jueves 24 de mayo de 2012

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LEONERA (2)

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Título original: Leonera
País, año: Argentina - Corea del Sur - Brasil, 2008
Dirección: Pablo Trapero
Producción: Pablo Trapero, Youngjoo Suh
Guión: Alejandro Fadel, Pablo Trapero, Martín Mauregui, Santiago Mitre
Fotografía: Guillermo Nieto
Montaje: Ezequiel Borovinsky y Pablo Trapero
Intérpretes:

Martina Gusman, Laura García, Rodrigo Santoro, Elli Medeiros, Tomás Plotinsky

Duración: 113 minutos
Distribuidora: Alta Classics
Estreno: 21 noviembre 2008
Página web:  www.leoneralapelicula.com

...eran gatitos
Escribe Marcial Moreno

leonera1.jpgA estas alturas está de sobra la discusión sobre la posibilidad del documental. Si ni siquiera la contemplación directa de la realidad nos garantiza la fidelidad a dicha realidad, cuánto menos cuando la observación tiene que realizarse a través de una visión interpuesta, la del director que selecciona aquello que finalmente nos es presentado. Todo cine, por tanto, es ficción. Más aún: manipulación.

Sin embargo una y otra vez nos encontramos con obras que pretenden ser testimonios de lo que ocurre. Obras casi periodísticas a medio camino entre el documental y el hiperrealismo que simulan dejar al espectador la reflexión final sobre un material pretendidamente objetivo. En el empeño se repiten recursos que van constituyendo su seña de identidad: cámara en mano, imagen sucia, actores no profesionales, sonido directo, decorados naturales, etc. Con todo ello se consigue, en ocasiones, transmitir cierta sensación de verdad, pero en otras no se hace sino abundar en el artificio. Y es que, como ocurre tantas veces, lo más simple requiere la máxima complejidad.

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Leonera pertenece al grupo de películas veristas que comentamos. Su objeto son las cárceles de mujeres y la convivencia que en ellas se produce entre las reclusas y sus hijos pequeños. En la línea del infragénero constituido por el cine penitenciario femenino, cabría esperar algo próximo a un catálogo de los horrores, y el director parece como si lo temiera y pretendiese escapar de ello, aunque al final acaba situándose en una tierra de nadie que ni se somete a los tópicos esperados ni termina de desprenderse de ellos, dando como resultado un pastiche difícilmente digerible.

Por una parte, el marco en el que se desarrolla la acción anuncia la crudeza de las condiciones en las que viven las prisioneras: si aparece un grifo en pantalla, se sabe que de él no manará agua, y efectivamente así es. Las duchas son colectivas y degradadas, las celdas a duras penas habitables, las carceleras autoritarias y malencaradas... Pero al mismo tiempo hay un buen rollito entre las presas que nos lleva a pensar que tampoco es para tanto eso de vivir en la cárcel. Y en esa dualidad se mueve toda la película. Hay que remarcar la dureza de lo que se nos está contando, y para ello se recurre una y otra vez a los tópicos del género, pero utilizados con una incoherencia que les sustrae gran parte de su posible credibilidad.

leonera2.jpgAsí se presenta, por ejemplo, la pelea de las reclusas al inicio de la película: una escena absurda y forzada que roza el ridículo. O el motín (toda película carcelaria tiene un motín), falso en su origen y falso en su resolución. Como artificial y forzada resulta también dentro de la lógica del relato la relación lésbica. Vale, sí, de acuerdo, se sienten solas, y la soledad unida al deseo de cariño acaba sobreponiéndose a las tendencias sexuales “naturales”, pero la escena es producto exclusivamente de esa reflexión, y no una conclusión coherente del discurso filmado.

Estamos básicamente ante una película de ideas, al servicio de esas ideas, y ahí está su debilidad. Cuando vemos una celda de castigo sabemos que está ahí porque en las cárceles hay celdas de castigo y en ellas se pasa muy mal, y eso hay que dejarlo claro. Y además muchas rejas, cerrojos y puertas blindadas, para que tomemos conciencia de lo dura que es la falta de libertad. Y así con todo.

Por otra parte, los mecanismos puestos al servicio del realismo resultan casi siempre fallidos. Puede ser una opción recurrir a actores no profesionales, pero cuando a esos actores se les escapan miraditas a la cámara, entonces todo el entramado se viene abajo. Se puede también seleccionar a los rostros más lumpen para acentuar la miseria, pero el contraste con la inmarcesible belleza de la protagonista (esposa del director. No siguió los pasos de Orson Welles con Rita Hayworth) lo convierte en un espectáculo artificioso.

leonera3.jpgTenemos además la tendencia a dejar las cosas a mitad contar para acentuar así el carácter descriptivo, como si la cámara estuviera espiando un fragmento de la realidad de la cual no puede dar cumplida cuenta, pues la desconoce en su totalidad. De este modo, nos quedamos sin saber quien es el verdadero asesino, o el padre del niño, o las razones de la condena. Pero con esa renuncia a explicar se va minando la estructura del relato hasta más allá de lo razonable, y se provocan situaciones absurdas por lo increíbles que resultan. Sin ir más lejos, la incomprensible relación entre Julia y Ramiro.

Curiosamente la mayor tristeza se desprende de la escena más alegre de la película, que al mismo tiempo es quizá su momento más brillante: aquella en la que las reclusas llevan a sus hijos a la escuela por primera vez, acompañadas por los sones de una canción infantil. No vemos lo que ocurre en la clase, sólo a las madres llegando, dejándolos y regresando, como haría cualquier madre, únicamente que éstas están desarrollando su vida normal en un lugar inapropiado.

Y, frente a ridículas peleas entre reclusas, la hermosa escena en la que se exige un pago inmediato (lavar la ropa) por amamantar al niño. Esa breve escena posee más amargura que todo el resto de la película.

En cuanto a la maternidad, tópico sobre tópico. Madres que quieren mucho a sus hijos y que sufren cuando los pierden. Solidaridad entre las perdedoras, abnegación que llega a la autoinmolación, renuncia a todo y asunción de riesgos indecibles por ellos, aunque esos riesgos estén atenuados por la estupidez de una guardiana que, de ser un poco más perspicaz, habría estropeado el final de la película.

Cuentan las crónicas que tras su pase en San Sebastián, algunos espectadores se dirigieron a Martina Gusmán para felicitarla por la lucha que había mantenido para conservar a su hijo, confundiendo así la realidad con la ficción. La verdad es que se necesita ser crédulo para semejante confusión.

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