La inventiva y la creatividad se mantienen de forma permanente a lo largo de la trayectoria de la filmografía de Isaki Lacuesta. Con la reciente victoria de la Concha de Plata de Los pasos dobles en el Festival de cine de San Sebastián, la película de Lacuesta ha conseguido llenar varias páginas de prensa con entrevistas y opiniones fuertemente encontradas. Si el objetivo principal del festival es dar a conocer al público un cine diferente y la labor de un director con una sólida trayectoria, la polémica ha sido el ingrediente clave para que dicho propósito se haya hecho realidad.
Los pasos dobles presenta la fusión de dos artistas: Miquel Barceló (que utiliza con breves escenas como nexo con su documental El cuaderno de barro) y el espíritu de François Augiéras presentado en una delirante, en ocasiones absurdamente divertida e impactante aventura.
La obsesión de Isaki Lacuesta por romper los esquemas, por mostrar escenas o conceptos nunca antes mostrados en pantalla puede componer una de las objeciones más recurridas a la hora de arremeter contra la película, si se argumenta que dicha obsesión conlleva a un vacío narrativo. Sin embargo, ese supuesto vacío no existe. Imágenes y escenas que independientemente funcionan, dispuestas en sucesión componen una pieza cinematográfica arriesgada, diferente y que condensa en una escasa hora y media unas secuencias memorables. Se palpa un trabajo detrás de las cámaras impresionante y el resultado final delante de ellas no lo desmerece.
Esta forma de contar biografías, que parodia y juguetea de forma socarrona con el género documental y lo mezcla con una enloquecedora ficción, que además adereza con gotas de arte y western africano, es admirable por lo controvertido del conjunto. Algunos espectadores disfrutarían con el “humilde trabajo de la termita” mencionado en el filme y roer de forma salvaje el rollo cinematográfico de Los pasos dobles para evitar próximas proyecciones y otros quedarán completamente absortos e hipnotizados por lo absurdamente potente de
Un prólogo que presenta a la encarnación cinematográfica de François Augiéras en un joven de Malí

Son señas de identidad de la película una fotografía impecable y de tono amarillento (imborrable ese phonomaton) y una inteligente estructura marcadamente diferenciada por pasajes e hilos narrativos. Ordenados de mayor a menor fidelidad con el género documental: las escenas con Miquel Barceló, la ficcionada búsqueda de los frescos y, por último, la atrapante aventura en espiral del propio François Augiéras.
Se conforma un puzzle en el que cada secuencia tiene una función determinada. El capítulo de Djenebau y François (oculto bajo el nombre de Abdallah) está impregnado de encanto y seducción al igual que lo está la escena de amor entre un negro albino y el propio Augiéras. Una secuencia propuesta con una sutilidad, un saber hacer y un poder visual que tiñe de incomodidad y simultáneamente de ternura la cabeza del espectador. Lo absurdo de la danza de los árboles personificados o de una (dudosamente refrescante) peculiar lluvia colectiva que nace desde lo alto de un baobab hacen estallar carcajadas emocionalmente encontradas con lo proyectado previamente.
“Para pintar a un hombre son necesarias sus cenizas”. Los pasos dobles pinta de una forma tan alejada a lo tangible a François Augiéras, pero tan fiel a lo que era la significación de su identidad artística, que asusta e impresiona. Se compone una biografía edificada desde unas verdaderas raíces. Tan sólo que éstas han crecido con una apariencia completamente diferente, pero con idéntica esencia.
Las ráfagas y corrientes de odio vertidas hacia la película son comprensibles hasta cierto punto. En muchos aspectos se abusa del término original a la hora de tachar una película, pero sin duda se puede decir que Los pasos dobles lo es. La etiqueta de “bazofia moderneta y con suerte que gana un festival de cine” ya

En su segunda semana, las copias de Los pasos dobles han aumentado al llegar a más de diez ciudades, efecto que posiblemente vaya expandiéndose en próximas semanas. Ganará popularidad y aunque el número de espectadores que la denostará será mayor, el sector que encuentre en ella un filme robusto también crecerá.
Los pasos dobles es en definitiva una torre de Jenga cinematográfica que nunca llega a caerse. Conformada por piezas individualmente sólidas, juntas provocan un miedo, una tensión a que todo se desmorone. Sin embargo, ese titubeo, esa inestabilidad no impide que la torre se mantenga alta y erguida.
Es necesario un ejercicio de abstracción y analizar la pieza en sí para que el espectador dilucide por sí mismo si el conjunto verdaderamente le convence o no. Por todo ello, Los pasos dobles conforman un ejercicio de obligada visión.
Escribe Juan Bernardo Rodríguez (Mr Jotabe)
| Título | Los pasos dobles |
| Título original | Los pasos dobles |
| Director | Isaki Lacuesta |
| País y año | España, 2011 |
| Duración | 86 minutos |
| Guión | Isa Campo, Isabel Campo, Isaki Lacuesta |
| Fotografía | Diego Dussuel |
| Música | Gerard Gil |
| Distribución | Avalon Productions |
| Intérpretes | Miquel Barceló, Djenebou Keita |
| Fecha estreno | 23/09/2011 |
| Página web | http://www.avalonproductions.es/lospasosdobles |
| < Prev | Próximo > |
|---|
Los pasos dobles (4)







