LAS CRÓNICAS DE SPIDERWICK (3)

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The Spiderwick chronicles
Título original: The Spiderwick chronicles
País, año: Estados Unidos, 2008
Dirección: Mark Waters
Producción: Mark Canton, Larry Franco, Ellen Goldsmit Vein y Karey Kirkpatrick
Guión: John Sayles, Karey Kirkpatrick y David Berenbaum, basado en la serie de novelas de Tony DiTerlizzi y Holly Black
Fotografía: Caleb Deschanel
Música: James Horner
Montaje: Michael Kahn
Intérpretes: Freddie Highmore, Joan Plowright, David Strathairn, Martin Short, Mary Louise Parker, Seth Rogen, Sarah Bolger
Duración: 97 minutos
Distribuidora:  Paramount
Estreno: 14 Marzo 2008
Página web: www.spiderwickchronicles.com/
intl/es/

La imaginación al poder
Escribe Sabín

Un libro va a ser el inicio de una historia (casi) interminableEjemplo de hasta qué punto el cine comercial actual depende de un espectador cada vez más infantilizado fue el éxito, en las navidades de 2005, de Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario frente al King Kong de Peter Jackson, un producto mucho más maduro de lo que un blockbuster navideño podía hacernos esperar. De ese duelo en las taquillas ya dimos cuenta en su momento en esta revista (1), pero esta historia ya no es una excepción, sino que se viene repitiendo con asiduidad.

En 2008, el duelo entre títulos protagonizados por niños en mundos fantásticos se ha centrado en el enfrentamiento entre Las crónicas de Spiderwick y la segunda parte del título antes citado, Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian. Dos adaptaciones literarias con planteamientos iniciales similares y con resultados muy distintos: frente a la lectura madura y adulta que ofrece Spiderwick, el segundo filme de la saga de Narnia vuelve a apostar por repetir esquemas, fórmulas ya trilladas, incluso imágenes de otros títulos anteriores… y el público ha vuelto a dar la espalda al cine más complejo a favor de lo elemental, lo reiterativo, lo ya conocido y lo infantilizado.

Las crónicas de Spiderwick es una adaptación de una saga de cinco libros escritos por Holly Black y Tony DiTerlizziLas crónicas de Spiderwick es una adaptación de una saga de cinco libros escritos por Holly Black y Tony DiTerlizzi. No hace falta mucha imaginación para concluir que su llegada al cine obedece al éxito de otras sagas, como la de C. S. Lewis precisamente, y que el objetivo final de la productora bien podría ser tener su propia franquicia de aventuras infantiles para ir sacando un nuevo episodio cada dos o tres años.

No obstante, dos elementos parecen haber abortado esta intención inicial: primero, no se adapta un único libro, sino que se toman elementos de varios (lo que no responde al criterio lógico de marketing: cuantos más libros, más episodios); segundo, la película no responde al prototipo de cine fantástico infantil, sino que se adentra en territorios mucho más serios y ofrece un abanico más amplio de temas, donde la educación, la madurez y, sobre todo, el papel del padre en la familia, acaban ofreciendo un producto que juega a dos niveles, con resultados como mínimo sorprendentes.

Probablemente a la doble lectura contribuye la presencia en el guión de John Sayles, hoy afamado cineasta más o menos independiente, aunque con un currículum en el que se cuentan algunos de los más ingeniosos títulos del cine de fantástico y de terror de los años 70 y 80, con guiones tan apreciables como el de Piraña de Joe Dante, La bestia bajo el asfalto de Lewis Teague, El reto del samurai de Frankenheimer o Aullidos también de Dante. Y junto a él, un prestigioso equipo de veteranos completan un equipo de primera: Caleb Deschanel en la fotografía (un veterano formado en los orígenes de los Zoetrope Studios), Michael Kahn en el montaje o James Bissell en el diseño de producción.

Unos monstruos poco infantiles y tan reales como la vida misma

Matar al padre 

En un primer nivel, Las crónicas de Spiderwick responde al esquema típico de familia con niños que se desplaza a una mansión aislada, donde los tiernos infantes descubrirán que hay otros mundos, donde acabarán viviendo aventuras que jamás podrían imaginar, para regresar a su mundo cotidiano con cierta madurez adquirida en el camino.

La familia va a descubrir que los males no siempre vienen de fueraUn esquema que no sólo se repite en Las crónicas de Narnia, sino también en otros productos dirigidos a todos los públicos, como Casper, de Brad Silberling, o Arthur y los Minimoys, de Luc Besson. En todos ellos, el acento se pone sobre la aventura externa, en el mundo imaginario, y, sobre todo, en un buen acabado técnico, donde diseño de producción y efectos especiales dominan la función.

