Madre no hay más que una
El festival de la canción de San Remo de 1970, un evento que suponía la plataforma de lanzamiento para que los artistas italianos entraran con pie firme en el mundo de la canción ligera, veía como Nicola Di Bari quedaba en segunda posición con el romántico tema La prima cosa bella. A pesar de ese segundo puesto, el público italiano acogió esta canción como si hubiera sido realmente la ganadora frente al tema de Adriano Celentano que se alzó con el triunfo, Chi non labora, non fa l’amore, éste último, un tema más apegado a la realidad del momento y que ironizaba sobre las huelgas que asolaban Italia en ese momento, preludio de una situación social deprimida que mostraría su cruda realidad apenas unos años más tarde.
Paolo Virzi elige la canción de Di bari como título para su último filme, sabiendo que el tema recuerda inevitablemente a los 70, el verano, la playa, las canciones y, en definitiva, la melancolía de una época pasada. De hecho, la película no comienza en San Remo pero se sitúa en un evento festivo, en una ciudad también costera, Livorno, y con la elección de la chica más guapa entre las presentes en lo que parece una gran fiesta popular.
La escena inicial es muy esclarecedora de las intenciones del filme. Nos encontramos en el año 1971 y una madre de familia (interpretada por Micaela Ramazzotti), con dos hijos, es elegida como la madre más bella de entre las que se encuentran en ese lugar. Esa elección que en principio es un hecho alegre y hasta cierto punto intrascendente, crea un clima de tensión en el matrimonio protagonista, pues como iremos viendo más adelante, el mal carácter del marido, acrecentado por los celos, derivará en consecuencias dramáticas. La película nos muestra ya una dualidad entre las luces, las risas y la alegría de la fiesta con la situación tormentosa que se gesta en el interior del matrimonio.
Tras ese prólogo, con unos títulos crédito que remiten a los filmes de la época, la narración salta a la actualidad para, desde la óptica del hijo mayor que vuelve a reunirse con su madre (interpretada en este rol por Stefania Sandrelli), debido a la enfermedad terminal que sufre ésta, ir efectuando una serie de flash-backs que nos irán mostrando parte de su pasado.

Este esbozo va diseñando un argumento donde el hijo irá poco a poco redescubriendo ese pasado y asumiendo, desde la distancia que aporta el paso del tiempo, el comportamiento de su madre. Auténtica rehabilitación emocional, ese hijo que ahora es descrito como un fracasado, tanto en su entorno laboral como personal, y que lleva años sin saber nada de su madre, consigue exorcizar sus demonios interiores ocultos tras una vida un tanto decepcionante.
Para trazar esta evolución, Virzi no transita por los caminos del realismo sino que acude al recurso de tamizar los hechos pasados por el filtro de la parodia de la comedia italiana de los 70. Así, todo el sufrimiento de la madre por salir adelante, la huida con sus hijos de la vida gris que le propone su marido, nos es presentado al estilo de la tragicomedia propia de esos filmes italianos de la década de los 60 y principios de los 70.
Todo lo que vemos en la pantalla parece un argumento de una película de estas características: la salida precipitada de la casa familiar, el marido celoso e insensible, la hermana enfrentada a la mujer, la belleza de la protagonista que la convierte en un juguete frágil entre la ambición de los hombres que pasan por su vida tratándola como un objeto, el resentimiento del hijo que ve cómo su madre se relaciona con un montón de hombres, etc.
El filme incluso realiza un guiño con este aspecto, situando en la ficción a la joven protagonista como actriz de reparto en un filme adscrito al género que nos ocupa, protagonizado por Mastroianni y dirigido por Dino Risi (1). De esta forma parece que Virzi nos está indicando que este filme es como esas comedias, con sus situaciones cómicas, su parte dramática, o con su tono de exageración o emoción a partes iguales.

Entendiendo el filme bajo este precepto, todo está permitido pues la narración gira en torno a una serie de tópicos e ironías fácilmente reconocibles, donde podemos obviar las numerosas dudas que nos plantearía una lectura sensata del guión. Revisión del guión que dejaría al descubierto las carencias de una historia donde no todo está explicado pues, tanto la historia como la descripción de los personajes, son excesivamente planos: la belleza de la madre no justifica su comportamiento, la frustración y el fracaso personal del hijo con sus supuestas adicciones no están suficientemente razonados, la presencia de todos los personajes secundarios está introducida de una manera muy forzada (el jefe de la hermana, el futuro marido de la madre en la época actual o el hermano desconocido que aparece en mitad del filme).
Este déficit en la escritura del guión impide que estemos ante un filme redondo, aunque las imágenes funcionan como testimonio de la vida de unas personas que han sido marcadas por unas determinadas circunstancias y donde, al final, nadie aparece como responsable o culpable de las situaciones. Conforme se acerca la conclusión, los hijos aceptan a su madre tal y como es, comprendiendo que sus acciones en el fondo emanan del amor hacia ellos.
Dentro de la pérdida que conlleva el desenlace final de la enfermedad, persiste la sensación de que esa revisión de los hechos pasados aporta el reconocimiento del papel de la madre, de una persona que incluso en los últimos días de su vida es capaz de mostrar más ímpetu y alegría que los que le rodean.

Los resentimientos pasados, los odios infantiles, la mirada escrutadora del muchacho hacia la madre cuando ésta era acosada por los hombres o la sensación de desamparo parece que ahora ya no tienen la férrea presencia que ha incomodado al hijo durante su vida.
Virzi, con un tono similar al empleado en Caterina va a Roma (Caterina va in città), consigue al final un melancólico acercamiento a situaciones y personajes, a veces amargos, otras veces divertidos y un tanto anárquicos sobre unas vidas frustradas.
La escena final, con ese baño purificador en el mar del hijo ya liberado de las presiones pasadas y los títulos de crédito en los que se suceden las fotografías de los niños pequeños con su madre, mientras suena la canción que da título al filme, supone la aceptación final de la vida familiar con todas sus consecuencias.
Escribe Luis Tormo
NOTAS
(1) Por los datos que aparecen en el filme parece que el rodaje que se escenifica en la película sería el de La mujer del cura (La moglie del prete), una película dirigida por Dino Risi en 1971 y protagonizada por Marcello Mastroiani y Sophia Loren.
| Título | La prima cosa bella |
| Título original | La prima cosa bella |
| Director | Paolo Virzi |
| País y año | Italia, 2010 |
| Duración | 111 minutos |
| Guión | Paolo Virzi, Francesco Bruni y Francesco Piccolo |
| Producción | Medusa Film – Motorino Amaranto – Indiana Production |
| Distribución | Alta Films |
| Intérpretes | Valerio Mastandrea, Micaela Ramazzotti, Stefania Sandrelli, Claudia Pandolfi, Marco Messeri |
| Fecha estreno | 22/07/2011 |
| Página web | www.thefirstbeautifulthing.com |