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Maniqueísmo sentimental
Escribe Daniela T. Montoya
Tomar las experiencias personales como punto de partida del propio relato siempre conlleva peligros. Exagerar el tremendismo de las adversidades, exponer como objetivas las elucubraciones mentales subjetivas, o extasiarse en la emotividad de situaciones banales son algunos de estos peligros. Si a esto añadimos un pretendido discurso ideológico, el resultado puede ser tremendamente demagógico.
Este es el equívoco de La mujer del anarquista, escrita por Marie Noëlle y codirigida junto a Peter Sehr. Inspirada por los relatos de su abuela sobre la Guerra Civil española y el exilio en Francia, Noëlle fantasea con la historia romántica que debieron vivir sus abuelos. Un amor indestructible, que se habría sobrepuesto a las bombas nacionalistas y la guerra psicológica, fue la excusa para escribir la novela La mujer del anarquista, título que retoma la película que ahora se estrena.
La historia de La mujer del anarquista trata de Justo (Juan Diego Botto), un abogado anarquista, y Manuela (María Valverde), su entregada mujer. Ambos, rodeados de cultura y lujosas comodidades, viven su pasión hasta que el estallido de la guerra y, sobre todo, el cerco a Madrid, quiebra su felicidad. El exilio será el camino que deba seguir Justo para evitar la cárcel ya que, como teórico y orador que animaba a los compañeros a través de la radio, está en el punto de mira de las tropas franquistas. Manuela, alelada en su enamoramiento ingenuo, padece el cambio de la imposición del nuevo régimen político; de señora respetada pasa a trabajadora que ha de controlar los duros que tiene para poder pagar el alquiler. Para colmo, carga con su hija y no sabe si Justo sigue con vida o si no llegó a Francia, donde le esperaba la resistencia. Para ella todo ha pasado a ser una pesadilla… hasta que decide ir en busca de su marido.
Pero a pesar de esta historia, que tanto juego da para el romanticismo, está narrada pésimamente. De poco sirven las fantásticas interpretaciones de Juan Diego Botto y María Valverde ni del resto de actores: Pere Arquillué, Ivana Baquero, Adrià Collado, etc. Ni la extraordinaria ambientación de época, cuidando el más mínimo detalle, lo cual da buena cuenta del esfuerzo de producción que hay detrás (con el consecuente desembolse económico).
Porque, en sus casi dos horas de duración, la película La mujer del anarquista es un cúmulo de acciones aisladas. Importa poco que una escena suceda a otra porque, salvo la contextualización de la guerra (antes, durante, después y exilio), no hay una visión continua de la narración. Incluso se podrían suprimir escenas y/o personajes tan libremente como se injertan imágenes documentales del bombardeo aéreo sobre la capital.
Y esto denota un grave problema de base, a saber, de un guión muy burdo (a cargo de la propia directora) consistente en la suma de instantes supuestamente trascendentales, olvidándose por completo de la continuidad interna. Este fallo de visión conjunta lleva a que en muchas ocasiones la película raye el absurdo como, por ejemplo, cuando la bella mujer del anarquista sale de su ensimismamiento para, al ser el momento en que ella pasa a ser la obrera explotada, esgrima eslóganes anarquistas que suenan a chufla recordando su caracterización previa a la victoria nacional. O esos conflictos fraternales, a causa de opuestas tendencias ideológicas, que están metidos con calzador para completar los tópicos sobre lo que, para alguien ajeno, se dice que ocurre durante una guerra civil.
La mujer del anarquista podría haber sido una digna película romántica. Incluso excelente, teniendo en cuenta el buen equipo con el que contaba y el respaldo del amplio presupuesto que parece haber tenido esta coproducción germano-francesa-española. Sin embargo, con el paupérrimo resultado obtenido, visionando esta película es cuando más se entiende eso de que el director es el máximo responsable de la autoría de una película. O, por defecto, en su ausencia es cuando se hace más palpable el desperdicio de tiempo, entusiasmo y dinero invertido en su realización.
