente maltratada por la carencia de color de esta segunda pieza calzada a la fuerza en el montaje, donde la fidelidad a las leyes del cine primitivo supera la frescura del guiño adueñándose del tono del conjunto y quedando fuera de lugar, dejándonos la sensación de dos películas mal casadas.

Quizás el pecado de Ventura Pons ha sido el de ser demasiado devoto del libro de Monzó. “9 relatos de Quim Monzó adaptados al cine por Ventura Pons”, reza el título, asumiendo casi una co-autoría. Si bien, como ha defendido el propio Monzó, un libro de cuentos tiene la ventaja de no tener que terminar de un modo concreto ni verse sujeto a una estructura o montaje demasiado sólido, no ocurre lo mismo en cine. El truco no funciona igual en la película, que del tirón, nos deja una impresión pesada de deriva y la fatal sensación de que sobra un abundante puñado de minutos.
A pesar de que no podamos verter luz sobre una brillantez puramente cinematográfica en Mil cretinos, su estreno nos remite a recordar que Ventura Pons (quizás precisamente desde El porqué de las cosas) conserva la memoria de haber sido, en los 90, una primera piedra del cine catalán que ahora, gracias precisamente a fenómenos como la adaptación literaria (Pa negre) o la casta de sus actores (Eduard Fernández, Carmen Elías, Jordi Dauder) empieza a cosechar los éxitos de una normalización, cultural e industrial (dos de las películas que compiten a los Goya son, este año, producciones catalanas).

La película vale la pena por la cuenta que da de estos elementos integrantes. Pons siempre fue firme defensor tanto de la capacidad fabuladora de autores y poetas catalanes (entre quienes Monzó sería el más adecuado a su estilo cinematográfico), como de la competencia escénica de esos actores cuyas voces reconocerán sin problema el resto de espectadores peninsulares. La industria del doblaje ya supo apreciar en su día la portentosa declamación de nombres a quienes se podría empezar a poner rostro a nivel nacional.
Lo más elogiable en esta tentativa de Pons es, sin duda, haber aunado más de veinte intérpretes de todas las edades (desde el prepúber Roger Príncep hasta el matrimonio Borrás-Molina, que nos ofrecen su última aparición en pantalla), y haber logrado tenerlos a todos en una forma incontestable. Desde ellos, Mil cretinos resulta un placer que nos invita, al menos durante la primera parte, a hacer la vista gorda ante faltas de sutileza en cuestiones de montaje, de estructura y de ritmo.
Escribe Marga Carnicé
| Título | Mil cretinos |
| Título original | Mil cretins |
| Director | Ventura Pons |
| País y año | España, 2010 |
| Duración | 100 minutos |
| Guión | Quim Monzó y Ventura Pons |
| Fotografía | Joan Minguell |
| Música | Carles Cases |
| Distribución | Els Films de la Rambla S.A. |
| Intérpretes | Aleix Albareda, Toni Albà, Carol Badillo, Dafnis Balduz, Roger Batalla, Roger Berruezo, Joan Borràs, Jordi Bosch, Pere Brasó |
| Fecha estreno | 28/01/2011 |
| Página web | http://www.milcretins.venturapons.cat/ |
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