Souvenirs, la cualidad de los recuerdos
Escribe Daniela T. Montoya
Liverpool puede tomarse como un viaje. Un viaje de introspección, de adentrarse en el recuerdo de la infancia perdida. Pero al mismo tiempo, el reflejo que desprende la memoria, es la constatación del fracaso de los sueños. Porque la farsa triunfalista, de quien marchó para sobresalir de entre la mediocridad, sólo se sostiene tras oropeles de latón, aunque lleven inscritos nombres que remiten a paraísos lejanos. Pero comencemos por el principio.
Farrel (Juan Fernández) es el protagonista de esta última película del argentino Lisandro Alonso. Farrel es marinero cuarentón que decide hacer un alto en su vida en alta mar. Su plan es, por unos días, bajar a tierra para ir a visitar a su madre. Esto es, abandonar su trabajo en un mercante para recorrer decenas de decenas de kilómetros hasta su pueblo natal.
Allí, supone, aún vive su madre, anclada durante toda su vida a un mismo lugar. Farrel tiene un mal presentimiento sobre el estado de salud de ella, a lo que se suman los remordimientos de haberla abandonado. El capitán del mercante arregla la relación laboral que les une para que no queden cabos sueltos. Aunque también le advierte de los días de que dispone, para reincorporarse a la tripulación, antes de que el barco vuelva a zarpar para perderse en alta mar por unos meses.
Peregrinación en soledad
No es baladí la elección temática de Alonso en Liverpool. Un viaje personal. Viaje de ida, a visitar a su madre, pero también de vuelta, al lugar donde están sus raíces. Allí pasó su infancia, allí vive su familia, e incluso allí hay una mujer con la que podría formar su propio hogar. Y sin embargo...
Con el trabajo en el mercante, Farrel ha podido conocer mundo. Ir de puerto en puerto, empapándose de múltiples experiencias mientras realiza una labor que, además, conlleva ganar un sueldo. ¿Quizás un salario mísero? Aunque se puede intuir -el mercante oxidado no es un yate de lujo-, lo desconocemos.
Y, la verdad, poco importa. Porque el mayor beneficio que extrae Farrel es vivir viajando de un lugar a otro, sin puerto fijo. Teniendo por refugio de descanso el pequeño habitáculo que es el camarote compartido, y portando su vida en un simple macuto. Bien podría ser Liverpool una apología de la globalización, pero Alonso se sitúa en las antípodas.
El viaje que inicia Farrel es hacia un lugar remoto, perdido en el cono sur de América. Es el sitio más alejado del estruendo del éxito. Sin parpadeos de luces de colores ni máscaras de maquillaje, Alonso expone a Farrel a la inmensidad de la naturaleza. Primero, al perder su vínculo social con la comunidad del mercante, queda a merced de la intemperie. A su desprotección se suma, en contraste con la grandiosidad del paisaje despoblado, ser empequeñecido. En consecuencia, ha quedado expuesto a sus limitaciones. Para llegar a su destino, Farrel pasa frío, hambre, cansancio.
Localizarse
A pesar de las inclemencias del tiempo, Farrel sabe dónde encontrar las huellas de su pasado. El bar de toda la vida, sigue en el mismo sitio, regentado por las mismas personas y sirviendo las mismas comidas; la muesca en el poste de la portería, confirma que estamos en la senda adecuada. Todo parece seguir igual pero, y su familia, ¿le reconocerán? Tras tantos años, viajes y vivencias, ¿aún le recuerdan? En definitiva, ¿queda el rastro de su existencia en algún lugar, aunque sea tan remoto como su pueblo natal?
El planteamiento existencial que contiene Liverpool conjuga con la concepción contemplativa de su realización. Quietud prolongada en planos largos, junto a contados diálogos rutinarios, contribuyen a la comprensión de este Ulises de vuelta de la postmodernidad. Hijo pródigo que regresa a sus orígenes, quizás para quedarse, quizás para recordar los motivos por los que partió.
Sin embargo se le escapa (a Farrel, que no a Alonso) que la deslocalización implica desvincular y, por tanto, precisa reconsiderar el sentido de las cosas. ¿A qué remite Liverpool? Sin duda, el nombre de esta ciudad no significa lo mismo para sus pobladores, para un turista o para alguien que no tiene por qué saber que es una ciudad. Así, bien puede remitir al sentimiento de apego a una comunidad, tan bien alentada por el equipo de fútbol que la representa; a los sitios pintorescos que hay que fotografiar, como si fuera una obligación del examen final que supone volver entre los propios; o ser sólo un nombre exótico con el que referirse a lo desconocido. Falta saber la profundidad de la huella que ha dejado Farrel entre los suyos.
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LIVERPOOL (4)