Pero eso es sólo en un primer nivel. Sin renunciar a las aventuras fantásticas y el buen acabado técnico, Las crónicas de Spiderwick no se centra en otros mundos sino en éste. La aventura está a la vista de todos… pero los que la han vivido acaban siendo tachados de locos (una tía de la que han heredado la mansión está encerrada en un manicomio por algo que ha visto en esa casa). Así las cosas, sólo aquéllos más receptivos son capaces de ver que en el mundo que les rodea hay algo más que las apariencias.

El hijo es en este caso el personaje más receptivo: con una hermana mucho menos fantasiosa, una madre separada que debe hacerse cargo de su educación y un padre que los abandonado por otra mujer (algo que, por cierto, ignora inicialmente el joven protagonista), la aventura es precisamente sobrevivir en un mundo nuevo, la mansión heredada, un mundo alejado de la tranquilidad y lo conocido. Y un mundo acechado de espíritus malignos.

Los mundos de fantasía están ahí, sólo que no siempre somos capaces de verlos

Lo que en otros casos es un uso de la imaginación para escapar de la triste realidad, en Las crónicas de Spiderwick es algo mucho más atractivo: los seres fantásticos funcionan como metáforas de todos esos males que acechan a la casa, que a su vez es el símbolo de una familia en difícil equilibrio. Los ataques, que sólo pueden ser vistos con una mirada distinta (aquí simbolizada por un catalejo), llegan a la luz del día y por la noche, por tierra y por sótanos, todo está en contra de la estabilidad de esta familia…

No siempre los intérpretes jóvenes están tan creíbles como en este casoHasta llegar al momento clave del filme: madre, hija e hijo luchan juntos por defender la casa y, cuando creen que ya han acabado con todos los asaltantes malignos, se presenta el padre, dispuesto a socorrer a sus retoños… Será el hijo quien, literalmente, mate al padre, de cuyo interior surge un monstruo que simboliza ese mal genérico que amenazaba su estabilidad. De su destrucción definitiva se obtendrá la nueva unidad de la familia desestructurada y, sobre todo, la maduración del niño, convertido ya en joven capaz de decidir por sí mismo, tras haber acabado con ese padre al que tenía colocado en un altar mientras éste los había abandonado… por otra mujer.

Sólo por este cuidado guión, donde las dos historias corren paralelas con envidiable equilibrio, la película merecería la pena. Pero hay más: no existe una moralina insoportable en su resolución; los jovencitos de la función no sólo actúan bien, sino que su papel huye de las cursiladas; los monstruos no tienen nada de infantil y en su comportamiento recuerdan tanto a los Gremlins de Joe Dante como a algunos de sus hijos bastardos, en especial Troll de John Carl Buechler; la planificación de las escenas no está en función de la espectacularidad de los enfrentamientos y, por si fuera poco, no se apuesta por una segunda parte, sino que todo tiene un final atado y bien atado.

Atención a las armas para acabar con los monstruos que acechan a la familia

Lástima que la alegría no sea completa y la película tenga fallos, en especial una escena inicial demencial: madre, hija e hijo llegan de noche a la mansión heredada (¿de verdad no podían llegar cualquier día?), todo está impecablemente ordenado y limpio pese al tiempo que lleva abandonada la mansión (¿cuida la casa el duende feliz?), y los chicos no paran de lanzarse discursos que, en realidad, son para que el espectador se sitúe (por momentos llegamos a temernos que todo sea un telefilme donde todo está sobreexplicado a base de diálogos absurdos). Una escena inicial lamentable que, por fortuna, no se repite a lo largo del metraje: una vez proporcionado el background, ya no hay más información gratuita y todo fluye con normalidad en el relato.

Pese a todo, mucho más de lo que ofrece Las crónicas de Narnia en sus dos primeras entregas y, en general, el cine fantástico para toda la familia. De su semi fracaso en taquilla se puede extraer la misma conclusión que en su día con el del King Kong de Peter Jackson: el público quiere historias ya conocidas, contadas de forma convencional y con los efectos especiales como protagonistas… Todo lo que se salga de la normalidad resulta demasiado fantástico para gozar del favor popular.

Si podéis, rescatadla en DVD, merece la pena.


(1) Crítica de Las crónicas de Narnia en Encadenados.

Una de las fábulas más ingeniosas de los últimos años: no os la perdáis