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El efecto dominó humano
Escribe Fernando Ramírez
Es sobradamente conocida la ruptura del tándem cinematográfico que formaban el guionista Guillermo Arriaga y el director Alejandro González Iñárritu, cuyas colaboraciones nos regalaron sus aclamadas Amores perros, 21 gramos y Babel.
No entraremos aquí en los pormenores de la rumorología entre bambalinas de dicha separación, pero sí decir que, ante la pregunta de una posible reconciliación, la negativa rotunda es la forma que tiene Arriaga de responder a la misma.
Después de otro guión que cayó en manos de Tommy Lee Jones para ofrecernos una pequeña joya, Los tres entierros de Melquíades Estrada, Arriaga se apresuró a iniciar su siguiente proyecto antes de que Iñárritu pudiera hacer lo propio (recordemos que actualmente se encuentra rodando con Javier Bardem su nuevo filme, Biutiful). Ahora nos presenta su nueva tentativa, que él mismo ha dirigido con irregulares resultados.
Las leyes del movimiento formuladas por Newton afirmaban que un cuerpo en reposo o en movimiento permanecía igual a no ser que una fuerza externa colisionara con él, en cuyo caso el movimiento se convertiría en acelerado, directamente proporcional a la fuerza motriz aplicada. Parece ser que éste es el leit-motiv de Guillermo Arriaga, cuyos cinco guiones fechados hasta hoy guardan unas similitudes pasmosas.
Para empezar, siempre nos encontramos con un accidente, la fuerza motriz, que inicia una serie de desafortunados encuentros entre los personajes que tendrá un efecto condicionador decisivo para el resto de sus existencias. Para continuar, la narración cronológicamente dislocada y los continuos cambios de tiempo que el espectador se ve obligado a ordenar mentalmente son la otra seña de identidad. La última consiste en unos personajes torturados, maltratados por la vida que van a la deriva en busca de una posible redención.
Lejos de la tierra quemada sigue estas pautas a pies juntillas, con Charlize Theron como estrella invitada a concurso, quien encontró en el guión una gran historia que contar y decidió participar de forma global, ejerciendo asimismo el papel de productora para poder sumergirse plenamente en la experiencia.
La deconstrución emocional
Ella es Sylvia. Una guapa regente de un restaurante de una localidad costera adicta a las relaciones sexuales con hombres desconocidos y a la automutilación que vive una existencia sombría, puesto que esconde un terrible secreto que la acabará por encontrar.
Esta línea argumental se mezcla con otras tres, vehiculadas con precisión para atender a una deconstrucción narrativa que nos llevará al clímax final, en este caso, origen de la tragedia desencadenada.
Lejos de la tierra quemada es la síntesis, al mismo tiempo que el renacimiento, de la obra de Arriaga. El desamor y la muerte como ejes neurálgicos a través de los cuáles se mueven unos personajes desolados en unos paisajes, tanto sentimentales como geográficos, aún más desolados, áridos y fronterizos, que conjugan los cuatro elementos como puntos de unión espacio-temporales que unen a sus protagonistas en una cuadratura emocional de circunstancias.
Por supuesto, el guión, como en sus anteriores trabajos, resulta notable, aunque harto previsible. Arriaga nos ha mostrado, antes y ahora, su magnánimo mensaje: todos estamos conectados, y para ello, se sirve de un tiovivo secuencial que ejerce las veces de efecto dominó humano y que acaba implicando a la colectividad de manera devastadora.
Pero en su primer trabajo tras la cámara, la traslación de su imaginería dramática resulta deficiente, débil, carente de emoción. La fuerza que estaba impregnada en las empresas que había llevado a cabo a cuatro manos con su otrora compañero ha desaparecido, aunque demuestre una loable sensibilidad cinematográfica y una sobresaliente labor técnica.
La ausencia de empatía con los personajes hace que, contra el peso dramático con el que cargan, provoque un distanciamiento en el espectador durante el recorrido, que haga que el globo prometido se desinfle paulatinamente hasta llegar al supuesto golpe de efecto final que el respetable con ojo avizor ya había detectado a mitad de su metraje.
De este modo, la única baza de la que goza la obra es la narración, que aquí es utilizada como fin en sí misma, siendo ésta la reiterada por su autor por quinta ocasión para reivindicar la patente que le caracteriza. Cabe esperar ahora que su pericia sobre el papel siga dando sus frutos en futuras colaboraciones.
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LEJOS DE LA TIERRA QUEMADA (1)








