A lo mejor con un buen guión…
Erróneamente, Los ojos de Julia ha pasado a verse como una especie de “extensión” del enorme éxito de El orfanato hace tres años. Produce Guillermo del Toro, la interpreta Belén Rueda y se encarga de la dirección un cineasta con poca experiencia en el medio (es la segunda película de Guillem Morales). Empero, las similitudes terminan ahí ya que, aunque el film que nos ocupa tenga más deficiencias que aciertos es, sin ningún género de dudas, preferible a la muy sobrevalorada película de
Ambas, sin embargo, son una muestra del resurgimiento del cine fantástico en este país desde comienzos de la década pasada (cuyo punto de inflexión podría ser Los otros, de Alejandro Amenábar) que llegó al cenit en 2007 con la coincidencia en cartel de dos títulos tan distintos como la mencionada El orfanato y Rec de Jaume Balagueró y Paco Plaza.
Este hecho puede hacer ver los derroteros por los que se encamina el tratamiento del género en España ya que, salvo muy concretas opciones (el film de Balagueró y Plaza), el resto de producciones que transitan en los senderos del fantástico, lo hacen de manera casi acomplejada, tímida. Incapaces de ir más allá de las convenciones y aprovechar la enorme infraestructura que un campo cinematográfico tan inmenso puede suscitar.
La obsesión por el seguimiento de los dictámenes comerciales estadounidenses (en especial, en los tópicos juveniles o el conservadurismo de sus mensajes) ha tenido una fiel transposición en las obras que han abordado el género en España resultando, al fin y al cabo, meros ejercicios de calcado fílmico.
Los ojos de Julia, con su muy irregular mezcolanza entre una historia de psychokiller y una subtrama que busca la emoción (se puede observar perfectamente en el plano final) resulta un ejemplo paradigmático de los insalvables complejos de una cinematografía en exceso sumisa, que no se atreve a ir más allá del terreno vedado, como sí han ido francotiradores como Balagueró y Plaza o, en otras latitudes, cineastas como Tomas Alfredson (Déjame entrar).

Centrándonos en la película, a la hora de abordar el comentario sobre Los ojos de Julia hay que diferenciar, forzosamente, entre dos aspectos: fondo y forma. O, dicho de otra manera, el guión que le sirve de base y la manera con la que éste se ha materializado en imágenes. Si, finalmente, el film resulta tan poco satisfactorio es debido a que dicho guión hace aguas por todos sus flancos, pero no a que el trabajo de dirección de Guillem Morales no posea interés.
Más allá de que el punto de partida del argumento pueda resultar, no por tópico menos atractivo, el desarrollo del mismo comienza a plantear una serie de problemas que precipitan el caos en que Los ojos de Julia se convertirá en el último tercio.
Por un lado, hay un deseo explícito de confundir al espectador, ofreciéndole información falsa u ocultando, de la manera más tramposa posible, otros detalles de la historia. La ambigua relación inicial entre Isaac (Lluís Homar) y Sara (la hermana de Julia, también interpretada por Belén Rueda) queda completamente diluida a partir de la mitad del film, aunque adquiere (engañosamente) una irritante trascendencia en los primeros cuarenta minutos. De igual manera, la aparición de la hija de Blasco únicamente sirve para aportar una precipitada información al espectador y, asimismo, el muy maltratado personaje de Soledad (Julia Gutiérrez Caba) acaba convertido en la nada debido a que su única función es aportar un par de puntos de giro que desorienten, aún más, al espectador.

El guión de Oriol Paulo y el propio Morales, por consiguiente, apenas puede resistir un análisis mínimamente racional de personajes y situaciones, porque ni posee coherencia ni verosimilitud. La acumulación de momentos climáticos en la última media hora ratifica las continuas “trampas” utilizadas por sus autores a la hora de construir una historia en exceso dilatada y muy al servicio del impacto gratuito.
Sin embargo, como ya se apuntaba anteriormente, el trabajo de dirección de Morales presenta una serie de particularidades que, por momentos, llegan a ofrecer un espejismo de dignidad al conjunto. El joven cineasta catalán opta por mantener el suspense del relato a base de la utilización de los distintos términos del plano, del desenfoque y el fuera de campo, edificando un buen número de secuencias en las que, aunque no suceda absolutamente nada, sí hay una tensión latente que se transmite con cierta convicción.
Una secuencia, sobre el papel, tan innecesaria como el momento en que Julia escucha la conversación de un grupo de ciegas en unos vestidores, produce una extraña sensación de inquietud debido al juego de planos (se alternan los de conjunto con los cortos, para incrementar la oscilación entre la presencia-ausencia de Julia) y al agresivo carácter que se le ofrece a los personajes. Otro momento concreto que muestra la pericia visual de Morales es el plano subjetivo con el que filma la huida del asesino del hotel, una solución visual que hace pensar de inmediato en la magistral El fotógrafo del pánico (1960) de Michael Powell, película en muchos aspectos referencial para Los ojos de Julia (las fotografías que el psicópata toma en el momento de las muertes, que recuerdan a las morbosas filmaciones del personaje interpretado por Karl Böhm).

Hay otros aspectos destacables en la película aunque, por encima de todo, sobresale la interpretación de Belén Rueda. Si en Mar adentro (2004) y El orfanato (2007) había demostrado unas dotes nada desdeñables a la hora de enfrentarse a personajes algo más complejos que los televisivos, en Los ojos de Julia logra un trabajo, en verdad, excelente. Más allá de que la práctica totalidad del film esté sustentado en ella, la combinación de un personaje claramente vinculado a los tópicos más manidos del cine de terror con los estratos emocionales de una enfermedad degenerativa que lo angustia en silencio, hacen que Belén Rueda transforme
Algo que igualmente se puede extender (aunque ocupen roles, en el fondo, secundarios) a sus compañeros de reparto, ya que tanto Lluís Homar como Pablo Derqui (haciendo lo que puede con un personaje completamente acartonado) o Julia Gutiérrez Caba componen actuaciones muy por encima de la película.
Es evidente, a tenor de todo lo mencionado, que el gran problema de Los ojos de Julia se encuentra casi exclusivamente focalizado en su guión. Si la trama ideada por Morales y Paulo se hubiera apartado del camino fácil y hubiera optado por ir más allá de sobados esquemas (no le faltaba materia prima para ello), sin duda, no estaríamos hablando de una obra mediocre.
Escribe
| Título | Los ojos de Julia |
| Título original | Los ojos de Julia |
| Director | Guillem Morales |
| País y año | España, 2010 |
| Duración | 114 minutos |
| Guión | Guillem Morales, Oriol Paulo |
| Fotografía | Óscar Faura |
| Distribución | Universal Pictures |
| Intérpretes | Belén Rueda, Lluís Homar, Clara Segura, Hèctor Claramunt, Julia Gutiérrez Caba |
| Fecha estreno | 29/10/2010 |
| Página web | www.losojosdejulia.es |